Iraq

Entrevista a Loulouwa al-Rachid, politólogo especializado en Iraq

Al borde del estallido

Por Joseph Confavreux
Médiapart, 01/01/12
Viento Sur 05/01/12

Traducción de Viento Sur

Dos semanas después que los últimos miembros de las fuerzas armadas estadounidenses partieran de Iraq a hurtadillas el 21 de diciembre, la idea de un país en vías de estabilización lanzada por los americanos y la coalición internacional comienza a hacerse añicos: orden de arresto contra el vicepresidente sunita Tarek al-Hachemi acusado de terrorismo, emitida por el primer ministro chiíta Nouri al-Maliki; atentados mortales en Bagdad el jueves 22; negativa del Gobierno Autónomo del Kurdistan iraquí a entregar Tarek al-Hachemi (refugiado en ese territorio) a las autoridades de Bagdad; atentado violento contra el Ministerio del Interior el 26 de diciembre… La crisis política se agrava. Una crisis atizada por las tensiones regionales, con la crisis siria y el conflicto entre Arabia Saudí e Irán como telón de fondo.

Según el dirigente sunita Iyad Allaoui (New York Times, 27 de diciembre) Iraq está a las puertas de una "catástrofe". El débil régimen institucional impuesto a trancas y barrancas bajo tutela norteamericana, que desembocó en la Constitución de 2005 y las elecciones de 2010, se muestra obsoleto y tambaleante.

En este Estado ficticio de Iraq, el poder ejecutivo es compartido por tres personas: el presidente Jalal Talabani, kurdo; el primer ministro Nouri al-Maliki, chiita; y el presidente del Parlamento Oussama al-Noujaifi, sunita. Cada uno de ellos cuenta con dos colaboradores provenientes de los otros dos sectores confesionales iraquíes. A pesar de ello, en la tribuna del New York Times, co-firmada por al-Noujaifi, se afirma que Iraq va camino de convertirse en un "Estado autoritario de partido único" y que el apoyo incondicional de los Estado Unidos al primer ministro Nouri al-Maliki conducirá a la "guerra civil".

Mediapart ha entrevistado a Loulouwa al-Rachid, politólogo especializado en Iraq, que nos habla de las características de esta crisis política, de la salida de las tropas norteamericanas (que no pone fin a la presencia de los Estados Unidos en Iraq) y de las tensiones regionales que alimentan la crisis iraquí.

Usted acaba de volver de Iraq a principios de mes (diciembre). ¿Cuál es la situación del país tras la salida de las tropas norteamericanas?

Estuve en Iraq durante la celebración de la Ashura (festividad religiosa musulmana en la que la comunidad chiita conmemora, también, la masacre del Imán Hussein, que consideraban legítimo sucesor de Mohamed y 72 miembros de su familia) y la situación era tensa desde el punto de vista de la seguridad. Todo el mundo tenía la impresión de que podía ocurrir lo peor. Algo habitual en Iraq; sin embargo, me llamó la atención el nivel de la desconfianza intercomunitaria en una sociedad en la que la gente perteneciente a etnias y confesiones distintas se atrinchera tras estas identidades.

El miedo en la sociedad es difuso: toda la gente lo tiene, pero no se expresa abiertamente. Se hace evidente si habla de los acontecimientos de 2003; parece que, ocho años después de haber comenzado, la guerra aún no hubiera concluido. En torno a estos hechos (cómo cayó Bagdad…) existen dos visiones confesionales: la chiíta y la sunita.

Aunque la situación de Iraq haya perdido peso progresivamente en los medios de comunicación internacional -las revueltas árabes de 011 ha traído consigo que los grandes medios hayan desplazado su personal a los países de las revueltas-, el país se encuentra lejos de haber logrado estabilizarse.

¿Cómo explicarse los atentados de esta última semana? ¿Dónde se encuentra Iraq desde el punto de vista de la violencia?

Los atentados violentos han disminuido mucho desde 2008. Ya no existen atentados que siegan de un golpe la vida a 300 personas en un mercado de Bagdad. Tampoco existen los IED, artefactos explosivos que se colocaban a lo largo en las carreteras y que eran tan mortíferos.

La violencia ya no es tan indiscriminada. Ahora se definen los objetivos, se selecciona a lo individuos cuidadosamente. No pasa un día sin que algún oficial del ejército o de los cuerpos de seguridad, algún médico, juez u hombre de negocios no sea abatido en plena calle con pistolas provistas de silenciador, las famosas katem al-sawt. Asistimos a una violencia sin ruido. Otra técnica son las bombas-lapa (sticky bomb); una bomba de alcance limitado que sólo mata a los ocupantes de los vehículos sin afectar a los edificios colindantes, como era el caso, hace un tiempo, con los camiones cargados de TNT.

La explicación de este cambio se encuentra en el hecho de que quienes la ejercen no son los excluidos del sistema político, como ocurría antes con los sunitas que trataban de encontrar su sitio en el Iraq post-baasista. Ahora mismo la violencia la ejercen quienes se encuentran dentro del sistema y sus sponsor regionales. Los últimos atentados se inscriben en esta lógica y son el reflejo de un proceso político que no avanza en el interior y está totalmente envenenado por múltiples interferencias exteriores.

La respuesta a la orden de arresto emitida por el primer ministro chiíta Nouri al-Maliki contra el vice-presidente sunita al-Hachemi no se hizo esperar. El centro de Bagdad y el Ministerio del Interior fueron víctimas de atentados. Al-Maliki es, desde las elecciones de marzo de 2010, titular en funciones de las carteras de Interior y de Defensa, dos ministerios que no piensa ceder a los miembros de la coalición tal y como se recoge en los acuerdos para la formación del Gobierno. Está empeñado en prolongar esta provisionalidad y desgastar a sus adversarios.

¿Tiene algún fundamento la acusación de terrorismo realizada contra el vicepresidente sunita iraquí, Tarek Al-Hachémi? ¿Ha saltado por los aires la coalición gubernamental que tanto costó lograr?

A pesar de que las elecciones de 2010 fueron consideradas un éxito e, incluso, casi una prefiguración del hambre de democracia en el mundo árabe, desde esa fecha Iraq no ha conocido ni un verdadero gobierno ni una verdadera oposición. ¿Cómo gobernar y reconstruir la economía en esas condiciones?

Con el pretexto de no excluir a nadie, el país se encuentra en manos de enemigos políticos coaligados en el seno de gobierno condenada de antemano al fracaso y a la corrupción. Lo único que une al gobierno es la preocupación de las distintas fracciones por acaparar el máximo de recursos, por otra parte considerables, de esta ficción de Estado. Entidad establecida en 2003 con su constitución, sus instituciones, su corte suprema y sus fuerzas armadas.

La solución de una fórmula que integrara a todos los sectores políticos fue impulsada por los Estados Unidos que temían que un país mayoritariamente chiíta basculara del lado de Irán. Pero no funciona, provoca una parálisis administrativa permanente. Lo que ocurre en el sector eléctrico es un buen ejemplo de ello. Ante la imposibilidad de negociar y ejecutar un contrato para rehabilitar la red eléctrica con los proveedores internacionales, el gobierno suministra fuel de forma casi gratuita a los propietarios de los grupos electrógenos que proliferan en el país que se encargan de vender la electricidad a los particulares. Se trata de soluciones de compromiso para evitar rupturas; pero de ese modo, mientras lo que se denomina la "coalición gubernamental" continúe siendo un campo de batalla para acaparar recursos, será difícil avanzar.

Tengo un sentimiento de caos y tristeza. Quizás el análisis en caliente exagere los disfuncionamientos de la dinámica actual. Iraq es un país petrolífero de recursos considerables y posiblemente tiene por delante un futuro prometedor (a diferencia de Egipto, por ejemplo); sin embargo, en muy poco tiempo se ha pasado de soñar con el fin de la dictadura a vivir en una pesadilla orquestada por una clase política irresponsable y abyecta.

Todos los responsables políticos, dejando aparte los intereses extranjeros, tienen un insaciable deseo de enriquecerse. La imagen habitual de los políticos es de quien, por razones de seguridad, ha expatriado a su familia y pasa su tiempo hablando a través de tres o cuatro móviles conectados a Teherán, Riad, Beirut o Doha. Los negocios han inundado la política. Se puede ver a políticos que, durante el día, se insultan en el Parlamento o en las cadenas de radio y TV y, a la noche, se dedican a firmar contratos comerciales. Estos políticos progresan a cuenta de la debilidad del Estado. Están permanentemente en guerra, pero una guerra controlada, con sus códigos y sus rituales, donde nadie busca la ruptura total porque todos se benefician de la prolongación de este estado de provisionalidad.

En este contexto, ¿por qué Maliki se lanza contra Hachemi?. Hachemi tiene menos influencia de lo que se pregona. Se trata de un antiguo militar de origen urbano y con una base electoral limitada. Situado en la órbita de los Hermanos Musulmanes no forma parte, sin embargo, de los exiliados que volvieron en 2003. Ahora bien, su pragmatismo y oportunismo le han permitido ser una de las figuras del mapa político actual. Fue vicepresidente entre 2006 y 2010, aunque la figura presidencial en Iraq tiene un valor decorativo.

Tras las elecciones de 2010, el presidente, así como sus dos vicepresidentes no tienen capacidad de veto sobre el legislativo, por lo que, desde un punto de vista constitucional, Hachemi no tiene capacidad para poner en riesgo al primer ministro.

Por contra, el presidente del Parlamento, Oussama al-Noujaifi, sunita al igual que Hachemi, tiene mucho más poder. Al principio de la nueva legislatura, mantuvo un pulso con Maliki durante varios meses, hasta que éste encontró una salida de compromiso sobre la distribución de prebendas y puestos ministeriales. Así pues la operación de Maliki contra Hachemi tiene visos de responder a una operación demagógica ligada a las tensiones regionales.

Por una parte, porque el confesionalismo es rentable. Ya en las elecciones de 2010, Maliki utilizó el argumento de la desbaasificación para impedir la presentación de cierto número de candidatos y ahora mantiene viva la llama de los sentimientos anti-sunitas asimilando periódicamente (y de forma colectica) a los sunitas con Al-Qaeda.

Por otra parte, el conflicto entre el sunita Hachemi y el chiita Maliki forma parte de las tensiones entre Irán y los países árabes seguidores de Arabia Saudí con el telón de fondo de la crisis siria.

¿Constituye Iraq el terreno de juego en el que se enfrentan dos potencias políticas y religiosas como Irán y Arabia Saudí?

Ciertamente, la ofensiva de los países del Golfo contra el régimen iraní pasa por territorio iraquí. Irán está interesada en mostrar su capacidad ofensiva. Incluso si pierde a su aliado sirio, Irán cuenta con 28 millones de habitantes chiítas dirigidos por un presidente islamista chiíta y considerables recursos petrolíferos. Enfrente, los países sunitas del Golfo no tienen tanto peso. A pesar de que Hachemi lo niegue, cuenta con el apoyo de los países del Golfo e incluso puede que de Turquía.

La mayoría de los políticos iraquíes están interesados en seguir el juego y dar continuidad a la situación de crisis actual. ¿Quién se interesaría por los electos locales o los jefes de tribu si no existieran estas tensiones regionales? En un contexto en el que cunde la incertidumbre sobre lo que pueda ocurrir en la frontera con Siria, estos políticos pueden sacar provecho económico por los servicios otorgados a todas las potencias regionales: contrabando, mensajeros, mercenarios… En Iraq están muy presentes las enormes codicias y dinámicas de confrontación regional.

Pero, al mismo tiempo, estas potencias regionales no pueden intervenir a su antojo en Iraq debido a una multitud de agentes locales que actúan por su cuenta. Arabia Saudí,por ejempleo, a pesar de todo el dinero invertido, jamás ha logrado tener un líder sunita potente y consensual. Entre otras cosas, porque la comunidad sunita no es tan homogénea como se piensa. Evidentemente, existen divisiones geográficas e ideológicas entre los antiguos baasistas y los islamistas, entre la gente del campo y de la ciudad, etc. Lo mismo se puede decir de Irán. A pesar de que Iraq esté gobernado por los partidos chiitas, tanto en Teherán como en Bagdad, los conflictos internos entre ellos pesan más que los acuerdos.

Por otra parte, al igual que en el pasado, el Estado iraquí está atravesado de fuertes interferencias regionales y cada comunidad tiene sus sponsor extranjeros. Se habla mucho de Irán y Arabia Saudí pero, también habría que mencionar a Turquía. Desde hace tiempo este país afirma que "estamos con todos los iraquíes, entre nosotros son bienvenidas todas las comunidades"; pero, en la práctica, los turcos saben que carecen de influencia al Sur de Bagdad e incluso en la capital, donde el peso mayor corresponde Irán junto a los Estados Unidos.

Ocurre también que el interés político y económico de Turquía está más centrado en el Kurdistán iraquí y que cada vez está más interesada en la comunidad sunita. Mosul, que constituye un inmenso mercado es, hoy en día, una zona de influencia exclusivamente turca. La necesidad de continuar creciendo económicamente obliga a Turquía a estar presente en Iraq aún cuando asuma de mala gana el apelativo de potencia regional y que se hable de su implicación militar...

¿Y qué pasa con los Estados Unidos? ¿La retirada de tropas significa el fin de la presencia norteamericana en Iraq?

Me sorprende que se hable del fin de la presencia americana en Iraq. Es el fin de la ocupación pero no de su presencia. Los Estados Unidos han retirados sus tropas pero ¿cuántos instructores militares, consultores, hombres de negocios, técnicos y espías continúan sobre el suelo iraquí? Hablamos de una embajada con más de 20.000 personas…

Los Estados Unidos han aprendido la lección de lo que supone una intervención militar directa muy costosa y sin grandes resultados; así pues, cambian el terreno de juego y ahora centran su actividad en el trabajo de inteligencia al tiempo que negocian bajo manga las modalidades de su presencia a partir del 31 de diciembre de 2011. No asistiremos a un acuerdo con mucho bombo sino a negociaciones secretas con el gobierno de Maliki. Lo que, por otra parte, supone un acuerdo de mínimos con Irán. Por otra parte,  EE UU siguen conservando su influencia en Iraq a través de otros países de la región como la Arabia Saudí y Turquía.

Con ocasión de la salida de las últimas tropas norteamericanas, se oye hablar de que los Estados Unidos han logrado construir un Estado pero no una nación. ¿Es correcta esta visión?

Se trata de un mito que los norteamericanos se han visto obligados a crear para legitimar la buena conciencia en su país y, también, de la opinión de quienes quieren creer que el edificio institucional es estable y que los resultados electorales son la prueba de que la democracia puede extenderse al resto de los países árabes.

Sin duda, existe una consolidación del Estado en torno a la figura del primer ministro, Maliki, pero esta consolidación no se considera legítima por quienes no ven con buenos ojos la concentración de poder en manos de una persona. Es lo que explica que los adversarios de Maliki le acusen regularmente ser "un dictador peor que Saddam". En tanto que jefe de las fuerzas armadas, Maliki es hoy en día el hombre más poderoso del país y el poder judicial está totalmente sumiso a él, que gracias a los recursos del Estado tiene una gran capacidad de cooptación.

Por lo tanto, la situación es paradójica. Por un lado, la consolidación del poder de Maliki permite el retorno a la normalidad, una seguridad relativa y el comienzo de la reconstrucción. Por otro, esta misma consolidación fragiliza las perspectivas democratizadoras, lo que lleva a los opositores de Maliki a una política de obstrucción, sabotaje y violencia, como lo muestran los recientes atentados.

Además, las instituciones apenas funcionan. Quienes en Francia quisieron creer lo contrario y volvieron a Iraq para hacer negocios, salieron defraudados. No existen garantías ni seguridad para realizar las más básicas transacciones económicas. A resultas de ello, son los asiáticos y los turcos quienes se benefician de esta situación, porque están dispuestos a correr mayores riesgos, incluso en temas de seguridad.

Cuando observo el miedo que tiene la gente, me pregunto dónde está ese Iraq estable que se nos ha vendido a diestro y siniestro. Voy a contar una anécdota. En febrero de 2011, durante la primavera árabe, asistimos a un principio de movilización popular en Bagdad, Mosul y Basora en demanda de mejores condiciones de vida y el fin de la corrupción. Como en otros países, Maliki respondió con una mezcla de amenazas y promesas; otorgó un poco de dinero para calmar a la gente pero la represión fue terrible. Hubo muertos, heridos y arrestos arbitrarios.

El responsable de un gran periódico americano en Iraq informó tanto de las manifestaciones como de la represión y tan pronto como apareció la noticia impresa, la embajada de los Estados Unidos le convocó para recriminarle ¡haber exagerado la amplitud de la represión! Su artículo desmentía la imagen que venden los americanos de que el proceso iraquí va viento en popa.

Esta concentración de poder en Maliki ¿no puede ser considerada como una etapa? ¿Por dónde pasaría la construcción de un entramado institucional sólido y legítimo?

Es cierto que salir de una dictadura y de una guerra requiere tiempo. También puede ocurrir que yo me equivoque al pensar que los cambios no se hacen por decreto sino que son fruto de un proceso que va tomando cuerpo en la sociedad. Pero, en la medida que los pequeños tiranos que proliferan en Iraq continúen impunes, sin temer al Estado de derecho, la democracia será muy débil. Los reflejos de período de Saddam siguen ahí. La gente sigue teniendo miedo de la arbitrariedad y de los poderosos, aunque no sean los mismos. Y el deseo de emigrar al extranjero habla largo y tendido sobre el pesimismo de la gente en torno al porvenir del país.

Una de las principales dificultades de la reconstrucción del aparato institucional en Iraq se encuentra en los recursos humanos, totalmente obsoletos. Tenemos lo que queda de la vieja tecnoestructura del Estado baasista y una joven generación de funcionarios que, en muchos casos, han entrado en la administración de la mano de tal o cual partido político. Es difícil encontrar gente competente.

La gente joven ha pasado su vida y ha hecho su trayectoria profesional entre guerras, el embargo y el hundimiento del sistema educativo en los años 90. La más capaz ha marchado al extranjero y muchos jóvenes no tienen otra formación que los estudios primarios y religiosos.

Los hospitales de Bagdad fueron construidos en los 70 y no quedan más que médicos viejos, que se jubilarán pronto, y jóvenes con una formación penosa. Para hacer funcionar una central eléctrica se precisa de ingenieros bien formados. Si el único criterio de selección es tener un enchufe y sortijas en cada dedo de la mano, como cualquier buen chiíta, no veo como se podrá restablecer la electricidad en el país.

¿Se puede dar una desmembración de Iraq?

Las reivindicaciones regionalistas muestran hasta que punto la Constitución iraquí no constituye hoy en día sino un texto que sirve más para complicar el proceso político, atizar las tensiones, que para pacificarlas. Son contados los parlamentarios que conocen el contenido de la Constitución aún cuando estén disputándose todo el día sobre lo que permite y no permite el texto constitucional.

Para los americanos, una Constitución poco precisa era la única manera de avanzar en 2005. En lo que tiene que ver con el federalismo, los americanos lo veían como la mejor garantía para garantizar la libertad a la minoría kurda, sin tener en cuenta al resto de las regiones o confesiones del país.

Ahora mismo, ese carácter confuso de la Constitución constituye una fuente de conflictos. El Tribunal Constitucional encargado de su interpretación y de la regulación de la vida política está vendido a Maliki y hace suyas su visión de la relación de fuerzas. Sin embargo, en lo que respecta a la creación de regiones autónomas, como en Kurdistán, la Constitución es clara.

Cuando el gobierno chiíta de Basora, rico en petróleo, evocó su derecho a constituirse en región federada, el poder central le dejó hacer, pero cuando los gobiernos en manos sunitas reivindican el mismo derecho Maliki se ofusca y ve en ello el fin de la unidad territorial del país.

Paradójicamente, los sunitas que, durante muchos años, han combatido el federalismo y el riesgo de desmembración del país, ahora tratan, por todos los medios, de encontrar su sitio en el Iraq post-baasista. Al principio lo hicieron a través de la insurrección armada; luego, se integraron en el proceso político. Ahora bien, a pesar de que participan en el Gobierno, se consideran agraviados. De ahí que se vean atraídos por el modelo kurdo. Desde el momento en que una o más provincias se declaren región (iglim) autónoma, no sólo ganan prerrogativas administrativas y de seguridad sino que se incrementa sustancialmente la parte que les corresponde del presupuesto federal.

Si Mosul, que cuenta entre 3 a 4 millones de habitantes, obtuviera el mismo estatus que el Kurdistán, vería cuadruplicarse automáticamente su presupuesto actual.

El poder central se opone a este proyecto que ha denunciado como confesional, lo que no hizo en el caso de Basora. Aquí el problema no es el petróleo sino geoestratégico, ya que las provincias con mayoría sunita se encuentran a las puertas de Bagdad y se convertirían en una espina en el pie para el poder de Maliki. Por ello Maliki, aunque no tenga ninguna argumento para ello, ha declarado inconstitucional el proyecto..

Si se organizara un referéndum para resolver el problema, el poder central no podría oponerse. Fue la decisión adoptada para los kurdos. La cuestión es que entonces, durante la ratificación de la constitución en 2005, nadie podía pensar que esta disposición pudiera ser utilizada por los árabes y mucho menos por los sunitas.