Haciendo memoria

La tradición obrera revolucionaria de los mineros españoles

1934: la revolución de Asturias

“Un guión de estrategia revolucionaria para el proletariado mundial”

Por Patricia López
Socialismo o Barbarie, periódico, 19/07/2012

Con la vuelta a escena del proletariado minero y la inmensa marcha de bienvenida que los recibió en Madrid se comienza a recordar y reactualizar una de las más ricas tradiciones obreras de Europa: la de los mineros asturianos que empiezan a volver a escribir páginas históricas. En esta nota se recuerda el ascenso minero anterior al inicio de la guerra civil de 1936-39 y una de sus experiencias mas avanzada: la Comuna de Asturias.

El 5 de octubre de 1934 estalló la primera revolución socialista en tierra española. La realizó el proletariado asturiano, que tomó el poder en la región y se mantuvo en él durante 15 días.

En esa quincena, los “comités locales se hicieron cargo de todos los aspectos del gobierno (...): abastecimiento alimenticio y racionamiento, salud, trabajo, comunicaciones, propaganda, orden público y justicia.

"El dinero fue abolido y sustituido por vales distribuidos entre las familias y válidos para una cantidad de comida determinada por medio de una encuesta. En Sama, el comité de abastecimiento se puso en contacto con los campesinos locales para asegurar el surtido de leche, huevos y carne.

"En Oviedo, Sama y Mieres, se organizaron hospitales donde se trató a los heridos de ambos bandos. Monjas y médicos trabajaron en ellos aunque estos últimos tuvieron que ser reclutados por la fuerza.

UHP: Uníos Hermanos Proletarios!

"Los comités de trabajo organizaron la conservación de las minas y la operación de los servicios públicos, tales como el agua y la electricidad. Se fabricaron explosivos en Mieres y vehículos blindados en Turón.

"En la Felguera, la FAI mantuvo en funcionamiento la fábrica de acero, produciendo vehículos blindados en tres turnos diarios. Se creó un parque móvil central de 600 vehículos en Sama y otros menores en Mieres y Turón. Se utilizaron los trenes para el transporte de tropas y abastecimientos, especialmente entre Sama y Noreña. Se ampliaron las conexiones telefónicas con el fin de tener comunicaciones más eficaces, y en Turón existió incluso un radio transmisor que emitía a Francia y a Bélgica, aunque la mayor parte de estas emisiones eran bloqueadas. (...)

"Para mantener el orden público se organizó una policía armada que en Sama se llamaba la Guardia Roja, compuesta de trabajadores que no tenían que luchar en los frentes. En Oviedo, donde los revolucionarios controlaban los barrios burgueses comerciales y residenciales, se tomaron medidas especiales para impedir los saqueos por la ‘canalla’, según las propias palabras de uno de los participantes”. (1)

Una situación revolucionaria general

Este acontecimiento fue uno de los puntos culminantes del período revolucionario que se extiende desde la caída de la monarquía en abril de 1931 hasta el fin de la Guerra Civil española. Instalada la república, los explotados comienzan a pelear por sus propias demandas. La burguesía “progre” de entonces se aterroriza frente a unos obreros y campesinos que no parecían felices por haber cambiado el hambre monárquico por hambre parlamentario. La lucha de clases se exacerba, y en el 33 gana las elecciones una fuerza de derecha, que al asumir el gobierno incorpora como ministros a políticos fascistas y monárquicos.

El 8 de diciembre del 33 la CNT (Central Nacional de Trabajadores de orientación anarquista) convoca una huelga nacional que se extiende por las zonas de mayor influencia de esta central: Aragón, Rioja, Catalunya, Centro, Extremadura y Asturias. Pero debido a su parcialidad fue derrotada y sufrió una represión brutal por parte del gobierno republicano: más de 100 muertos y 6.000 detenidos. Fue prohibida toda la prensa y cerrados los locales de la CNT, que fue ilegalizada.

Unos meses después estalla la lucha en el campo. Los salarios agrícolas pasaron de 12 pesetas diarias en 1931 a 4 pesetas por día en 1934. El gobierno devolvió las pocas tierras que habían sido expropiadas en el período republicano-socialista y permitió a los propietarios el despido libre, la fijación del salario y duración de la jornada. La FTT (Federación de Trabajadores de la Tierra de la UGT, central obrera socialista) convocó a la huelga general en el campo en junio del 34, a la que se sumaron anarquistas y comunistas. En muchos pueblos llegó a durar dos semanas, pero fracasó porque los dirigentes no fueron capaces de unirla y extenderla a la clase obrera industrial. Esto dio al gobierno la posibilidad de reprimir el movimiento, con 8.000 detenidos y aplicación de todas las leyes represivas posibles: antihuelga, pena de muerte, tribunales de urgencia, clausura de locales sindicales y Casas del Pueblo.

En esos momentos hay en Asturias 70.000 trabajadores sindicalizados, más del 50% de los asalariados. El núcleo que marca la pauta es el obrero, especialmente el minero. Durante todo el año 34 se da una escalada progresiva de la lucha: en Trubia, en la fábrica de cañones, contra despidos; en abril, 11.000 huelguistas en la cuenca minera se tirotean con las fuerzas represivas; en mayo se suceden las manifestaciones; el 1° de septiembre el grupo femenino socialista de Sama de Langreo, apoyado por mineros armados, se manifiestan contra “la guerra y el fascio”. Hay enfrentamientos, y la Guardia de Asalto toma la población en parte. Al día siguiente estalla la huelga general por la cuenca minera y la Duro-Felguera.

El día 8 y 9, un intento de concentración de la derecha más reaccionaria encabezada por Gil Robles en Covadonga es respondido con huelga general. La manifestación de los clerical-fascistas fracasa, al igual que las que intentan en El Escorial y Madrid (este último de los terratenientes de Cataluña). Los trabajadores de estas zonas levantaron los rieles de los tranvías, pararon los trenes, impidieron la venta de comida y el alquiler de alojamientos, colocaron barricadas en los caminos y carreteras y rechazaron y dispersaron a los grupos reaccionarios.

Asturias: mitin Sindicato Minero Asturiano (federación minera de UGT) antes del estallido de la revolución

En septiembre del 34 había 12.000 obreros presos. Se prohibió la milicia socialista y se confiscaron sus armas. Los socialistas y otros obreros elegidos para los consejos municipales fueron destituidos. “Todas las leyes que los socialistas en el gobierno quisieron utilizar contra los ‘irresponsables’ se volvieron en su contra” (2), como la Ley de Defensa de la República, aprobada por el gobierno republicano-socialista del 31, que fue utilizada después contra la clase trabajadora.

La política del PSOE

Tras la derrota electoral en el 33, la izquierda del PSOE asumió ante los trabajadores el compromiso de desencadenar la revolución en caso de que Acción Popular, la derecha fascista y restauracionista, entrara en el gobierno. Los trabajadores de Madrid, ante la inclusión en el nuevo gobierno de tres ministros de AP y dos del Partido Agrario, se lanzaron de forma unánime a la calle esperando las armas con las que iniciar la anunciada insurrección. El gobierno entró en pánico, ya que la huelga fue total aun antes de que fuera convocada por las organizaciones obreras.

El PSOE no lanzó la consigna de insurrección. No trazó ningún plan de acción. Sólo redactó un programa “republicano” que ni siquiera planteaba la nacionalización de la industria y la banca. El efecto fue, por supuesto, de confusión entre los trabajadores: ¿se iban a lanzar a una lucha a muerte para mantener el mismo sistema con otro gobierno?

Uno de los carros blindados UHP fabricados por los obreros asturianos 

El PSOE da la orden de “huelga general pacífica” nacional reclamando la destitución de los recién nombrados funcionarios. Esto cuando las masas están en las calles de Madrid pidiendo las armas y sin que las fuerzas represivas puedan intervenir:

“Los soldados de la guarnición de Madrid, en su mayoría campesinos cuyos familiares sufrían las consecuencias de la represión de la pasada huelga general, no tenían sino motivos de hostilidad hacia el gobierno y de simpatía para los revolucionarios. La guarnición de la glorieta de Cuatro Caminos envió un mensaje a la Alianza Obrera indicando el número de hombres, el emplazamiento de las ametralladoras, y asegurando que la mayoría, incluso un teniente, estaba dispuesta a pasarse a los revolucionarios si era atacada. A la Alianza Obrera fue también dirigida una confidencia desde el destacamento selecto de la Guardia Civil acuartelado en el Ministerio de la Gobernación. Había 7 hombres dispuestos a ayudar, en caso de asalto”. (3)

Pero la dirección dio marcha atrás. En Madrid la huelga duró hasta el día 13. La juventud, desesperada ante la falta de dirección, intentó asaltar el cuartel de La Montaña, pero sin un plan de acción general todos los heroicos intentos estaban condenados al fracaso.

En otras regiones, como Cataluña, a estos problemas de pusilanimidad o traición lisa y llana del PSOE se sumó el sectarismo de la CNT, que se negó a adherir a una lucha convocada por el PSOE. Algo parecido pasaba con el PC, que por esa época giró 180 grados, desde la negativa sectaria a unirse a los socialistas en la lucha contra la derecha acusando al PSOE de “social-fascista”, a considerar a todo el frente republicano burgués como una organización hermana y claudicarle en toda la línea.

Asturias

Sólo en Asturias la orden de huelga general pacífica se convirtió desde el primer momento en una verdadera insurrección. El mismo día 5 se tomaron las 98 Casas Cuartel de la Guardia Civil, con cartuchos de dinamita. El proletariado de Oviedo, la capital, frenado por sus dirigentes para respetar la consigna de huelga general pacífica, no entra en acción hasta que llegan las columnas mineras a las puertas de la ciudad. Este retraso hace que gran parte de las energías se gasten en la lucha por la capital. Igual retraso se da en Gijón, donde es mayoritaria la CNT: hasta el día 6 no se da el inicio y el movimiento prácticamente no sale de tres barrios obreros, y acaba el día 10 con la llegada de los barcos de la marina.

El día 11, al ver que la insurrección no ha salido adelante en el resto del país, el Comité Provincial decretó la liquidación del movimiento. Fue una desbandada general de los dirigentes. Muchos comités locales, siguiendo el ejemplo del provincial, desertaron también.

“Entonces se produjo otra rápida y admirable acción del proletariado asturiano. Lejos de amedrentarse, perder la cabeza y desertar él mismo, procedió, como el día 5, por multitud de iniciativas anónimas. Por doquiera, nuevos Comités improvisados tomaron en sus manos la dirección de la lucha armada y de la administración... En ciertos lugares se dio el caso insólito de que el nuevo Comité, o una asamblea general, mandara a buscar y detener a los dirigentes fugitivos. Encontrados, eran devueltos en algunos casos a sus puestos y obligados a desempeñar sus funciones; en otros eran arrestados” (4). Se nombra un nuevo Comité Provincial y se mantiene la Comuna hasta el día 18 de octubre.

La caída

Para derrotar al movimiento, el gobierno republicano debió movilizar a 40.000 soldados, enviando al frente a mercenarios reclutados en colonias africanas (los “moros”), ya que los generales no confiaban en la lealtad de los soldados españoles a la hora de reprimir el alzamiento obrero. La Comuna fue bombardeada por aire, mar y tierra. La lucha dejó 3.000 muertos, 7.000 heridos y 30.000 encarcelados.

Pero la derrota nunca fue total. Todos los intentos del gobierno de cerrar los locales obreros se enfrentaban a una resistencia encarnizada. A la prensa confiscada la sustituyeron otros órganos de expresión ilegales. A las ejecuciones de revolucionarios de octubre respondieron las huelgas generales. Numerosas huelgas económicas atestiguaban que la moral seguía alta.

El 1º de Mayo de 1935, a pesar de los esfuerzos frenéticos del gobierno, hubo un paro total del trabajo excepto en los servicios manejados por las tropas gubernamentales. Todo esto, sumado a las campañas por la amnistía a los presos políticos, quebró al gobierno y forjó un espíritu hacia la unidad en el movimiento obrero que fue la base del triunfo electoral aplastante del Frente Popular en febrero del 36.

El legado

La derrota de la Comuna Asturiana se convirtió en un éxito parcial al impedir que triunfase el fascismo en el Estado español en 1934, como sucedió en Alemania en 1933. Sin octubre del 34, el fascismo podría haber ganado en las urnas, “democráticamente”, como sucedió en Austria, Alemania o Italia, con un efecto desmoralizador aplastante en el movimiento de masas. Octubre del 34 marca la diferencia con lo sucedido en esos países. El fascismo tuvo que vencer a la clase obrera militarmente en una guerra civil de tres años.

Pero sobre todo, la revolución de octubre del 34 probó que la clase trabajadora podía tomar el poder incluso en un país atrasado como España, y puso a la clase obrera en su sitio prioritario en un país que hasta el momento había estado signado por el atraso económico, la opresión de la ignorancia clerical y la superexplotación a un campesinado que vivía en la última miseria.

Como escribió uno de los luchadores de la época: “Las clases revolucionarias recordarán por siempre la Asturias roja de 1934, con un sentimiento de admiración y con el propósito de seguir su ejemplo hasta el triunfo. Aquellas iniciales horrendas a los ojos de la burguesía, UHP (Unión de Hermanos Proletarios), que los insurrectos grabaron en sus tanques toscamente fabricados, a cuyo grito cayeron acribillados miles de héroes, anónima grandeza extraída del fondo de las minas, son un guión de estrategia revolucionaria para el proletariado español y mundial”. (5)


Notas:

* Los datos que figuran en este artículo fueron recabados de la nota aparecida en el periódico español Nuevo Claridad con motivo del 50° aniversario de la Comuna Asturiana.

1. Hacia la revolución, Adrián Shubert.

2. Revolución y contrarrevolución en España, Félix Morrow.

3. Jalones de derrota, promesa de victoria, G. Munis, combatiente de los sucesos.

4. G. Munis, citado arriba.

5. Ídem.