Rebelión en Egipto
y el mundo árabe

Es el mayor movimiento social en el mundo árabe desde la Segunda
Guerra Mundial...

Y los sindicatos marcaron el camino

Por David Macaray (*)
Counterpunch, 01/02/11
Sin Permiso, 06/01/11
Traducción de Ana Maria Garriga

Demos algún crédito a los sindicatos egipcios. Según un informe presentado en un simposio patrocinado por el Carnegie Endowment for International Peace, en febrero 2010, han habido más de 3.000 protestas de trabajadores egipcios desde 2004. Es un número asombroso. El informe declaraba que esta cifra “[subestima] las protestas políticas egipcias tanto en escala como por las consecuencias”

Se puede argüir que el actual malestar político de Egipto ha estado inspirado y estimulado por las acciones del movimiento obrero del país – al igual que puede decirse que las protestas callejeras masivas de los sindicatos norteamericanos sirvieron de ejemplo a las protestas contra la guerra durante la Guerra del Vietnam. Joel Beinin, profesor de la Stanford University, se refirió al activismo obrero de Egipto como “…el mayor movimiento social del mundo árabe desde la Segunda Guerra Mundial”.

Si bien es cierto que hay muchas similitudes entre los sindicatos de todo el mundo, es difícil e incluso contraproducente juzgar y comparar y todavía menos equipararlos. Sencillamente hay demasiadas fuerzas culturales y políticas en juego para sacar cualquier conclusión significativa.

Por ejemplo, el mayor sindicato del mundo – el ACFTU (la Federación de sindicatos de toda China), con la impresionante cifra de 134 millones de miembros– ni siquiera es un verdadero sindicato, al menos no en el sentido en que lo son la UAW o el Teamsters. Simplemente, hay demasiado control gubernamental para compararlo con un sindicato europeo o americano.

Aunque ha habido mejoras significativas en los derechos de los trabajadores en China – especialmente desde el 2.000) el ACFTU es todavía un instrumento del gobierno. Los trabajadores chinos son muy prudentes y reflexivos en su manera de proceder. El papel de los trabajadores en China se puede resumir en una frase: el ACFTU tiene la libertad y autonomía que el gobierno chino quiera otrogarle en un momento determinado. Ni más, ni menos.

México es otro ejemplo de lo difícil que es generalizar. Mientras que algunos de los sindicatos mexicanos son los más duros, audaces y aguerridos, del mundo (cuando van a la huelga, ¡cierran las puertas y ocupan los edificios!) otros no son mucho más que lacayos del gobierno, débiles y corruptos. Es más, a diferencia de los USA, para ser reconocido como sindicato en México hay que solicitarlo, lo que deja a muchos colectivos de trabajadores bien intencionados fuera de juego.

India es probablemente el país (no europeo) que presenta mayores similitudes respecto a los sindicatos americanos. Los sindicatos indios son libres, democráticos, camorristas y ,con todas las inversiones internacionales que gotean en el país, están en fase ascendente. A este respecto, recuerdan lo que fueron anteriormente los USA, en la época álgida de las industrias con chimeneas y el trabajo organizado.

Además, en la India el movimiento obrero tiene la virtud adicional de estar más o menos alineado con un partido comunista razonablemente saludable, lo que significa que el trabajo organizado en la India sabe exactamente donde están sus raíces ideológicas y no necesita pretender otra cosa.

El sindicalismo egipcio tiene su propia historia. Fue en 1942 cuando los trabajadores egipcios consiguieron el derecho a agruparse en sindicatos y, en 1952 (cuando la monarquía fue derrocada) que el gobierno permitió la formación de grupos más amplios – federaciones de sindicatos. Más tarde, el gobierno autorizó la formación de una “confederación nacional del trabajo”, con sindicatos a los que podían adherirse un mínimo de 1.000 miembros.

Actualmente, aproximadamente un 28 por ciento de la fuerza de trabajo egipcia está sindicalizada y la mayor parte de sus miembros son funcionarios. (El grado de sindicalización en los USA es de un 12,4 por ciento).

A pesar de la dificultad de hacer comparaciones interculturales hay algo que es innegable: los sindicatos tienen, en cualquier parte del mundo, las mismas preocupaciones básicas y prioridades. Todos tratan de mejorar las condiciones económicas y todos reconocen la importancia de estar organizados. De hecho, los egipcios acaban de demostrar como puede ser de contagioso este tipo de solidaridad.

Entonces, si pudiéramos tan solo conseguir que 200.000 sindicalistas norteamericanos siguieran el ejemplo de Egipto, si pudiéramos conseguir que 200.000 trabajadores norteamericanos se manifestaran públicamente – por ejemplo, bloqueando Wall Street, el 1º de Mayo, contra la política comercial USA – conseguiríamos una cobertura completa en Al Jazeera. ¿Qué efecto tendría esto?


(*) David Macaray, dramaturgo de Los Ángeles, es el autor de “It’s Never Been Easy: Essays on Modern Labor”. (Nunca ha sido fácil: ensayos sobre el sindicalismo moderno). Fue presidente de la unión sindical AWPPW Local 672 durante 9 mandatos.