Colombia

 

Contra el IVA, Movilización masiva

¿Y después del 12 qué?

El Socialista, Bogota, octubre 2004

La jornada de movilización del 16 de septiembre expresó, en algunas ciudades como Bogotá donde se movilizaron más de 10 mil personas, que los trabajadores tienen descontento y bronca contra el paquete de "reformas" que el gobierno prepara para su aprobación en el Congreso -especialmente la reforma tributaria- y contra los asesinatos y amenazas de dirigentes obreros y populares que no cesan y por el contrario se incrementan.

Ya las movilizaciones del Primero de Mayo así lo señalaban, así como el Encuentro de Organizaciones Sociales de abril. Las multitudinarias movilizaciones indígenas del occidente y la Costa Atlántica que enfrentan una crisis social profunda, producto de una contrarreforma agraria por parte de los terratenientes utilizando sus bandas paramilitares, también expresan ese descontento en sectores agrarios. Paros como el de Copacabana en Antioquia contra el "peajito", y los estallidos populares de la Costa Atlántica contra las altas tarifas de los servicios públicos, son otra muestra de ello.

Hay una necesidad, por parte de los trabajadores y los pobres de enfrentar el duro plan del gobierno de Uribe, que es monitoreado permanentemente por el Fondo Monetario Internacional, que implica despidos de trabajadores, disminución de ingresos y al mismo tiempo aumento desmedido de impuestos y tarifas de servicios públicos. Incluso pequeños propietarios como los camioneros se han visto obligados a enfrentar a Uribe.

Pero hay un problema que está planteado desde hace años y que ahora se revela en forma crítica y como un obstáculo para derrotar el plan del gobierno y el imperialismo. Es el rol y la política de las direcciones mayoritarias del movimiento de masas. Las direcciones se han visto obligadas a convocar a la movilización ante la dureza del plan. Pero conducen y controlan esas movilizaciones con consignas pacifistas, con la política de concertación y el parlamentarismo y tratando de canalizarla electoralmente a través de la campaña contra la reelección de Uribe, que es su eje y no la lucha contra el paquete de "reformas". Eso fue lo que se vio en la movilización de Bogotá con la participación del Polo Democrático y el sector del Partido Liberal de Piedad Córdoba.

Ahora viene el Paro del 12 de octubre. Un paro en el que se necesita unidad, decisión y masiva participación, por eso es necesario exigirle a las direcciones que lo preparen y le den una perspectiva que vaya más allá del cese de actividades durante 24 horas de algunos sectores de trabajadores estatales. El magisterio que queda como columna vertebral del movimiento sindical organizado tiene que colocarse a la cabeza y exigir la realización del paro indefinido, pues para derrotar el plan del gobierno no es suficiente con unas pocas jornadas de movilización. Hay sectores que necesitan con urgencia que el paro sea masivo y unitario para fortalecer su lucha y no repetir la triste historia de la USO. Estos sectores son el magisterio, los empleados bancarios y los trabajadores de la salud. Los maestros enfrentan la amenaza de eliminación de su régimen especial, los bancarios luchan contra la privatización de Bancafé, el despido de más de 600 trabajadores y el debilitamiento de su principal organización sindical, la Unión Nacional de Empleados Bancarios (UNEB). Los trabajadores de la salud exigen el pago de salarios atrasados y rechazan el cierre definitivo de hospitales quebrados por la Ley 100. Ninguno de estos sectores puede frenar esos planes luchando aislados.

Hay que convocar a los sectores populares. Los indígenas que participaron el 16 de septiembre y los pobladores de los barrios populares que pueden jugar un rol importante en la paralización del transporte, exigiendo que se rebajen las tarifas de los servicios públicos, rechazando la aplicación del IVA a la canasta familiar y el incremento de los impuestos contemplado en la reforma tributaria. Alrededor de la lucha contra el IVA se puede nuclear el grueso de la población que se ve afectada y lo que se necesita es la movilización masiva.

Desencadenar la movilización permitirá enfrentar problemas globales como impedir la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC) que terminará de hundir al país en la crisis, la continuidad del plan de guerra de Bush y de Uribe con el Plan Colombia y la reelección de Uribe.

¿Y después del 12 qué?

Esta es la pregunta que tienen que responder las direcciones de las centrales obreras y los sindicatos nacionales como Fecode, Anthoc y Uneb. Se necesita un plan para continuar la lucha más allá del 12 de octubre. Hay que concretar el paro indefinido de Magisterio y los trabajadores de la salud, la huelga de los trabajadores del Banco Cafetero y generalizar la lucha realizando un paro general que permita unificar los conflictos sindicales con la movilización campesina, indígena, estudiantil y popular.

La profunda crisis social y la dispersión y debilitamiento de las organizaciones sindicales, exige que las direcciones del movimiento de masas se den la política de reorganización y lucha para enfrentar la ofensiva permanente del gobierno y el imperialismo. A esta tarea no contribuyen para nada decisiones como el levantamiento del paro indefinido votado por la Junta Nacional de Fecode. Esa votación es de hecho un espaldarazo al plan de Uribe porque desmonta el plan de lucha que se iniciaba el 12 de octubre. Las corrientes clasistas debemos redoblar esfuerzos para rechazar estas decisiones y construir una nueva dirección para el movimiento de masas.

Octubre, 1 de 2004


La nueva "contrarreforma de Uribe"

Tributar, tributar y tributar

Se atribuye a Carlos Marx la afirmación de que el Estado burgués solo tiene dos ministerios: el de Saqueo Exterior, para tomar los mercados y territorios de la competencia y el de Saqueo Interior para esculcar hasta el fondo los bolsillos de los trabajadores. En el gobierno de Uribe se han fusionado en uno sólo. Su estrategia de Seguridad Democrática debe ser sostenida descargando todos los costos sobre los abrumados hombros del pueblo. Este es el contenido de la nueva contrarreforma tributaria que ha presentado a su Congreso.

Pobre economía

Gracias a la inercia de la burguesía la economía colombiana siempre ha sido raquítica. Aún hoy el PBI total del país equivale apenas al de la ciudad de Miami. Esta economía pobre, protegida por fuertes barreras arancelarias y una mezquina inversión en obras de infraestructura y servicios públicos ayudaron a construir una mentalidad colectiva: vivir del rebusque. La economía formal siempre ha sido precaria, pues nunca se incursionó en el desarrollo de una industria pesada, productora de máquinasherramienta o procesamiento de materias primas que permitirían el alcance de un alto nivel tecnológico y científico. La mezquina mentalidad de la patriarcal hacienda cafetera o ganadera fue trasladada a la fábrica, al comercio y a la banca urbanos.

La estrecha oligarquía cosmopolita colombiana ha buscado la satisfacción de sus necesidades en las metrópolis. Allá encuentran diversión, servicios de salud y educación para sus hijos. Algunos incluso viven siempre en el exterior. Julio Mario Santodomingo, por ejemplo, pasa más tiempo en Nueva York o París que en Bogotá o Cartagena. Su fortuna es cuantiosa, pues ha llegado a figurar en la lista de los 400 empresarios más ricos del mundo, y su consumo suntuario. Hace pocos años se informaba que sus gastos personales ascendían a unos veinte millones de pesos diarios. Pero para los capitalistas como él, Colombia es sólo un lote de engorde como los que tiene en el Centro Internacional de la capital.

A cambio de no embarcarse en megaproyectos industriales, el Estado ha permitido a la burguesía bajos índices de tributación. Cualquier ley que les imponga recorte a sus ganancias es demandada por sus tinterillos o peluqueada, hasta hacerla inocua, por parlamentarios a sueldo del gran capital. Cada nuevo impuesto va con la cola de las exenciones para los empresarios. Así, se acostumbraron a que son mejores los impuestos indirectos -como el IVA, que gravan el ingreso de los trabajadores y los pobres- que los directos, cargados a la renta de los capitalistas.

Desfondados

Pero este estado de cosas tocó fondo. Un paulatino pero creciente endeudamiento externo, con la banca imperialista, e interno, con los prestamistas locales, se convirtió en la vena rota del erario público. Hoy, el 40% del presupuesto nacional se destina al pago de intereses y de deuda, y el rubro que le sigue se destina para alimentar un aparato represivo que contenga eficazmente el descontento popular y logre mantener en funcionamiento servicios necesarios para la inversión, circulación y recuperación del capital, nacional e imperialista. Las transnacionales y los empresarios criollos necesitan seguridad para sus inversiones, además de leves obligaciones tributarias que maximicen la extracción de plusvalía.

Así funciona el mecanismo de los préstamos autorizados por el Fondo Monetario Internacional (FMI) a cambio de que la economía nacional se someta a sus recetas: privatización de las empresas rentables del Estado y apertura indiscriminada a la piratería imperialista. Mecanismo perverso; a medida que los planes del FMI avanzaban, el Estado perdió ingresos y aumentó su deuda. Tímidamente primero y luego sin control ninguno, los gobiernos liberales y conservadores endeudaron al país a costa de la inversión social. Finalmente se han encendido las luces de alarma. El déficit fiscal es tan abultado que el país, en un momento y otro, puede declararse en quiebra. Ya pasó en los años '70 con la crisis general de la deuda externa en América Latina, y hace pocos años en México y Argentina. Un cese de pagos generalizado es una pesadilla que trasnocha a los banqueros imperialistas.

El mayordomo

Eso sí, Colombia tiene crédito abierto. Desde el poeta Belisario, que aplicó las fórmulas del FMI sin pedir asesoría, hasta Uribe, al que le respiran en la nuca los funcionarios imperialistas, la burguesía colombiana ha garantizado servilmente "honrar" sus compromisos, a costa de incrementar el hambre y la pobreza. Gracias a esto, la burguesía colombiana cultivó la fama de ser prudente en el manejo de las finanzas públicas.

Las más recientes visitas del FMI a Uribe, a quien tratan como al mayordomo de "El Ubérrimo" -su finca en Córdoba-, han sido para ir ajustando las tuercas. Saben que no se debe descuartizar la gallina de los huevos de oro, así que sólo le aprietan el pescuezo para que pague intereses y abone algo a la deuda. Cuando hay emergencias autorizan un nuevo préstamo, a cambio de que Uribe baje otro poco la cerviz. Como ahora, cuando se negocia el Tratado de Libre Comercio (TLC) para que se desmonten definitivamente las pocas barreras de protección que subsisten para algunos renglones de la economía, como el agrícola. A este paso, en poco tiempo, el prestamista vendrá a reclamar las llaves de la casa y nos enteraremos de que Colombia es una nueva colonia norteamericana. Pero mientras llega el día del desalojo, el mayordomo debe garantizar que sigamos pagando el mantenimiento de la finca.

IVA pa'rriba

Durante la campaña electoral Uribe prometió no incrementar los impuestos. Poco después obligó a la burguesía y la clase media alta a tributar para la guerra. Quien tuviera un patrimonio liquido superior a $169.5 millones pagó 1.2%. Así recogió $2.4 billones. El argumento para convencerlos fue que era mejor darle la plata al gobierno para institucionalizar la guerra que seguir alimentando a los cuervos paramilitares que, como se ha visto ahora, les pueden sacar los ojos.

Después de derrotado el recorte fiscal incluído en el Referendo pasó al plan B. Con la actual, ya ha presentado dos reformas tributarias y anuncia una tercera, "esa sí estructural", antes de finalizar su mandato. Con la primera, de septiembre del 2002, esperaba recoger $16 billones en cuatro años, generalizando el IVA del 2% a todo el espectro de productos y servicios y cargarle uno de 20% a la telefonía celular. El Congreso, después del tira y afloje de los empresarios, sólo le aprobó un IVA no generalizado del 10%, 10% de sobretasa en renta, aumento del 3 al 4 por mil a las transacciones financieras y revivió el IVA a la cerveza y los juegos de azar, lo que le ha costado polémicas con el Grupo Santodomingo y los banqueros, quienes temen que la gente tome menos y siga guardando la plata debajo del colchón.

Ahora propone, ¡otra vez!, un IVA del 2% para lo que estaba exento (educación, salud, arriendos, intermediación financiera, venta de inmuebles, etc.) y lo demás con el 16%.

El proyecto de Uribe busca liberar aún más a los empresarios del pago de impuestos. Fiel a la tradición de los gobiernos anteriores, unos 20.000 grandes capitalistas criollos verán reducidas sus obligaciones tributarias. El impuesto de renta, que ya había bajado del 38 al 35%, ahora baja del 35 al 32% mientras se extiende el IVA a productos básicos de la canasta familiar y los servicios públicos y se gravan los ingresos por trabajo como el aplicado a salarios mayores de $2'200.000, se elimina la mesada catorce de los pensionados y se gravan los aportes a los fondos. Piensa eliminar los reajustes de salarios y pensiones por inflación e imponer otra sobretasa al impuesto predial. Es la ley del embudo, pero al revés: lo ancho (más impuestos) pa' nosotros, lo angosto (exenciones) pa' ellos.

Contra el IVA: movilización masiva

Es probable que el regresivo proyecto de Uribe no pase o sea recortado en el Parlamento. Son muchos los intereses en juego y la negociación con la casta política se ha vuelto difícil, pues todos cobran el voto para aprobar la reelección. Unos creen que las medidas sólo tienen efecto coyuntural y se necesita una contrarreforma más agresiva, otros en cambio temen que apretarle demasiado el pescuezo a la gallina la pueda convertir en gallo de pelea.

No obstante esas contradicciones, los trabajadores debemos saber que primarán los intereses de los empresarios y el imperialismo y se pondrán de acuerdo en descargar el déficit fiscal sobre nosotros. Por eso debemos aprovechar el 12 de octubre para movilizarnos contra los planes de Uribe, y en particular contra su reforma tributaria, parte central del paquetazo contra el pueblo del cual hacen parte una nueva reforma a la salud, otra reforma pensional, la privatización de más empresas públicas y la profundización de su plan de guerra al servicio del imperialismo. Si frenamos la medidas de Uribe podremos enfrentar con mayores posibilidades de éxito el TLC, el ALCA, el Plan Colombia y el autoritarismo del régimen.

Nuestra tarea no es presentar en el Congreso juiciosos proyectos tributarios "alternativos" como vienen haciendo las bancadas parlamentarias del Polo Democrático o Alternativa Democrática, para buscar la reactivación de la economía protegiendo a los medianos y pequeños empresarios. Debemos exigir medidas de fondo como la suspensión del pago de la deuda externa, la eliminación del presupuesto para la guerra y la expropiación de todos los terratenientes y empresarios que han financiado a los paramilitares, así como la confiscación de las tierras que han monopolizado, con el objetivo de que esos dineros y terrenos sean destinados a un plan de obras públicas que garantice el empleo y el acceso a la salud, la educación y la vivienda a los más pobres, y tierra y crédito barato para los campesinos e indígenas desplazados por la violencia estatal y paramilitar. (Sebastián Marlés)


Movimiento obrero

La crisis del movimiento sindical  ¿Qué hacer?

La crisis en las organizaciones sindicales tocó fondo. El noventa por ciento del proletariado ha perdido prácticamente todas las conquistas sociales y las garantías prestacionales y laborales que había acumulado en cincuenta años de lucha contra la voracidad de los capitalistas nacionales e imperialistas.

De los aproximadamente quince millones de asalariados que hay en el país menos del cinco por ciento está organizado sindicalmente. De los poco más de setecientosmil sindicalizados sólo un pequeño porcentaje corresponde a obreros industriales. La gran mayoría de trabajadores organizados pertenece al sector de servicios. Son principalmente maestros, trabajadores de la salud y, en general empleados del Estado. En los últimos doce años han sido asesinados dos mil dirigentes y activistas del sector organizado. En el mismo período han desaparecido quinientas organizaciones sindicales. Los sindicatos de base siguen siendo la forma más extendida de organización. El sindicalismo de industria, al que se quiso dar un impulso en la década anterior, no ha avanzado prácticamente nada debido a la crisis general. Y lo que es más grave aún, las direcciones a todos los niveles han retrocedido, ideológica y políticamente, a los niveles premarxistas del siglo diecinueve.

A grandes trazos esa es la situación en que nos han dejado la ofensiva patronal y la errónea política de la alta dirección sindical.

Primero lo primero: reconocer los hechos

Es deber de todo dirigente obrero responsable reconocer la realidad tal como se presenta. Cuando un dirigente le miente a su base sobre la realidad, la desarma políticamente y la vuelve incapaz de responder a los ataques de sus enemigos de clase: los patronos y sus gobiernos. Y la realidad, que los dirigentes se niegan a reconocer, nos dice que la crisis del movimiento sindical colombiano es producto de la ofensiva económica, política y social a gran escala lanzada por la patronal nacional e imperialista.

Pero esa realidad también nos dice que el enemigo de clase impuso sus planes porque las direcciones de las centrales y de la mayoría de los grandes sindicatos colaboraron, abierta o veladamente, en su aplicación.

Las direcciones de las centrales y los sindicatos se resisten a hacer un balance de lo ocurrido en los últimos quince años, y por tanto, a sacar las conclusiones, asumir las responsabilidades y definir una política clasista para salir de la crisis. Esa actitud irresponsable de los dirigentes ha hecho urgente y vital que las organizaciones revolucionarias y los activistas clasistas, que aún resisten los embates de la patronal y de la propia burocracia sindical, iniciemos una discusión objetiva y completa que cubra todos los aspectos de la situación, que la explique y que sirva para elaborar una política que, discutida ampliamente en las bases obreras y populares, inicie el camino de la recuperación. Esa discusión nos debe servir para ubicar el punto exacto en que nos encontramos, el estado de la correlación de fuerzas entre los trabajadores y nuestros enemigos de clase, la situación de nuestras organizaciones políticas y sindicales, nos debe servir para establecer las responsabilidades de cada uno de los dirigentes que tuvo puestos de mando en todo el período anterior, y para definir las tareas más urgentes.

Sin un balance claro de lo sucedido no es posible corregir el rumbo. Es la hora de hacerlo en cada uno de los sindicatos que aún sobreviven. Hay que convocar y preparar asambleas de base para construirlo colectivamente bajo la más amplia democracia sindical. Hay que dar garantías a todos los grupos de trabajadores y activistas que tengan puntos de vista críticos para que puedan escribirlos y darlos a conocer a las bases de sus fábricas y sitios de trabajo. En los periódicos de las centrales obreras y los sindicatos deben ser publicadas las opiniones de todos los sectores y agrupamientos sindicales y políticos de los obreros que estén por reorganizar a la clase. No se puede seguir escatimando el derecho de los trabajadores a evaluar a sus dirigentes y a cambiarlos si es preciso.

Las centrales, federaciones y sindicatos en los que se han vencido los períodos de las juntas deben convocar a elecciones inmediatas para renovar los cuerpos directivos. Las direcciones responsables de la crisis no se pueden perpetuar en sus cargos con la simple maniobra de no permitir que se hagan elecciones abiertas y democráticas en las cuales todos tengan igualdad de condiciones y de oportunidades para postularse a los cargos de responsabilidad. La FECODE, la UNEB y los demás sindicatos que en décadas anteriores gozaron de reputación clasista y democrática, y que tienen vencidos los períodos de sus juntas deben dar el ejemplo.

Romper con la política de la concertación

Las leyes que acabaron con los derechos pensionales y con la salud pública, las contrarreformas laborales, las privatizaciones y liquidaciones de empresas fundamentales del Estado como Caja Agraria y Telecom. y las quiebras fraudulentas de centenares de empresas privadas que acarrearon miles de despidos y el robo abierto y descarado de las liquidaciones de los trabajadores le fueron impuestas a la combativa clase obrera del país por la colaboración que le prestó a la patronal la política traidora de la "concertación" impulsada y defendida por las direcciones.

FECODE, la USO y unos cuantos grandes sindicatos más "concertaron" con el gobierno de Gaviria y con los parlamentarios liberales y conservadores el paquete de contrarreformas, a cambio de que sus regímenes pensionales y prestacionales especiales no fueran modificados. En plata blanca, traicionaron a los millones de trabajadores no organizados o agremiados en pequeños sindicatos.

Frente a los miles de asesinatos la burocracia se comportó igual. Lloriqueos y lastimeros llamados a la paz y al respeto a los derechos humanos en los entierros, y ni una sola medida contundente de lucha para frenarlos.

La difícil situación que sufren hoy los trabajadores y el pueblo no es entonces sólo un triunfo de la burguesía y sus gobiernos, es también una responsabilidad de los dirigentes que para no conducir a los trabajadores al enfrentamiento con sus enemigos de clase se sentaron a concertar con ellos la entrega de las pocas conquistas sociales de sus representados.

Romper, y llevar a las bases a que rompan, con la política de la concertación es la tarea ideológica y política más importante que deben encarar los dirigentes clasistas en el camino de la recuperación del movimiento obrero y sindical.

Recuperar el método de la movilización

Los trabajadores colombianos no fueron derrotados porque en la lucha hubieran sido superiores las fuerzas del gobierno y la burguesía sino porque su dirección se retiró del campo de batalla de la lucha de clases, una y otra vez sin presentar batalla, a cambio del mantenimiento de sus condiciones como burocracia y de los privilegios de algunos de los sectores organizados más fuertes.

Todos los paros nacionales sin excepción que fueron votados por los trabajadores contra los planes de los gobiernos fueron también sin excepción levantados por las direcciones de la CUT, la CGTD, la CTC y las principales federaciones y sindicatos como FECODE y la USO. Las burocracias estalinistas, socialdemócratas y liberales empotradas en los aparatos sindicales siempre amenazaban con la política de "movilizar para concertar" sólo para salir huyendo en el último minuto a cambio de una oferta burguesa de negociación que rara vez llegaba, y que cuando llegaba era para desmontar, en las "mesas de concertación", lenta y pacíficamente, los derechos de los trabajadores.

Actuar. Esto que era lo primero que debían haber hecho los dirigentes sindicales cuando se inició la ofensiva burguesa contra los trabajadores, se quedó en amenazas incumplidas de paros nacionales que sistemáticamente terminaron convertidos en "jornadas" de inofensivas movilizaciones pacifistas. Lloriquear contra el neoliberalismo y justificar su comportamiento es lo que siguen haciendo quince años después. Los llamados a los "paros nacionales" siguen siendo cañazos para darle base a la política capituladora de la concertación. Es lo que están haciendo con el paro nacional convocado para el próximo 12 de octubre: llamados generales y ni una sola tarea concreta de preparación por la base. Las pocas asambleas sindicales que se han realizado para discutir los objetivos del paro y la forma de organizarlo han sido manipuladas por las direcciones, acrecentando la desconfianza y el desconcierto de las bases. Los presidentes de las centrales creen sustituir las tareas concretas de organización del paro con declaraciones altisonantes en los medios de comunicación. Con costosos avisos en los periódicos burgueses que el único efecto material real que tienen es el de hacer más ricos a los Santos y a Julio Mario Santodomingo eluden la dispendiosa pero efectiva tarea de escribir, editar y distribuir los millones de volantes que habría que distribuir en las fábricas, las oficinas, los colegios, las universidades y los barrios populares explicando las profundas razones que nos obligan a realizar el paro, sus objetivos y la forma de organizarse para hacerlo exitoso.

"Paros" convocados a través de Caracol y El Tiempo son fácilmente desmontados por el mismo medio. Es lo que, impotentes, hemos visto hacer a nuestros altos dirigentes los últimos quince años. En la tarea de recuperar al movimiento obrero de la crisis hay que desterrar este inútil método pequeñoburgués. Tenemos que retomar la tradición de la clase obrera mundial de preparar la movilización por la base, discutiéndola y organizándola con la mayor cantidad posible de trabajadores y sus familias. Esa es la mejor garantía de éxito. Nada sustituye al método de la movilización directa de las masas en el enfrentamiento con sus enemigos de clase. Y nada garantiza de mejor manera la movilización que su preparación democrática. Empecemos a probar de nuevo este método en el paro del próximo 12 de octubre.

Reconstruir los sindicatos y las organizaciones políticas

Hay que poner el balance, el análisis de la situación y la movilización contra el gobierno y el imperialismo al servicio de la reorganización política y sindical de los trabajadores y de su vanguardia. Hay que reconstruir los sindicatos, colocar al frente direcciones clasistas de recambio, iniciar la larga y difícil tarea de afiliar a los trabajadores temporales que son los más explotados, educarlos en la idea de que tienen derechos que han sido conculcados, en el programa del socialismo y en la comprensión de la necesidad de construir la herramienta de su liberación definitiva: el partido leninista.

Las formas concretas que encuentre la clase para su reorganización dependerán de las circunstancias de cada caso concreto, pero los activistas y los revolucionarios debemos procurar por la construcción y el fortalecimiento de los sindicatos de industria y rama y por la unidad en una sola central clasista donde puedan ser presentadas con absoluta libertad todas las opiniones políticas para que sean las bases las que democráticamente decidan con cual de ellas orientar su lucha. (Oscar Ángel)


Política sí, pero clasista

Para eludir el balance las direcciones responsables de la crisis se han inventado un nuevo distractor. Ellos, que durante décadas se opusieron a la participación política de los trabajadores, se han vuelto los campeones de las grandes gestas. Años diciéndole a las bases que discutir de política en los sindicatos era "anarcosindicalismo", que el papel de las organizaciones gremiales se debía limitar a la defensa del salario y las condiciones de existencia, para que ahora, sin mediar proceso alguno, se ubiquen en el extremo opuesto.

Ahora los vemos en los foros, en los periódicos y en las reuniones con los burócratas del gobierno y los gremios económicos de la burguesía "hablando de alta política" y regañando a los trabajadores que les reclaman medidas concretas en defensa de sus conquistas salariales y convencionales. Al trabajador que les reclama por su estabilidad y su pensión perdidas le responden que la alternativa "es ser gobierno". Pero no se refieren al gobierno de los trabajadores, sino a gaseosos gobiernos democráticos defensores del "Estado Social de Derecho". Han saltado de la concertación a la conciliación de clases, de la traición en lo económico a la traición en lo político. Según ellos, los trabajadores no deben reclamarles por no haber sido capaces de defender sus conquistas económicas y sociales porque ahora los van a conducir al gobierno... ¡de la burguesía nacional!

Los trabajadores tenemos la obligación de participar en política, pero debemos hacerlo a la manera en que nos han enseñado los maestros del proletariado y la experiencia de dos siglos de lucha: con independencia política de clase. Colocarse a la cola de sectores burgueses, por más democráticos que traten de presentarse, siempre le ha traído a la clase obrera, en el mejor de los casos, profundas decepciones.

Hernando Echeverri Mejía, Julio César Pernía, Piedrahita, Gerardo Molina y todos las "personalidades democráticas" venidas de los partidos tradicionales, que en algún momento fueron levantados como candidatos de la "izquierda" por el Partido Comunista, el MOIR o cualquier otro partido frentepopulista, retornaron a las toldas liberales o conservadoras tan pronto salieron elegidos como parlamentarios. Pero las experiencias frentepopulistas no siempre terminan en forma tan indolora. En los peores casos se saldan como enormes tragedias políticas.

El gobierno del Frente Popular de España en 1936 no condujo a los trabajadores a la "República Democrática" sino a la dictadura fascista de Francisco Franco, que reinó por casi cuarenta años sobre los cadáveres de un millón de trabajadores españoles. El gobierno del Frente Popular encabezado por Salvador Allende en 1970 tampoco fue culminado con la idílica "democracia" en general que los partidos Comunista y Socialista prometieron a los trabajadores que lo eligieron, sino en la sanguinaria dictadura de Pinochet que masacró a lo mejor de la vanguardia obrera y popular y aplicó a rajatabla los planes de sobreexplotación del imperialismo por veinte años. Con sectores burgueses podemos hacer unidades de acción, circunstanciales, para combatir en forma directa planes de otros sectores burgueses reaccionarios que por alguna razón también los afecten. Pero cuando se trata de plantear fórmulas de gobierno los activistas clasistas y los militantes revolucionarios debemos ser intransigentes en señalar que hay que levantar candidatos de clase, candidatos obreros y revolucionarios, para educar a los trabajadores en la idea de su propio gobierno, en la idea de la dictadura del proletariado y en el programa de la destrucción del capitalismo y de la construcción del socialismo.

Los trabajadores tenemos la tarea presente de impedir que las direcciones sindicales y políticas amarren la lucha contra los planes de sobreexplotación económica y de reacción política del gobierno de Uribe Vélez a la batalla política, que necesariamente habrá que dar en su momento, contra su reelección. Combatir la reelección de Uribe pasa en el momento actual por la lucha directa contra sus planes. No es hora de andar buscando personajes prestados de la burguesía liberal o socialdemócrata para oponerlos en las urnas a Uribe, sino la hora de forjar la unidad en la lucha de todos los sectores obreros y populares afectados por las alzas en los servicios públicos, por la congelación salarial, por el incremento y la extensión del IVA a los productos de consumo popular, por las medidas represivas de la política de seguridad y por el imperialista Plan Colombia hoy convertido en el Plan Patriota. Los trabajadores tenemos que hacer política, pero no la de los señores dirigentes de la conciliación sino la revolucionaria de la independencia de clase.

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