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Los
recortes elevan el paro hasta un máximo histórico
en el segundo trimestre
El
desempleo sube cada vez más
Por
Manuel V. Gómez
El País, 27/07/2012
Madrid.– El
paro ha vuelto a subir. Ya está más alto que nunca. El
24,63% que se ha alcanzado en el mercado laboral español en
el segundo trimestre de este año, supera por poco la anterior
cota histórica, el 24,55% que se alcanzó a comienzos de
1994, durante la anterior crisis.

Que suba el paro
entre abril y mayo es la mejor prueba de que la recesión ha
vuelto con fuerza. En la mejor época del estacional mercado
laboral español se ha destruido empleo (15.900 puestos de
trabajo, respecto al trimestre anterior); ha aumentado la
población activa (37.600 más que a comienzos de año) y, en
consecuencia, sube el número de parados. En total hay ya
5.693.100 de personas sin empleo, según la Encuesta de
Población Activa que ha publicado hoy el Instituto Nacional
de Estadística. Otro récord negativo que se bate, como el
del trimestre anterior, y como el del anterior.
Pero la recesión
por sí sola no explica este mal dato. Incluso hay un elemento
que lo cuenta mejor: los ajustes presupuestarios. El sector público
en el trimestre pasado destruyó 63.000 empleos. Teniendo en
cuenta que la destrucción total es mucho menor (15.900), esto
quiere decir que la caída de puestos de trabajo es debida
enteramente a los ajustes fiscales. Y el futuro todavía es más
negro: los recortes presupuestarios van a ir a más.
Uno de los
objetivos de la reforma laboral era facilitar los ajustes de
plantilla en las distintas administraciones. Y, a tenor de
estos datos, lo está consiguiendo. Esta EPA es la primera que
se realiza con la reforma laboral en vigor a lo largo de todo
el periodo de referencia de la encuesta, que es el segundo
trimestre. Los expertos ya habían advertido de que poner en
marcha una reforma laboral como la que aprobó el Gobierno el
pasado febrero, en la que se rebajaba el coste del despido y
se allanaban los trámites para poder sacarlos adelante, en
plena recesión iba a aumentar la destrucción. Y así ha
sido.
La combinación
de recesión, ajustes presupuestarios y reforma laboral ha
hecho imposible que la Semana Santa, el inicio de la temporada
alta estimulan el empleo en el turismo y el empujón que
supone para la construcción el buen tiempo hayan frenado el
deterioro del mercado laboral. Los 44.000 empleos destruidos
en la agricultura y los 21.000 en la industria se han impuesto
a los 42.800 que se han creado en los servicios y los 6.200 de
la construcción.
El análisis
sectorial de la EPA, el mejor termómetro del mercado laboral,
muestra un síntoma muy preocupante de la recesión. Se
destruyen puestos de trabajo en la industria. Este sector no
es el que más gente emplea, pero sí constituye, junto con la
Administración, el núcleo del mercado laboral. Es el sector
en el que hay más empleo indefinido y mejores sueldos. Y en
él se ha destruido empleo.
Falta un
ingrediente para explicar el aumento de la tasa de paro. El
incremento de la población activa es el último componente de
un cóctel con sabor amargo. El número de personas en edad y
disposición de trabajar creció hasta los 23,11 millones,
37.600 más. Este colectivo, de hecho, había bajado en el
primer trimestre, un fenómeno que los expertos vinculan con
el desánimo de los parados de larga duración. Precisamente,
en términos interanuales, la población activa disminuye en
26.400 personas.
Por comunidades,
en las que más baja el empleo es en Andalucía (23.300
personas menos), Castilla-La Mancha (19.500 menos), Cataluña
(19.100 menos), Galicia (16.800 menos) y Canarias (12.400
menos). Por el contrario, donde más aumenta la ocupación es
en Baleares (60.400 personas), Madrid (7.500), Murcia (6.800),
Castilla y León (5.600) y Comunidad Valenciana (4.900).
Pocos síntomas
para el optimismo se ven al destripar las cifras que hoy
publica el INE. Y peor se pone la situación, si se observan
los números de forma desestacionalizada, es decir, cuando se
limpian los resultados de los efectos del calendario. De esta
forma, se han destruido 176.000 empleos en el último
trimestre y el paro ha crecido en 214.000 personas, hasta
alcanzar una tasa del 24,7%.
La encuesta de
población activa es el mejor termómetro del mercado laboral
español. Mensualmente salen los datos de paro registrado y
afiliación a la Seguridad Social. Pero ni uno ni otro son un
reflejo preciso. En el primer caso, no es más que un registro
administrativo en el que el parado decide si se inscribe o no
voluntariamente, salvo que tenga que cobrar la prestación o
quiera acceder a cursos de formación. En el segundo están la
mayor parte de trabajadores, pero no aparecen aquellas
personas que trabajan en la economía sumergida.
El
“remedio” del Banco Central Europeo
(BCE)
Bajar
los sueldos para reducir el paro
Una
tesis desmentida por los datos
Por
Thiago Ferrer Morini
El País, 09/08/2012
El Banco Central
Europeo (BCE) ha recomendado a los países que están
sufriendo altas tasas de paro por los recortes en su gasto público
una batería de medidas estructurales que incluye reducir más
los salarios y las indemnizaciones por despido. La entidad
presidida por Mario Draghi también ha aplaudido la reforma
laboral española, llegando a afirmar que “si se hubiera
aplicado años antes” habría reducido la destrucción de
empleo.
El informe
mensual del BCE incluye en su análisis sobre la situación
económica y monetaria en la Eurozona un anexo titulado Los
procesos de ajuste en la zona euro: progresos en Irlanda,
Grecia, España, Chipre y Portugal. En su último epígrafe,
La necesidad de más reformas estructurales y fiscales, la
entidad esboza una serie de medidas para “aumentar la
competitividad global, reducir el desempleo y restaurar la
sostenibilidad de las finanzas públicas”.
Para “aumentar
la competitividad”, el BCE considera “urgente” el
reducir “los costes laborales y los márgenes de beneficio
excesivos”, especialmente en los países con un alto nivel
de paro.
Para lo primero,
el banco emisor sugiere medidas como “reducir el salario mínimo”,
“relajar las leyes de protección laboral”, “permitir la
negociación salarial a nivel de empresa” y “abolir la
interrelación entre salarios e inflación”.
Pero reducir los
costes laborales no es suficiente para incrementar la
productividad “permanentemente”. El BCE pone como ejemplos
de medidas adicionales a tomar “privatizaciones”,
“innovación tanto en los procesos productivos como en la
creación e invención de nuevos productos”, “reforzar la
formación de la mano de obra” e “iniciativas para
favorecer la creación de negocios”.
Para eso el
informe recomienda adoptar políticas “valientes” que
lleven adelante una serie de reformas estructurales. Entre
estas reformas están “liberalizar las profesiones cerradas
y la inmigración”, “reorientar el gasto público hacia la
educación, la investigación y el desarrollo” y “reformar
el sistema judicial y regulatorio para hacerlo más favorable
a los negocios”.
El BCE también
sugiere “audacia” a la hora de “enfrentarse a sectores
privilegiados y grupos de interés”. El informe identifica
“márgenes de beneficio excesivos” en “negocios
orientados hacia un público local, especialmente en el sector
servicios”. La entidad cree que “pueden reducirse
gastos” si se retiran “obstáculos a la competencia
[internacional]”, en particular en ciertos sectores
“protegidos”. Esto último puede lograrse si se rebajasen
“las barreras de acceso a nuevas empresas” o, simplemente,
“reduciendo la burocracia”.
El anexo también
analiza la evolución de los países que han llevado a cabo
recortes. Según el informe, “los ajustes han permitido a
los países recuperar en parte su competitividad debido a la
reducción de sus costes laborales”, aunque reconoce que
“parte de la mejora se debe a la destrucción de empleo en
sectores de baja productividad”. Inmediatamente, apunta:
“El lado negativo ha sido un incremento en la tasa de paro,
especialmente pronunciado entre los jóvenes”.
El BCE sugiere
que el aumento del desempleo se debe a la “tardanza” de
los actores sociales en acordar una rebaja en los sueldos, y
señala que desde el principio de la crisis los salarios han
disminuido “con retraso” (en el caso de Portugal) o “de
forma muy limitada” (en el caso de España y Chipre), aunque
el BCE califica de “amplia” la reforma laboral española.
La insistencia
del BCE en la rebaja de los costes laborales como solución al
desempleo se ve desmentida por los datos. En Irlanda, pese a
ser el país donde, según la OCDE, se han reducido más los
costes laborales desde el principio de la crisis, la tasa de
desempleo sigue por encima del 14%. Además, en los cuatro
primeros años tras la explosión de la burbuja emigraron
99.000 irlandeses, un 2,2% de la población del país.
Posibilidad
de que se intensifiquen las
protestas callejeras y las tensiones
Nubes
negras sobre Rajoy con el rescate
en el horizonte
Por
Julien Toyer
Reuters, 11/08/2012
Madrid.- El
presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, encara un sombrío
regreso de su corto receso vacacional, con la posibilidad de
que se intensifiquen las protestas callejeras y las tensiones
en el seno del Partido Popular si el Ejecutivo, como esperan
los analistas, pide ayuda financiera a Europa en septiembre.
La popularidad
de Rajoy se ha desplomado en los primeros siete meses de su
mandato de cuatro años, con importantes errores de comunicación
a la vez que acometía sus medidas de austeridad, y mientras
el país, la cuarta economía de la eurozona, se hundía en la
recesión con una tasa de desempleo de más del 24 por ciento.
Ante los
desorbitados costes de financiación -con el rendimiento del
bono español a 10 años en un nivel insostenible, cercano al
7 por ciento-, muchos expertos prevén que Rajoy realice una
solicitud formal de ayuda financiera coordinada entre los
fondos de rescate europeos y el Banco Central Europeo (BCE).
Un plan de
rescate en el que la UE compre bonos españoles, o una línea
de crédito preventiva, reduciría la tensión del mercado
pero también conllevaría duras condiciones, en un momento en
el que las calles de muchas ciudades españolas están viendo
un recrudecimiento de las protestas contra los recortes.
El opositor
Partido Socialista se opone a un rescate en toda regla e
incluso en el propio PP se han alzado voces en contra.
En privado,
altos cargos del partido comienzan a culpar a Rajoy -con un
perfil que no encaja con la gestión de una crisis, con
comportamientos demasiado temerosos-, mientras España se
hunde más y más en una crisis de deuda de la eurozona que
dura ya dos años y medio.
Aunque Rajoy
tiene una amplia mayoría en el Parlamento que hasta el
momento no ha mostrado señales de resquebrajarse, los líderes
del conservador PP en las comunidades autónomas han empezado
a rebelarse contra un estricto control de gasto que les está
obligando a hacer recortes en hospitales y escuelas, lo que
podría tener consecuencias políticas negativas.
"Estamos
unidos y le apoyamos, pero no sería erróneo afirmar que hay
diversidad de puntos de vista, que están siendo
expresados", dijo un alto cargo del partido a Reuters.
Consultado por
la posibilidad de que se lleve a cabo una remodelación
ministerial, o si se contemplaba un cambio de líder, el
miembro del PP dijo: "En el contexto actual, todo es
posible".
Los analistas
consultados dicen que Rajoy probablemente efectúe cambios en
su gabinete al tiempo que solicita ayuda a Europa con el fin
de contentar a los sectores del partido más disgustados y a
una ciudadanía cada vez más enfadada.
"Para
hacerlo políticamente digerible, la solicitud de ayuda al
FEEF/MEDE llegará junto a un cambio de ministros", dijo
Citigroup en una nota a clientes, en referencia al Fondo
Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) y al Mecanismo
Europeo de Estabilidad (MEDE), los fondos europeos de rescate
temporal y permanente.
Presión
de mercados y de los líderes de la UE
Hasta el
momento, España ha logrado mantenerse en el mercado de bonos
soberanos en subastas públicas, aunque sea pagando un alto
precio, y no se enfrenta a grandes vencimientos hasta finales
de octubre.
Por ello, hay
consenso entre los analistas financieros sobre la hipótesis
de que Rajoy hará un anuncio en septiembre aceptando un plan
de dos años.
A diferencia de
los programas de Grecia, Irlanda y Portugal, que apartarán a
estos países de los mercados durante años, predomina la idea
de que España seguirá emitiendo deuda aun después de
solicitar el rescate.
Rajoy, que
vuelve de sus vacaciones en la tercera semana de agosto, dijo
la semana pasada que necesitaba saber más acerca de las
condiciones de tal rescate, que se ha dado en denominar
"blando" o "suave" frente al rescate total
o convencional de los otros tres miembros de la eurozona.
El BCE
probablemente brinde detalles del mismo en su reunión mensual
del próximo 6 de septiembre, y se espera que los ministros de
Finanzas europeos discutan un programa potencial en una reunión
informal en Chipre el 14 y el 15 de septiembre.
Analistas
consultados dijeron que el mercado había comenzado a
descontar el rescate y que si Madrid no actúa decepcionaría
a los inversores, que ahora mismo esperan el "cuándo"
y el "cómo" del rescate.
En su informe,
Citigroup dijo que el total de la ayuda europea debería
cubrir el grueso de las emisiones hasta mediados de 2014, unos
306.000 millones de euros.
Esta suma está
en línea con una cifra indicativa discutida entre el ministro
de Economía español, Luis de Guindos, y el de Finanzas alemán,
Wolfgang Schäuble, en una reunión en julio, según señaló
una autoridad europea.
Pero la presión
a Rajoy también le está llegando desde sus homólogos
europeos.
Mario Monti,
primer ministro de Italia, el siguiente país en la línea de
fuego si España empieza a tener problemas para financiarse,
habría presionado también a Rajoy para que solicite la ayuda
europea en un reciente encuentro en Madrid.
Una fuente
familiarizada con la situación dijo que Monti sugirió a
Rajoy que solicite que los fondos de rescate europeos y el BCE
compren deuda española en los mercados primarios o una línea
de crédito preventiva de la zona euro.
Roma espera que
sus propios costes de financiación bajen en cuanto los
mercados vean que el BCE interviene en apoyo de España.
Las palabras
pronunciadas tras el último Consejo de Ministros por Rajoy
diciendo que no descartaba la petición de ayuda externa,
dispararon al selectivo bursátil Ibex-35 casi un 15 por
ciento, y relejaron los rendimientos de la deuda europea después
de que hayan tocado en julio máximos de la historia del euro.
Apoyo
menguante
Una solicitud de
ayuda probablemente enardezca las protestas callejeras. La
popularidad de Rajoy cayó en picado después de que en junio
pidiera una línea de crédito de hasta 100.000 millones de
euros para recapitalizar la banca y de que anunciara un duro
paquete de recorte de gastos y subidas de impuestos por 65.000
millones de euros.
Según un sondeo
oficial dado a conocer esta semana, si en este momento
tuvieran lugar elecciones generales, el PP seguiría ganando,
pero sólo con un 36,6 por ciento de los votos, desde el 40,6
por ciento de apoyo con que contaba en mayo, y desde el 44,6
por ciento que obtuvo en los comicios de noviembre.
Cientos de miles
de ciudadanos enfadados se manifestaron en las calles de España
en julio, con manifestaciones diarias de funcionarios durante
dos semanas consecutivas después de que se les recorte el
salario. En agosto habrá nuevas protestas y los sindicatos
han dicho que podrían convocar una nueva huelga general.
Reflejando el
temor generalizado en España de que un nuevo rescate llegue
junto a durísimas condiciones, los líderes sindicales
pidieron al Rey el martes que medie ante el Gobierno para que
convoque un referéndum en caso de que tenga planeados más
recortes.
Los secretarios
generales de los principales sindicatos españoles por
afiliación "han expresado su oposición ante un posible
segundo rescate de la economía española por las
instituciones de la Unión Europea, dado que llevaría
aparejado una serie de condiciones que nos abocarían a una
recesión de la que sería muy difícil salir en los próximos
años", dijeron en un comunicado conjunto Comisiones
Obreras y Unión general de Trabajadores.
Durante una
visita a Berlín esta semana, el líder de la oposición
socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, también dijo que
trabajaría para convencer al Gobierno de que no solicite un
rescate porque conllevaría un mayor control internacional
sobre la economía española.
En
España, planes para el adiós al euro
Bancos
y empresas se preparan para afrontar la salida de uno o
varios países de la moneda única, e incluso para su
desaparición
Por
Miguel Ángel García Vega
El País, 10/08/2012
El euro corre el
riesgo de resquebrajarse, y España corre el riesgo de
abandonarlo. Dependiendo de a quién se pregunte, se le
atribuyen más o menos probabilidades, pero nadie puede
descartarlo. Los grandes bancos y las multinacionales han
tocado zafarrancho de combate y ya articulan fórmulas para
cubrir sus riesgos en caso de desastre. En nuestro país, las
principales firmas cotizadas tratan de responder a una
pregunta cuyo mero enunciado suena a amenaza: si dejamos la
moneda única, ¿cómo puedo proteger mis activos, mi balance,
mi cuenta de resultados?
Frente a tanta
incertidumbre, se preparan “planes de contingencia” para
responder a las distintas opciones. Estas van desde la creación
de una nueva moneda solo para los países de la Europa del
norte a la salida obligada de algún miembro de la zona euro
pasando por la desaparición absoluta de la divisa o la creación
de un euro fuerte y otro débil. Cualquiera de estas
posibilidades tiene enormes implicaciones comerciales,
fiscales, financieras e incluso en la reputación de las compañías.
Son los grandes
operadores turísticos, las entidades financieras y las
empresas exportadoras quienes más se protegen las espaldas.
Firmas del calado de IAG, propietaria de Iberia y British
Airways, o Barclays han anunciado sendos planes de
contingencia frente a lo que pueda suceder en España. O el
banco ING, que acaba de reducir en 6.200 millones de euros su
exposición al país.
Entre las que
han tomado medidas similares ante la situación en Grecia
destacan el gigante estadounidense de los bienes de consumo
Procter & Gamble; la británica Lloyd’s, líder mundial
de los seguros; Tui Travel y Thomas Cook, los dos mayores
turoperadores británicos; los bancos Crédit Agricole y HSBC:
Diageo, la firma británica más potente de bebidas, y la
cervecera holandesa Heineken. Los bancos suizos, tan sensibles
a sus fondos, se hallan en un estado que un experto califica
“de alerta máxima” frente a cualquier suceso de la
Eurozona, y muchos ya cuentan con equipos dedicados a analizar
planes de contingencia.
“Bastantes
firmas españolas llevan meses estudiando este escenario”,
explica Sara Baliña, de Analistas Financieros Internacionales
(AFI). “No es algo nuevo ni sorprendente. Es un elemento de
responsabilidad y sensatez que lo hagan dadas las condiciones
que estamos viviendo. Aunque el riesgo de que España salga
del euro resulta muy reducido”, afirma la experta, quien sitúa
esta posibilidad por debajo del 20%.
En la misma línea
se manifiesta Juan Iranzo, director general del Instituto de
Estudios Económicos (IEE): “España no saldrá del euro,
pero entiendo que las empresas quieran cubrir ese riesgo”. Y
añade: “Si yo fuera una de ellas trataría de mantener el
dinero fuera, vender activos antes de la devaluación y tener
el capital en otras divisas”.
Si la peseta se
devaluase tras una hipotética salida del euro, el Gobierno
debería garantizar el abastecimiento, vía importaciones, a
los precios actuales para que los productos no se encarecieran
demasiado. O sea, intervenirlos como en tiempos de la
dictadura sucedió con la gasolina.
Con estos
antecedentes, la preocupación se extiende como un bálsamo.
Analistas Financieros Internacionales (AFI) ha confeccionado
varios de estos planes por petición de diversas empresas
cotizadas. Ninguna de ellas quiere ser identificada públicamente
para proteger su imagen.
La consultora
Ernst & Young tiene un equipo de 10 personas dedicadas en
buena parte a esta actividad. A su cargo está Asís Velilla,
socio de instrumentos financieros. El relato de este experto
revela que las empresas que tienen planes de contingencia en
España se preparan para el abandono en bloque de la moneda
europea por parte de Portugal, Italia, Grecia, Irlanda y España,
y la creación de un euro fuerte y otro débil.
¿Cómo
hemos llegado a esta situación?
El miedo de España
ha tenido un recorrido que se puede trazar. Primero fueron las
empresas multinacionales con filiales en este país las que
empezaron a preocuparse por sus inversiones en caso de la
salida del euro; después la inquietud llegó a las compañías
que tienen fondos de inversión extranjeros (sobre todo
estadounidenses) sentados en los consejos de administración,
y ahora se ha trasladado a las grandes cotizadas españolas.
Estas últimas lo que quieren es “una foto genérica de los
riesgos que corren para llevarla al consejo, y en función de
los resultados, tomar o no medidas”, revela Asís Velilla.
“Pues la ruptura también puede ser una oportunidad para
comprar compañías competidoras a bajo precio”.
También se
preparan para lo peor las grandes fortunas españolas,
agrupadas en los principales family office del país, aunque
con su particular interpretación de lo que es un plan de
contingencia. Su forma de protegerse, explica Juan Esquer,
socio de GBS Finanzas, ha sido abrir cuentas en los países
del euro que estiman más seguros (Luxemburgo, Alemania o
Francia), en naciones que operan cerca, pero fuera, de la
divisa europea (Reino Unido o Suiza) o marcharse a territorios
más lejanos (EE UU). En esta situación, no es de extrañar
que hasta mayo pasado hayan salido 163.000 millones de euros
del país. Eso sí, revela Juan Esquer, “cada vez hay más
problemas de compliance, o sea, justificar el origen y destino
de esos fondos”.
Consultoras,
empresas y analistas llevan un año largo diseñando planes de
contingencia por si el euro se rompe parcial o totalmente.
Estos trabajos han corrido sotto voce por diversos consejos de
administración y dan a muchos un enorme dolor de cabeza.
“Solo los cambios legales que requieren son una verdadera
pesadilla”, reconoce el responsable jurídico de una gran
cotizada española.
A pesar de que
Jean-Claude Juncker, presidente del Eurogrupo, asegure que la
salida de Grecia es “manejable” y que expertos como
Claudio Ortea, director de inversiones de Lombard Odier,
precisen que “el debate no es si lo hará, sino cuándo”,
el Tratado de Lisboa no establece ningún mecanismo de
abandono del euro. Antes hace falta cambiar la normativa. Y
pese a la complejidad, los analistas están de acuerdo en que
un país que deje la divisa europea necesitará introducir una
nueva legislación para asegurarse de que los contratos
denominados en euros continúen siendo válidos. Tampoco
resultará fácil discernir si esos contratos están
respaldados en la divisa europea o en la nueva moneda. De
hecho, serán tan interpretables que dependerán de factores
como la jurisdicción legal, la localización de los activos o
el lugar de los pagos.
Por ejemplo, si
Grecia quisiera salir del euro, primero tendría que dejar la
Unión Europea y después volver a solicitar su entrada, pero
no su admisión en la moneda europea. “La Eurozona se diseñó
como una cazuela de langostas”, ironiza en una nota Simon
James, socio del bufete británico Clifford Chance. “Para
los miembros es fácil entrar, pero una vez dentro prácticamente
no hay salida”.
Sin embargo, en
este escenario en el que lo inimaginable se ha vuelto casi
real, ya hay quien ha propuesto cómo debería ser esa
complicada salida. La consultora británica Capital Economics
ganaba el mes pasado el premio Wolfson de Economía con el
ensayo Leaving the euro: A practical guide (Abandonando el
euro: una guía práctica). En él se traza esa hoja de ruta
del abandono que, la verdad, asusta.
Los autores
proponen que los países que abandonen la moneda única
introduzcan una nueva divisa que tenga paridad 1-1 con el euro
desde el primer día de la salida y que todos los salarios,
precios, préstamos y depósitos se vuelvan a denominar con
relación a esa proporción. Además, los billetes y monedas
en euros seguirían usándose para pequeñas transacciones
durante no más de seis meses. El país que deje la eurozona
tendría que anunciar inmediatamente un plan de control de la
inflación supervisado por una institución independiente,
prohibir la indexación de los salarios y emitir bonos ligados
a la inflación. Y para evitar fugas de fondos, tras el
anuncio, los mercados de capitales estarían cerrados.
Corralito a la europea. Toda esta guía práctica está
pensada en principio para Grecia. ¿Y España? “Son válidos
los mismos argumentos”, confirma Jonatham Loynes, economista
jefe para Europa de Capital Economics y uno de los autores del
estudio.
Así que en el
caso del hipotético corralito español, la música suena de
esta forma. “El Tratado de Lisboa permite restringir la
libre circulación de capitales por motivos, por ejemplo, de
orden público. Por lo tanto, si se llega a esta situación
—algo que no creo posible— se establecería un control de
cambios para evitar la salida de dinero. Esta normativa podría
aplicarse antes, incluso, de que España dejará el euro. Algo
en lo que tampoco creo”, desgrana Íñigo Berricano,
managing director del bufete Linklaters.
¿Y al otro lado
del Atlántico? La onda sísmica de preocupación llegó hace
tiempo a los grandes bancos de Wall Street. Firmas como JP
Morgan Chase, Goldman Sachs, Morgan Stanley, Citigroup o Bank
of America se están cubriendo las espaldas frente a una
posible ruptura del euro renegociando los contratos que tienen
con sus clientes europeos, y a la vez usando seguros de
impagos, como los credit default swaps (CDS), para reducir su
exposición a los países con mayores dificultades.
Entre
bastidores, hay un esfuerzo para evitar que si España o
Grecia salen del euro estos bancos no reciban sus créditos en
pesetas o dracmas devaluados. Por ahora, su exposición a
Irlanda, Italia, Portugal, Grecia y España oscila, según
cifras recopiladas por el Financial Times, entre los 5.400
millones de dólares (4.400 millones de euros) de Morgan
Stanley y los 20.000 millones de dólares de JP Morgan Chase.
“Unas cifras limitadas, que demuestran la gran velocidad a
la que han limpiado sus balances de deuda periférica”,
apunta el director de un banco suizo con sede en España.
Desde luego, “nadie quiere recibir pagos en una moneda
devaluada, porque eso es perder dinero”, ahonda Soledad Pellón,
analista de IG Markets.
Al final, como
señala Douglas J. Elliott, exvicepresidente de JP Morgan, hay
tres escenarios con sus probabilidades en toda esta pesadilla.
Una “resolución gradual de los problemas (10% de
probabilidades), que las cosas vayan peor antes de mejorar
(65%) y que todo se desmorone (25%)”. En caso de colapso
absoluto, “Grecia podría verse forzada por las
circunstancias a salir de euro y es probable que también
otros países. Europa caería en una profunda recesión, EE UU
en una suave y el crecimiento de naciones como China se frenaría
considerablemente. El único ganador real, si todo esto sucede
con la suficiente rapidez, puede ser el candidato republicano
Mitt Romney, a quien una economía estadounidense hundiéndose
podría darle la Casa Blanca”.
Nervios
en Wall Street, aunque sería prematuro escribir ya el
obituario del euro
Por
Sandro Pozzi, desde Nueva York.-
Wall Street ve la eventualidad de España o de Italia saliendo
del euro como algo remoto. Otra cosa distinta es que alguno de
los dos tenga que acabar solicitando un rescate, como hicieron
Portugal e Irlanda. Pero en el caso de Grecia hay dos bandos
claros. En un lado está Citigroup, que habla ya de un 90% de
posibilidad de que eso suceda el año próximo. En el otro está
Goldman Sachs, que lo considera fuera de lugar y apuesta por
un repunte de la moneda europea.
Las elecciones
griegas en junio fueron una especie de banco de pruebas para
afinar los planes de contingencia de los grandes titanes del
sector financiero. Se crearon equipos especiales en las
oficinas en Nueva York, Londres y otras capitales europeas
para responder a tiempo y no cometer los errores que se
sucedieron durante el colapso de Lehman Brothers.
Pase lo que pase
con Grecia, lo cierto es que los grandes bancos de EE UU
llevan dos años tomando medidas para hacer frente a la
inestabilidad en Europa y limitando sus posiciones. De hecho,
parte de la debilidad del euro se debe a que las empresas que
operan en la zona estarían cambiando parte de sus activos en
euros a dólares como parte de sus planes de contingencia.
Que una economía
pequeña como Grecia acabe abandonando el euro es motivo
suficiente para poner nerviosos a los operadores de Wall
Street y sus clientes. Se trata de un problema financiero y
también legal a la hora de lidiar con el cambio de divisa en
los contratos existentes, como señalan desde Allianz. Es lo
que trata de anticipar Procter & Gamble, una de las
empresas que ha anunciado públicamente sus medidas.
JPMorgan Chase,
el mayor banco por activos de EE UU, es la primera gran
entidad en hablar de planes de contingencia para los bonos de
cualquier país del euro, para así evitar problemas
adicionales. Sus responsables en Londres explican que “la
probabilidad de que un miembro abandone el euro ya no es
cero”, y por eso cree que deben establecer un protocolo que
sirva de guía. Esta acción se basa en una encuesta interna
según la cual el 30% de sus clientes cree que Grecia saldrá
del euro este año y un 5% predice incluso que podría ser el
caso también de una economía grande el que viene. “Si
sucediera”, indican en la entidad, “tenemos que estar
listos para segregar los activos, ponerlos en diferentes
cuentas e identificarlos en el menor tiempo posible”.
Hay bastante
resistencia por lo general a la hora de hablar en público de
planes de contingencia ante el dilema que plantea la ruptura
del euro, sobre lo que se hará si se suspende la cotización
de un valor o de un bono, sobre las medidas de emergencia que
se adopten o los controles en el flujo de los capitales. Y lo
mismo que vale para los bancos, vale para los gestores de
fondos.
El sector
financiero suele afrontar este tipo de situaciones con más
margen de tiempo, porque son los propios reguladores, como la
Reserva Federal, quienes les obligan a planificar. Las
empresas van más retrasadas. Las consultoras Ernst &
Young y KPGM creen que se está abordando la cuestión de una
manera muy superficial, y están por eso celebrando
seminarios.
En
cualquier caso, escribir ya el obituario del euro, como
coinciden desde Goldman Sachs y JPMorgan, es prematuro. Y dan
una explicación técnica para apoyar su idea: nada de lo que
está sucediendo en el mercado de capitales es suficiente para
llegar al punto de no retorno y puede resolverse fácilmente.
Es su manera de decir que el Banco Central Europeo cuenta con
margen para zanjar la cuestión.
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