Crisis mundial

Boletín del capitán del Titanic: “Los fundamentos de nuestra economía son fuertes”

Los medios tratan de ocultar la profundidad de la crisis

Por Mike Whitney (*)
CounterPunch, 16/04/09
Rebelión, 22/04/09
Traducido por Germán Leyens

“Comenzamos a ver rayos de esperanza en la economía”
(Obama, conferencia de prensa de abril)

Las ventas al detalle cayeron en marzo ya que las pérdidas de empleos y las condiciones más duras para obtener créditos obligaban a los consumidores a recortar fuertemente sus gastos opcionales. Casi cada sector sufrió bajas incluyendo la electrónica, la gastronomía, los muebles, los artículos deportivos y los materiales de construcción. Las ventas de coches siguen cayendo en picada a pesar de ventas agresivas de vehículos nuevos y 13.000 millones de dólares de ayuda del gobierno federal. El derrumbe en la vivienda, que comenzó en julio de 2006, aceleró su caída en marzo, bajando un 19% año por año, mientras se anunciaban más sufrimientos en el futuro. Los no pagos de hipotecas aumentan y se calcula que las ejecuciones hipotecarias en 2009 serán del orden de 2,1 millones, un aumento de 400.000 desde 2008. Los gastos de consumo han bajado, la vivienda está en la ruina y la producción industrial bajó por una tasa anual de un 20%, la mayor caída trimestral desde el Día de la Victoria en Europa en la Segunda Guerra Mundial. La contracción se impone a través de todo el sistema, y no hay señales de que disminuya.

Las condiciones en la economía en conjunto son ahora vastamente diferentes de las en Wall Street, donde el S&P 500 y el Dow Jones Industrials se han consolidado continuamente durante 5 semanas, recuperando más de un 25% de las pérdidas anteriores. El paquete de estímulo monetario de 13 billones de dólares del jefe de la Reserva Federal Ben Bernanke ha causado una recuperación en el mercado bursátil mientras la Calle Mayor sigue languideciendo bajo auxilio vital, esperando que el estímulo fiscal de 787.000 millones de dólares de Obama tenga efecto y compense la caída de la demanda y el aumento del desempleo. La recuperación en Wall Street indica que la inundación con liquidez de Bernanke está creando una burbuja en las acciones ya que los valores actuales no reflejan las condiciones subyacentes en la economía.

Los medios financieros hablan activamente de una recuperación mientras los valores suben más con cada semana que pasa. Jim Cramer de CNBC, el cabecilla hiperventilador del “Dinero Rápido,” anunció la semana pasada: “Proclamo que la depresión ha pasado.” Cramer y sus estrepitosos porristas mediáticos ignoran el hecho de que todos los sectores del sistema financieros están ahora apuntalados con préstamos de la Reserva Federal y bonos del Tesoro, sin los cuales el ficticio libre mercado se derrumbaría. Durante 19 meses, Bernanke ha mantenido una corriente continua de liquidez que fluye de los cofres del Tesoro de EE.UU. a la bolsa de valores de Nueva York en el centro de Manhattan. La Reserva Federal ha recapitalizado a instituciones financieras a través de sus bajas tasas de interés, sus multibillonarios medios prestables, y su compra directa de la deuda soberana de EE.UU. y de valores de Fannie Mae respaldados por hipotecas. El estado de cuentas de la Reserva Federal se ha convertido en un vertedero para todo tipo de desechos tóxicos y de pútridos instrumentos de deuda para los cuales no existe un mercado activo. Cuando los bancos centrales y los inversionistas extranjeros se den cuenta de que la divisa estadounidense está respaldada por dudosos colaterales de alto riesgo, habrá una corrida sobre el dólar seguida por una salida en estampida de valores de EE.UU. A pesar de todo, Bernanke asegura a sus críticos que “los fundamentos de nuestra economía son fuertes.”

En cuanto a la recuperación, el analista de mercados Edward Harrison la resume como sigue:

“Se trata de una recuperación falsa porque los problemas sistémicos subyacentes en el sector financiero están siendo disimulados mediante diversos mecanismos diseñados para recapitalizar subrepticiamente a bancos, mientras el estímulo monetario y fiscal induce un rebote antes de que la insolvencia inherente de muchos bancos se convierta en un problema. Esto significa que el sistema bancario seguirá siendo débil incluso después que la recuperación tome forma. El resultado probable del sistema débil será una recaída en circunstancias similares a una depresión antes de que la salva temporal de estímulos haya desaparecido. Nótese que esto no imposibilita que las acciones suban considerablemente o que se forme un nuevo mercado alcista porque por insostenible que sea la recuperación, no dejará de ser una recuperación.” (Edward Harrison, "The Fake Recovery", Credit Writedowns)

El repunte en el mercado bursátil no arreglará el sistema bancario, ni demorará la caída en la vivienda, ni remendará los desharrapados estados de cuentas de las familias, ni reparará las industrias en bancarrota o revertirá el declive acelerado en la confianza del consumidor. El aumento en el mercado bursátil sólo indica que los especuladores han vuelto al negocio aprovechando las generosas inyecciones de capital de la Reserva Federal que impulsan los valores hacia la estratósfera. Mientras tanto, las filas del desempleo se siguen alargando, los bancos alimentarios se agotan y los refugios para los que carecen de vivienda están que revientan. Las prioridades de la Reserva Federal se orientan a la clase inversionista no al ciudadano común que trabaja. Bernanke trata de mantener contento a Wall Street impulsando los valores de los activos con capital barato, pero los aumentos del suministro de dinero provocan más presión descendiente sobre el dólar. El jefe de la Reserva también ha comenzado a comprar bonos del Tesoro de EE.UU., lo que equivale a escribir un cheque propio para cubrir un sobregiro en la cuenta de uno mismo. Es el tipo de galimatías que pasa por política económica sana. La Reserva Federal es incapaz de solucionar el problema porque la Reserva es el problema.

La semana pasada, el mercado creció a lo alto al conocer que el ingreso neto de Wells Fargo en el primer trimestre aumentó un 50% a 3.000 millones de dólares, haciendo subir su acción un 30% en una sola sesión. Los medios financieros celebraron el triunfo de manera típica congratulándose mutuamente y anunciando que el mercado había tocado “fondo.” La noticia sobre Wells Fargo fue repetida ad nauseam durante dos días incluso a pesar de que todos saben que los grandes bancos poseen cientos de miles de millones en activos respaldados por hipotecas que están marcadas muy por encima de su verdadero valor y que sobrevendrán inmensas pérdidas. Naturalmente, los escépticos son mantenidos fuera de foco o acerbos presentadores los atacan por ser fatalistas y Casandras. Lamentablemente, la contabilidad creativa y la manipulación mediática sólo pueden tener éxito por un cierto tiempo. En última instancia los bancos tendrán que amortizar sus pérdidas y buscar más capital. Wells Fargo se salvó esta vez, pero a la próxima puede que no tenga tanta suerte. Bloomberg resume la situación de Wells Fargo:

“Wells Fargo & Co., el segundo prestamista de ahorro–vivienda de EE.UU., podría necesitar 50.000 millones de dólares para pagar al gobierno federal y cubrir pérdidas por préstamos a medida que la crisis económica se profundiza, según Frederick Cannon de KBW Inc.

KBW espera 120.000 millones de dólares de pérdidas de “tensión” en Wells Fargo, suponiendo que la recesión continúe durante el primer trimestre de 2010 y que el desempleo llegue a un 12%, escribió hoy Cannon en un informe. El banco basado en San Francisco podría necesitar 25.000 millones de dólares aparte de los 25.000 millones que debe al Tesoro de EE.UU. por el plan de rescate de la industria, escribió.

“Los detalles son escasos y creemos que gran parte de las noticias positivas en los resultados preliminares tenían que ver con la contabilidad de fusiones, estándares de contabilidad revisados y moratorias de no–pago de hipotecas, más que con tendencias subyacentes,” escribió Cannon, quien bajó la calificación de las acciones de “rendimiento de mercado” a “operación pobre.” “Esperamos que las ganancias y el capital estén bajo presión debido a la continuación de la debilidad económica.”

¿Qué pasó con todos esos préstamos sin rendimiento y MBS [valores con respaldo hipotecario] basura? ¿Se evaporaron simplemente hacia el éter neoyorquino? ¿Es posible que la buena suerte de Wells tenga algo que ver con los recientes cambios de las reglas de contabilidad de FASB [Consejo de Estándares de Contabilidad Financiera] respecto a "mark to market" [posiciones de futuros abiertas de los contribuyentes son ajustadas a valor de mercado para el cierre del año impositivo, N. del T.] que permiten más flexibilidad a los bancos para asignar un valor a sus activos? También, a juzgar por las planillas en Internet, Wells parece tener la menor “ratio de reservas de pérdidas para préstamos” de los cuatro principales bancos. No se puede decir que algo semejante inspire confianza.

Paul Krugman también expresa un punto de vista escéptico ante el informe de Wells Fargo:

“Respecto a esas maravillosas cifras de Wells Fargo.... hay que recordar, que los beneficios en los informes no constituyen un número definitivo; involucran numerosas suposiciones. Y por lo menos algunos analistas dicen que las suposiciones de Wells sobre pérdidas por préstamos parecen, bueno, extrañas. Tal vez sí, tal vez no; pero hay que decir que sería terriblemente conveniente que los bancos sonaran bien claro ahora; precisamente cuando la cuestión de hasta qué punto se pondrá duro el gobierno de Obama está colgada en la balanza.”

Los bancos están todos jugando el mismo juego de escondite, tratando de embaucar al público para que crea que están en una posición de capital más fuerte de lo que están en realidad. No es más que otra trapacería de Wall Street empapelada con insípida propaganda mediática. Las gigantescas agencias de bolsa y los medios financieras son dos rayos de la misma rueda que giran en sincronización. Por desgracia, la fanfarria de los medios y el maquillaje de cifras no sacarán a la economía de su espiral descendiente o producirán una recuperación a largo plazo. Eso requiere política fiscal, programas de puestos de trabajo, alivio de deudas, saneamiento de hipotecas y un plan progresista para reconstruir la economía de la nación sobre un fundamento sólido de productividad y de aumentos regulares de salarios. Hasta ahora, el gobierno de Obama ha concentrado toda su atención y sus recursos en el sistema financiero en lugar de la gente trabajadora. Eso no solucionará el problema.

La deflación está hincando sus dientes en la economía. Los precios de alimentos y combustible cayeron en marzo en un 0,1% mientras el desempleo sigue su declive hacia un 10%. La caída de los precios al por mayor ha sido la mayor desde 1950 en los últimos 12 meses. Según MarketWatch: “La producción industrial ha bajado un 13,3% desde que comenzó la recesión en diciembre de 2007, el mayor descenso porcentual desde el fin de la Segunda Guerra Mundial”… La tasa de utilización de la capacidad del total de la industria cayó más allá a 69,3%, un punto bajo histórico para esta serie, que comienza en 1967.” (Federal Reserve) La persistente caída en los precios de la vivienda (30%) y las pérdidas en el patrimonio inmobiliario sólo aumentan las presiones deflacionarias. La inmensa burbuja crediticia pierde aire una inmensa ráfaga.

El estímulo de 787.000 millones de dólares de Obama es demasiado pequeño para compensar la falta de actividad en una economía de 14 billones de dólares por año, en la que la capacidad de manufactura e industrial han caído a puntos bajos récord y el desempleo aumenta en 650.000 por mes. El alto desempleo es letal para una economía en la que los gastos de consumo representan un 72% del PIB. Sin alivio de la deuda y reducción de la presión de las hipotecas, el consumo se deteriorará y los beneficios corporativos se seguirán reduciendo. Las compañías del S&P500 ya han tenido una caída de un 37% en los beneficios corporativos. A menos que sean encarados los temas subyacentes de alivio de la deuda y de los salarios, las actuales tendencias persistirán. El crecimiento es imposible si los trabajadores están en quiebra y no se pueden permitir la compra de las cosas que producen.

El estímulo debe ser aumentado a un tamaño que permita que fomente la actividad económica y cree suficientes empleos para superar los problemas. El profesor de economía de Yale, Robert Schiller, propugna el martes más estímulos en su comentario en Bloomberg:

“En la Gran Depresión… el gobierno de EE.UU. tuvo muchas dificultades para mantener su compromiso con el estímulo económico. Se hablaba de, y se probó, la ‘reactivación de la economía’, pero no consecuentemente. La Depresión podría haber sido impedida en gran parte, pero no lo fue… Ante una psicología actual similar a la de la era de la Depresión, necesitamos de nuevo una masiva reactivación de la economía.

“Sería una vergüenza si estuviésemos tan abrumados por la cólera ante la injusticia de todo que no tomáramos las medidas positivas necesarias para restaurar el pleno empleo. No será sólo injusto de cara al contribuyente estadounidense. Sería injusto hacia los que viven en chabolas…, sería injusto hacia los que están siendo desalojados de sus casas, y que no pueden encontrar otras porque no pueden encontrar empleo. Sería injusto hacia los que tienen que abandonar sus estudios porque ellos, o sus padres, no pueden encontrar empleo.

“Es hora de enfrentar lo que hay que hacer. La sorpresa involucrada por el coste será inmensa, pero el coste en términos de producción perdida por no lograr el objetivo crediticio o el objetivo de la demanda agregada será aún mayor.” (Robert Schiller, “Depression Lurks unless there's more Stimulus,” Bloomberg)

Incluso si la producción industrial, la manufactura, el comercio al detalle y la vivienda están en caída libre, el habla en Wall Street todavía se concentra en la elusiva recuperación. El S&P 500 tocó fondo a 666 el 6 de marzo y desde entonces ha vuelto a 852. Evidentemente las inyecciones de capital de Bernanke han jugado un papel importante en ese cambio. El ex Secretario de Trabajo bajo Clinton y profesor de economía en la Universidad de California Berkeley, Robert Reich, lo explica como sigue en su blog:

“Todos estos artículos con noticias optimistas están conectados por un hecho: la inundación de dinero que la Reserva Federal ha estado lanzando a la economía… Hay tanto dinero derramado sobre la economía que su precio tiene que bajar. Y el dinero barato tiene que inducir un cierto emprestamiento. La verdadera pregunta es si esto significa un despegue económico. La respuesta es que no lo hace.

“El dinero barato, recordaréis, nos metió en este lío. Hace seis años, la Reserva Federal (Alan Greenspan et al) bajó los tipos de interés a un 1%... Los grandes prestamistas hicieron lo que se podía esperar con ese dinero gratuito – conseguir lo más posible y luego prestárselo a todo el que podía ponerse de pie (y a muchos que no lo podían). Sin que hubiera reguladores que los controlaran, se salieron con la suya con el equivalente financiero de asesinatos.

“El único principio económico que ha cambiado desde entonces es que tanta gente fue tan terriblemente perjudicada que ha desaparecido la confianza necesaria para que consumidores, inversionistas y empresas repitan lo que hicieron en aquel entonces… Sí, algunos consumidores refinanciarán y utilizarán el dinero extra que extraigan de sus casas para volver a gastarlo. Pero la mayoría utilizará ese dinero extra para pagar deudas y comenzar de nuevo a ahorrar, como lo hiciera hace años…

“Admiro el optimismo disparatado, y comprendo por qué Wall Street y sus portavoces quieren ver un retorno al mercado alcista. ¡Diablos!, cualquiera que tenga una cartera de acciones quiere que vuelva a crecer. Pero desear algo es algo diferente de conseguirlo. Y el optimismo disparatado puede causar un inmenso daño a una economía. ¿No lo hemos aprendido todavía?” (Blog de Robert Reich, "Why We're Not at the Beginning of the End, and Probably Not Even At the End of the Beginning")

Si la intención del grandioso experimento económico de Bernanke fue crear una inflación dispareja en los mercados de valores y, por lo tanto, ampliar el abismo entre los financistas y la economía real; parece haber tenido éxito. ¿Pero por cuánto tiempo? ¿Cuánto tardará antes de que los bancos e inversionistas extranjeros se den cuenta de que las “facilidades de emprestamiento,” de sonido tan inocuo, de la Reserva Federal han provocado una ola de liquidez especulativa de bajos intereses hacia los mercados de capital? ¿De qué otra manera se puede explicar que las acciones suban vertiginosamente cuando la capacidad industrial, la manufactura, las exportaciones, los beneficios corporativos, el comercio minorista y todos los demás sectores han sido convertidos en escombros? La liquidez nunca es inerte. Navega por el sistema financiero como el mercurio en el agua, lanzándose elusivamente al área que ofrece la mayor oportunidad para ganancias. Por eso la marea apareció primero en el mercado bursátil. Cuando pase a las materias primas – y aumenten el petróleo y los precios de alimentos – Bernanke se dará cuenta de que el tiro le salió por la culata.

El plan de rescate financiero de Bernanke es un desastre. Debería haber pasado menos tiempo con Milton Friedman y más con Karl Marx. Fue Marx el que reveló la raíz de todas las crisis financieras. La resumió como sigue:

“La razón en última instancia de todas las crisis reales sigue siendo la pobreza y el consumo restringido de las masas, contrariamente al impulso de la producción capitalista para desarrollar las fuerzas productivas como si el poder absoluto de consumo de la sociedad constituyera su límite.” (Karl Marx, Capital, vol. 3, New York International publishers, 1967.)

¡Bingo!. Mensaje a Bernanke: Los trabajadores necesitan ayuda para la deuda y un aumento de salarios, no mayores rescates para gánsteres bancarios estafadores.


(*) Mike Whitney es un analista político independiente que vive en el estado de Washington y colabora regularmente con la revista CounterPunch. Para contactos, escriba a: fergiewhitney@msn.com