Rebelión en Egipto
y el mundo árabe

El enviado de Obama para mediar en la crisis dice que el dictador debe seguir en
el cargo para hacer posible la transición

EEUU da respiración asistida al régimen de Mubarak

Por Óscar Abou–Kassem
Enviado especial a Egipto
Público.es, 06/02/11

El Cairo.– Desesperado por intentar desactivar la revuelta popular y aferrarse al poder, el tambaleante régimen de Hosni Mubarak anunció la dimisión de la cúpula directiva del partido oficialista. La medida cuenta con el beneplácito de Washington, que da así un poco de respiración asistida a un Gobierno egipcio que hace dos días parecía amortizado. "Necesitamos un consenso nacional antes de seguir avanzando. El presidente de Egipto debe seguir en su cargo hasta que se pueda avanzar en esos cambios", dijo Frank Wisner, el enviado especial de Estados Unidos para mediar en la crisis egipcia.

Pero los protagonistas de la protesta siguen decididos a no ceder en su principal exigencia: la salida inmediata del presidente egipcio. La dimisión de Gamal, el hijo de Mubarak predestinado a heredar la presidencia del país, y de toda la junta directiva del Partido Nacional Democrático no fue suficiente. La idea apadrinada por Washington de dejar a Mubarak casi como un presidente honorífico y permitirle una salida digna en los próximos meses no es aceptada por los manifestantes que volvieron a acudir masivamente y de forma pacífica a la plaza Tahrir (Liberación).

La situación actual no permite avanzar, ya que los tres actores principales mantienen la comunicación estancada. A un extremo está el Gobierno, que apenas habla con la oposición, la cual a su vez es incapaz de comunicarse con una protesta popular que no tiene dirigentes y que sólo quiere la salida de Mubarak.

Tras fracasar el plan A, que consistía en aplastar con sus matones a los manifestantes, el régimen intenta ahora desactivar la protesta haciéndoles responsables de la crisis ante los ojos de los egipcios. Para intentar normalizar la situación actual, el Gobierno egipcio anunció que hoy abrirán los bancos tras una semana de cierre. Según las estimaciones de Crédit Agricole, la crisis está costando a Egipto 230 millones de euros al día.

A la plaza Tahrir acudió un comandante del Ejército egipcio para intentar persuadir a los manifestantes para que dejen la protesta. "Tenéis todo el derecho a expresaros pero, por favor, salvad lo que queda de Egipto. Mirad a vuestro alrededor", dijo Hasán Al Roweny con un altavoz. La multitud le calló con gritos: "¡Nosotros nos quedamos, Mubarak se va!".

El papel del Ejército está resultando ambiguo. Por un lado no disparan ni atacan a los manifestantes, pero no los defendieron cuando fueron brutalmente atacados por los partidarios del presidente, desaparecidos. El Ejército complicó todo lo posible los accesos a la plaza con unos controles lentísimos que provocaron largas colas. "Casi muero aplastado en una avalancha en la cola", afirmó Mohamed Radwan tras superar un control militar.

"El miércoles nos tenían que haber protegido. No están acostumbrados a tener que tratar con la gente y sólo provocan el caos. Están cansados y quieren que esto termine ya", afirmaba Nora El Gazar, una joven que se encontraba en el centro de la plaza leyendo Masry Al Youm, un periódico reformista. Su amiga Sundus también lo tenía claro: "No se puede decir que el Ejército esté con nosotros".

Barricadas

Pese a todo, la vida sigue siendo de color de rosa dentro de la plaza. Se han multiplicado las tiendas de campaña y la autogestión funciona a pleno rendimiento. Sobra la comida y se ha conseguido tener energía al reconducir los cables eléctricos de los semáforos.

La defensa de la plaza a base de barricadas y cascotes de rocas también está lista para repeler otra agresión. Junto a la rotonda hay dos escenarios con altavoces. En ellos se recitaba poesía, se cantaban canciones populares y se lanzaban arengas para mantener encendida la revolución.

Además de varios hospitales de campaña, también hay pequeñas enfermerías. En una de ellas estaba Ahmad Nur, un marino con conocimientos básicos de medicina. "No nos fiamos de Mubarak. El problema es que es difícil acabar rápidamente con un régimen que dura tanto tiempo", explicaba.

En el extremo sur de la plaza Tahrir y junto a la mezquita permanecen acampados los Hermanos Musulmanes. Abdel Fatah Saba, padre de 10 hijos, defendía un mensaje de unidad: "No queremos instaurar la sharia [ley islámica], eso es algo que tendrá que decidir el pueblo. Aquí todos somos egipcios con el mismo objetivo".


El enviado de Obama dice que “la continuidad de
Mubarak en el liderazgo político de Egipto
es fundamental”

Por Robert Fisk
Desde El Cairo
The Independent, 07/02/11
Islam Times, 07/02/11

Obama trata de limitar el daño después de que Frank Wisner, su enviado a El Cairo, hizo un fuerte llamado para que Mubarak siga en su puesto. Wisner trabaja para una firma de abogados de Nueva York y Washington que asesora al gobierno del dictador egipcio.

Los asombrosos comentarios de Wisner –“La continuidad de Mubarak en el liderazgo político de Egipto es fundamental: es la oportunidad con la que cuenta para escribir su propio legado”– sorprendió a la oposición democrática de Egipto y puso bajo cuestionamiento la postura de Obama, así como también la de la secretaria de Estado de los Estados Unidos, Hillary Clinton.

Recién ahora, el Departamento de Estado del país norteamericano y el propio Wisner proclamaron que esos comentarios fueron realizados a “título personal”. Pero no hay nada “personal” en las conexiones que Wisner tiene con la compañía de litigios Patton Boggs, que alardea abiertamente de su patrocinio a “las Fuerzas Armadas egipcias, a la Agencia Egipcia de Desarrollo Económico” y del manejo que realizó de “arbitrajes y litigios en defensa del gobierno (de Mubarak) en Europa y Estados Unidos”.

Es extraño, pero ni un solo periodista rescató esta extraordinaria conexión con el gobierno estadounidense, menos aún el descarado conflicto de intereses que parece representar tal vínculo.

Wisner es un diplomático retirado que cuenta con 36 años de carrera en el Departamento de Estado. En otras palabras, el hombre no es un enviado político. Pero es inconcebible que Hillary Clinton no haya sabido de su empleo en una compañía que trabaja para el mismísimo dictador que ahora defiende en la cara de una masiva oposición democrática en Egipto. Entonces, ¿por qué lo envió a hablar con Mubarak, quien es en efecto un cliente de los empleadores de Wisner?

Patton Boggs sostiene que sus abogados “representan a algunas de las familias más poderosas del mercado comercial egipcio y a sus compañías” y que “han estado involucrados en proyectos de infraestructura en las áreas petroleras, gasíferas y de las telecomunicaciones. Uno de los socios de ese buffet de abogados ofició de director de la Cámara de Comercio Egipcio–estadounidense. La compañía también intervino en las disputas por los contratos de presupuesto de las Fuerzas Militares, en cuyos acuerdos logró que Washington financiara al ejército egipcio con alrededor de 1,3 mil millones de dólares.

Wisner se sumó a Patton Boggs hace más o menos dos años, tiempo más que suficiente para que tanto la Casa Blanca como el Departamento de Estado del país norteamericano supieran de las conexiones íntimas entre la empresa y el régimen de Mubarak. El investigador político estadounidense, Nicholas Noe, ahora instalado en Beirut, ha pasado semanas investigando los puntos de unión entre Wisner y Patton Boggs, y preguntándose las implicaciones de sus descubrimientos.

En ese sentido, apuntó: “La clave de la cuestión del envío de Wisner a El Cairo a instancias de Hillary es el conflicto de intereses que se abre entonces. Y, más que eso todavía, la idea de que Estados Unidos está ahora subcontratando o “privatizando” sus intervenciones en las crisis políticas de otros países. ¿Es que está escaso de diplomáticos?”.

“Aun en tiempos muy antiguos hubo presidentes que enviaron a alguien ‘respetado’ o ‘cercano’ a un líder extranjero como para aceitar una salida a tales crisis, pero entonces nunca el enviado en cuestión recibía un sueldo de parte del líder a quien supuestamente tenía que ‘correr del medio”, se explayó Noe.

Patton Boggs mantiene un “vínculo de afiliación” con Zaki Hashem, una de las firmas legales más prominentes de Egipto. El propio Zaki Hashem en persona fue ministro del gabinete del predecesor de Mubarak, el ex presidente Anwar Sadat, y luego se convirtió en la cabeza de la Sociedad Internacional de la Ley egipcia. Irónicamente, uno de los asesores de Zaki Hashem fue Nabil El Araby, una de las 25 personalidades que los manifestantes de la plaza Tahrir eligieron para exigir el derrocamiento de Mubarak.

Nabil El Araby, un ex miembro de la Comisión Internacional de la Ley de las Naciones Unidas, me dijo ayer que no hace más de tres años que no tiene relación con Zaki Hashem y que no tenía “ni idea” del porqué Wisner salió a apoyar la continuidad de Mubarak en el poder. El, de todas maneras, creía que era esencial que Mubarak realizara una digna e inmediata retirada.

Cuando Frank Wisner se sumó a Patton Boggs, en marzo de 2009, la compañía lo describió como “uno de los diplomáticos más respetados de la nación”, que aportaba “una estrategia global en el patrocinio de clientes que solicitan asesoramiento en el mundo de los negocios, la política y las leyes internacionales”. La firma sostuvo específicamente que “el embajador Wisner cuenta con su experiencia en Medio Oriente y en la India a la hora de asistir a sus clientes estadounidenses y del resto del mundo”.

Todavía no sabemos qué clase de experiencia le confirió al tratamiento de las relaciones internacionales con el dictador de Egipto. Pero sus declaraciones durante el fin de semana no dejan lugar a dudas sobre el consejo que le propinó al viejo caballero: que se aferrase al poder por algunos meses más. La vasta red de compañías de familia relacionadas con el régimen de Mubarak es el blanco de los manifestantes pro–democracia en Egipto.

Un vocero del Departamento de Estado de Estados Unidos deslizó que “presumía” que Clinton sabía del empleo de Wisner en Patton Boggs y de los vínculos de la firma con el gobierno de Mubarak, pero se rehusó a emitir comentarios sobre posibles conflictos de intereses en el trabajo del “enviado”. Nadie de Patton Boggs que esté condiciones de hacer declaraciones quiso hacerlas.


La doble diplomacia de Occidente

La UE y EEUU dicen defender los derechos humanos,
pero en verdad respaldan las dictaduras
del mundo árabe

Por Guillaume Fourmont
Público.es, 06/02/11

Michèle Alliot–Marie, la ministra de Asuntos Exteriores de Francia, es la encarnación de la diplomacia occidental en el mundo árabe: mientras la Constitución de su país como todas las de los países de la Unión Europea y de Estados Unidos consagra la democracia y los derechos humanos como valores universales, ella viaja en el jet privado de un amigo de Zin el Abidin Ben Alí y ofrece material antidisturbios a las fuerzas del dictador huido de Túnez. Una actitud que recuerda a la de Franklin D. Roosevelt, quien, mientras los Aliados acosaban a Adolf Hitler en Berlín, se reunía con el rey Abdelaziz ibn Saud, otro dictador y cuyos hijos dirigen ahora con mano de hierro el primer productor mundial de petróleo, Arabia Saudí.

La defensa de la democracia y de los derechos humanos siempre ha tenido un límite: los intereses económicos y de dominación de las grandes potencias occidentales.

"Lo que ha ocurrido en Túnez ha dejado con el culo al aire a los países europeos", sentencia Bernabé López García, catedrático de Historia del Islam Contemporáneo en la Universidad Autónoma de Madrid. Porque el Túnez de Ben Alí se beneficiaba bajo la protección de Francia, la antigua potencia colonial de un acuerdo de asociación con la Unión Europea; es decir, el derecho a una ayuda de unos 90 millones de euros al año. En cambio, los grandes grupos europeos como Orange podían hacer comercio en total libertad en el país.

Marruecos, Argelia, Libia, Egipto, Jordania y Siria también firmaron acuerdos con la UE. Todas son dictaduras. En el caso de EEUU, su mejor aliado en Oriente Próximo después de Israel es el Egipto de Hosni Mubarak, que recibe de Washington unos 1.500 millones de dólares al año, 1.000 millones de los cuales son para las fuerzas armadas egipcias. Desde 1991, Arabia Saudí compró por más de 30.000 millones en armamento estadounidense. Las revueltas en Túnez y en Egipto han puesto en aprieto a la diplomacia occidental.

Autor de El mundo árabe explicado a Europa (editorial Icaria), Bichara Khader explica: "Desde la constitución de los Estados árabes poscoloniales, los países occidentales utilizaron esos regímenes, primero contra la Unión Soviética, luego contra posibles levantamientos religiosos, como pasó en Irán en 1979". Esos regímenes debían ser sólidos frente a los enemigos del primer mundo: la inmigración y el islamismo.

"La relación de Occidente con el Magreb parte de un status quo. Los países del Norte de África deben respetar un pliego: abrir sus mercados, no molestar su política exterior en la zona e impedir el auge del islamismo", añade Hasni Abidi, director del Centro de Estudios e Investigación sobre el Mundo Árabe y el Mediterráneo de Ginebra. Era precisamente todo lo que prometía Ben Alí a los europeos en Túnez; hasta el embajador de Francia en el país norteafricano no creía en la fuerza de las revueltas ni en la caída del tirano.

Reunido el viernes para hablar de la economía de los países árabes, el Consejo Europeo habló de la situación en Egipto. Pero nada. No presionó a Mubarak y llamó al respeto de manifestaciones pacíficas. En total contradicción con los tratados europeos, que basan la acción de la UE en el escenario internacional en "la universalidad e indivisibilidad de los derechos humanos". ¿Mala fe? "Hay una incoherencia entre el discurso de Europa, en sus textos, y la práctica. Pero no se trata de mala fe, sino de una concepción de realpolitik", responde Khader.

Mientras la Casa Blanca respaldó al pueblo tunecino, el discurso estadounidense sobre la situación en Egipto fue menos contundente. Porque "el petróleo árabe, los intereses de Israel y el Canal de Suez son factores importantes para la política estadounidense hacia su gran aliado en la zona", responde el investigador argelino Aomar Baghzouz. Una visión que comparte Khader: "Egipto permite a EEUU proteger las relaciones con Israel y dejar que éste ocupe Líbano o Gaza sin que nadie haga nada". "Washington sólo ha conseguido neutralizar Egipto", concluye.

Desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, el islam se ha convertido en el supuesto enemigo de las sociedades occidentales. La Revolución Islámica en Irán en 1979 y la victoria anulada con el apoyo de Occidente de los islamistas en Argelia en 1992 habían dejado un mal recuerdo en las cancillerias occidentales. "Es mejor respaldar a un dictador que animar procesos democráticos que supuestamente permitirían a los radicales alcanzar el poder. EEUU y los europeos dicen que promueven los valores democráticos en el mundo árabe, pero no quieren de las consecuencias de la democracia que amenazarían sus intereses económicos y geopolíticos", explica Bagzouz.

Un error, según Bernabé López García, porque "el islamismo radical es un fantasma; el yihadismo existe, pero es muy marginal". Las agrupaciones islamistas de Túnez el partido Ennahda y Egipto los Hermanos Musulmanes "han tenido un perfil bajo en las revueltas y nunca sacaron los pies del plato", continúa el catedrático. "Es difícil saber si los Hermanos Musulmanes serán la principal fuerza política en Egipto porque, aunque sea una formación preparada, el fin de la era Mubarak no significa el fin del autoritarismo", añade Hasni Abidi.

Mientras el diario argelino Le Quotidien d'Oran insiste en que "el Magreb no debe esperar nada de Europa", los expertos consideran que la crisis actual en el mundo árabe es la oportunidad para la UE y EEUU de dar un giro diplomático. Para Bichara Khader, hay que "acompañar la revolución tunecina para fortalecer la democracia, tratar de igual a igual con los países árabes".

El novelista egipcio Alaa El Aswany escribió con cierta ironía el pasado fin de semana esta frase: "Francia nos dio el ejemplo con escritores como Camus y Sartre, comprometidos por la libertad". Y Egipto grita a Mubarak: "¡Váyase!".