Estado español,
la lucha de
los mineros

Las condiciones para dar la batalla final con expectativas de éxito
estaban dadas, pero CCOO y UGT ordenaron la retirada

Las enseñanzas de la lucha minera

Por Luis Ocampo
Comuner@s del S.XXI /
La Haine, 18/07/2012

Todas las condiciones para dar la batalla final con expectativas de éxito estaban dadas, pero las direcciones de CCOO y UGT ordenaron la retirada.

Videos de la Marcha Negra y su llegada a Madrid

Quizás porque los acontecimientos se aceleran, quizás porque a los medios de comunicación no les interesa hablar ya del tema, seguro que por una mezcla de ambas cosas, el caso es que se ha dejado de hablar de la lucha minera. Sin embargo parece imprescindible analizar lo que ha ocurrido con ésta, para sacar algunas enseñanzas útiles para el futuro del movimiento popular.

La lucha de la minería y particularmente la llamada "Marcha Negra", ha demostrado la alta conciencia del Pueblo Trabajador, su impresionante capacidad de solidaridad y apoyo hacia una causa que consideran justa.

El recibimiento que se dio a la marcha minera en todos los pueblos del recorrido fue espectacular. La que se dio en Madrid, simplemente impresionante.

Esta respuesta popular pone de manifiesto que la mayoría social está harta del Sistema actual y sus políticas.

La lucha de la minería también puso de manifiesto la absoluta necesidad de la participación de las mujeres, como sujeto socio–político propio, en cualquiera movilización que pretenda tener un cierto alcance y recorrido.

La lucha de la minería también nos ha demostrado que las diversas formas de acción son legítimas y útiles para avanzar, siempre y cuando se pongan precisamente al servicio de esa lucha.

Desgraciadamente esta etapa de la lucha de la minería nos ha demostrado que CCOO y UGT siguen teniendo una larga mano, así como capacidad para manipular las luchas obreras, llevándolas de una forma programada a un callejón sin salida.

Todo iba perfecto, la marcha negra iba generando un apoyo social impresionante, en las comarcas mineras se mantenía un alto nivel de movilizaciones así como el pleno apoyo de la ciudadanía a las reivindicaciones propuestas, que incluso llevó a generar importantes contradicciones en el seno del PP leonés. El recibimiento en Madrid fue mas allá de lo que se podía prever.

Todas las condiciones para dar la batalla final con expectativas de éxito estaban dadas, pero las direcciones de CCOO y UGT ordenaron la retirada sin que esa batalla se llegara a dar.

Todo lo que ocurrió antes y durante la marcha eran, objetivamente, preparativos que avanzaron adecuadamente para que la batalla de Madrid se pudiera dar en las mejores condiciones: alta organización, apoyo social amplísimo, debilitamiento de las posiciones del Gobierno..., pero para ganar una batalla hay que darla y eso fue lo que impidieron, por sus métodos habituales, CCOO y UGT.

UGT y CCOO, CCOO y UGT, prefirieron ver volver a los mineros derrotados, después de haberse empleado a fondo para dar la batalla, por abandono del escenario principal de la confrontación, Madrid, a ver como estos se fundían con el potente movimiento popular en esta ciudad, movimiento que estos sindicatos no controlan, y que hubiera sido un factor clave para impulsar una victoria de la lucha minera.

Cuando CCOO y UGT frenan directa y abiertamente las luchas , tal como venían haciendo en los años pasados, generan obviamente problemas al conjunto del movimiento obrero, pero cuando, tal como hacen ahora, "dirigen – manipulan" las luchas para que éstas, ya inevitables, se salden con derrotas y por tanto con desanimo, pérdida de autoestima y desconfianza en la movilización, están actuando aún de forma más infame.

Impedir que la "Marcha Negra", pasase por Valladolid fue todo un antecedente de lo que iba a ocurrir en Madrid.

Una semana de acampada de la marcha minera en Madrid, hubiera permitido que la solidaridad con ésta hubiera confluido con la respuesta a los últimos y brutales recortes del Gobierno. El resultado de la sinergia entre ambas cosas la hubiera convertido en imparable.

Obviamente las direcciones de CCOO y UGT y sus alter egos políticos, tenían que saber lo que el gobierno se traía entre manos. Había que retirar de Madrid, fuera como fuera, la marcha de la minería.

En cualquier caso estas maniobras no impedirán que el movimiento popular avance.

La gente aprende cada vez mas rápido a distinguir entre aquell@s que están realmente en la linea de aportar soluciones a los problemas del Pueblo Trabajador y de aquellos que se movilizan para “amagar" que están con la gente, pero que en el fondo solo buscan mantener su estatus quo.

Dos conclusiones principales: La primera que el movimiento popular tiene ya la suficiente potencia como para que los de siempre no quieran que las luchas controladas por ellos se entremezclen con ese movimiento popular. La segunda, CCOO y UGT aun siguen manteniendo una capacidad significativa de instrumentalización en el seno del movimiento obrero.

De que lo primero vaya reforzándose y lo segundo debilitándose depende en buena medida el futuro del Pueblo Trabajador.


Encerrados en el pozo a 600 metros

Los mineros acusan al Ministerio de organizar reuniones trampa

Por Berta del Río
Desde Mieres, Asturias

MÁSPúblico, 24/07/2012

Mieres.– Tras dos meses de huelga indefinida, concentraciones semanales, cortes de carreteras frecuentes y la exitosa “marcha negra” hasta Madrid, la brecha entre el sector de la minería y el Ministerio de Industria es cada día más grande. El Ejecutivo acusa a los trabajadores de no tener voluntad negociadora. Por su parte, los sindicalistas del sector denuncian “reuniones trampa” y una gran campaña de desprestigio.

Los representantes de los mineros aseguran haber tendido una mano en busca de una solución al conflicto. Tres días después de anunciar el fin de los cortes de carreteras, el pasado viernes, los sindicatos SOMA–FITAG–UGT y CCOO, junto a la patronal (Carbunión), presentaron un documento conjunto en el que se emplaza al Ministerio a “cumplir lo pactado”, “respetar unos parámetros mínimos para negociar el nuevo convenio de 2013–2018” y “garantizar que no habrá cierres de empresas ni plantas extractoras”.

Además, la industria minera considera que se debe estudiar la forma de que la reducción del 64% de las ayudas a la explotación de este año no se pierda, sino que se recupere en el futuro, –algo parecido a lo que se ha prometido a los funcionarios con la próxima paga de Navidad–.

“No somos terroristas. Defendemos una causa que es de sentido común: que se cumpla lo que se ha firmado”. Roberto Ordóñez, representante sindical de SOMA–FITAG–UGT del Pozo San Nicolás (Ablaña, Mieres) explica que el gran apoyo social que están recibiendo los trabajadores de las cuencas mineras tras la “marcha negra” y las numerosas acciones locales les anima a seguir en la lucha “hasta el final, sea cual sea”.

Ordóñez explica que todas las reivindicaciones y demandas del sector se han estampado desde hace tiempo frente al silencio o el rechazo del Ministerio de Industria. Todo apuntaba a que este año sería clave para los mineros, pues en diciembre vencerá el convenio firmado en 2006 en el que se recogen las condiciones para el desarrollo de su actividad hasta 2012. Sin esperar al final del año, el Gobierno ha anunciado un recorte estimado en 200 millones de euros incumpliendo las ayudas ya pactadas con Europa hasta 2018, con quien también se fijó un calendario progresivo de cierre de minas hasta ese mismo año.

La sensación entre los mineros es unánime: el Gobierno pretende acabar con un sector minoritario aprovechando la difícil situación económica y el camino es la división. “Nos convocan a reuniones ‘trampa’ en las que no se busca pactar nada, sino dar una imagen ante los medios. Una vez allí, pretenden reunirse con la patronal y cada sindicato por separado. O a otras citas en las que deciden que sólo puede entrar un representante de cada grupo. Quieren dividirnos, crisparnos y conseguir un ‘apagón total’ del sector”, lamenta Ordóñez.

Encerrados a 600 metros de la luz

Cinco tuppers de carne con tomate, un rollo de film transparente, doce rollos de papel higiénico y dos paquetes de café son algunos de los objetos que forman la caja transparente que dos mineros trasladan hasta la “jaula” (ascensor que baja al pozo con capacidad para 70 personas). Otros dos llevan una bolsa de deporte gigante con algunas de las cosas que los seis mineros encerrados en el Pozo San Nicolás han pedido a través de su único medio de comunicación con el exterior: el teléfono interno de la planta de extracción.

Lillo, Pedro, Pablo, Iván (al que sus familiares le envían hoy café), Jesús y Antonio cumplían ayer, lunes, 8 días desde que decidieran no subir de la séptima planta, a 600 metros bajo el suelo. La fecha coincidió con el mismo día en el que los mineros del pozo de Santiago salieran por recomendación médica, tras 50 días de cautiverio. De esta manera, desde que empezó el conflicto siempre ha habido mineros encerrados a través del que está considerado uno de los métodos de reivindicación más extremos, debido a la humedad, la privación de luz natural y la propia condición de encierro a la que se ven expuestos durante un tiempo tan prolongado.

El médico de la mina es el único que los ha visto desde que empezó la protesta, ya que baja a comprobar su estado de salud cada tres días. Muchos de sus compañeros aguardan 24 horas en la superficie, por su hubiese algún contratiempo de última hora. No volverán a ver la luz hasta que no haya una “salida negociada del conflicto”.

En Nicolasa hay multitud de pancartas en apoyo al grupo de encerrados. De hecho, una pizarra blanca va agregando los numerosos comercios y empresas del entorno que se han sumado a la causa y colaboran aportando comida, objetos o fondos. A escasos tres kilómetros, prácticamente todos los comercios, los coches y los balcones del municipio de Mieres están forrados de crespones negros “contra el fin de la minería” que convocan a las dos concentraciones semanales en apoyo a los encerrados.

Este no es el único encierro que tiene lugar estos días. El mismo 16 de julio, otros 4 mineros decidieron permanecer recluidos en el Pozo de Candín (Langreo) como símbolo de una lucha que continua cada vez con mayor respaldo social.