América Latina

Nuevas formas de dominación de Estados Unidos
en América Latina

Por Lic. Domingo Sánchez Perdomo (*)
Publicado por Cuba Socialista. Revista Teórica y Política, Julio/2004

Desde finales de la década de los años 80 del pasado siglo XX, Estados Unidos de América comenzó un nuevo rediseño del Sistema Interamericano que contó, entre sus ejes fundamentales, con la implantación del neoliberalismo como régimen económico y social, el desarrollo de un concepto de seguridad que respondiera a sus intereses para finales del siglo y comienzos del nuevo milenio y el replanteo de su presencia militar en la región mediante novedosas formas que garantizaran el empleo de sus Fuerzas Armadas en función de sus intereses económicos y de política exterior para los nuevos tiempos que se acercaban.

La caída del Muro de Berlín en noviembre de 1989 y la desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) a finales de 1991 dieron paso al surgimiento de una sola superpotencia mundial. Estos acontecimientos fueron para América Latina de un significado particular debido a la desaparición del paradigma de seguridad imperante, la amenaza del comunismo, y por el replanteo por parte de Washington de las relaciones que sustentaban el Sistema Interamericano hasta ese momento.

Evolución de la Seguridad Hemisférica dentro de la OEA

Dentro del contexto de la nueva situación histórica que implicó la desaparición del socialismo en Europa del Este y la desintegración de la URSS, mal denominado por Fukuyama “fin de la historia”1, se dio por concluida la “guerra fría” que trajo como resultados que el pretexto de la lucha contra el comunismo y la amenaza extra continental desapareciera de golpe, por lo que la década de los 90 del pasado siglo XX marca el nuevo proceso de reformulación del Sistema Interamericano en general y la Seguridad Hemisférica en particular que llega hasta nuestros días.

Estados Unidos y la OEA sin un “enemigo” que sirviera de fundamento para las concepciones de Seguridad Hemisférica imperantes hasta ese momento, dieron inicio al reordenamiento del Sistema Interamericano en el que no dejaba de estar presente la aplicación del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLC), su proyectada Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA) y la reformulación de los conceptos de seguridad dentro de la OEA, en función de prevenir los movimientos sociales y políticos opuestos a este proyecto en la región.

La contemporaneidad ha demostrado el impacto de las políticas neoliberales en América Latina en la esfera social y las implicaciones en cuanto a la Seguridad Hemisférica que ha traído para la región. El gran desequilibrio generado por más de una década de neoliberalismo ha convertido a la mayoría de los países latinoamericanos en un inmenso foco de desestabilización y de conflictos sociales a puntos de estallar. Como señalara el Comandante en Jefe Fidel Castro “Hay una situación de inestabilidad en casi todos los países de América Latina, (…) están nerviosos, experimentan temor, se desesperan, ante la realidad de más de 500 millones de habitantes que en este hemisferio se rebelan cada vez más por las insoportables condiciones de vida que padecen.”2

La fragilidad de las instituciones estatales que el esquema de privatizaciones del patrimonio nacional ha provocado, se ha complicado aún más por el surgimiento y exacerbación de nuevos y viejos problemas que van desde los ambientales, la presión demográfica, las justas y crecientes demandas sociales, hasta el crimen organizado y el casi irresoluble problema de la producción y tráfico de drogas, fundamentalmente hacia Estados Unidos principal mercado mundial de consumo de estupefacientes, catalizador de hechos de este fenómeno.

Los ideólogos del neoliberalismo culpan a los Estados de la región de no poder encarar estos nuevos y viejos desafíos, acusándolos de haber fracasado en su esfuerzos por garantizar el bienestar de sus ciudadanos y por no proveer la mínimas condiciones de orden dentro de sus fronteras, al tiempo, el Fondo Monetario Internacional (FMI) exige medidas cada vez más restrictivas a la inversión social, el pago de la gigantesca deuda externa de los países latinoamericanos y como única alternativa la economía de mercado y las privatizaciones.

Lo antes expuesto persigue facilitar el camino a la inversión extranjera, al TLC y al ALCA y obligar a los Estados a compartir o renunciar a esferas de la soberanía, tratando de lograr que se adopten definiciones más flexibles en cuanto a la misma, al tiempo que se propone asignar nuevos roles a las Fuerzas Armadas nacionales en función de las nuevas amenazas para la región definidas por la Casa Blanca, en las que la lucha contra las organizaciones calificadas por Washington como terroristas y el Plan Colombia, ocupan un lugar especial.

Para lograr los cambios que necesitaba, Estados Unidos volvió a utilizar el recurso de efectuar reuniones fuera de la OEA, poniendo en práctica el denominado Sistema de Cumbres de las Américas como método para adecuar la organización a sus intereses, sin tener que sortear las dificultades que procesos de tal naturaleza afrontarían si tuvieran que llevarse a cabo directamente dentro del seno de la organización.3

A través del Sistema de Cumbres de las Américas Estados Unidos fue introduciendo las modificaciones que su Estrategia de Seguridad Nacional necesitaba en la región. Por la convocatoria de Washington entre el 9 y el 11 de diciembre del año 1994 en la ciudad de Miami se efectuó la Primera Cumbre4, los objetivos fueron claramente definidos por la Casa Blanca, a saber, reestructurar el Sistema Interamericano, tomando de paso en sus manos el proceso comenzado por la OEA en 1991 en cuanto a los asuntos de Seguridad Hemisférica.

Cuando se llevaba a cabo la Cumbre de Miami los Estados Unidos elaboraban la denominada “Estrategia de Seguridad Nacional de Comprometimiento y Expansión”5 , publicada en febrero de 1995, que definía claramente el rumbo de la política exterior de la Casa Blanca. El documento precisaba, en relación con América Latina, que bajo el liderazgo norteamericano la región debía avanzar hacia las siguientes metas:

Creación de un Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA), haciendo énfasis en las “bondades” del libre comercio y la aplicación de las recetas de corte neoliberal cuyos negativos resultados hoy podemos apreciar.

Expansión de la democracia (representativa), preservando los gobiernos civiles electos en las urnas y el fortalecimiento de los derechos humanos.

Instrumentar una estrecha cooperación regional en la lucha contra el narcotráfico, por representar una seria amenaza a la democracia y la seguridad.

Control civil en los asuntos de la defensa.

Reestructuración del Sistema Interamericano, en particular de la OEA.

En mayo del 1997 la administración del presidente Clinton promovió una actualización de la Estrategia de Seguridad Nacional vigente, denominándola “Estrategia de Seguridad Nacional para el Siglo XXI”6 que centraba el análisis regional en los siguientes elementos:

Se avanza en la cooperación regional de varias formas, como por ejemplo los diálogos de seguridad, la OEA y las iniciativas de la Cumbre de las Américas (Miami 1994), las medidas para fomentar la confianza y la seguridad, ejercicios e intercambios con militares claves y funcionarios de los Ministerios de Defensa (Williamburg, Estados Unidos 1995 y San Carlos de Bariloche, Argentina 1996).

Las principales preocupaciones de seguridad en el hemisferio son de naturaleza transnacional, como son: el tráfico de drogas, el crimen organizado, el lavado de dinero, la migración ilegal y la inestabilidad, generadas por la corrupción y los conflictos políticos o sociales.

En cuanto a Cuba “…Por medio de la constante presión sobre el régimen para que haga reformas políticas y económicas, buscamos alentar el surgimiento de una sociedad civil que transite hacia la democracia cuando el cambio llegue. Un creciente optimismo entre los cubanos, de que es posible un cambio positivo, también ayuda a desalentar la emigración ilegal. Y como el pueblo cubano tiene un gran incentivo de hacerse responsable de su propio futuro, es más probable que se queden en casa y creen las estructuras formales e informales que harían que la transición fuera más fácil. Mientras tanto, nosotros permanecemos firmemente comprometidos con los acuerdos migratorios bilaterales, que tienen como objetivo que la emigración se haga a través de medios seguros y legales.”7

Esta estrategia tenía su repercusión directa en la OEA la que durante su Cuarta Sesión Plenaria adoptó el 5 de junio del año 2001 una resolución denominada Modernización de la OEA y Renovación del Sistema Interamericano, mediante la cual se instruía a la Secretaría General para que elaborara antes del 31 de octubre de ese año, un proyecto de propuesta en tal sentido8, a esta resolución seguirían otras con propósitos similares.

La dinámica de la OEA supeditada nuevamente a la estrategia de Washington, tenía ahora como instrumento conductor las Cumbres de la Américas, a través de las cuales se ha ido diseñando el nuevo escenario que el gobierno de la Casa Blanca quiere para Latinoamérica y el Caribe, así, en virtud de diversos debates a partir de la mitad de la última década del siglo XX y principios del actual, se propugna en el seno de la organización un nuevo enfoque de la Seguridad basado en que se han producido profundos cambios en la arena internacional debido al “fin de la guerra fría”, el acelerado dinamismo de las tecnologías, especialmente de las tecnologías de la información y las comunicaciones y por los cambios políticos, económicos y sociales vinculados a estos fenómenos en el contexto del proceso de la globalización.

Con estos términos, edulcorados, se enmascaran las intenciones de dominación de Washington y se maneja la realidad resultante de la aplicación de un esquema económico neoliberal en Latinoamérica en un ambiente globalizado que ha ocasionado la catástrofe económica y social por la que atraviesan muchos de los países de la región, convirtiendo a esta parte del mundo en foco de inestabilidad e ingobernabilidad.

La globalización neoliberal ha potenciado las amenazas que ya existían y hecho surgir otras que según algunos ideólogos dentro del seno de la organización, no pueden ser enfrentadas con los actuales mecanismos de seguridad hemisférica. Bajo esta óptica que no deja de ser en parte cierta -en cuanto al surgimiento de nuevas amenazas- se considera que la concepción tradicional de seguridad, vinculada a la protección de la integridad territorial y la soberanía nacional, se ha ido ampliando hacia otros espacios como el de la seguridad pública y el de la seguridad de los propios individuos, esto es, la seguridad humana.

La OEA en sintonía con la estrategia de Washington se plantea abordar estos fenómenos desde una perspectiva renovada, sin especificar el modo, supuestamente para tratar de mejorar la calidad de vida de las personas en los países miembros. Desaparecido el paradigma del enemigo extra continental, la lucha contra el comunismo y la amenaza de la Unión Soviética, la organización concluye que “…los enemigos son difíciles de identificar y atacan de modo inesperado y artero, e incluso habitan en estado larvario en el seno de nuestra sociedad.”9 Asegurando que a partir de los atentados terroristas de septiembre 11 del año 2001 en Nueva York y Washington, así como, la dimensión que ha alcanzado el crimen organizado, se hace necesario considerar que la Seguridad Internacional pasa a ser un bien público global, por la que todos los estados tienen igual responsabilidad.

En tal sentido y en virtud de recomendaciones de las Cumbres de las Américas de Santiago, Chile, 1998 y Québec, Canadá, 2001 se desarrolló un largo proceso de reformulación en el seno de la OEA con el objetivo, entre otros, de crear un nuevo Sistema de Seguridad Hemisférica y cuya etapa actual comprendió la realización de la Conferencia Especial sobre Seguridad convocada por la Comisión de Seguridad Hemisférica de esta organización regional.

La realización de esta conferencia fue objeto de adelantos y retrasos por parte de la OEA, programada en principio para mayo del año 200310, pospuesta posteriormente según algunos expertos debido a que Estados Unidos en virtud de su denominada Nueva Estrategia de Seguridad Nacional, que de nueva tiene bien poco, no había elaborado un proyecto definitivo para la región, sobre todo después de la última agresión y ocupación de Irak y al reavivado espíritu anti norteamericano que trajo esta conflagración. La conferencia tuvo lugar entre el 27 y 28 de octubre del año 200311 definiendo en su declaración final el concepto de Seguridad Hemisférica, pero sin establecer nuevos mecanismos para llevarla a vías de hechos, manteniendo vigentes hasta el momento el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) y sin definir lo concerniente a la subordinación o no de la Junta Interamericana de Defensa (JID) a la OEA.

El discurso empleado desde el inicio del proceso de replanteo de la OEA en general y de la Seguridad Hemisférica en particular, hace énfasis en el respecto a la soberanía, al derecho internacional, a la solución pacífica de los diferendos y al valor del multilateralismo en la arena regional e internacional, aspectos que son echados por tierra sistemáticamente por la administración del presidente Bush, magnificando el unilateralismo en la relaciones internacionales lo que ha obligado a la Casa Blanca a un reacomodo de su discurso sobre estos temas en la región.

La dominación económica

A comienzo de la década de los 90 del pasado siglo XX e incluso hasta nuestros días, algunos expertos aseguran que América Latina no sería objeto del interés primordial de la Casa Blanca, debido a que la superpotencia ganadora del lance de la Guerra Fría se enfrascaba en proyectos de dominación mundial en virtud de su liderazgo económico, político y militar sin parangón en la historia de la humanidad, nada más alejado de la realidad.

Pronto se vislumbró que Estados Unidos no había dejado de lado sus intereses en la región y continuaría ejerciendo su tradicional hegemonía para garantizar el control de un mercado de casi 800 millones de habitantes, estando dispuesto a ganarles la batalla económica a los inversores europeos, preponderantes durante casi toda la década de los años 90 del pasado siglo XX. Resultando evidente sus proyectos para “…La instauración de una moneda única en un mercado de 34 países - excluyendo por ahora a Cuba- (…) y el PIB regional, sumando a Estados Unidos, (…) de 11,5 billones de dólares, casi un 30% mayor al de la Unión Europea .De esta manera EE.UU. estaría al comando del mayor mercado unificado del planeta, con un tercio del PIB mundial y más de un quinto del comercio planetario.”12

Un primer paso muy importante lo constituyó la firma por Canadá, México y Estados Unidos el 17 de diciembre de 1992 del TLC cuyo nombre original es North American Free Trade Agreement (de donde resultan las siglas NAFTA, como también es conocido), que estableció la supresión gradual de aranceles, y de otras barreras al libre comercio para la mayoría de los productos fabricados o vendidos en América del Norte, así como la eliminación de otras barreras a la inversión internacional, pasando a ser para ese momento el segundo mas importante bloque económico del mundo superado solamente por el Mercado Común Europeo.

De acuerdo con su agenda de Seguridad Nacional Estados Unidos aprovechó el proceso de apertura en Latinoamérica y el impacto del neoliberalismo en sus economías para impulsar las negociaciones del ALCA. No hay que perder de vista tampoco el desafio que la Casa Blanca enfrentaba “…más competencia en los campos económico y tecnológico por parte de Europa y Japón, la consolidación de una zona comercial americana bajo dominio estadounidense se vuelve un elemento vital para mantener la hegemonía de esta potencia…”13. La oficialización de esa intención se materializó como resultado de la Primera Cumbre de las Américas efectuada en Miami, Florida entre el 9 y el 11 de diciembre de 199414. El ALCA fue diseñado por sectores empresariales y gubernamentales de Estados Unidos, constituyendo un proceso predominantemente económico y político, no interesado en incorporar una agenda social para nuestros países y es la continuación de la estrategia que dio origen al TLC para ampliar y reforzar el dominio sobre los pueblos y países del hemisferio y a la vez consolidar su hegemonía mundialmente.15

En tal sentido Estados Unidos "ha reconsiderado el concepto de seguridad nacional a la luz de la aparición de bloques comerciales regionales y del surgimiento de nuevas amenazas: crimen organizado transnacional, terrorismo, conflictos regionales, desintegración de Estados y movimiento descontrolado de refugiados"16. Por otra parte Europa unida y el bloque asiático representan para Estados Unidos no sólo una seria amenaza en sus pretensiones económicas en todos los sentidos, sino también un nuevo reto a su seguridad nacional.

Además del ALCA la estrategia económica estadounidense para la región incluye el Plan Puebla Panamá (PPP) que “… es una iniciativa impulsada por el presidente Vicente Fox y tiene como idea central dar mayor oportunidad para que los Estados Unidos y en menor grado sectores de la burguesía de Asia, Europa y Canadá tengan acceso a todas las áreas de la economía y a la de mano de obra barata no sólo en México, sino también en Centroamérica.”17, constituyendo la pieza geopolítica que viene a reforzar la expansión estadounidense en América Latina.

La militarización

La situación regional resultante de los cambios de finales del siglo XX y la no concreción del Centro Multilateral Antidrogas (CMA) en Panamá al terminar la ocupación norteamericana de la Zona del Canal en virtud del cumplimiento de los acuerdos Torrijos – Cartel firmados en 1997, hizo que Estados Unidos creara “…las denominadas Bases Operativas Avanzadas, en Aruba, Curazao, El Salvador, Costa Rica y Ecuador, lo cual le permite mantener su Presencia Militar Avanzada en la región bajo el pretexto de la lucha antidroga.”18 A lo anterior hay que añadir otros enclaves militares en que la presencia estadounidense en la región resulta ostensible, tales como, las bases de Tres Esquinas, Larandia y Puerto Leguizamo en Colombia como parte del Plan Colombia. En Perú se han establecido en las bases de Iquitos y Nanay, sin olvidar sus pretensiones sobre la base de Alcántaras en Brasil.19

Una atención especial merecen los ejercicios militares conjuntos entre fuerzas estadounidenses y latinoamericanas, actividad de larga data cuyo exponente más destacado lo constituyen los Ejercicios Conjuntos Combinados del tipo    UNITAS, llevados a cabo con la participación de fuerzas y medios de la Marina de Guerra y la Infantería de Marina de Estados Unidos y sus contrapartes de la región. Son dignos de mencionar, entre otros, las Operaciones Cabañas que tienen lugar en Panamá, Puerto Rico y Argentina, los denominados Águilas en los que participa la Fuerza Aérea estadounidense y Nuevos Horizontes con un carácter supuestamente de asistencia en construcción civil y humanitaria pero que permiten la presencia de efectivos militares de Estados Unidos en Centro América, Caribe y otros países sudamericanos.

El contacto sistemático con las Fuerzas Armadas latinoamericanas posibilita a Washington una influencia directa sobre los mandos y estructuras de dirección de las mismas, al tiempo, mantiene una presencia constante en el Teatro de Operaciones Militares sudamericano bajo la responsabilidad del Comando Meridional estadounidense.

Este despliegue resulta insuficiente para algunos ideólogos en Estados Unidos que ayudan en la formación de políticas hacia América Latina a las administraciones de la Casa Blanca, así en febrero del año en curso la Fundación Heritage20 a través de un artículo bajo el título “Estados Unidos debe reforzar su seguridad en el flanco sur21 propone revitalizar bajo nuevas formas el TIAR para propiciar un intervencionismo más directo en los asuntos internos de los países de la región y hace fuertes recomendaciones para reforzar el papel del Comando Meridional. Según los autores de ese trabajo en América Latina está aumentando la presencia terrorista lo que constituye una amenaza para la Seguridad Nacional de Estados Unidos, al tiempo, aboga por que ese Comando incluya la asistencia a las organizaciones y efectivos de las policías latinoamericanas, debido a la creciente ingobernabilidad que impera en la región, proponiendo incluso que sean modificadas las leyes norteamericanas, principalmente lo concerniente al Acta Posse Comitatus22 que impiden de forma pública tal asistencia.

Esta última propuesta demuestra el menosprecio que sienten hacia los países latinoamericanos y caribeños, debido a que el Acta Posse Comitatus de 1878 denominada también “ley centinela”23, es el principio por excelencia que sirve de base al gobierno estadounidense, en cuanto al control civil del poder castrense, así como, la separación de la policía militar y civil y la iglesia del estado. En la actualidad dentro de la sociedad en Estados Unidos el ciudadano común tiene desconfianza del entrometimiento de las Fuerzas Armadas en su vida diaria, aunque sea para protegerla.

Conclusiones

Estados Unidos no ha dejado de lado sus intereses de todo tipo en Centro América, Suramérica y el Caribe, región que continúa siendo considerada por Washington como su “patio trasero”. Nos encontramos frente a la puesta en práctica de nuevas formas de dominación económica, política y militar de la Casa Blanca en nuestra región que deben incluir, indefectiblemente, un componente de seguridad regional para garantizar su desarrollo y cuyos ejes fundamentales son las formulas neoliberales en lo económico y social, el desarrollo e implantación de un concepto de seguridad que responda a sus intereses y el replanteo de su presencia militar en la región que garanticen su influencia, incluso en los cuerpos de policía latinoamericanos y caribeños y el empleo de sus Fuerzas Armadas en función de sus aspiraciones económicas y de política exterior en la actualidad y el futuro inmediato.

Notas:

(*) Investigador del Centro de Estudios de Información de la Defensa (CEID)

1 Francis Fukuyama es catedrático de Economía Política Internacional en la Johns Hopkins School of Advanced International Studies; autor en 1989 del libro El fin de la historia y el último hombre en vísperas de la desintegración de la URSS.

2 Castro Fidel, Ruz. Discurso pronunciado con motivo del cumpleaños de Elián González y el cuarto año del inicio de la batalla de ideas, efectuado en la escuela primaria "Marcelo Salado", Cárdenas, Matanzas, 5 de diciembre, 2003. http://cuba.cu/gobierno/discursos/2003/esp/f051203e.html

3 El denominado sistema de Cumbres de las Américas tiene sus antecedentes más cercanos en la Cumbre Presidencial de Panamá, en julio de 1956 mediante la cual el gobierno de Dwight D. Eisenhower a través de la firma de la denominada Declaración de Panamá, establecía las bases de lo que más tarde sería la Alianza para el Progreso. Este plan socio económico para América Latina, en contraposición al ejemplo de la Revolución Cubana, fracasó estrepitosamente, no logrando alcanzar los objetivos que se había propuesto Estados Unidos para la región, aspecto este que era notorio para 1967.

4 Cumbre de las Américas, Declaración de Principios, Pacto para el Desarrollo y la Prosperidad: Democracia, Libre Comercio y Desarrollo Sostenible en las Américas. http://www.sice.oas.org/ftaa/miami/sadops.asp

5 Ver: A National Security Strategy of Engagement and Enlargement. The White House, February, 1995

6 Ver: A National Security Strategy for A New Century. The White House, May, 1997

7 La actual política hacia Cuba tiene un rumbo diametralmente opuesto a estos enunciados, prácticamente los acuerdos migratorios no existen para la parte estadounidense, la agresión radial y televisiva contra nuestro país alcanza puntos extremos, violando los convenios internacionales de la Organización Internacional de Telecomunicaciones empleando, incluso, aviones de guerra electrónica y psicológica, como sucedió el 20 de mayo del año 2003 en que se utilizó un avión de destino militar tipo EC-130 para realizar emisiones subversivas, así mismo, múltiples declaraciones de personeros de la administración Bush abogan por la agresión a Cuba.

8 OEA/Ser.P, AG/RES. 1836 (XXXI-O/01)

9 Proyecto de declaración de México sobre la Seguridad Hemisférica, previsto para la Conferencia Especial sobre Seguridad, a realizarse en México y que tenía como fecha inicial el 6 – 8 de mayo del 2003, p. 6.

10 Asamblea General de la OEA, Resolución 1908 (XXXII-O/02), 4 de junio, 2002.

11 Organización de Estados Americanos, Conferencia Especial sobre Seguridad, Declaración sobre Seguridad en las Américas, Ciudad de México, México, 27-28 octubre, 2003, http://www.oas.org/csh/CES/documentos/ce00339s02.doc

12 García Marcelo, Estados Unidos militariza América Latina, 28 febrero, 2004, p.1 http://ecuador.indymedia.org/2004/02/4896.shtml

13 Preciado Jaime y Hernández Jorge. Geopolítica de la integración hemisférica americana: ¿acuerdos comerciales sin agenda social? http://www.paginasclick.com/gob_pol/jorgeahv/GeoIntHemAmericana.htm

14 Op. Cit. Cumbre de las Américas, Declaración de Principios, Pacto para el Desarrollo y la Prosperidad: Democracia, Libre Comercio y Desarrollo Sostenible en las Américas. http://www.sice.oas.org/ftaa/miami/sadops.asp

15 Ver más información al respecto en http://movimientos.org/noalca/ y http://www.alcaabajo.cu/

16 Ver: Aguayo Sergio y Bailey John. La Seguridad de México y Estados Unidos en un momento de Transición. México, Siglo XXI editores, 1997.

17 Martínez Ricardo, Martínez. Entrevista con James Petras sobre el Plan Puebla Panamá, Rebelión, 5 de junio, 2002. http://www.rebelion.org/petras/entrevista040602.htm

18 García Luis M, Cuñarro. La presencia militar de los Estados Unidos en América Latina, Seguridad y Defensa, Volumen 1, Número 3, Diciembre, 2003. p. 44

19 Ver: García Marcelo, Estados Unidos militariza América Latina, 28 febrero, 2004, p.3 http://ecuador.indymedia.org/2004/02/4896.shtml

20 Esta organización de carácter ultra conservador tiene gran influencia en el Partido Republicano de Estados Unidos de América.

21 Carafano Jay, James y Johnson, Stephen. Strengthening America’s Southern Flank Requires a Better Effort, february 20, 2004. www.heritage.org/Research/NationalSecurity/bg1727.cfm

22 La Sección 660 del Acta para la Asistencia al Exterior de 1961 en Estados Unidos de América prohíbe la asistencia y ayuda a Cuerpos de Policías extranjeras, a no ser que sea legislado específicamente. Esta política está basada en el Acta Posse Comitatus (locución latina que significa Poder para el Pueblo) de 1878 que pretendía limitar los abusos del Ejército en contra de la población civil, al constituir en delito la utilización de militares para hacer cumplir las leyes durante la denominada Reconstrucción que siguió a la Guerra Civil estadounidense o Guerra de Secesión (1861-1865).

23 Ver: Kellog, Davida y Kellogg, Eiriz, Posse Comitatus, Military Review, Edición Español, Marzo-Abril, 2004. pp. 12-16