Cuba

El Estado retendrá áreas estratégicas como el petróleo, la biotecnología
y el turismo, entre otras

Arranca el “nuevo modelo cubano” con más
de medio millón de despidos

La nueva política laboral elimina el seguro de desempleo

Por Gerardo Arreola
Corresponsal en Cuba
La Jornada, 14/09/10

La Habana, 13 de septiembre.– El gobierno del presidente Raúl Castro inició los anunciados despidos masivos, suprimiendo el seguro de desempleo indefinido, pero al mismo tiempo impulsará el ahora minúsculo sector privado, al que “se moverán cientos de miles de trabajadores en los próximos años”, informó hoy la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), la agrupación sindical única.

Un comunicado de la CTC ofreció detalles adicionales al discurso de Castro del mes pasado, en el cual el mandatario perfiló lo que llama “actualización del modelo económico” cubano. El cambio en el esquema laboral y de propiedad quizá sea el mayor en la isla desde la estatización generalizada de 1968, conocida como “ofensiva revolucionaria”, que convirtió a más de 90 por ciento de los trabajadores en empleados públicos.

Desde ahora y hasta marzo de 2011 serán cesados más de medio millón de empleados. Los despidos “se iniciarán de inmediato y por su magnitud e incidencia abarcarán todos los sectores”, reportó la CTC.

Apenas en trazos generales, la central sindical dibujó el contorno de un nuevo modelo económico cubano. El Estado retendrá ramas estratégicas y ligadas al sector externo, como el petróleo, la biotecnología, la farmacéutica y el turismo. En ésas y en otras áreas de producción de bienes y exportación de servicios habrá fuentes de empleo.

Abanico de opciones

El Estado también mantendrá plazas abiertas para actividades con escasez de fuerza de trabajo, como la agricultura, la construcción, la docencia y la policía. En contraste, abrirá un abanico de opciones de empleo privado, mediante el usufructo, el arrendamiento, las cooperativas y el trabajo por cuenta propia, de acuerdo con el documento de la CTC, que no entró en detalles.

Aún se desconoce el panorama completo de las opciones para el empleo privado, así como la forma en que los particulares podrán contratar fuerza de trabajo, como anunció Castro en agosto.

A la “ofensiva revolucionaria” de 1968 sobrevivieron formas marginales de propiedad privada productiva, en particular en el campo. A mediados de los años 90, tras el derrumbe soviético, el gobierno abrió un poco más ese sector para pequeñas manufacturas, el comercio y los servicios. Pero esas nuevas formas de autoempleo se mantuvieron restringidas por una fuerte regulación y una virtual moratoria en la expedición de permisos.

En los más de cien oficios privados que se permitieron a partir de 1993, como mecánicos, albañiles, plomeros, taxistas y relojeros, o en giros como el alquiler de habitaciones y los restaurantes familiares, llegaron a inscribirse unos 210 mil trabajadores, que a finales de 2009 eran sólo 143 mil.

La expectativa de la CTC de que “cientos de miles” de empleados pasarán al sector privado, junto con el cálculo oficial ya conocido de que sobran cerca de un millón de las actuales plazas de trabajo, indica que esta vez el viraje es de mayores dimensiones, al menos en el proyecto.

En la nueva política laboral, una novedad será la eliminación del seguro de desempleo, que hasta ahora otorgaba a los cesantes porciones hasta de 60 por ciento de su salario mientras quedaran desocupados por responsabilidad de las empresas, en algunos casos sin límite de tiempo.

“Ya no será posible aplicar la fórmula de proteger o subsidiar salarialmente de forma indefinida a los trabajadores”, informó la central sindical. De inmediato no había informes oficiales sobre el nuevo alcance del seguro de desempleo o la cuantía de las eventuales liquidaciones.

Sin embargo, la CTC precisó que la colocación de los despedidos ya no es una carga pública como antes: “En la identificación, traslado y ubicación hacia otras labores tendrá un papel muy importante la gestión y disposición personal del interesado”.

La nueva fórmula modifica sustancialmente el criterio predominante en la política de empleo en Cuba durante medio siglo, según el cual el Estado tutelaba la colocación de los trabajadores o subsidiaba la desocupación. Esa línea llegaba al extremo de que algunos desempleados recibían su salario si cursaban algún nivel de enseñanza, como ocurrió a partir de 2002, cuando empezó a desmantelarse casi la mitad de la industria azucarera.

La CTC advirtió este lunes que será eliminado “el estudio como fuente de empleo”, al igual que “los abultados” gastos sociales, los “subsidios excesivos” y la jubilación anticipada.


En el "nuevo modelo" se legalizarán actividades laborales que ahora están
en el mercado negro

Se alista Cuba para privatización limitada

Por Gerardo Arreola
Desde Cuba
La Haine, 17/09/10

La Habana, 14 de septiembre.– El gobierno de Cuba planea permitir que particulares, organizados en cooperativas, fabriquen materiales de construcción y piezas de carpintería; que elaboren conservas, embutidos y vinos; que operen estacionamientos y tintorerías; que reparen automóviles y que presten servicios funerarios, informáticos y de arreglo de calles, todo lo cual es ahora materia exclusiva de empresas públicas.

Aún se desconocen las reglas del juego del nuevo "modelo económico cubano", que incluye entre sus pilares la apertura al sector privado, pero en medios oficiales empezaron a circular los criterios generales.

Las cooperativas, que ya existen en el campo, se ampliarán en el sector rural, pero llegarán hasta la producción de bienes y servicios en las ciudades, en una de las nuevas formas de propiedad, según pudo saber La Jornada por conducto de diversas fuentes.

"En buena medida se estaría legalizando lo que ahora es el mercado negro", dijo una fuente, citando los ejemplos de la fabricación de ladrillos; la creación de piezas de carpintería; la confección de dulces, almíbares, conservas, alimentos ahumados y embutidos; la hojalatería, pintura y mecánica de autos o el transporte de carga, que los particulares realizan hace años por la vía de los hechos, enfrentando los riesgos de la semiclandestinidad, multas y hasta penas de cárcel.

Todos esos rubros, ahora perseguidos, serían legalizados para realizarse mediante cooperativas, que pagarían impuestos sobre ingresos personales, ventas y contratación de empleados, además de sus aportaciones a la seguridad social, de acuerdo con los datos que se están ofreciendo en reuniones informativas en el gobierno, las empresas y el Partido Comunista.

"Por lo menos hay que preguntarse si se reformará el artículo del Código Penal que prevé el delito de actividad económica ilícita", añadió la fuente. Esa norma excluye las sanciones para las labores o actos de comercio que, aun siendo ilegales, tienen "reducida significación". Sin embargo, considera una condena de cárcel de hasta tres años para quien utilice medios de producción "de procedencia ilícita" o contrate mano de obra.

Otro de los ingredientes del "nuevo modelo" será la autorización para que los microempresarios o autoempleados contraten fuerza de trabajo, según anunció el presidente Raúl Castro al parlamento el mes pasado. Las regulaciones de esta modalidad tampoco se conocen todavía, pero su solo enunciado marca un cambio en el esquema laboral cubano.

La fuente subrayó que así como se considera hacer transparente una situación de hecho, como la de albañiles o pintores que prestan servicios particulares, también se abren opciones para que surjan cooperativas que remplacen los oficios reservados al Estado, como los que ejecutan el mantenimiento de instalaciones públicas. Un caso notable es el de los servicios funerarios, que durante cinco décadas han sido una prestación gratuita para la población, pero ahora, al abrirse a la concesión a cooperativas, quedaría dentro del ámbito mercantil.

Aunque aún no son concluyentes ni tienen la formalidad de una norma oficial, las versiones sobre el nuevo "modelo" indican que las cooperativas podrían prestar sus servicios o vender sus productos no sólo a los particulares, sino también a distintos niveles del gobierno.

En el transporte público el ramo del taxi particular es uno de los más extendidos, desde que se permitió a mediados de la década pasada. Los dueños de autos viejos de factura estadounidense o soviética fueron autorizados a trabajar el vehículo, en una práctica que aún permanece y satisface la necesidad a la que no pueden responder las empresas estatales.

La idea es ampliar ese sector, adecuarlo al uso de autos menos envejecidos y extenderlo, además, a la operación de microbuses de ruta fija e incluso de autobuses regulares para itinerarios marginales, todo bajo el esquema de cooperativas.


Cuba: democracia y autogestión
como fuerzas productivas

Por Guillermo Almeyra (*)
La Jornada, 19/09/10

Previsiblemente, la crisis mundial –a la que se agrega el criminal bloqueo estadounidense– aumentará aún más su peso sobre Cuba, reduciendo el turismo e incluso las remesas de los cubanos emigrados. Las dificultades crecientes de la economía venezolana, así como el agravamiento de los desastres climáticos, son también factores que hay que tener en cuenta cuando se piensa en cómo sacar del actual pozo a la economía de la isla y en cómo reducir las tensiones sociales y políticas en un país que está instalado en una crisis profunda desde hace más de 20 años (la vida de una entera generación) y que no ve en el horizonte ni cambios reales ni objetivos alentadores sino sólo una dura lucha por la supervivencia dirigida además por el mismo sistema y los mismos cuadros que ayudaron a llegar a la actual dramática situación o que no supieron cómo evitarla.

Para salir de esta crisis, que se agrava con la crisis mundial pero se viene arrastrando desde hace decenios por causas específicamente cubanas, se necesita tensar todas las fuerzas de la población, recurrir a su capacidad creativa, su cultura, sus conocimientos, movilizarla como protagonista de todas las decisiones, como patrona de su propio destino, darle como objetivo la igualdad, la participación plena y creativa. En una palabra, dejar de tratar a los cubanos como súbditos y reconocerlos como ciudadanos plenos, movilizando su voluntad, su conciencia, su voluntad de socialismo, no detrás de huecas consignas desgastadas sino en pos de objetivos democráticos y autogestionarios para que por Estado no se entienda un aparato por sobre la sociedad y que pretende controlarla sino la gestión colectiva de los ciudadanos en primera persona.

La democracia no es un obstáculo en el trabajo de los especialistas, burócratas y tecnócratas: es una necesidad vital para aumentar la producción y la productividad y lograr nuevas invenciones colectivas.

¿Quién discutió previamente las actuales medidas para salir de la crisis que permiten vender propiedades en Cuba, por 99 años, a extranjeros, cuando los cubanos mismos no pueden comprarlas, que decide construir gran cantidad de campos de golf de 18 hoyos (para extranjeros), costosísimos en agua y en esfuerzos, que eliminan totalmente el magro subsidio por desocupación o la gratuidad de los entierros?

¿La Asamblea Nacional, que sólo se reúne siempre a posteriori para refrendar las decisiones del vértice partidario?

¿Un congreso o una conferencia del partido, siempre postergados pues ese partido único, en el que milita lo mejor y también lo peor del funcionariado cubano, está fusionado con el aparato estatal, no tiene objetivos diferentes de éste y a él está subordinado y, por supuesto, no controla en lo más mínimo a los dirigentes del Estado-partido?

¿Los llamados sindicatos, que en vez de ser la voz de los trabajadores frente al aparato estatal supuestamente de esos trabajadores son simplemente una parte de la burocracia estatal, al extremo de ser incapaces de decir una palabra frente a la pérdida de grandes y viejas conquistas, de evaluar las políticas del Estado, de formular propuestas y contrapropuestas surgidas de asambleas democráticas en las empresas?

¿Por qué no se discuten las medidas gubernamentales en cada empresa, en cada barrio, en cada comunidad campesina?

¿Por qué no se escucha la voz y las sugerencias de quienes deberán sufrir las consecuencias de dichas medidas y, al mismo tiempo, deberán poner el hombro para sacar al buey del barranco?

Una crisis es una oportunidad de cambiar. En vez de recurrir solamente a un hipotético turismo o inversionismo de lujo, ¿por qué no discutir cuáles inversiones productivas son hoy necesarias y deben ser permitidas al capital privado –por ejemplo, en la producción agroalimentaria y la distribución de los alimentos en la isla–? En vez de centralizar una vez más, ¿por qué no descentralizar y dar poder de decisión y de organización a nivel territorial, horizontal, a los productores y poner a su disposición insumos y medios de transporte? El combate a la burocracia no consiste sólo en reducir el número de funcionarios redundantes o improductivos y de reglamentaciones absurdas: consiste en cambio fundamentalmente en trasladar el poder de información y de discusión a los ciudadanos, que son usuarios-productores-consumidores atados por esa burocracia.

La democracia, la autogestión, la planificación desde el territorio y desde los lugares de producción, la libertad de opinar, disentir, expresarse, informarse, son indispensables si se quiere sacar a la población de una desmoralizante y creadora de apatía resignación ante las decisiones que llueven desde el vértice del Estado tal como llegan los huracanes.

Repetimos: la vía china o la vietnamita son irrepetibles en Cuba, no sólo por razones demográficas, históricas, culturales, sino también porque esa es una salida que sólo se podría encarar abriendo completamente el país al capital y la intervención de Estados Unidos y eliminando lo que queda de la revolución para que acabe el bloqueo y lleguen inversiones masivas.

Cuba nunca fue socialista, aunque sí luchó por aportar a la construcción del socialismo en la isla y en el mundo. Pero su revolución democrática, antiimperialista, de liberación nacional, fue importantísima para la isla y para todo el continente y, aunque está estancada desde hace rato porque no puede profundizar su curso y, por el contrario, retrocede, sigue siendo la garantía de la independencia nacional y es la base del consenso político que aún mantiene el gobierno, sobre todo entre las generaciones más viejas, que conocieron el pasado y no quieren retornar a él, como lo expresa claramente Silvio Rodríguez.

Es suicida enterrar los restos de revolución para atraer inversionistas. Por el contrario, hay que reanimarla con un gran cambio, sobre la base de la democracia, la autogestión, la libre organización, la eliminación de la autocracia y la burocracia y la extensión al máximo del poder de los productores.


(*) Guillermo Almeyra, historiador, nacido en Buenos Aires en 1928 y radicado en México, doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de París, es columnista del diario mexicano La Jornada y ha sido profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México y de la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Xochimilco. Entre otras obras ha publicado Polonia: obreros, burócratas, socialismo (1981), Ética y Rebelión (1998), El Istmo de Tehuantepec en el Plan Puebla Panamá (2004), La protesta social en la Argentina (1990–2004) (Ediciones Continente, 2004) y Zapatistas–Un mundo en construcción (2006).


Recortarán un millón de puestos de trabajo en el estado y, como contrapartida,
se legalizará el empleo por cuenta propia en varias áreas

Hacia una economía mixta

La reforma económica va en serio

The Economist, 16/09/10
La Nación, 18/09/10

Desde que Raúl Castro asumió el poder en Cuba, en 2006, parece haber dado a entender que desea reformar la moribunda economía de la isla, planificada centralmente. Pero los cambios que ha introducido han sido limitados o prácticamente intrascendentes (otorgó más libertad a los productores agrícolas, permitió a los peluqueros trabajar por su cuenta y dejó que los cubanos tuvieran teléfonos móviles, inalcanzables desde el punto de vista económico). Eso fue hasta ahora.

El 13 de este mes, el gobierno anunció, a través de la confederación sindicalista oficial, que más de un millón de personas (un quinto de la mano de obra) serán despedidas de sus puestos de trabajo estatles, la mitad de ellas quedrás sin trabajo a partir del 1º de abril de 2011.

A algunos de los des empleados se les orecerán nuevos puestos en el gobierno, entre los cuales se incluyen la policía y el turismo. Pero sientos de miles debrán arreglárselas solos.

Para ayudarlos, se legalizará el empleo por cuenta propia en docenas de áreas, desde el transporte hasta la construcción. Las reformas también permitirán a muchas firmas estatales convertirse en cooperativas manejadas por los empleados. Deberán pagar impuestos aunque todavía no se ha explicado en detalle cuáles serán los montos.

Esta es la mayor reorganización de la economía desde que Fidel Castro expropió las pequeñas empresas en 1968. Impresionando a sus benefactores soviéticos al colocal bajo el control del estado a prácticamente todos los trabajadores, desde los lustradores de zapatos hasta los mozos de restaurantes.

A mediados de la década de 1990, cuando la Unión Soviética y sus subsidios para Cuba desaparecieron, Fidel permitió a regañadientes que los cubanos utilizaran el dólar estadounidense como moneda legal y que se embarcaran en pequeños negocios (tales como el alquiler de habitaciones y y la apertura de pequeños restaurantes de poca envergadura).

Pero muchos de esos pequeños negocios fracasaron debido a los elevados impuestos y a lo complejo que resultaba obtener licencias para trabajar.

Cuando Hugo Chávez, el presidente de Venezuela, se convirtió en el nuevo benefactor de Cuba, ofreciendo petróleo barato, Castro recentralizó la economía.

El cambio del gobierno

Con frecuencia, Raúl Castro expresó su enejo por la aguda falta de eficiencia de Cuba. “Tenemos que borrar para siempre la idea”, dijo a la Asamblea Nacional el mes último, “de que Cuba es el único país del mundo donde no es necesario trabajar”.

El país ya no puede permitirse esto: el precio del níquel, que es lo que más se exporta, ha bajado. La recesión mundial ha reducido la cantidad de turistas que llegan a Cuba. La isla sufrió los daños provocados por un huracán en 2008. La mitad del terreno agrícola es improductivo. Por ello, el país importa el 80 por ciento de los alimentos que consume. Asimismo, ha luchado por hacer pagos en moneda fuerte.

A comienzos de este mes, a Fidel Castro mismo se le escapó, ante un periodista estadounidense que visitaba Cuba, que el modelo económico cubano “ya ni siquiera funciona para nosotros”.

Aunque más tarde, él, solapadamente dijo haber sido mal interpretado, ésta es claramente la visión de su hermano. Los economistas cercanos a Raúl, quienes durante mucho tiempo han estado a favor de la economía mixta, como la de China o la de Vietnam, finalmente parecen haberse salido con la suya.

Beneficios que no cambian

El anuncio de la reforma le sucede a una ronda de debates sobre la economía, promocionados oficialmente, en las entidades de base.

Esto puede allanar el camino para hacer un congreso largamente postergado del Partido Comunista que está en el gobierno (el último se llevó a cabo en 1977). Raúl ha dicho que el congreso será el último en ser presidido por “el liderazgo histórico de la revolución”.

Los trabajadores despedidos continuarán teniendo los siguientes beneficios: asistencia sanitaria y educación gratuitas, vivienda y transporte con elevados subsidios y modestas raciones de alimentos gratuitos.

Durante mucho tiempo, una gran cantidad de cubanos complementaron sus míseros sueldos estatales, de alrededor de 20 dólares por mes, con empresas privadas ilegales en el mercado negro. Pero las reformas profundizarán las ya evidentes desigualdades en los ingresos en Cuba. Y también debilitarán el control que el estado tiene sobre la vida de los cubanos.

“Un día podríamos recordar esto como el comienzo de la Perestroika”, dice un diplomático occidental en La Habana.


El crudo diagnóstico de Fidel Castro sobre la crisis se vincula con
la urgente necesidad de inversiones para la isla

Deciden despedir masivamente a empleados públicos

Por Marcelo Cantelmi
Clarín, 18/09/10

La tarea de improbable cumplimiento, es intentar siempre aparcar la pasión lo suficientemente lejos si de abordar la cuestión cubana se trata. Por ese desvío inevitable de la razón se suelen colar interpretaciones a veces inverosímiles sobre lo que en verdad está sucediendo en la isla comunista. O en la traducción política de declaraciones que, como es usual en el resto del mundo, también allí difieren bastante de lo que parecen o pretenden parecer. La pasión nubla a enemigos y amigos con igual fanatismo y también entre ellos.

Hay dos novedades que han puesto nuevamente los focos sobre Cuba y cada cual en esos multiplicados bandos, se ha lanzado a apropiarse de la verdad como una misión revelada. Una de las noticias provino del ahora reaparecido e impetuoso Fidel Castro, quien reconoció a un periodista de la prestigiosa Atlantic Monthly de los Estados Unidos que “el modelo” ya no funciona “ni siquiera para nosotros”. La otra, fue la decisión sin precedentes dentro de la tradición de esta etapa histórica de Cuba, de despedir a 500.000 trabajadores estatales.

Esa cifra equivale al 10% de la población laboral del país. Y aún así es la mitad de la cantidad que públicamente citó en abril pasado Raúl Castro como la cuota necesaria de sacrificios para reducir la capa superflua en el empleo público.

Ambos hechos tienen un vínculo que si se lo explora puede resultar esclarecedor. Fidel lanzó aquella frase premeditadamente, según es posible reconstruir, después de que en la dura interna que se libra en las alturas del poder –que en Cuba, concordemos, no son las de las masas–, volvió a trabarse el proyecto de su hermano para transformar la estructura económica del país.

El dato más resonante de ese retroceso fue la forma atípica en que se desarrollaron los actos del 26 de abril pasado que conmemoran el inicio, hace 57 años, de la Revolución. Allí no habló ninguno de los Castro y quien tomó el micrófono, el vicepresidente Ramón Machado Ventura, hizo honor a sus antecedentes ortodoxos al ignorar totalmente la palabra reforma.

La frase del comandante al colega norteamericano, que en una interpretación inverosímil pero extendida fue traducida como una autocrítica al modelo comunista –no es precisamente lo que haría Fidel en este momento–, fue en verdad la repetición de otra que su hermano no ha dejado de pronunciar desde que lo relevó en el máximo sillón del país. La cuestión es más que eso, además. La cita, desmentida incluso para que no sea un desmentido, fue una ratificación de que hay una decisión real para los cambios, al menos en este vértice del poder cubano que, claramente, no es el único vigente en la isla.

El licenciamiento de una cifra de tal magnitud de empleados estatales es una victoria de los Castro para profundizar ese giro e imponerlo sobre los atavismos de la fuerte burocracia del Partido Comunista, cuyo componente principal reconoce dos vertientes: una estratificada que es la de la gerontocracia abulonada al poder y otra idealista que percibe que un modelo asiático en Cuba, será también puro capitalismo con una máscara socialista. En ese punto es donde se da la controversia de buscar un camino propio, debido a la cercanía con EE.UU. que implicaría el riesgo de que Washington se apropie de las debilidades que conllevaría la apertura.

Pero es un callejón: si no hay cambios, el sistema colapsará porque la realidad económica no muestra alternativas. Nunca como ahora estuvo en situación tan difícil la mayor de las Antillas y el auxilio petrolero de Venezuela es una gota frente al tamaño oceánico del desafío.

El plan que se menea para que Cuba salga del actual abismo, tiene diferentes rostros, los primeros fueron los pasos inclusivos que se dieron desde hace cuatro años permitiendo un mayor acceso de la población a los hoteles de turistas, la compra de celulares o de otras bienes de líneas blanca. Pero en la base de esto se encuentra la decisión de acabar con el igualitarismo a ultranza heredado de los orígenes de la Revolución. Esa parte del proceso está en marcha desde el momento que, hace años, Raúl Castro impuso en las más de 800 empresas del Ministerio de Defensa que encabeza, el criterio del estímulo material sobre el moral.

En otras palabras, ganará más quien más se esfuerce . En la lista de cambios también caerán los comedores públicos que suman 18.600 en toda la isla, y con ellos las famosas tarjetas de racionamiento con la idea de que todos esos instrumentos se coaligaron para que gran cantidad de gente viva sin el esfuerzo de pelear por su empleo.

Son solo argumentos. No hay que perder de vista que Cuba tiene hoy los sueldos más reducidos del hemisferio, en torno a entre diez y doce dólares mensuales, no importa el nivel académico de la persona o el tipo de trabajo que desempeñe. Eso explica la crisis de conciencia , sobre todo entre la juventud que reconoció el propio Raúl Castro en sus discursos. Sería un escenario ideal para la proliferación de inversiones extranjeras, que es el objeto del deseo de esta transformación. Pero la isla no tiene una población numerosa como sus camaradas de Vietnam o China, y además, esencialmente, soporta un embargo anacrónico impuesto por la Casa Blanca que traba la circulación de bienes y personas. Esa medida, de neto corte electoralista en EE.UU. es promovida por una minoría anticastrista de Florida cada vez más enfrentada a la posición de la mayoría de la derecha republicana y demócrata que aspiran a amplificar el comercio con Cuba .

La apuesta es entonces producir una apertura que atraiga esas inversiones, configurando un negocio que justifique en el exterior la ruptura de los bloqueos existentes contra la isla y que el resultado multiplique la circulación del dinero para atenuar el enorme costo social de la crisis que se expresa también en el vigor del mercado negro. Los pasos realizados hasta ahora, sin embargo, muestran en su lentitud y confusión las extremas contradicciones que se experimentan en la isla. Sólo vale advertir que no existe hoy, e improbablemente en el futuro inmediato, empleo privado que absorba al medio millón de empleados que comenzara a gotear el Estado . 

Se estima que solo cien mil lo lograrán y en actividades cuentapropistas de destino incierto. De modo que las tensiones sociales pueden incrementarse y acelerar cambios que brotarían por presión y no decisión. Es el riesgo de que Cuba acabe pareciéndose más a la URSS del ocaso que a la China de la reconversión.