Colombia

Las FARC y el ELN no van a deponer su lucha, si no hay un proceso político
que permita acuerdos y concertaciones

Las FARC después de Alfonso Cano

Por Luis Eduardo Celis (*)
Corporación Nuevo Arco Iris, 11/08/11

La muerte de Alfonso Cano puede marcar un antes y un después para las FARC y para el desenvolvimiento de este largo y añejo conflicto.

La muerte de Alfonso Cano puede marcar un antes y un después para las FARC y para el desenvolvimiento de este largo y añejo conflicto. Muerto Cano, hombre de amplia tradición y con capacidad de articular las FARC para el enorme reto de construir un acuerdo que posibilite salir de esta violencia que no va para ningún lado bueno, hay que pensar cuál puede ser el rumbo de una organización forjada en las adversidades y que está lejos de deponer su voluntad de lucha.

Los llamados a desmovilizaciones chocarán contra la voluntad de mantenerse en la lucha y serán residuales y su núcleo duro se empeñará en mostrar que están vivas y activas en su intención de seguir presentes en la vida nacional, con un discurso político y una agenda de poder.

Las FARC vienen buscando un camino de acuerdos, lentamente, como es su talante y lo cual comunicó en todas las intervenciones públicas que realizó Alfonso Cano; desde cuando asumió la presidencia Juan Manuel Santos, su mensaje fue el de priorizar la concertación y de reafirmarse en la convicción de que la solución de este conflicto no tiene posibilidades por la vía militar, como mecanismo único, lo cual es cierto, las FARC no cesarán en su agenda política, lo que significa reformas que permitan su integración a un sistema de competencia sin armas, lo cual es posible si se logra una sinergia de voluntades y sensatez entre todos los actores nacionales que son decisivos, empezando por las mismas FARC, el gobierno del presidente Juan Manuel Santos, los partidos políticos en todo su espectro y las organizaciones sociales y gremiales que pueden y deben concurrir a la construcción de un acuerdo político para salir de este conflicto armado, que es de interés de minorías que se mantenga.

La perspectiva de este conflicto con las FARC y el ELN puede ser la de perpetuarse por 10 o 15 años más, lo que significaría mantener un desangre y una crisis humanitaria en las zonas donde se desenvuelve el conflicto, que pueden ser alrededor de 250 municipios; invertir cuantiosos recursos en seguridad y defensa, mantener una situación de desgobierno en estos territorios, facilitando que otros actores de signo mafioso, autoritario y criminal, medren en un conflicto no resuelto y se aprovechen de nuevos ciclos económicos de una minería en expansión y un reordenamiento del mundo rural, que se puede dar en clave de concentraciones excluyentes y órdenes antidemocráticos.

Las FARC y el ELN no van a deponer su voluntad de lucha. Si no hay un proceso político que permita los acuerdos y las concertaciones, en el cual ellas deben ser protagonistas con iniciativa y promoviendo la distensión del conflicto, respetando las comunidades y aplicándose al respeto de los derechos humanos y el derecho internacional humanitario, lo que vendrá es una larga agonía en la que estas fuerzas con una vocación de poder poco a poco cambiarán su esencia de organizaciones en armas para promover unas ideas políticas en organizaciones donde el narcotráfico ganará cada día más espacio en sus motivaciones principales en tanto que podrían recurrir con mayor decisión a modalidades terroristas, lo cual será un reto mayor para el Estado y la sociedad.

El Estado tiene un balance positivo en la ultima década en la confrontación con las guerrillas, al haberlas desalojado de zonas importantes del territorio, golpear a la dirigencia de las FARC, desestructurar estructuras importantes tanto de FARC como del ELN, mostrar una superioridad tecnológica y operativa y contar con un amplio respaldo ciudadano, pero aun con todos estos elementos a favor, el conflicto continúa y las guerrillas han mostrado una importante capacidad de adaptación. Por ello es imperativo combinar la acción legítima del Estado, una movilización ciudadana que promueva los acuerdos, con una voluntad de las partes en contienda para construir un acuerdo para ponerle punto final al conflicto.

Las FARC van asimilar la muerte de Alfonso Cano y está por verse si la decisión de buscar un acuerdo es una decisión tomada como una prioridad por toda la organización y a ella se aplican, lo cual en los próximos meses equivale a liberar a los policías y militares en su poder y dar pasos en la dirección de construir un proceso con el Gobierno, que puede tener como referente reformas en el mundo rural, donde FARC y ELN pueden aportar, al igual que concertaciones para el desarrollo de regiones y garantías para una competencia política de mayor rigor y por supuesto, el delicado asunto de los crímenes de guerra y las violaciones a los derechos humanos cometidas por todos los contendientes en esta violencia de medio siglo.

Alfonso Cano habría podido ser desde las FARC un gran articulador de este proceso, ya no está y no tengo duda de que hará falta para la política, por ahora es un logro para el Estado colombiano y una pérdida para un proceso de concertaciones; no es buen camino eliminar a la dirigencia de las FARC, si no queremos abocarnos a una fragmentación de esta organización donde sufrirá mucho esta precaria democracia y una frágil institucionalidad, por no decir el mayor sufrimiento de la gente que día a día soporta los rigores de la confrontación.


(*) Oficina de Incidencia Política – Nuevo Arco Iris.


Las FARC y su encrucijada en el peor momento

Revista Semana, 10/11/11

Las FARC están obligadas a buscar el sucesor de su máximo cabecilla, pero su nuevo líder no tendrá la misma ascendencia. Las Fuerzas Armadas seguirán la presión militar. Para muchos es el momento de pensar en una salida negociada, donde la guerrilla tendría poco que exigir.

El golpe militar contra el máximo jefe de las FARC fue calificado por expresidentes, dirigentes políticos y politólogos con múltiples adjetivos, pero en el mismo sentido: la muerte de alias 'Alfonso Cano' es un golpe al cerebro, a la espina dorsal, al propio corazón de la guerrilla.

Si bien nadie se atreve a decir que se trata del golpe definitivo a las FARC, muchos coinciden en señalar que sí podría significar el comienzo del fin de medio siglo de violencia subversiva.

Desde el 2008 las FARC han sufrido los más duros y contundentes golpes. Como se recordará, el 2 de marzo de ese año en la provincia de Sucumbíos (Ecuador) fue abatido el que en ese momento era considerado el número 2 de las FARC, alias 'Raúl Reyes'.

En ese entonces la guerrilla, que desde el 2002 había empezado a defenderse de la mayor ofensiva del Estado colombiano (tras el fracaso del proceso de paz del Caguán), sintió que su secretariado empezaba a ser vulnerable.

En mayo de ese mismo año, el máximo líder de la guerrilla, Manuel Marulanda Vélez, murió de forma natural en la selva colombiana. En ese momento alias 'Alfonso Cano' asumió la jefatura del secretariado de las FARC y aunque su perfil de ideólogo abría la puerta para una eventual salida negociada, sucedió todo lo contrario. 'Cano' era quizás el más radical de la guerrilla, como recuerda el analista Alfredo Rangel, hasta el punto de oponerse a los diálogos del Caguán.

Con 'Cano' como jefe de la guerrilla, las FARC continuaron sufriendo sus más duros golpes. Gota a gota fueron cayendo otros cabecillas, quizá de menor impacto mediático, pero que tenían funciones importantes dentro la estructura económica y militar de esta organización ilegal.

El golpe del 23 de septiembre del 2010, ya en el gobierno de Juan Manuel Santos, denominado operación Sodoma, fue otro impacto a la entraña de las FARC. Su jefe militar, alias ‘Jorge Briceño Suárez’ o ‘Mono Jojoy’, caía tras un bombardeo de la Fuerza Aérea.

Después de ese golpe, las FARC modificaron su estrategia ante el asedio de la ofensiva estatal, que, según la había descrito el propio presidente Juan Manuel Santos, por primera vez el Ejército “había entrado a las madrigueras de la guerrilla”.

Las FARC se defendían del asedio mientras adelantaban hostigamientos propios de la guerra de guerrillas contra la fuerza pública. El pasado mes de febrero el presidente Juan Manuel Santos reveló que a 'Cano' le estaban respirando en la nuca, y en ese mismo mes empezaron a crecer las versiones de un golpe al jefe de esta guerrilla.

Pero, ¿qué vendrá para las FARC?

El politólogo Alejo Vargas considera que la muerte de 'Cano' llega en un momento en que la guerrilla ha perdido sus liderazgos internos. Por eso considera que, quizá como ninguna otra, la muerte de 'Cano' va a generar “la mayor tensión” al interior del secretariado de las FARC.

El relevo, dice Vargas, se lo disputarán alias 'Timochenko' y alias 'Iván Márquez'. Dos guerrilleros de perfiles distintos, el primero más militar, el segundo más político. Y por esas características, considera el politólogo, la decisión llevará tiempo y probablemente será conflictiva al interior de las FARC.

Sin embargo, cualquiera que llegue al relevo, considera el analista Alfredo Rangel, no tendrá la misma ascendencia dentro de la tropa de la guerrilla que tenía 'Cano', y por eso advierte la mayor crisis de liderazgo de la historia de las FARC.

En todo caso, considera Rangel, quien llegue a asumir la jefatura del secretariado no tendrá otro camino que pensar en la salida negociada al conflicto.

Un escenario donde las FARC, según el expresidente Andrés Pastrana, quien durante su gobierno se sentó a dialogar con la guerrilla, “ya no tienen para exigir”.

Pero, a diferencia de lo que muchos podrían pensar, la muerte de 'Cano' no significa el final de las FARC. Eso dice Víctor G. Ricardo, excomisionado de paz durante el gobierno del presidente Pastrana. “la guerrilla está más debilitada que nunca, pero no está acabada”.

Carlos Lozano, director del semanario VOZ, y que conoce a las FARC, considera que el escenario inmediato será que la guerrilla nombre rápidamente el sucesor de 'Alfonso Cano', y el Ejército esperará esa decisión para iniciar una nueva ofensiva militar.

Pero en lo que todos coinciden es que los recientes golpes a las FARC, y este en particular, demuestran el fracaso de la lucha armada y, como dijo el presidente del Consejo de Estado, magistrado Mauricio Fajardo, tras conocer la noticia, “predomina el imperio de la Constitución”.

Dirigentes políticos hicieron un llamado a una gran desmovilización colectiva y a que los jefes de frentes y columnas de la guerrilla se sometan a las condiciones para reincorporarse a la vida civil.

Consideran que puede ser el momento ideal, debido a que tras la muerte del líder, con más de 33 años en las FARC, y el último de los hombres de la segunda generación de esta guerrilla, la moral de la subversión está por el piso.

Las condiciones de esa eventual desmovilización están enmarcadas en las fórmulas ofrecidas por el Gobierno a través de su Alta Consejería para la Reintegración. Una invitación que hizo el ministro de Defensa al anunciar que no hay cabecilla ni jefe de ninguna estructura que pueda resistirse a las Fuerzas Militares. “Su hora ha llegado. El tiempo es ahora”, dijo Juan Carlos Pinzón.

Pero también la muerte de 'Cano' se produce cuando el Congreso de la República estudia un acto legislativo para que la Constitución, de forma temporal, contemple mecanismos de justicia transicional que permitan establecer “un marco jurídico” para que la guerrilla deje las armas. Una iniciativa legal que el propio presidente Juan Manuel Santos ha pedido, con el símil de que necesita una llave para abrir la puerta de la paz.

La paz, sin embargo, no estará a la vuelta de la esquina. El excomisionado de paz Camilo Gómez califica como "utópico" que se produzca un comunicado en el que las FARC anuncien que abandonan las armas.

Todo lo contrario, dicen varios expertos en conflicto. El más probable escenarios es que las FARC, a falta de un único líder, con ascendencia, se "atomice" y se "bandolerice". Que quede reducida a pequeñas estructuras que sobrevivan con los fusiles en alto, y sustentando su economía en el narcotráfico.

Eso lo sabe el mayor verdugo de las FARC en toda su historia, el hoy presidente Juan Manuel Santos, quien después de felicitar a las fuerzas armadas les pidó "perseverar hasta traerle la paz a los colombianos".

Pero Santos también sabe que las FARC están en la mayor encrucijada de su historia, que precisamente se produce en el peor momento de la guerrilla. Y por eso les ofreció dos caminos: "o la desmovilización, con plenas garantías para reincorporarse a la sociedad, o una cárcel o una tumba".