Haití

Diez razones por las que la ocupación debe acabarse

Por Greg Grandin (*) y Keane Bhatt (**)
Traducción de Keane Bhatt, colaborador de Amauta
Revista Amauta, Costa Rica, 09/11/11

Un video explosivo, difundido a principios de septiembre, evidencia el presunto asalto sexual de un joven haitiano de 18 años en manos de cinco tropas uruguayas que pertenecen a un contingente de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití ubicado en la ciudad sureña de Port–Salut, Haití. Mientras el episodio se transmite a nivel internacional, la Misión de Estabilización de la ONU—conocida por sus siglas en francés MINUSTAH—ha sido el blanco de manifestaciones públicas en Port–Salut, en la capital haitiana de Port–au–Prince, y frente al Ministerio de Defensa uruguayo en Montevideo. Los soldados que aparecieron en el video fueron repatriados y actualmente se encuentran encarcelados esperando acciones legales.

Anteriormente, mientras los informes de mala conducta se divulgaban pero no se confirmaban, el ministro de Defensa uruguayo Eleuterio Fernández Huidobro planteó que “nunca va a faltar en tan alta cifra de gente alguien que se porte mal”. Tras la publicación del dicho video, el jefe de la MINUSTAH Mariano Fernández afirmó que “los actos de unos pocos no deberían empañar [la imagen] de miles de militares, policía, y el personal civil que han estado sirviendo en MINUSTAH y en Haití impecablemente desde 2004.”

El mandatario uruguayo José Mujica le pidió disculpas al presidente haitiano Michel Martelly por la “conducta criminal y bochornosa de unos pocos” efectivos.

Sin embargo, esto no es un caso de unas pocas manzanas podridas. La MINUSTAH ha sostenido un historial consistentemente desastroso de delincuencia en sus siete años de presencia militar—mucho de ello como resultado de su diseño institucional. Aunque el ministro de Defensa brasileño Celso Amorim (quien es encargado del mayor contingente de soldados de la ONU en Haití) recientemente propuso una reducción gradual de las tropas, admitió que “no hay un calendario elaborado para una…retirada eventual.”

Aquí hay diez razones por las que un calendario para una retirada rápida de todos los soldados de la ONU es necesario:

1. Haití no ha experimentado un conflicto armado ni es parte de un acuerdo obligatorio de paz, los criterios de un estacionamiento legítimo de las tropas de paz de la ONU. La ONU afirma en su Carta que aquella no debe “intervenir en los asuntos que son esencialmente de la jurisdicción interna de los Estados”, salvo una amenaza a la paz, una violación a la paz, o un acto de agresión. MINUSTAH llegó a Haiti usando esta justificación, la cual le permitió a permanecer en el país sin el consentimiento del gobierno haitiano. Pero este argumento nunca ha tenido validez, mucho menos en la actualidad, siete años después de la llegada de MINUSTAH y su presencia aparentemente indefinida.

2. Las tropas de la ONU reciben amplia inmunidad para los delitos cometidos en Haití, y sólo son expuestas a ser enjuiciadas en sus países de origen. Dentro del grupo de los diferentes países participando en la MINUSTAH, existen vastas discrepancias tanto en sus leyes domésticas como en su voluntad de investigar los delitos. Aun si las tropas son procesadas, sería difícil obtener testigos y evidencia confiable desde Haití. Los mismos haitianos no se enteran de castigos exitosos en el exterior, lo que intensifica la apariencia de la impunidad. Mientras esta estructura legal que fomenta una falta de responsabilidad persista, una retirada completa es la única forma segura de prevenir futuros abusos.

3. Hace menos de cuatro años, más de 100 tropas de la MINUSTAH de Sri Lanka – más de un 10 por ciento de la brigada entera – fueron repatriadas a su país de origen debido a acusaciones de mala conducta y abuso sexual, a menudo con niñas de menor edad. La rama investigativa de la ONU concluyó que “a cambio de sexo, las niñas recibieron pequeñas cantidades de dinero, comida, y a veces móviles.” Actos de explotación y abusos sexuales eran “frecuentes” y se produjeron “prácticamente en todos los lugares donde los miembros de los contingentes estaban desplegados.” No hay evidencia que ningún soldado esrilanqués fuera procesado. Nuevos informes corroboran las alegaciones que efectivos uruguayos han embarazado a mujeres locales en Por–Salut, incluso a una joven de 17 años.

4. La MINUSTAH está implicada en un “suicidio” sospechoso del año pasado de un adolescente haitiano llamado Gerald Jean–Gilles, quien fue encontrado ahorcado en el interior de una base de la ONU en Cap Haïtien. Como informa el periódico Haïti Liberté, el ex jefe de la MINUSTAH Edmond Mulet obstaculizó una investigación iniciada por las autoridades haitianas. Él otorgó la inmunidad a una testigo haitiana, previniendo que se cumpliera con la entrega de una citación a ella por la judicatura haitiana.

5. Las tropas de paz de la ONU en Nepal fueron responsables por la introducción del cólera en Haití a finales de 2010, probablemente a través de la contaminación de los ríos con sus aguas residuales sin tratamiento adecuado. El cólera ha matado a más de 6.200 y ha infectado a 440 mil haitianos en sólo 10 meses. Nuevos estudios científicos demuestran que la negligencia grave de la MINUSTAH, que llevó a la epidemia letal, es prácticamente indiscutible. Tras la aparición del cólera, Edmond Mulet se negó a admitir la posibilidad de la culpabilidad de la MINUSTAH.  La ONU y otros entes dijeron que una investigación sobre cómo llegó el cólera a Haiti no era necesaria y podría ser dañina, pese a los llamamientos de los principales expertos del cólera y la salud que era “tanto posible como necesario hallar la fuente para prevenir futuros muertos.”

Las negaciones de la MINUSTAH enfurecieron todavía más a los haitianos, cuyas dramáticas manifestaciones contra la ONU resultaron en las muertes de manifestantes por disparos de las tropas de la ONU. A pesar de este episodio, el contingente uruguayo en Port–Salut es acusado de botar su basura y aguas residuales impropiamente.

El renombrado epidemiólogo Piarroux Renaud, quien investigó la propagación del cólera de Haití, concluyó que porque no hay duda razonable que la ONU llevó la bacteria a Haití, ella “debe aceptar la responsabilidad y hacer las paces con Haití… por ejemplo, a través de una oferta de compensación monetaria o un fuerte apoyo para que el país se libere del cólera de nuevo.”

6. La llegada de tropas de la ONU a Haití en 2004 tiene una legitimidad dudosa, y la bandera de una coalición de la ONU es sólo una fachada menos controversial para el ejercicio de los intereses de EEUU en Haití. La MINUSTAH fue impulsada por EEUU, después de que la administración de Bush orquestara un golpe de Estado contra el presidente democráticamente electo de Haití, Jean–Bertrand Aristide, un objetivo viejo. WikiLeaks reveló que la ex embajadora de EEUU en Haití Janet Sanderson consideraba la MINUSTAH “una herramienta indispensable en la realización de los intereses políticos primordiales del [gobierno de EEUU] en Haití,” especialmente ante “el contexto actual de nuestros compromisos militares en otras partes.”

El “compromiso regional coordinado entre América Latina en Haití no sería posible sin el amparo de la ONU”, el cual “ayuda a otros donantes importantes – dirigido por el Canadá y seguido por la Unión Europea, Francia, España, Japón y otros países – para justificar su cooperación bilateral domésticamente.” Sanderson concluye: “Sin una fuerza de estabilización autorizada por la ONU, recibiríamos mucho menos ayuda de nuestros socios hemisféricos y europeos en la gestión de Haití.”

7. La MINUSTAH es una fuerza política muy partidaria en un país soberano, y se entromete en los asuntos domésticos de Haití. Por ejemplo, un cable de 2006 demuestra que Edmond Mulet, el entonces jefe de la MINUSTAH, “instó a EEUU a tomar una acción legal contra [el presidente exiliado por la fuerza] Aristide para evitar que ganara más apoyo de la población haitiana y que regresara a Haití.”

8. La MINUSTAH da prioridad a cuestiones militares y las de seguridad y contribuye poco al desarrollo social y económico. En 2010 la ONU proporcionó un dineral—$850 millones—al presupuesto anual de MINUSTAH, o sea, nueve veces el monto de lo que ella recaudó para el tratamiento del cólera que la MINUSTAH introdujo al país sin saber. Asimismo, a raíz del terremoto devastador del 12 de enero de 2010, Reuters informó de que la MINUSTAH priorizó “el manejo de seguridad y la busca de saqueadores” a costa de esfuerzos de socorro y asistencia humanitaria. Lo que empeora la situación es que los soldados de la MINUSTAH ni pueden comunicarse con la mayoría de los haitianos, quienes hablan kreyól, y mayormente los soldados no son acompañados por traductores.

9. La MINUSTAH tiene un historial de fracaso espectacular en el cumplimiento de su dicha intención de proveer la estabilidad. La distinguida revista médica The Lancet destacó que en 2004, 8.000 personas – muchas siendo partidarias del depuesto presidente Aristide – fueron asesinadas o desaparecidas solamente en Port–au–Prince durante el periodo cuando la MINUSTAH era únicamente responsable del mantenimiento de la seguridad. En 2005 un informe de la Facultad de Derecho de Harvard dedujo que la MINUSTAH “efectivamente le amparó a la policía en la ejecución de una campaña de terror en los barrios pobres en Port–au–Prince.” Las prioridades de EEUU, y por eso las prioridades de la MINUSTAH, estaban claras tras el golpe de Estado de 2004, según un cable filtrado de marzo de 2005. James Foley, el diplomático de más alto rango de EEUU en Haití en aquel momento, presionó para que la MINUSTAH “tomara medidas decisivas contra las pandillas pro–Aristide, particularmente en Port–au–Prince, por todas las razones obvias, y también para evitar acusaciones de parcialidad.” Teniendo en cuenta que Aristide contaba con amplio apoyo, especialmente entre los pobres (él fue elegido con más del 90 por ciento de los votos en 2000), la recomendación de Foley tenía consecuencias de gran alcance.

10. La MINUSTAH ha generado violencia mediante el uso repetitivo e indiscriminado de la fuerza en zonas urbanas densamente pobladas, matando a docenas de civiles durante sus ataques. El 6 de julio, 2005, las tropas de MINUSTAH dispararon 22.000 cartuchos de municionesen Cité Soleil, un barrio pobre de Port–au–Prince, durante sólo siete horas, por lo que un doctor de la ONG Médicos sin Fronteras dijo que “tratamos a 27 personas por heridas de bala. De ellos alrededor de 20 eran mujeres de menos de 18 años.” Los habitantes de Cité Soleil acusaron a la MINUSTAH de disparos gratuitos desde sus tanques, matando a gente. Un mecánico cuyo intestino fue lacerado por bolas dijo que las tropas de la ONU le dispararon por la espalda cuando caminaba por la avenida principal. El explicó, “La Minustah dispara a personas todos los días. Ellos disparan para todos lados y a quien quiera, hasta a infantes, no importa.”

A pesar de esta carnicería, un cable del Departamento de Estado de junio de 2006 muestra que la elite haitiana presionó a EE.UU y la ONU a continuar las redadas militares en los barrios pobres. Timothy Carney, el entonces jefe de la diplomacia de EE.UU en Haiti, reconoció que “una operación de este tipo generaría de manera inevitable víctimas civiles no deseadas dada las condiciones de hacinamiento y la débil construcción de las viviendas apretadas de Cité Soleil.” Pero en vez de abogar por poner fin a estas maniobras sangrantes, Carney propuso reclutar “asociaciones del sector privado” “para ayudar rápidamente en las secuelas de la operación, por ejemplo con apoyo financiero a las familias de las víctimas potenciales.”

La ONU prosiguió la política despiadada de incursiones: medio año más tarde, una redada en diciembre de 2006 dejó al menos nueve muertos. Una residente del barrio, Rose Martel, dijo, “vinieron aquí a aterrorizar a la población, no creo que hayan matado a los bandidos, a menos que nos consideren a todos como bandidos.”

Ningún miembro de la ONU ha sido juzgado de lo penal por estas acciones.

Países como Brasil, Nepal, Jordania, Uruguay, Sri Lanka, Argentina y Chile están involucrados en una ocupación militar profundamente resentida. Ningún ajuste pequeño o reducción simbólica enfrentaría la gravedad de las críticas contra la MINUSTAH. Las tropas no debían estar en el país de entrada, y sólo han añadido a los desastres que el pueblo haitiano tiene que soportar.

¡La ONU tiene que terminar su ocupación de Haití!


(*) Greg Grandin es catedrático de historia en New York University.

(**) Keane Bhatt es músico y activista en New York.