Rebelión en Libia

‘Hermano’ Gadafi, te estás cayendo

Por Pepe Escobar (*)
Asia Times, 23/02/11
Rebelión, 23/02/11
Traducido por Germán Leyens

Se sabe que se acerca el final cuando un dictador desencadena un infierno desde el cielo sobre sus propios compatriotas civiles desarmados y bombardea partes de su propia capital. También es un puente demasiado lejano incluso según los estándares inconfesables de dictadores respaldados por Occidente en el mundo árabe.

Se sabe que el (espantoso) show se podría estar acabando cuando el Jeque Yousef al-Qaradawi, una de las autoridades suníes más populares del mundo, no sólo por su show semanal en al-Yazira, emite una fatua: “Ahora estoy emitiendo una fatua para matar a [Muammar] Gadafi. A todo soldado, a todo hombre que pueda apretar el gatillo y matar a ese hombre, que lo haga”, y luego ora en directo en al-Yazira, por el fin del dictador libio (“Oh Dios, salva a los libios de este faraón”. Cuando termina, el presentador de al-Yazira dice “Amén”).

Sabes que las campanas están doblando cuando tu “Brigada Abu Omar”, responsable de tu protección, sigue desatando una violencia asesina; pero tus embajadores de todo el mundo desertan en masa; tu propio embajador adjunto en las Naciones Unidas, Ibrahim Omar al-Dabashi, dice que tu gobierno está perpetrando un genocidio; tus pilotos de cazabombarderos se niegan a bombardear tus ciudades; tus oficiales militares, en una declaración, llaman a todos los miembros del ejército a dirigirse a Trípoli para deponerte; una coalición de dirigentes islámicos dice a todos los musulmanes que su deber es rebelarse contra ti debido a tus “sanguinarios crímenes contra la humanidad”; y para rematar, la gente llama a una “marcha de un millón”, siguiendo el modelo egipcio.

¿Y qué pasa con los Halcones Malteses? En un día de volcánica actividad, cuesta superar la espectacular deserción de dos coroneles de la Fuerza Aérea Libia, que volaron en sus Mirages a Malta. Se habían negado a bombardear a los manifestantes en Bengasi y dijeron a las autoridades maltesas que habían llegado tan cerca de cumplir con su misión que pudieron ver a la multitud en tierra. También entregaron información “clasificada” sobre lo que han estado haciendo los militares libios.

Y todo esto en un solo día, lunes.

No bastó con enviar a mercenarios “africanos negros” a disparar a matar en Bengasi. Ya el domingo, el Jeque Faraj al-Zuway, líder de la crucial tribu al-Zuwayya en el este de Libia, había amenazado con cortar las exportaciones de petróleo a Occidente en 24 horas a menos de que se detuviera lo que llamó “opresión de manifestantes” en Bengasi.

Akram Al-Warfalli, líder de la tribu al-Warfalla, una de las mayores de Libia, en el sur de Trípoli, había dicho a al-Yazira que Gadafi “ya no es un hermano, le decimos que abandone el país”. Los 500.000 bereberes, tuaregs, del desierto meridional, también están contra él. Cuando cuatro tribus cruciales –la espina dorsal de tu sistema– marchan sobre Trípoli para librarse de tu persona, más vale que pongas cuidado.

Es posible que la historia termine por registrar cómo el horrible régimen de 41 años de Gadafi en Libia (ya estaba en el poder cuando “Truculento” Richard Nixon era presidente de EE.UU.) se derrumbó virtualmente en sólo 24 horas. Habrá sangre –mucha sangre-; pero el “hermano” va a caer.

“Ríos de sangre correrán por Libia”

El comienzo del fin fue típico de un dictador árabe; Saif al-Islam al-Gadafi, que parecía un gorila elegante con traje y corbata, apareció en la televisión estatal libia el domingo por la noche en lugar de su padre para pronunciar un discurso amenazador/repelente/patético que sólo enfureció aún más a las masas libias después de seis días de protestas en la histórica región Cirenaica.

Después de amenazar con “erradicar los focos de sedición” (ecos de dirigentes iraníes erradicando protestas la semana pasada), el hijo “modernizador” de Gadafi dijo que los libios corren el riesgo de poner en marcha una guerra civil en la que "se quemará" la riqueza petrolera de Libia.

En 2009 Said recibió un doctorado en la Escuela de Economía de Londres (LSE) con una tesis titulada “El papel de la sociedad civil en la democratización de instituciones de gobierno global: del ‘poder blando’ a la toma colectiva de decisiones”. El año pasado pronunció una conferencia al respecto en la LSE.

¿No es maravilloso que los dictadores más horrendos del mundo puedan enviar a sus vástagos a las mejores escuelas del mundo donde pueden apaciguar la falsa conciencia de Occidente, mientras en casa amenazan abiertamente a su propio pueblo y utilizan disparos de francotiradores, armas automáticas y artillería pesada contra sus compatriotas desarmados?

Es dudoso que la LSE haya enseñado a Saif cómo iniciar una guerra civil relámpago con sólo una diatriba. Pero es lo que logró.

El escritor libio Faouzi Abdelhamid –comparando el nombre Saif al-Islam ("espada del Islam") con Saif al-I'dam ("espada de ejecución")- surgió a toda máquina, calificando a todo el clan Gadafi de criminales y ladrones: “Ni siquiera tenéis derecho a vivir entre nosotros como ciudadanos comunes, porque sois culpables de alta traición”.

Para cuando Saif estaba lanzando sus amenazas, la ciudad oriental de Bengasi ya había caído en manos de los manifestantes. Trípoli era la siguiente, el lunes. Mientras el régimen bloqueaba todas las líneas telefónicas, ocasionales twits frenéticos transmitieron el lunes toda clase de rumores y hechos aterradores –inevitablemente eclipsados por el sonido aciago de munición de guerra-. Los helicópteros descargaban balas sobre la gente en las calles. Los cazabombarderos lanzaban ataques. Los francotiradores disparaban desde los tejados.

Escuelas, oficinas gubernamentales y la mayoría de los negocios de Trípoli estaban cerrados, y “Comités Revolucionarios”, es decir matones del régimen, patrullaban las calles a la caza de manifestantes en la ciudad vieja de Trípoli. Según Salem Gnan, portavoz basado en Londres del Frente Nacional por la Salvación de Libia, 80 personas pueden haber muerto cuando los manifestantes rodearon la residencia de Gadafi y les dispararon desde el interior del complejo.

Mientras la Sala del Pueblo –donde el parlamento se reúne cuando sesiona en Trípoli– era incendiada y todas las ciudades al sur de Trípoli iban siendo progresivamente “liberadas”, al-Yazira logró rastrear la fuente del bloqueo de la frecuencia de su satélite Arabsat hasta un edificio de los servicios de inteligencia libios al sur de la capital.

Ahmed Elgazir, investigador de derechos humanos del Centro Noticioso Libio (LNC) en Ginebra, dijo posteriormente a al-Yazira que recibió un pedido de ayuda por teléfono satelital de una mujer que presenciaba una matanza. Testigos presenciales informaron a Agence France-Presse de otra “masacre” en los distritos Fashloum y Tajoura de Trípoli. La noche del lunes la cantidad (no confirmada) de muertos sólo en Trípoli había llegado por lo menos a  250.

Entre los libios toda la información del país se transmitía y se sigue transmitiendo, virtualmente, de boca en boca. Pero los twits que llegaron a al-Yazira o a la BBC también subrayaron un profundo disgusto por el silencio ensordecedor de la “comunidad internacional” (“¿Sólo vale la pena mencionarnos cuando tiene que ver con petróleo o terrorismo?”)

Resumen de las condenas motivadas por el petróleo

Ciertamente, la denominada “comunidad internacional” comenzó a darse cuenta de la situación cuando el periódico The Libyan Quryna informó de que habían comenzado protestas en la ciudad norteña de Ras Lanuf, cuya refinería de petróleo procesa 220.000 barriles de petróleo diarios.

Sí, aparte de las bufonadas de Gadafi, Libia influye en Occidente porque exporta 1,7 millones de barriles de petróleo al día. Su producto interno bruto es de 77.000 millones de dólares –número 62 en el ranking mundial-; en teoría eso implica un ingreso per cápita de más de 12.000 dólares al año, más, por ejemplo, que Brasil, miembro del BRIC. Pero la norma es una profunda desigualdad: aproximadamente un 35% de los libios vive bajo la línea de pobreza y el desempleo asciende a un insoportable 30%. La riqueza petrolera se queda en Tripolitania. Libia este -Cirenaica– donde comenzó la revolución contra Gadafi, es terriblemente pobre.

En el frente del alto riesgo, la Autoridad Libia de Inversión (LIA) –también propietaria de un fondo de alto riesgo basado en Londres– ha invertido más de 70.000 millones de dólares en todo el mundo. Es un importante accionista, por ejemplo, del Financial Times, Fiat y de uno de los principales equipos de fútbol italianos, Juventus. LIA invierte –y tiene intención de invertir– miles de millones en Gran Bretaña.

Pasemos a los ministros de exteriores de la Unión Europea (UE), que emiten la usual condena insulsa y burocrática. Por lo menos el primer ministro italiano, ídolo del “bunga bunga” y estrecho compinche de Gadafi, Silvio Berlusconi, quien primero había dicho que no quería “molestar” a su amigo, tuvo que calificar de “inaceptable” la masacre de civiles y afirmar que estaba “alarmado”. Para ver a Berlusconi besando literalmente las manos de Gadafi, [ haga clic aquí ]. Como mínimo el 32% de las exportaciones de petróleo de Libia va a Italia.

Y luego tenemos otro ejemplo clásico, el silencio ensordecedor de Washington. La secretaria de Estado de EE.UU., Hillary Clinton, emitió la acostumbrada condena insípida. El científico y activista libio-estadounidense Naeem Gheriany dijo al Institute for Public Accuracy que el gobierno de Barack Obama “dice que está ‘preocupado' por la situación, pero no hay una verdadera condena a pesar de la terrible situación. Están masacrando a centenares de personas. Se informa de que Gadafi utiliza cañones antiaéreos para disparar a la gente. Aparentemente, en unos pocos días han matado a más gente en Libia que en semanas en Irán, Túnez, Bahréin, Yemen, e incluso Egipto (que tiene una población mucho mayor)… Ni siquiera el petróleo puede justificar este silencio.”

Sobra mencionar que Washington y Gadafi han sido los mejores compinches en la “guerra contra el terror”. El agente capturado de al-Qaida, Ibn al-Sheikh al-Libi, objeto de una “entrega” de la CIA al ex presidente egipcio Hosni Mubarak y a Omar "Jeque al-Tortura" Suleimán, quienes lo torturaron debidamente para que confesara una conexión inexistente entre Sadam y al-Qaida con las armas de destrucción masiva y que utilizó el entonces secretario de Estado Colin Powell como “inteligencia” en su discurso en las Naciones Unidas en febrero de 2003, fue posteriormente rastreado en Libia por Human Rights Watch antes de terminar su vida en un supuesto “suicidio”.

¿Villa en Milán o en La Haya?

El escritor opositor libio Ashour Shamis ha señalado: “Para Gadafi es una cuestión de matar o morir”. La familia dijo al periódico saudí al-Sharq al-Awsat: “¡Todos moriremos en suelo libio! Eso significa Gadafi y una serie de vástagos odiados.

Su hijo Khamis –comandante de una unidad de elite de fuerzas especiales, entrenado en Rusia– es el cerebro de la represión en Bengasi. Su hijo Saadi, también está, o estaba, allí, junto con el jefe de la inteligencia militar Abdullah al-Senussi.

Su hijo Muatassim es el consejero de seguridad nacional de Gadafi y, hasta ahora, su posible sucesor. En 2009 trató de establecer su propia unidad de fuerzas especiales para debilitar el poder de Khamis.

Su hijo Said, el “modernizador” con un diploma de la LSE, no se lleva bien con la vieja guardia del régimen y los temidos “Comités Revolucionarios”.

Su hijo Saadi es básicamente un matón al que le gusta formar escándalos en los clubes nocturnos en Europa. Lo mismo vale para su hijo Hannibal.

Todo parece y suena como una película barata de gángsteres salpicada de sangre. ¿Y qué pensar de la extraña aparición de 20 segundos de Gadafi en la televisión estatal el martes (“Estoy en Trípoli, no en Venezuela”), empuñando un paraguas, sentado dentro de furgón color crema y llevando un sombrero de invierno con orejeras, sin la menor idea de lo que estaba sucediendo? (Después de todo apoyó hasta el final a sus amigos, Zine el-Abidine Ben Alí, de Túnez, y Mubarak). Calificó de “perros” a los canales de televisión –como al-Yazira- (En los años ochenta ya utilizó grupos de sicarios para matar a “perros callejeros” exiliados que cuestionaban su revolución).

A pesar de todo no hay que subestimar a Gadafi. Controla toda la infraestructura –defensa, seguridad, asuntos exteriores-. Más a todos esos mercenarios/exterminadores “africanos negros” pagados con oro. Ali Abdullah Saleh de Yemen dijo que su país no es Egipto o Túnez. Gadafi dijo que Libia no es Egipto o Túnez. Mubarak dijo que Egipto no es Túnez.

Todos se equivocaban: todo el mundo árabe es ahora Túnez. Las masas libias odian a “su” líder. Incluso otros dictadores árabes –con la excepción de la Casa de Saud– lo odian. Tiene pocas opciones para expatriarse. Hugo Chávez de Venezuela tendría que estar loco para ofrecerle asilo y así destruir para siempre su credibilidad de “campeón de los pobres”.

Bueno, todavía queda Berlusconi. Una hermosa villa cerca de Milán, excelente pasta y puede colocar su carpa de beduino en los lujuriosos jardines. Y si a Berlusconi lo mandan a la cárcel en abril en su juicio por el "Rubygate", Gadafi incluso podría mudarse a la residencia principal. Pero después de bombardear desde el aire a sus propios ciudadanos, de contratar a mercenarios para que los maten, sólo queda un destino de primera calidad: el Tribunal Penal Internacional en La Haya.


(*) Pepe Escobar es autor de “Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War” (Nimble Books, 2007) y “Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge”. Su último libro es “Obama does Globalistan” (Nimble Books, 2009). Puede contactarse con él en: pepeasia@yahoo.com.


A Gadafi le va la opción Tiananmen

Por Pepe Escobar (*)
Asia Times, 24/02/11
Rebelión, 24/02/11
Traducido por Sinfo Fernández

"La unidad de China era más importante que la gente que estaba en la Plaza de Tiananmen”
“Es imposible que los jóvenes puedan seguir a otro que no sea yo. Si no es a Gadafi,
¿a quién más van a seguir? ¿A alguien con barba?”

(Muammar Gadafi, Libia, 22 de febrero de 2011)

Me estoy refiriendo al Discurso del Rey; al discurso del Rey de Reyes africano. Puede que el furioso, delirante, poseído y profeta–psicópata Muammar Gadafi haya improvisado la disparatada perorata final que llenó de escalofríos la espina dorsal del pueblo libio y del mundo entero, pronunciada exactamente desde la casa familiar que el ex Presidente estadounidense Ronald Reagan bombardeó en 1986. Su mensaje quedó claro: habrá baño de sangre.

¿Hay algo en eso realmente nuevo? Después de todo, Gadafi es un maestro de la política del miedo. Amenazó con la pena de muerte a quien se opusiera a sus 41 años en el poder; les llamó “ratas grasientas”, drogadictos y víctimas de la conspiración extranjera: EEUU, al–Qaida, Gran Bretaña, Italia, la televisión por satélite y las drogas alucinógenas. Ordenó a sus seguidores que “limpiaran” la nación “casa por casa”, inspirado por su indeseable colección de horribles retoños. Uno no podía sino recordar los últimos días de Saddam Hussein antes de que le bombardeara otro presidente estadounidense, George W. Bush.

Abdulmoneim al–Honi, que presentó su renuncia como representante de Libia ante la Liga Árabe, dice que Gadafi está atrincherado en la base de Bab al–Azizia. Sólo hay otras dos bases que pueden seguir bajo su control total: al–Saadi y Sirte. “El resto del país está controlado por los jóvenes”. Es a quienes Gadafi llama “ratas”. Pero no hay indicios de que esos roedores adictos a la democracia vayan a sentirse intimidados, ni siquiera con la perspectiva de tener que enfrentarse –de nuevo– a los escuadrones de aviones MIG–23 equipados con cohetes y ametralladoras pesadas y pilotados por mercenarios ucranios, serbios y pakistaníes. El escenario para el enfrentamiento final ya está dispuesto.

La diatriba bien puede haber sido el momento Hitler de Gaddafi, con su enfermera ucraniana en el papel de la consorte del dirigente alemán Eva Braun. Evocó la siniestra opción de Tiananmen –cuando en 1989 China aplastó a los manifestantes– para contener un “caos” creado por la orden de disparar a matar de su propio régimen; la imagen en espejo de este caos es la venganza del mismo régimen al que las pacíficas protestas cuestionan. Nada de lo que proponga a la nación su hijo, el “modernizador” Saif al–Islam al–Gadafi, servirá para calmar la determinación de los manifestantes. (En cuanto a la lucha por el poder de la prole de Gadafi, véase este cable de WikiLeaks.)

La sangre que mancha las manos del régimen, así como el valor pleno de humildad del pueblo libio, son evidentes. La autodenominada “Región Oriental Liberada de Libia” –con el pueblo de Bengasi, por ejemplo, organizándose en comités cívicos– y grandes franjas del sur de Libia han caído; el Estado Gadafi ya no tiene sentido.

La capital, Trípoli –repleta de fuerzas favorables al régimen–, parece al menos temporalmente haber quedado abocada, a fuerza de porrazos, al silencio. Ahora cabe hacerse dos preguntas fundamentales que están interconectadas. ¿Marcharán tras Gadafi las principales tribus del país en las horas y días siguientes? ¿Qué va a ocurrir con el ejército, dividido asimismo en complicadas líneas tribales?

En su Libro Verde de 1976 –algunas de cuyas páginas seguramente leyó durante su diatriba del martes–, Gadafi habla de erradicar el tribalismo; lo que acaba de hacer ha sido aplicar el divide y vencerás. La 32ª Brigada de su hijo Jamis al–Gadafi sigue siéndole totalmente fiel. Pero la mayor parte de las brigadas de las zonas orientales se han disuelto. Nadie sabe prácticamente cómo van a reaccionar las otras cuando Gadafi les ordene disparar en masa a los civiles. Es por esa razón por la que Gadafi necesita un tsunami de mercenarios del África Subsahariana.

¿Mercenarios o chivos expiatorios?

Hubo un tiempo en el que los africanos negros cruzaban durante días el desierto libio en atestados camiones sólo para tratar de encontrar trabajo. La otra cara desagradable de este emigración interna –económica– son los africanos negros cazados ahora en Libia como mercenarios. Al–Yazira ha exhibido los pasaportes de más de 100 mercenarios del Níger, Sudán, Chad y Etiopía que han estado disparando a matar a los manifestantes anti–Gadafi a los que apresaron en el sur de Libia. En Guinea y Nigeria se han publicado anuncios ofreciendo a los posibles mercenarios la inmensa suma de 2.000 dólares al día. Y según los tweets, hay ahora mercenarios apostados en las entradas de Trípoli para impedir que la gente pueda llegar a la capital.

El otro lado de la moneda es la Alta Comisión para los Refugiados de las Naciones Unidas (ACNUR), desesperada por el destino de los refugiados y de las personas de origen “somalí, eritreo y etíope” que buscan asilo en Libia y que, según la portavoz del ACNUR Laura Boldrini, “se arriesgan a convertirse en chivos expiatorios”.

Amnistía Internacional está pidiéndo al gobierno italiano que suspenda su acuerdo de inmigración con Libia de 2008. Es un pacto entre Gadafi y Silvio Berlusconi, por el cual Libia consigue 5.000 millones de euros a lo largo de veinte años como reparación por los años del colonialismo italiano, y Libia promete reprimir el flujo de la inmigración ilegal al sur de Europa. Nadie sabe cómo puede reaccionar ante la petición el asediado Berlusconi del “Rubygate”, sobre todo ahora que Gadafi ha llamado a su buen amiguete para que diga que “todo marcha fenomenal” en Libia.

¿Cómo impedir una guerra civil?

Una pregunta tremenda que cabe hacerse es si Gadafi contará con suficientes apoyos como para intentar arrastrar a una especie de post–Guerra del Golfo como hizo Saddam en 1991, cuando el gobernante iraquí desplegó los tanques de la Guardia Republicana y los helicópteros de combate contra los civiles en Najaf, Basora y por todo el sur chií (mientras Washington miraba hacia otro lado). Por mucho que los sunníes apoyaran la masacre de Saddam en 1991, nadie puede saber si alguna tribu libia apoyaría una masacre de Gadafi en 2011; además, no puede contar con una guerra de sunníes contra chiíes.

Lo que Gadafi hará es ir a Bengasi en busca de venganza. Por tanto, es hora ya de que los manifestantes se apoderen allí de unas cuantas armas pesadas y preparen una estrategia para una resistencia organizada. Puede que tengan que resistir durante algún tiempo, la única solución posible para evitar un baño de sangre es que las Naciones Unidas afronten la situación y declaren una zona de exclusión aérea, que podría causar estragos en la decisión del régimen de enviar mercenarios e incluso abortar una posible ofensiva contra Bengasi.

Al mismo tiempo, eso podría provocar la defección de más tribus y de más oficiales en las bases militares. El secreto del éxito tendría que estar en una resolución de las Naciones Unidas, jamás en una intervención de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, que sólo serviría para reforzar la narrativa de Gadafi respecto a “extranjeros, EEUU y los canales de televisión” tratando de volver a colonizar Libia.

Las perspectivas no son muy alentadoras, teniendo en cuenta el anodino comunicado del Consejo de Seguridad de la ONU condenando la violencia contra los civiles. El embajador adjunto de Libia ante las Naciones Unidas Ibrahim Dabbashi, que ha pedido que se fuera Gadafi, ha mantenido al menos una actitud valiente, declarando que eso sería “un buen paso a fin de parar el baño de sangre”.

No le quiten ojo al Rey Abdullah

Ahora viene la cuestión del oro negro. Estrategas de las inversiones, como Arjuna Manhendran de HSBC, están ya preocupados por el alza de los precios del petróleo “120 dólares el barril en los próximos tres meses”. Corrijamos: podría ser la próxima semana, o a primeros de marzo, ya que el precio del barril Brent para la entrega de abril estaba ya este martes pasado en Londres a 106,81 dólares. Nobuo Tanaka, el director de la Agencia Internacional de la Energía, ha sido más realista; dijo que si el petróleo permanece por encima de los 100 dólares el barril a lo largo de todo 2011, “tendremos el mismo tipo de crisis que en el 2008”; así pues, adiós al crecimiento económico global.

No sólo Libia, sino toda la región MENA (siglas en inglés de Norte de África–Oriente Medio) están pegando un susto de muerte a los mercados (ciertamente no a los autócratas del Golfo Pérsico, que tenían garantizados miles de millones en dólares de excedentes presupuestarios incluso antes de que se produjera el último repunte). La situación de los importantes campos petrolíferos, controlados más o menos por tribus independientes, si Libia llegara a desgarrarse, sería impredecible.

Libia produce 1,7 millones de barriles al día de un total global de 80 millones de barriles al día (pero retiene un importante 10% del mercado europeo). Los rebeldes que controlan el este de Libia han cortado ya el flujo del gas desde el campo de al–Wafa a Italia y a la Unión Europea, a través del gasoducto Greenstream, desde el lunes por la noche. Las terminales del petróleo libio están también inactivas.

Todo puede aún seguir siendo en cierta manera de color de rosa, en cuanto al petróleo, mientras la gran revuelta árabe de 2011 no toque a Arabia Saudí. Pero tampoco en eso hay seguridad. Cada productor energético puede reducir la producción forzando la subida de los precios, pero sólo Arabia Saudí puede aumentar la producción para que los precios caigan. Por tanto, sería esencial que la gente, antes de ponerse a comprar su próximo vehículo utilitario deportivo, examine bien la sucesión del Rey Abdullah.

Recordando 1848

Es posible que muy pocos recuerden a la entonces Secretaria de Estado de EEUU Condoleeza Rice en su gira por el norte de África en 2008 cuando dijo que las relaciones entre EEUU y Libia estaban entrando “en una nueva era de cooperación”. Aunque Libia sólo consiguió rehabilitarse en 2003, cuando Gadafi aceptó abandonar su programa nuclear y permitió que se les hiciera la boca agua a los inversores extranjeros con el gas y el petróleo; después, en 2006, Gadafi abrazó alegremente el libre mercado y se preparó para la habitual prescripción de píldoras del “ajuste estructural” del Fondo Monetario Internacional/Banco Mundial.

El ex primer ministro británico e incondicional de la guerra de Iraq, Tony Blair, jugó un papel instrumental en todo eso, incluyendo el hecho de facilitar la venta de armas, de gas lacrimógeno y material antidisturbios que la monarquía sunní de Barein y Gadafi han estado desplegando contra sus propios ciudadanos. El astuto Gadafi se las había arreglado bien para convertirse en una de los dictadores–mascota favoritos de Occidente, y el idilio parecía eterno.

La gran revuelta árabe de 2011 se parece mucho a la situación que se produjo en 1848, una primavera de los pueblos que en pocos meses conquistó Europa echando abajo el sistema político del Congreso de Viena. El problema fue que las revoluciones “dominó” de la época, desde la Sicilia de los Borbones al París de Luis Felipe, fracasaron. Pero aún así, es un placer hoy releer al Karl Marx periodista y editor del Neue Rheinische Zeitung cuando  aborda el tema de la revolución y la contrarrevolución. Sus agudos análisis tienen aún plena aplicación.

¿Estaría hoy Marx acudiendo a Facebook y a Tweeter para ver cómo por todas partes los árabes luchan por su dignidad y libertad de expresión? Vería cómo el joven manifestante en la Plaza Tahrir de El Cairo, cómo el abogado chií en la rotonda de la Perla en Barein o cómo el profesor anti–Gadafi que lucha por su vida en Bengasi han erradicado la caricatura del terrorista barbudo, que sólo existe ahora en la imaginación de Gadafi (y en las pesadillas de los neocon estadounidenses).

Sin fanatismo religioso, sin nacionalismo concreto. Del mismo modo que los europeos de 1848, que los europeos que durante la década de 1940 combatieron el fascismo, que los europeos que en 1989 tiraron el Muro de Berlín. Y, probablemente, Marx predeciría que esos pobres reclutas de Libia –al igual que los de Egipto– se unirán a sus compatriotas en vez de aplastarles con una opción al estilo Tiananmen.


(*) Pepe Escobar es autor de “Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War” (Nimble Books, 2007) y “Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge”. Su último libro es “Obama does Globalistan” (Nimble Books, 2009). Puede contactarse con él en: pepeasia@yahoo.com