Estados Unidos

Crisis de la deuda pública y amenaza de cesación de pagos

Bailando en el Titanic

Por Juan José Funes
Para Socialismo o Barbarie, 24/07/11

Mientras escribimos esta nota –domingo 24 de julio– las noticias que llegan desde Washington, es que por enésima vez y acercándose peligrosamente y casi sin retorno a la fecha tope del 2 de agosto, han fracasado las negociaciones en el Congreso para incrementar el techo de la deuda pública fijado por ley en 14,5 billones de dólares (que representa el 100% del PBI yankee). Si el gobierno federal no puede emitir más títulos de deuda, EEUU corre el riesgo de entrar en cesación de pagos (default).

No necesitamos subrayar que el default de EEUU no sólo marcaría un hecho histórico, sino que tendría repercusiones muy serias en la presente crisis del capitalismo mundial.

Hagamos un poco de historia: de donde venimos y adonde vamos

El año fiscal en EEUU va de octubre a octubre, a diferencia de otros países. Las discusiones sobre el presupuesto siempre comienzan, entonces, a mediados de agosto. ¿De dónde sale, entonces, esta “fecha límite” del 2 de agosto?.

Timothy Geithner, secretario del Tesoro de USA (equivalente a “ministro de economía”), informó el 16 de mayo que ya se había alcanzado el tope de los 14,2 billones de dólares de deuda pública federal. Añadió que sólo mediante algunos artilugios contables estaban garantizados los gastos estatales (fundamentalmente el pago de pensiones) hasta el 2 de agosto. Después de esa fecha, si no puede endeudarse más, subiendo el tope de los 14,2 billones, el estado entraría en cesación de pagos y obligaciones.[1]

A partir de ese momento se ha iniciado una maratónica marcha y contramarcha de negociaciones, acuerdos y desacuerdos. Los republicanos, a cambio de subir el tope, exigen un plan de reducción de gastos que en el 2014 tenga como resultado una reducción de 4,5 billones de la deuda pública. Por su parte, Obama y los demócratas han aceptado un plan de ajuste, pero a cambio de la reducción de gastos reclaman un aumento de impuestos a los que tienen ingresos superiores a 250.000 dólares al año y que se amplíe de todos modos la posibilidad de emitir más deuda.

Esto ha sido aprobado en el Senado. Pero en la cámara de Representantes (diputados), donde los republicanos son mayoría con John Boehner a la cabeza (jefe de bancada y republicano moderado), han opuesto reparos en especial al aumento de impuestos a los más ricos, que según ellos retardaría la creación de empleo y la recuperación económica.

Además de oponerse al aumento de impuestos, exigen que los recortes se hagan principalmente en la salud pública y otras prestaciones sociales que brinda el Estado.

En la cámara de Representantes tiene fuerte presencia el Tea Party, sector electo en las listas del Partido Republicano pero que lleva posiciones propias, aun más a la derecha que los republicanos tradicionales. Así, Eric Cantor (representante republicano y portavoz del Tea Party) se ha opuesto terminantemente a la propuesta que viene del Senado, negándose a negociar en base a ella.[2]

Esta no es la primera vez que se discute y negocia el techo de la deuda. El pragmatismo político norteamericano indicaba que se cumpliría lo que la revista inglesa The Economist llama la “Teoría del Compromiso Inevitable”. En buen romance, que también esta vez la sangre no llegaría al río. Como se piensa que un default de EEUU es “inconcebible”, se supone que al final las partes llegarán a un acuerdo, como sucedió otras veces.

Al borde de un ataque de nervios

Pero ni EEUU ni la economía mundial están en la situación de “otras veces”. Al pasar el tiempo, acercarse el fatídico 2 de agosto y no llegar a un acuerdo, han comenzado los ataques de nervios.

Así, Timothy Geithner clama que “tenemos que proteger la confianza y el crédito de EEUU y evitar catastróficas consecuencias sobre los ciudadanos”.[3]

El presidente Obama ya había alertado semanas antes que “sí los inversores mundiales piensan que el crédito y la buena fe de EEUU no están respaldadas, si piensan que podemos renegar de nuestros compromisos crediticios, todo el sistema financiero podría colapsarse”... y añadió “que podríamos padecer de una recesión y una crisis financiera aun peor que la que hemos pasado”.[4]

Ben Bernanke, por su parte, advirtió sobre las consecuencias dramáticas si no se alcanza un acuerdo y se llega a la cesación de pagos: “Se produciría una gran crisis a nivel mundial... llevaría al sistema financiero al caos y afectaría enormemente a la economía mundial... Las tasas de interés comenzarían a subir a medida que los acreedores cuestionaran la capacidad del país para rembolsar sus deudas, lo que debilitaría nuestra economía e incrementaría aun más nuestro déficit.”[5]

Dos meses y medio atrás, un especialista en bonos del Tesoro explicaba por qué, a pesar de todo, la gente estaba tranquila: “La gravedad de este tema es la razón por la que la gente piensa que esto no se va a producir. Es el equivalente financiero a una bomba nuclear."[6] Pero el detonador de esta bomba nuclear financiera se ha puesto en marcha y la cuenta regresiva está llegando casi a cero... La tranquilidad se ha ido agotando.

Aunque el default no se produzca, esto no es como las veces anteriores

Mas allá de las apelaciones a la “cordura” y al “sentido común” de funcionarios y comentaristas, lo que está claro es que esta vez no es como las anteriores; incluso aunque se evite el default, como sería lo más probable.

Hemos entrado en el quinto año desde que comenzó la crisis económica. ¿Cuál es el cuadro de situación?

Atrás han quedado los discursos grandilocuentes de Obama de la campaña electoral, donde aparecía como el Roosevelt del siglo XXI, que iba a rescatar a EEUU de otra Gran Depresión. Después de casi tres años, su gobierno ha sido neoliberal con algunos atisbos de keynesianismo, pero no en el sentido de impulsar directamente obras públicas para crear empleos, sino en el de intervenir con billones de dólares con el único objetivo de salvar a la banca y congraciarse con Wall Street.

Los “brotes verdes” de la economía, de los que tanto se hablaba en 2009, se han marchitado. Luego, el llamado QE2 [7] no ha servido para reactivar ni el crédito ni la economía (sólo ha funcionado para alimentar nuevas burbujas financieras). La economía yanqui languidece y se arrastra con un crecimiento tan minúsculo que apenas mueve el amperímetro de las estadísticas. En el último mes de junio ha vuelto a subir la tasa de desempleo.

Todo esto ha llevado a muchos economistas burgueses a cuestionarse si en algún momento se salió de la crisis. Como hemos señalado desde las páginas de Socialismo o Barbarie Internacional, la crisis será larga y todavía no ha escrito muchas de sus crónicas.

Se verifica que no es una mera “crisis cíclica”, con mecanismos de recuperación relativamente “automáticos”, sino que remite a problemas estructurales de fondo: centralmente, el papel de EEUU en la economía mundial.[8]

La novedad es que a la crisis económica en el centro del capitalismo mundial se le ha agregado una crisis política en las alturas. El gobierno de Obama ha perdido las elecciones de medio término (2010) y se prepara para pelear una difícil reelección en noviembre del 2012.

En la bancada republicana de la cámara de Representantes hay una fuerte influencia del Tea Party. Este grupo ultraconservador impidió en febrero que Obama le quitara el recorte de impuestos a los más ricos (que les había otorgado Bush). En sus campañas llaman a luchar contra las medidas “socialistas” de Obama y juran frente a su electorado no aprobar jamás un suba de impuestos, aunque sólo afecte a los millonarios.

Por otro lado, la profundización de la crisis y especialmente del desempleo determina que la imagen de Obama esté cayendo en picada, con lo cual su reelección en 2012 está cada vez más difícil.

Las peleas políticas en un año preelectoral añaden más tensiones y dificultades para llegar a acuerdos bipartidistas. Republicanos y demócratas se tiran la pelota de pagar el costo político de ajustar la economía yanqui. Todos quieren descargar en la cabeza del otro las responsabilidades del curso calamitoso de la economía... y la gravedad de los problemas que están por delante. Obama lo hace, echando la culpa a la “irresponsabilidad” de los republicanos por no avenirse a firmar el acuerdo para elevar el techo de la deuda y los impuestos. Los republicanos, a su vez, por no avenirse Obama a reducir el gasto público.

A eso se añade que la mayoría de la población estaría en contra de subir el techo de la deuda. Según una encuesta, el 60% de la población (40% republicanos y 20% demócratas) cree que subir ese techo sólo tiene el objetivo de seguir malgastando dinero. ¿Por qué entonces los republicanos van a cargar también con ese costo político?

En esta situación, a Bill Clinton se le ocurrió una ingeniosa chicana: propone usar una enmienda de la Constitución –la 14ª Enmienda– que permitiría a Obama traspasar el techo de la deuda sin aprobación del Congreso. Pero la 14ª Enmienda, aprobada como medida de emergencia en tiempos de la Guerra Civil del Norte contra el Sur (1861/65), nada tiene que ver, ni en su letra ni en su espíritu, con la presente situación. Recurrir a ella para emitir deuda, podría derivar en un problema aun mayor, institucional y de legitimidad. El remedio podría ser peor que la enfermedad.[9]

Como señalamos, el problema de fondo –que no se puede solucionar con chicanas– es la situación estructural de la economía estadounidense en el marco de la economía mundial. En ese cuadro, parecen atinados los pronósticos pesimistas del Premio Nóbel de Economía, Paul Krugman, en el sentido de que pase lo que pase, las cosas van a ir mal. Tanto si EEUU va al default o si se llega a tiempo a un acuerdo para evitarlo, las perspectivas serán difíciles:

“Para aquellos que conocen la historia de la década de 1930, esto resulta demasiado familiar. Si alguna de las actuales negociaciones sobre la deuda fracasa, podríamos estar a punto de revivir 1931, el hundimiento bancario mundial que hizo grande la Gran Depresión. Pero si las negociaciones tienen éxito, estaremos listos para repetir el gran error de 1937: la vuelta prematura a la contracción fiscal que dio al traste con la recuperación económica y garantizó que la depresión se prolongase hasta que la II Guerra Mundial finalmente proporcionó el impulso que la economía necesitaba.”[10]


Notas:

1.- Timothy Geithner anunció que cualquiera sea el resultado de las negociaciones en el Congreso renunciará al cargo. Esta renuncia se agregaría a las que ya se hicieron efectivas Larry Summers y Paul Volker (asesores económicos de Obama).

2.- El País, Madrid, 20/07/11.

3.- “The Theory of Inevitable Compromise, and why it is probably wrong - Dicing with debt and the future”, The Economist, July 14, 2011.

4.- “Para Obama, EE.UU. caerá en una crisis mayor si no eleva el techo de la deuda”, Cronista.com, 15/05/11.

5.- “Bernanke dijo que un default de EEUU llevaría a un caos mundial”, Agence France-Press (AFP), 14/07/11.

6.- Aaron Kohli, especialista en bonos del Tesoro de Nomuro Securities, en declaraciones a la AFP, 14/05/11.

7.- QE2: Quantitative Easing 2, literalmente, “relajamiento cuantitativo”. Es un eufemismo para no hablar de emisión de dinero sin respaldo alguno con el fin de inyectar liquidez en la economía. En el QE2, que se inició en noviembre de 2010 y finalizó en junio de este año, EEUU emitió 600.000 millones de dólares que se destinaron a la compra anticipada de bonos del Tesoro antes de su vencimiento. Pero los dólares fueron mayormente a la especulación financiera internacional y muy pocos a inversiones productivas en EEUU.

8.- Un análisis global de la crisis puede leerse en “El estado de la crisis económica mundial - Cuando se prepara una recaída”, por José Luis Rojo, Socialismo o Barbarie, revista Nº 23/24, diciembre 2009.

9.- Adam Liptak, “The 14th Amendment, the Debt Ceiling and a Way Out”, New York Times, July 24, 2011.

10.- Paul Krugman, “La depresión menor”, El País, 23/07/11.