Chile

A un año de su victoria electoral, rebelión popular en Punta Arenas,
caída en la opinión pública y crisis de gabinete

Piñera en su laberinto

Por Manuel Cabieses
Clarín de Chile, 21/01/11

El 17 de enero se cumplió un año de la victoria electoral –en segunda vuelta– del presidente Sebastián Piñera Echenique. El 51,6% que lo apoyó entonces ha descendido al 45% promedio, según revelan las últimas encuestas. Nubarrones imprevistos le aguaron la fiesta. La noche del primer aniversario de su triunfo –que celebró en el Círculo Español con funcionarios de su gobierno y dirigentes y parlamentarios de los dos partidos oficialistas–, el impresionante paro regional de Magallanes cumplía ya seis días.

A esa misma hora el “rostro” de su gabinete, Laurence Golborne, prematuro candidato presidencial de la derecha –se sospecha que el juego palaciego lo ha metido en una máquina trituradora para despejar el terreno al verdadero delfín in pectore de Piñera, Andrés Allamand–, tuvo que ser rescatado por fuerzas especiales de Carabineros desde los estudios de una emisora, en Punta Arenas. El atribulado Golborne, ex gerente general de la cadena de supermercados Jumbo y hoy biministro de Minería y Energía, tuvo que tragar bilis y aguantar los insultos y objetos que le arrojaba la multitud indignada por el alza del precio del gas en Magallanes que el propio Golborne autorizó, como presidente del directorio de la Empresa Nacional del Petróleo (Enap).

El paro en la región de Magallanes, que afectó a las ciudades de Punta Arenas, Puerto Natales y Porvenir, obligó al gobierno a dialogar con la Asamblea Ciudadana Magallánica con el dedo en el gatillo de la Ley de Seguridad del Estado. La protesta en la zona austral demostró la rebeldía latente en vastos sectores ciudadanos contra las inhumanas políticas neoliberales que se vienen aplicando sin misericordia desde la dictadura militar. Este fue el factor de fondo que obligó al presidente a reajustar su gabinete.

El mandatario dobló la página de la cacareada “nueva forma de gobernar” y echó mano a los procedimientos tradicionales y probados que ofrecen zorros de la política como los ex senadores Allamand y Evelyn Matthei, o los frutos artificiales de la publicidad, como Golborne. El reajuste ministerial –es de presumir que pronto habrá otros– lo desencadenó el ex democratacristiano Jaime Ravinet, que desde la cartera de Defensa hizo enrojecer de vergüenza al gobierno. Lo suyo partió con una pachotada sobre el costo de un puente mecano, que en realidad ocultaba un oscuro asunto de licitaciones y compras del ejército en que se adivina el perfil de las tradicionales comisiones que acompañan las adquisiciones castrenses. Ravinet extremó la maniobra distractiva sugiriendo que revelar el costo del puente –con un sobreprecio de dos millones de dólares– afectaría la seguridad nacional y provocaría tal disgusto al ejército, que éste se restaría de cooperar en catástrofes como el terremoto–maremoto del 27 de febrero de 2010.

Pero no sólo fueron las estúpidas declaraciones de Ravinet las que desataron la tormenta que terminó con su salida del gabinete. Lo peor aún no asomaba en la fortaleza de la Contraloría General de la República. Y cuando lo hizo, sonó como un cañonazo. Se reveló que el general Cristián Le Dantec, jefe del estado mayor conjunto de las FF. AA. (designado en ese cargo por la presidenta Bachelet), andaba en trámites para que el Estado le comprara una residencia por valor de un millón de dólares. En un país donde miles de familias viven en mediaguas que cuestan 250 mil pesos, las aspiraciones de Le Dantec superaban a las de un príncipe saudita. La compra del palacete fue aprobada –según Le Dantec– por el ex ministro Ravinet y por el comandante en jefe del ejército, general Juan Miguel Fuente–Alba. Después de las renuncias de Ravinet y Le Dantec, la situación de Fuente–Alba no puede ser más incómoda y comprometida, esperándose que siga el camino de los anteriores.

Pero allí no terminaron los morterazos de la Contraloría. Otra investigación puso al descubierto un negocio de 9,5 millones de dólares con containers destinados a viviendas de fuerzas militares de un contingente chileno–argentino. En resumen, el affaire Ravinet–Le Dantec puso otra vez al ejército en el vergonzoso lugar al que lo llevó la desenfrenada codicia de Pinochet y sus generales. Y todo esto sucede bajo un gobierno de las mismas fuerzas políticas que apoyaron al dictador y ocultaron sus crímenes y latrocinios. De paso se dio a conocer que ex agentes de la CNI fueron contratados por el subsecretario de Defensa, general (r) Oscar Izurieta, ex comandante en jefe del ejército. Aunque éste recibió una crítica muy clara desde La Moneda, todavía se aferra con dientes y muelas a su cargo.

El presidente Piñera, que insiste en marcar diferencia con el pasado golpista de los pilares institucionales y políticos de su gobierno, reaccionó con rapidez ante estas situaciones y tomó las medidas a que obligaban los hechos, faltando sólo la renuncia del general Juan Miguel Fuente–Alba porque todo lo descubierto por la Contraloría no ocurre en el ejército sin que lo sepa su comandante en jefe.

Pero el panorama es todavía más complejo para La Moneda.

En estos meses ha habido un notorio aumento de las movilizaciones sociales y un deterioro constante de la confianza ciudadana en el presidente de la República, a quien se acusa de no cumplir sus promesas de campaña. La expresión del reciente conflicto con los funcionarios públicos fue insólita en cuanto a su masividad, alcance, organización y voluntad de protesta. Pero la solución del conflicto fue literalmente “entregada” por la CUT con el aval del presidente del Partido Socialista, diputado Osvaldo Andrade, generando un clima de frustración y cólera. Entretanto, la huelga de los mineros de Collahuasi fue un éxito, a pesar de las amenazas represivas.

Hubo además otras movilizaciones importantes, como la de los trabajadores de la cadena de Farmacias Ahumada y de los maquinistas del Metro. Se mantienen las protestas en la zona de Caimanes, por la construcción de un tranque de relaves para la mina Pelambres del consorcio Luksic, y son habituales las protestas de vecinos, profesores y estudiantes y de los damnificados en la zona del terremoto. Las huelgas legales han aumentado, como asimismo el número de trabajadores involucrados. El incendio de la cárcel de San Miguel, con ochenta y un reclusos muertos, desnudó un drama pavoroso que afectó al gobierno aunque el hacinamiento carcelario sea de larga data.

Si bien la reorganización del gabinete no es un hecho fundamental, sí lo fueron las razones que la motivaron, en especial la protesta antineoliberal de Magallanes. Queda por ver si los nuevos ministros se ajustarán a las orientaciones de un presidente formado en la especulación financiera y refractario al trabajo en equipo.

Pero lo gravitante es otra cosa. El gobierno quiere avanzar con rapidez en la profundización del modelo y completar la tarea que dejó inconclusa la Concertación. Hay en marcha diversas privatizaciones. Codelco venderá Edelnor, principal productora de electricidad del Sistema Interconectado del Norte Grande, a menos que triunfe la resistencia de los trabajadores. Tanto la privatización de las sanitarias, ya vendidas en proporción mayoritaria por la Concertación, como la privatización de Enap, que se está estudiando, se podrían materializar sin pasar por el Congreso. Se ha anunciado por otra parte el posible traspaso de Astilleros y Maestranzas de la Armada (Asmar) a inversionistas privados.

Entretanto, la reforma educacional en marcha, con apoyo de la oposición, reforzará el predominio de la educación privada en desmedro de la municipal, laica, igualitaria y gratuita. Y la utilización del bono Auge en las clínicas privadas por los usuarios de la salud pública que no puedan ser atendidos por ésta, significa el traspaso de una enorme masa de recursos fiscales al sector privado, en vez de ocuparlos en solucionar las carencias de los hospitales públicos.

El paro y movilizaciones de los habitantes de Magallanes se constituyen, entonces, en un hecho de primera importancia social y política. A pesar de las amenazas de represión mediante la Ley de Seguridad Interior del Estado, decenas de miles de personas de todos los sectores políticos y sociales, jóvenes y viejos, hombres y mujeres, protestaron durante siete días en defensa de sus derechos. La protesta magallánica es producto de la cohesión de variados actores y movimientos sociales, agrupados en torno a reivindicaciones justas. Se ha luchado contra el alza del gas y contra el centralismo, por la defensa de Magallanes y de Enap, por el respeto a la opinión ciudadana y contra la politiquería. Regionalismo y transversalidad aparecen como características novedosas de este movimiento que merecen ser consideradas con atención. Sobre todo por quienes aspiran a construir una auténtica alternativa de Izquierda, independiente de la Concertación y de cualquier otro sector que sirva de comparsa al neoliberalismo.


Piñera anulo el aumento del gas y echó al ministro de Energía

Marcha atrás y sacudón de gabinete

Por Christian Palma
Desde Santiago
Página 12, 15/01/11

En una jornada intensa y emotiva, marcada por el funeral de las jóvenes que murieron en la protesta, el gobierno chileno anunció que anulaba los aumentos del gas fueguino y el presidente cambió a sus cuatro ministros más débiles.

La tenue lluvia que se dejó sentir ayer en Punta Arenas se confundía con las lágrimas de las miles de personas que por la tarde acompañaron a Melisa Silva y Claudia Castillo desde la Iglesia Don Bosco a su última morada, en el Cementerio General de la ciudad. Horas más tarde el llanto de los fueguinos se convirtió en festejo cuando el presidente Sebastián Piñera anunció que aceptaba la renuncia de los ministros golpeados por la crisis. Las jóvenes murieron atropelladas la noche del martes mientras protestaban en una barricada contra el alza del gas decretada por el gobierno de Piñera, decisión que tiene a las principales localidades de la región en pie de guerra con La Moneda, pues el hidrocarburo es clave para el desarrollo de la zona.

Cuando el reloj marcaba las tres, Punta Arenas se paralizó por completo. Es que Melisa y Claudia se convirtieron en el símbolo de esta verdadera cruzada que no ha reparado en colores políticos y que sólo apunta a frenar el aumento de 16,8 por ciento anunciado para el gas. Por ello, la gente acudió en masa a los funerales de las malogradas mujeres. Familiares, amigos y cercanos se confundían con los rostros anónimos que portaban banderas negras y pañuelos blancos en señal de duelo.

“Son mártires. Ambas serán recordadas por generaciones y generaciones”, discurseaba el presidente de la junta de vecinos de la población Claudio Bustos, lugar donde fallecieron las mujeres.

La comunidad entendió el mensaje. Guardó silencio hasta el momento en que ingresaron las carrozas fúnebres. Ahí aplaudieron y lanzaron pétalos de rosa. Una caravana de motoqueros que apoyan las protestas escoltó la fila hacia el camposanto.

Tanto impacto causó la muerte de las mujeres, en una comunidad más bien pacífica, que la Mesa de Diálogo conformada por la Iglesia, el gobierno, la comunidad, algunos parlamentarios y los alcaldes, que intentan consensuar algún acuerdo para evitar las alzas y deponer el paro, se suspendió para que los participantes pudieran asistir al funeral.

A las 5.30 esta instancia retomó el diálogo. El diputado independiente Miodrag Marinovic adelantó que el gobierno se habría allanado a aumentar las cuentas sólo en torno del IPC y dejaría sin efecto el aumento que gatilló la revuelta regional.

“El alza va a quedar en 3 o 4 por ciento. En las horas próximas vamos a llegar a un acuerdo en la mesa negociadora, lo que permite ayudar a panaderías, pequeños comercios y pymes”, señalaba el parlamentario. Sin embargo, al cierre de esta edición, trascendió que la mesa no llegó a ningún acuerdo, por lo que las movilizaciones continuaron mezcladas con el miedo al de–sabastecimiento de frutas, verduras, pan y gasolina. Al comercio minorista, ya en paro, se sumaron anoche los supermercados.

Al final del día, una relativa buena noticia llegó desde Santiago. El ministro de Energía, Ricardo Raineri, arrinconado por sus palabras previas, renunciaba a su cargo. Raineri es acusado de calentar los ánimos en Tierra del Fuego, al declarar “que se acabó la fiesta en Punta Arenas” el día que se oficializó el alza del gas.

Su renuncia se sumó a la presentada el jueves por el titular de Defensa, Jaime Ravinet, y a las también de ayer en Trabajo (Camila Merino) y Transportes (Felipe Morandé). Ravinet estaba en la mira desde que una publicación reveló que el ministro había recomendado no investigar un caso de presunta corrupción en las Fuerzas Armadas, por un sobreprecio pagado para la construcción de un puente. Merino y Morandé se habían debilitado por diversos problemas en sus áreas de competencia.

Apenas se supo de la noticia, los magallánicos celebraron y atribuyeron la dimisión de Raineri a la movilización que llevan adelante contra la decisión del gobierno de aumentar el precio del gas. Y razones tienen.

No sólo la crisis en la zona austral motivó el cambio profundo en el gabinete. La baja en las encuestas en cuanto a la adhesión a Piñera y sus ministros y las quejas por mala gestión en otras áreas llevaron a La Moneda a realizar una cirugía mayor. De hecho, Laurence Golborne, el ministro de Minería y principal carta presidencial de la derecha, asumió la cartera de Energía para tomar el control del asunto.

No obstante, la rabia y el sentir que se los ha engañado no será olvidado fácilmente en la zona, toda vez que el propio Piñera, cuando era candidato a la presidencia, aseguró que el precio del gas no se movería.

La mala semana para el gobierno fue aprovechada por la oposición. El presidente del Partido Socialista (uno de los voceros de la Concertación), Osvaldo Andrade, aseguró que es el presidente de la República, Sebastián Piñera, quien debe resolver personalmente el conflicto en la región de Magallanes.

“Es el presidente Piñera personalmente quien tiene que resolver el problema. Esto no se resuelve en Santiago, ni con que la oposición vaya ni hable con el gobierno... esto se resuelve en Magallanes. Ni siquiera lo van a resolver los parlamentarios de la zona. La forma de enfrentar un problema es hacerse cargo del problema y este gobierno no se está haciendo cargo... La única autoridad que ha ido a la zona es un subsecretario y con el respeto que me merece el subsecretario, no es un tema personal, pero en una crisis deben estar involucradas las más altas autoridades”, agregó.

Respecto de Golborne, dijo que “cómo es posible que el ministro más reputado, que está en el primer lugar de las encuestas y que tiene un capital político, según se ha dicho, no juegue un rol en una crisis de gobierno que además lo involucra, si además es el ministro de Minería”.

Habrá que ver ahora si la cirugía mayor aplicada por el gobierno, la flexibilización en cuanto al alza del precio del hidrocarburo y la llegada de políticos de mayor calado a las carteras de Defensa y Trabajo, mejoran y componen una semana negra para Piñera. Laurence Golborne, la carta de la derecha, tomó un fierro caliente. Si logra sortear esta crisis con éxito, lo más probable es que lo veamos en La Moneda en 2014. De lo contrario, su gran capital político se esfumará como el gas.


Crisis en Chile: el conflicto por el gas y la caída de su popularidad

Presionado, Piñera renovó su gabinete

Por Carlos Vergara
Corresponsal en Chile
La Nación, 15/01/11

En respuesta a una demanda oficialista, el mandatario sacó a los técnicos y convocó a nuevas figuras políticas para reforzar su gobierno

Santiago, Chile.– La fuerte presión oficialista que se dejó caer sobre el presidente Sebastián Piñera para renovar su gabinete gatilló ayer una remoción de tres nuevos ministros, en lo que se considera la primera crisis política seria de la administración de centroderecha tras diez meses de ejercicio.

La decisión se produjo menos de 24 horas después de la renuncia del ministro de Defensa, Jaime Ravinet, y estuvo alimentada por una fuerte caída de la popularidad presidencial y la compleja situación que se vive en el sur de Chile, con una paralización masiva en la región de Magallanes, producto de una suba de gas decretada por el gobierno y que, hasta ayer, aún no tenía visos de solución.

Tras sucesivas reuniones con el ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, en el palacio presidencial de La Moneda (Piñera se encuentra en la sureña ciudad de Valdivia), fueron removidos de sus cargos los ministros de Energía, Ricardo Raineri; de Trabajo, Camila Merino; y de Transportes y Telecomunicaciones, Felipe Morandé.

De acuerdo con la vocera de gobierno, Ena von Baer, los ministros renunciaron voluntariamente a sus puestos. La medida fue interpretada como un fuerte gesto a la clase política, en desmedro del grupo de técnicos y académicos de excelencia reclutado por Piñera a inicios de su gobierno. Tanto Raineri como Morandé venían del mundo universitario, mientras que Merino era una reputada ejecutiva del sector privado.

Raineri, uno de los responsables del conflicto del gas que estalló el martes en Magallanes y que paralizó la sureña región y el cruce a la Argentina (ver aparte), será reemplazado por el popular ministro de Minería, Laurence Golborne. El ultrapopular funcionario, que encabezó el rescate de los mineros de Copiapó, asumirá será, desde ahora, ministro de ambas áreas.

Merino, quien nunca consiguió llegada en el complejo mundo sindical, será relevada por la senadora de la derechista Unión Demócrata Independiente (UDI), Evelyn Matthei, hija de un ex miembro de la junta militar del general Augusto Pinochet, el general de la fuerza aérea Fernando Matthei.

Morandé, quien nunca pudo estabilizar la crítica situación del sistema de transporte capitalino, Transantiago, aún no tendrá reemplazante y su cargo será asumido interinamente por la subsecretaria, Gloria Hutt.

Para Defensa, en el cargo dejado por Ravinet, Piñera se decidió por un viejo aliado político, el senador oficialista de Renovación Nacional (RN) Andrés Allamand, uno de sus más firmes detractores dentro del oficialismo en el Congreso.

Piñera rompió también con su promesa de inicios de gobierno, cuando anunció que no nominaría a parlamentarios en ejercicio para no debilitar al oficialismo en el Congreso. Allamand y Matthei, los nuevos ministros de Defensa y Trabajo, son considerados como dos de los más avezados políticos de la derecha.

Ambos han acompañado a Piñera, con varios altibajos y querellas en la relación, a lo largo de toda su carrera política y nunca han escondido sus aspiraciones presidenciales. El tercero, Golborne, es el ministro mejor encumbrado en las encuestas e incluso ya se perfila como posible candidato del oficialismo para 2014.

El cambio de gabinete fue recibido con complacencia en el oficialismo. "(Piñera) me llamó por teléfono esta tarde y me dijo que esperaba que esto reforzara al gobierno y que era en parte consecuencia de cosas que veníamos hablando hace ya varios días", dijo el presidente de RN, Carlos Larraín. La oposición, en tanto, opinó que el hecho de acudir a parlamentarios en ejercicio para reforzar el gabinete era una "señal compleja". Los nuevos ministros jurarán mañana en el palacio de La Moneda.

Deslealtad

Uno de los ministros salientes, Jaime Ravinet, un ex democristiano convocado por Piñera a su gobierno como señal de transversalidad, criticó ayer duramente al grupo de asesores de Piñera.

Ravinet fue duramente cuestionado por informes de la Contraloría General de la República, que le imputarían, entre otras cosas, desórdenes administrativos y gastos excesivos, tales como la licitación para la adquisición de una casa para el jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, el general Cristián Le Dantec, por valor de un millón de dólares.

"Una de las cosas que han sido una mala experiencia en este período es la falta de lealtad de mucha gente del segundo piso de La Moneda, que se dedica a esparcir estos rumores. Gran parte de las investigaciones que hay de la Contraloría en nuestro ministerio las he pedido yo mismo, así es que realmente estoy muy tranquilo en esa materia", agregó.

Las quejas de Ravinet recibieron una inmediata respuesta del jefe de gabinete de Piñera, el ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter. "Cuando uno ha sido parte de un equipo, lo que corresponde es acatar las instrucciones de quien lo dirige, en este caso, el presidente de la República, y seguir trabajando por el bien de Chile. Eso es lo único importante cuando uno es ministro, y lo único que me preocupa", aseveró.

Preguntas y respuestas

• ¿Por qué surge el conflicto en Magallanes? Porque el gobierno anunció un alza del 16,8% en las tarifas del gas que se pagan en esa zona, con el propósito de hacer más atractiva la exploración de yacimientos y ampliar las reservas del fluido. Pero los pobladores argumentan que la suba les provocará un aumento general del costo de vida, porque el incremento impactará directamente en el costo de transporte, lo que a su vez repercutirá en el costo de los bienes e insumos transportados a la región.

• ¿Por qué las críticas se centraron en Piñera? Porque la Empresa Nacional del Petróleo (ENAP), que tomó la decisión del aumento, depende del gobierno chileno. Pero además, porque los habitantes de Magallanes cuestionan que, durante la campaña electoral que lo llevó a la presidencia hace 10 meses, Piñera haya prometido que los subsidios para el gas se mantendrían dadas las temperaturas extremadamente bajas que existen en Magallanes.

• ¿Qué dice el gobierno? Que en realidad se preservará "el tratamiento especial" del precio del gas para los hogares magallánicos, dado que igualmente será más barato tras el aumento que lo que se paga en otros lugares del país. El propio Piñera dijo que mantener el subsidio determinaría que "el gas y el petróleo se acaben", lo que sería "un megadesastre para Magallanes".

• ¿Qué perspectivas hay de un acuerdo? El obispo de Punta Arenas, Bernardo Bastres, mediador entre los negociadores del gobierno y la Asamblea Ciudadana, destacó que se verifican lentos avances en las negociaciones. De todos modos, recalcó que los cuestionamientos no se agotan en la suba del gas sino que se reclama una política de Estado para la región

• ¿Cómo impacta el conflicto en la imagen del presidente? Tras el impulso que supuso el rescate de los 33 mineros, la popularidad de Piñera bajó abruptamente: sólo lo respalda el 47% de la población, el nivel más bajo desde la vuelta a la democracia en Chile. Si la protesta se extiende, el nivel podría caer aún más justo cuando intenta recuperar la iniciativa política con el anuncio de una profunda reestructuración de su gabinete a sólo 10 meses de asumir.