Con la vuelta a escena del proletariado
minero y la inmensa marcha de bienvenida que los recibió en
Madrid se comienza a recordar y reactualizar una de las más
ricas tradiciones obreras de Europa: la de los mineros
asturianos que empiezan a volver a escribir páginas históricas.
En esta nota se recuerda el ascenso minero anterior al
inicio de la guerra civil de 1936-39 y una de sus
experiencias mas avanzada: la Comuna de Asturias.
El
5 de octubre de 1934 estalló la primera revolución
socialista en tierra española. La realizó el proletariado
asturiano, que tomó el poder en la región y se mantuvo en
él durante 15 días.
En
esa quincena, los “comités locales se hicieron cargo de
todos los aspectos del gobierno (...): abastecimiento
alimenticio y racionamiento, salud, trabajo, comunicaciones,
propaganda, orden público y justicia.
"El dinero fue abolido
y sustituido por vales distribuidos entre las familias y válidos
para una cantidad de comida determinada por medio de una
encuesta. En Sama, el comité de abastecimiento se puso en
contacto con los campesinos locales para asegurar el surtido
de leche, huevos y carne.
"En Oviedo, Sama y Mieres, se
organizaron hospitales donde se trató a los heridos de
ambos bandos. Monjas y médicos trabajaron en ellos aunque
estos últimos tuvieron que ser reclutados por la fuerza.
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UHP:
Uníos Hermanos Proletarios! |
"Los comités de trabajo organizaron la conservación de las
minas y la operación de los servicios públicos, tales como
el agua y la electricidad. Se fabricaron explosivos en
Mieres y vehículos blindados en Turón.
"En la Felguera, la
FAI mantuvo en funcionamiento la fábrica de acero,
produciendo vehículos blindados en tres turnos diarios. Se
creó un parque móvil central de 600 vehículos en Sama y
otros menores en Mieres y Turón. Se utilizaron los trenes
para el transporte de tropas y abastecimientos,
especialmente entre Sama y Noreña. Se ampliaron las
conexiones telefónicas con el fin de tener comunicaciones más
eficaces, y en Turón existió incluso un radio transmisor
que emitía a Francia y a Bélgica, aunque la mayor parte de
estas emisiones eran bloqueadas. (...)
"Para mantener el
orden público se organizó una policía armada que en Sama
se llamaba la Guardia Roja, compuesta de trabajadores que no
tenían que luchar en los frentes. En Oviedo, donde los
revolucionarios controlaban los barrios burgueses
comerciales y residenciales, se tomaron medidas especiales
para impedir los saqueos por la ‘canalla’, según las
propias palabras de uno de los participantes”. (1)
Una situación revolucionaria general
Este
acontecimiento fue uno de los puntos culminantes del período
revolucionario que se extiende desde la caída de la monarquía
en abril de 1931 hasta el fin de la Guerra Civil española.
Instalada la república, los explotados comienzan a pelear
por sus propias demandas. La burguesía “progre” de
entonces se aterroriza frente a unos obreros y campesinos
que no parecían felices por haber cambiado el hambre monárquico
por hambre parlamentario. La lucha de clases se exacerba, y
en el 33 gana las elecciones una fuerza de derecha, que al
asumir el gobierno incorpora como ministros a políticos
fascistas y monárquicos.
El
8 de diciembre del 33 la CNT (Central Nacional de
Trabajadores de orientación anarquista) convoca una huelga
nacional que se extiende por las zonas de mayor influencia
de esta central: Aragón, Rioja, Catalunya, Centro,
Extremadura y Asturias. Pero debido a su parcialidad fue
derrotada y sufrió una represión brutal por parte del
gobierno republicano: más de 100 muertos y 6.000 detenidos.
Fue prohibida toda la prensa y cerrados los locales de la
CNT, que fue ilegalizada.

Unos
meses después estalla la lucha en el campo. Los salarios
agrícolas pasaron de 12 pesetas diarias en 1931 a 4 pesetas
por día en 1934. El gobierno devolvió las pocas tierras
que habían sido expropiadas en el período
republicano-socialista y permitió a los propietarios el
despido libre, la fijación del salario y duración de la
jornada. La FTT (Federación de Trabajadores de la Tierra de
la UGT, central obrera socialista) convocó a la huelga
general en el campo en junio del 34, a la que se sumaron
anarquistas y comunistas. En muchos pueblos llegó a durar
dos semanas, pero fracasó porque los dirigentes no fueron
capaces de unirla y extenderla a la clase obrera industrial.
Esto dio al gobierno la posibilidad de reprimir el
movimiento, con 8.000 detenidos y aplicación de todas las
leyes represivas posibles: antihuelga, pena de muerte,
tribunales de urgencia, clausura de locales sindicales y
Casas del Pueblo.
En
esos momentos hay en Asturias 70.000 trabajadores
sindicalizados, más del 50% de los asalariados. El núcleo
que marca la pauta es el obrero, especialmente el minero.
Durante todo el año 34 se da una escalada progresiva de la
lucha: en Trubia, en la fábrica de cañones, contra
despidos; en abril, 11.000 huelguistas en la cuenca minera
se tirotean con las fuerzas represivas; en mayo se suceden
las manifestaciones; el 1° de septiembre el grupo femenino
socialista de Sama de Langreo, apoyado por mineros armados,
se manifiestan contra “la guerra y el fascio”. Hay
enfrentamientos, y la Guardia de Asalto toma la población
en parte. Al día siguiente estalla la huelga general por la
cuenca minera y la Duro-Felguera.
El
día 8 y 9, un intento de concentración de la derecha más
reaccionaria encabezada por Gil Robles en Covadonga es
respondido con huelga general. La manifestación de los
clerical-fascistas fracasa, al igual que las que intentan en
El Escorial y Madrid (este último de los terratenientes de
Cataluña). Los trabajadores de estas zonas levantaron los
rieles de los tranvías, pararon los trenes, impidieron la
venta de comida y el alquiler de alojamientos, colocaron
barricadas en los caminos y carreteras y rechazaron y
dispersaron a los grupos reaccionarios.

Asturias:
mitin Sindicato Minero Asturiano (federación minera de UGT) antes del
estallido de la revolución
En
septiembre del 34 había 12.000 obreros presos. Se prohibió
la milicia socialista y se confiscaron sus armas. Los
socialistas y otros obreros elegidos para los consejos
municipales fueron destituidos. “Todas las leyes que los
socialistas en el gobierno quisieron utilizar contra los
‘irresponsables’ se volvieron en su contra” (2), como
la Ley de Defensa de la República, aprobada por el gobierno
republicano-socialista del 31, que fue utilizada después
contra la clase trabajadora.
La política del PSOE
Tras
la derrota electoral en el 33, la izquierda del PSOE asumió
ante los trabajadores el compromiso de desencadenar la
revolución en caso de que Acción Popular, la derecha
fascista y restauracionista, entrara en el gobierno. Los
trabajadores de Madrid, ante la inclusión en el nuevo
gobierno de tres ministros de AP y dos del Partido Agrario,
se lanzaron de forma unánime a la calle esperando las armas
con las que iniciar la anunciada insurrección. El gobierno
entró en pánico, ya que la huelga fue total aun antes de
que fuera convocada por las organizaciones obreras.
El
PSOE no lanzó la consigna de insurrección. No trazó ningún
plan de acción. Sólo redactó un programa
“republicano” que ni siquiera planteaba la nacionalización
de la industria y la banca. El efecto fue, por supuesto, de
confusión entre los trabajadores: ¿se iban a lanzar a una
lucha a muerte para mantener el mismo sistema con otro
gobierno?

Uno
de los carros blindados UHP fabricados por los obreros asturianos
El
PSOE da la orden de “huelga general pacífica” nacional
reclamando la destitución de los recién nombrados
funcionarios. Esto cuando las masas están en las calles de
Madrid pidiendo las armas y sin que las fuerzas represivas
puedan intervenir:
“Los
soldados de la guarnición de Madrid, en su mayoría
campesinos cuyos familiares sufrían las consecuencias de la
represión de la pasada huelga general, no tenían sino
motivos de hostilidad hacia el gobierno y de simpatía para
los revolucionarios. La guarnición de la glorieta de Cuatro
Caminos envió un mensaje a la Alianza Obrera indicando el número
de hombres, el emplazamiento de las ametralladoras, y
asegurando que la mayoría, incluso un teniente, estaba
dispuesta a pasarse a los revolucionarios si era atacada. A
la Alianza Obrera fue también dirigida una confidencia
desde el destacamento selecto de la Guardia Civil
acuartelado en el Ministerio de la Gobernación. Había 7
hombres dispuestos a ayudar, en caso de asalto”. (3)
Pero
la dirección dio marcha atrás. En Madrid la huelga duró
hasta el día 13. La juventud, desesperada ante la falta de
dirección, intentó asaltar el cuartel de La Montaña, pero
sin un plan de acción general todos los heroicos intentos
estaban condenados al fracaso.
En
otras regiones, como Cataluña, a estos problemas de
pusilanimidad o traición lisa y llana del PSOE se sumó el
sectarismo de la CNT, que se negó a adherir a una lucha
convocada por el PSOE. Algo parecido pasaba con el PC, que
por esa época giró 180 grados, desde la negativa sectaria
a unirse a los socialistas en la lucha contra la derecha
acusando al PSOE de “social-fascista”, a considerar a
todo el frente republicano burgués como una organización
hermana y claudicarle en toda la línea.
Asturias
Sólo
en Asturias la orden de huelga general pacífica se convirtió
desde el primer momento en una verdadera insurrección. El
mismo día 5 se tomaron las 98 Casas Cuartel de la Guardia
Civil, con cartuchos de dinamita. El proletariado de Oviedo,
la capital, frenado por sus dirigentes para respetar la
consigna de huelga general pacífica, no entra en acción
hasta que llegan las columnas mineras a las puertas de la
ciudad. Este retraso hace que gran parte de las energías se
gasten en la lucha por la capital. Igual retraso se da en
Gijón, donde es mayoritaria la CNT: hasta el día 6 no se
da el inicio y el movimiento prácticamente no sale de tres
barrios obreros, y acaba el día 10 con la llegada de los
barcos de la marina.
El
día 11, al ver que la insurrección no ha salido adelante
en el resto del país, el Comité Provincial decretó la
liquidación del movimiento. Fue una desbandada general de
los dirigentes. Muchos comités locales, siguiendo el
ejemplo del provincial, desertaron también.
“Entonces
se produjo otra rápida y admirable acción del proletariado
asturiano. Lejos de amedrentarse, perder la cabeza y
desertar él mismo, procedió, como el día 5, por multitud
de iniciativas anónimas. Por doquiera, nuevos Comités
improvisados tomaron en sus manos la dirección de la lucha
armada y de la administración... En ciertos lugares se dio
el caso insólito de que el nuevo Comité, o una asamblea
general, mandara a buscar y detener a los dirigentes
fugitivos. Encontrados, eran devueltos en algunos casos a
sus puestos y obligados a desempeñar sus funciones; en
otros eran arrestados” (4). Se nombra un nuevo Comité
Provincial y se mantiene la Comuna hasta el día 18 de
octubre.
La caída
Para
derrotar al movimiento, el gobierno republicano debió
movilizar a 40.000 soldados, enviando al frente a
mercenarios reclutados en colonias africanas (los
“moros”), ya que los generales no confiaban en la
lealtad de los soldados españoles a la hora de reprimir el
alzamiento obrero. La Comuna fue bombardeada por aire, mar y
tierra. La lucha dejó 3.000 muertos, 7.000 heridos y 30.000
encarcelados.
Pero
la derrota nunca fue total. Todos los intentos del gobierno
de cerrar los locales obreros se enfrentaban a una
resistencia encarnizada. A la prensa confiscada la
sustituyeron otros órganos de expresión ilegales. A las
ejecuciones de revolucionarios de octubre respondieron las
huelgas generales. Numerosas huelgas económicas
atestiguaban que la moral seguía alta.
El
1º de Mayo de 1935, a pesar de los esfuerzos frenéticos
del gobierno, hubo un paro total del trabajo excepto en los
servicios manejados por las tropas gubernamentales. Todo
esto, sumado a las campañas por la amnistía a los presos
políticos, quebró al gobierno y forjó un espíritu hacia
la unidad en el movimiento obrero que fue la base del
triunfo electoral aplastante del Frente Popular en febrero
del 36.
El legado
La
derrota de la Comuna Asturiana se convirtió en un éxito
parcial al impedir que triunfase el fascismo en el Estado
español en 1934, como sucedió en Alemania en 1933. Sin
octubre del 34, el fascismo podría haber ganado en las
urnas, “democráticamente”, como sucedió en Austria,
Alemania o Italia, con un efecto desmoralizador aplastante
en el movimiento de masas. Octubre del 34 marca la
diferencia con lo sucedido en esos países. El fascismo tuvo
que vencer a la clase obrera militarmente en una guerra
civil de tres años.
Pero
sobre todo, la revolución de octubre del 34 probó que la
clase trabajadora podía tomar el poder incluso en un país
atrasado como España, y puso a la clase obrera en su sitio
prioritario en un país que hasta el momento había estado
signado por el atraso económico, la opresión de la
ignorancia clerical y la superexplotación a un campesinado
que vivía en la última miseria.
Como
escribió uno de los luchadores de la época: “Las clases
revolucionarias recordarán por siempre la Asturias roja de
1934, con un sentimiento de admiración y con el propósito
de seguir su ejemplo hasta el triunfo. Aquellas iniciales
horrendas a los ojos de la burguesía, UHP (Unión de
Hermanos Proletarios), que los insurrectos grabaron en sus
tanques toscamente fabricados, a cuyo grito cayeron
acribillados miles de héroes, anónima grandeza extraída
del fondo de las minas, son un guión de estrategia
revolucionaria para el proletariado español y mundial”.
(5)
Notas:
*
Los datos que figuran en este artículo fueron recabados de
la nota aparecida en el periódico español Nuevo
Claridad con motivo del 50° aniversario de la Comuna
Asturiana.
1.
Hacia la revolución,
Adrián Shubert.
2.
Revolución y
contrarrevolución en España, Félix Morrow.
3.
Jalones de derrota,
promesa de victoria, G. Munis, combatiente de los
sucesos.
4.
G. Munis, citado arriba.
5.
Ídem.