Egipto

Una ira que se fue acumulando y entró en erupción

Por qué los egipcios se han decepcionado
de sus militares

Por Yolande Knell
Desde El Cairo
BBC World, 22/11/11

Tras la salida del presidente Hosni Mubarak en febrero de este año, en Egipto se vivió un período de entusiasmo y emoción. Aquellos que habían manifestado a favor de su salida no dudaron en aplaudir a los militares que tomaron el control. "El ejército y el pueblo están unidos", aclamaban. Los soldados recibieron dulces y flores, mientras los niños subían a sus tanques y posaban para fotografías. Ahora, meses después, muchos revolucionarios consideran que ese entusiasmo fue ingenuo y que las celebraciones fueron prematuras.

La manera en la que los militares han manejado el proceso de transición hacia un gobierno civil generó una ira que se fue acumulando y entró en erupción este fin de semana, dando lugar a enfrentamientos mortales en la plaza Tahrir de El Cairo.

"¿Por qué las fuerzas de seguridad atacan a la gente que defiende sus derechos? ¿Sólo quieren destruir?", se pregunta Amr Badr, miembro de la Hermandad Musulmana de jóvenes, que se unió al campamento de protesta el sábado.

"Cada vez que las fuerzas de seguridad avanzaban hacia la plaza, las empujábamos de vuelta", añade.

"El ejército y la policía mataron a un montón de gente. Estamos sufriendo mucho. Siguen disparando gases lacrimógenos para que nadie pueda respirar", agrega la activista, Amani Saleh, mientras se seca los ojos.

Ella insiste en que los manifestantes permanecerán en su lugar simbólico del corazón de la capital egipcia durante el tiempo que sea necesario.

"Queremos democracia. Nunca abandonaremos nuestro país. Nos quedaremos hasta que se vayan y podamos obtener nuestra libertad".

"Ilegítimo"

Muchos de los manifestantes ven a los generales gobernantes como una extensión del régimen anterior.

Aseguran que eran aliados de Mubarak, que fueron nombrados por él. Por ejemplo, el actual jefe del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (Scaf, por sus siglas en inglés), el mariscal de campo Mohamed Hussein Tantawi, fue su ministro de Defensa durante dos décadas.

"Tantawi fuera" e "ilegítimo" son algunas de las consignas utilizadas actualmente por los manifestantes.

Los recientes enfrentamientos comenzaron con una gran manifestación el pasado viernes dominada por los islamistas, quienes esperan obtener buenos resultados en las próximas elecciones parlamentarias.

Ellos aprovecharon para denunciar un supuesto intento del gabinete interino –apoyado por los militares– para establecer principios constitucionales que permitan al ejército conservar sus poderes luego de que ocurra la transición a un gobierno civil. Ello podría otorgarles un poder de veto sobre la nueva constitución y evitaría la revisión de su presupuesto.

Varios grupos políticos –como el Movimiento Juvenil 6 de abril– que ayudaron a impulsar la revolución de comienzos del año, se han unido a las protestas que ahora también se llevan a cabo las ciudades egipcias más importantes.

Los grupos de protesta ahora exigen que se realicen elecciones a más tardar el próximo mes de abril, debido a los rumores que sugieren que el calendario actual obligaría a que la elección presidencial se llevara a cabo a principios de 2013.

También existen demandas para que se cree un gobierno de salvación nacional que reemplace a Scaf y para que se realice una inmediata investigación sobre los últimos hechos de violencia.

"Es muy simple, necesitamos un plan claro para la transición de poder que debe incluir un calendario para las elecciones presidenciales. Lo hemos estado pidiendo desde el 11 de febrero", explica uno de los manifestantes, Tamer Abbas, quien trabaja como consultor de gestión.

"Necesitamos un gabinete de emergencia que resuelva esta situación. También necesitamos una disculpa".

Fuerzas invisibles

Por su parte, el consejo militar gobernante asegura que mantiene su plan de realizar las primeras elecciones parlamentarias el 28 de noviembre.

Algunos funcionarios responsabilizan a "fuerzas invisibles" por los problemas actuales y destacan que tienen el derecho de implementar medidas de seguridad en la plaza Tahrir y –en particular– en el Ministerio del Interior debido a los continuos intentos de ataques.

De acuerdo con Sameh Saif al Yazal, director del Instituto de Estudios de Seguridad Al Gomhoreya de Egipto, la mayoría de los egipcios sigue apoyando a los militares de manera silenciosa.

"Somos una nación de unos 85 millones de habitantes. Sólo unos pocos miles de personas están participando en estos tipos de agresión. La mayoría de la gente quiere que exista más respeto hacia el gobierno y las fuerzas policiales", dice.

Al Yazal hace hincapié en que los militares no están haciendo el trabajo que se les encomendó y que no están buscando un rol político.

"Esa información es absolutamente incorrecta. Yo garantizo que los militares y Scaf no tienen ninguna ambición de mantener el poder", dice. "Se han visto obligados a incursionar en la política. Pero después de este período, lo que más desean es volver a su trabajo normal y regresar a sus cuarteles".

Aunque las fuerzas armadas escojan permanecer detrás de bambalinas, conscientes de que su imagen pública está siendo manchada, queda claro que también enfrentan un dilema claro.

Una verdadera transición a la democracia, inevitablemente, significará ceder autoridad a un civil.

Desde la revolución de 1952 que derrocó a la monarquía, los cuatro presidentes de Egipto han sido militares. Ellos han permitido al ejército desarrollar los principales activos de negocios y de poder político, con muchos gobernadores de provincias y funcionarios públicos procedentes de sus filas.

Existe una contradicción esencial entre los propios intereses de las fuerzas armadas y el papel que se les pidió que asumieran como "garantes de la revolución".


Para entender lo que ocurre en Egipto

BBC World, 23/11/11

A raíz de los actuales enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad en Egipto, BBC World analiza lo que está detrás de la nueva ola de protestas.

¿Por qué vuelven los manifestantes?

Los manifestantes están enojados por la lenta marcha de las reformas y están exigiendo que se ponga fin al gobierno militar. Si bien muchos alabaron el traspaso de poder al Ejército, tras la salida del presidente Hosni Mubarak, el desencanto ha ido creciendo.

Los generales en el poder fueron todos nombrados por Mubarak y han estado supervisando la accidentada transición a la democracia durante los pasados nueve meses. Los activistas sienten que los militares en vez de dedicarse a desmantelar los restos del antiguo régimen y lidiar con la mala situación económica y el empeoramiento de los problemas sociales, se han concentrado en intentar consolidarse en el poder.

Hay señales de que los militares están intentando supervisar algo que es prioritario para el próximo parlamento: la creación de un comité que redactará la constitución. El Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (Scaf, por sus siglas en inglés) está buscando tener un poder de veto sobre este organismo para tener un rol especial como "protectores" de la constitución e incluir previsiones que mantendrían en secreto el presupuesto de defensa.

¿Quiénes son los manifestantes?

La decepción es mayor entre los grupos más jóvenes que se unieron a la revolución anti Mubarak y que ahora se sienten marginados y aislados. Durante mucho tiempo los liberales han estado expresando sus quejas contra el ejército, que ha llevado a juicio a 12.000 personas en tribunales militares, y está acusado de torturar a los detenidos.

Los islamistas también han levantado su voz, incluyendo a la Hermandad Musulmana que, se espera, sea la principal ganadora de las elecciones parlamentarias programadas para la próxima semana. Ellos temen que los militares intenten mantener parte del control.

Muchos manifestantes se muestran escépticos sobre el compromiso asumido por el líder del consejo militar en el poder, Mariscal de campo Tantawi, en su discurso del martes de sostener elecciones presidenciales para finales de junio de 2012.

Un número creciente de manifestantes pide que Tantawi deje inmediatamente su puesto conjuntamente con toda la Scaf, cediendo el poder a un consejo de transición civil. Igualmente, quieren una exhaustiva investigación sobre los más recientes episodios de violencia.

Los manifestantes insisten en señalar que seguirán en la Plaza Tahrir, el corazón simbólico de la revolución egipcia, hasta que sean cumplidas sus exigencias. Si bien los militares han permitido concentraciones masivas allí, han tomado repetidas acciones para impedir que haya prolongadas ocupaciones que cierren el acceso al centro de la capital.

¿Pueden efectuarse elecciones en estos momentos?

Se supone las primeras elecciones previstas luego de la revolución se inicien el 28 de noviembre con la primera fase para elegir la cámara baja, un proceso que, se contempla, termiene el 10 de enero.

A finales de enero comenzarían los comicios para elegir la cámara alta que terminarían el 11 de marzo.

Antes del actual malestar social ya se habían expresado temores sobre el mantenimiento de la seguridad durante el largo y complicado proceso de votación. Las últimas manifestaciones y el ambiente de resentimiento que las han acompañado aumentan esas dudas.

¿Cuál es la posición de los militares?

El gobierno militar aseguró que se está ajustando al cumplimiento del cronograma para las elecciones parlamentarias y ha pedido a los partidos políticos recientemente creados y que se están preparando para los comicios, que ayuden a despejar la plaza y contener la situación.

Sin embargo, la corresponsal de la BBC en El Cairo, Yolande Knell, apunta que existe una contradicción esencial entre los propios intereses de las fuerzas armadas y el papel que se les pidió que asumieran como "garantes de la revolución".

Una verdadera transición a la democracia, inevitablemente, significará ceder autoridad a un civil.

Desde la revolución de 1952 que derrocó a la monarquía, los cuatro presidentes de Egipto han sido militares. Ellos han permitido al ejército desarrollar los principales activos de negocios y de poder político, con muchos gobernadores de provincias y funcionarios públicos procedentes de sus filas.

De acuerdo con Sameh Saif al Yazal, director del Instituto de Estudios de Seguridad Al Gomhoreya de Egipto, la mayoría de los egipcios sigue apoyando a los militares de manera silenciosa.

Reacción internacional

La Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Navi Pillay, condenó el "claramente excesivo uso de la fuerza contra los manifestantes en la plaza de Tahir y otros lugares del país, incluyendo el uso inapropiado de gas lacrimógeno, balas de goma y municiones reales".

Pillay pidió una investigación independiente sobre la muerte de por lo menos 30 personas desde el fin de semana.

Por su parte Amnistía Internacional acusó al Consejo Militar de actuar con una brutalidad en ocasiones superior a la del gobierno de Hosni Mubarak.

El gobierno de EE.UU. calificó de "deplorable" la situación de violencia, señalando que se debe seguir adelante con las elecciones.

¿Hay una salida?

Es difícil pronosticar lo que sucederá con exactitud. Los generales a cargo han estado llevando a cabo reuniones de emergencia para ver como procederán. Se han dado cuenta que, hasta ahora, la fuerza bruta sólo genera rechazo internacional e intensifica la ira de los activistas. La decisión del gabinete de transición de presentar su renuncia es una señal del endurecimiento de su posición.

Una gran prueba para los manifestantes es ver si pueden convocar la misma cantidad de personas que se vieron en la Plaza Tahrir durante la revolución. Esto aumentaría la presión sobre los militares para aceptar sus exigencias.


La ira no se fue con Mubarak

Por Edmund Blair y Marwa Awad
Desde El Cairo
Agencia Reuters, 23/11/11

El Cairo.– Sameh Attallah era parte de esa "mayoría silenciosa" que confiaba en que el ejército dejaría el lugar a un gobierno civil después de las protestas que terminaron por derrocar a Hosni Mubarak en febrero. Durante nueve meses, Attallah se quedó en su casa mientras otros ganaban las calles para exigir rápidas reformas. Eso cambió. Ahora, convencido de que la junta militar pretende aferrarse al poder, Attallah se sumó a las protestas, que ya costaron la vida de más de 35 personas.

"Yo era uno de los que no protestaban después de que Mubarak renunció y el ejército prometió proteger la revolución. Pero debo decir que ahora el ejército parece tener intenciones de apropiarse de la revolución del pueblo", dijo Attallah, de 29 años, en la plaza Tahrir, entre escombros y olor a gas lacrimógeno de varios días de enfrentamientos.

Son muchos los que han perdido toda confianza en el ejército. No se ha recuperado la seguridad, el malestar crece y las primeras elecciones parlamentarias libres en Egipto desde hace décadas están programadas a partir del 28 del actual.

En vez de posicionarse por encima de la contienda política, el gabinete designado por el ejército enfureció a los políticos al proponer las bases de una nueva Constitución que dejaría al ejército a resguardo de la supervisión civil y le otorgaría amplios poderes en temas de seguridad nacional. Anteayer, ese gobierno terminó presentando su renuncia.

Muchos egipcios le conceden al ejército el beneficio de la duda. Algunos incluso lamentan la caída de Mubarak. Pero el apoyo a los militares se está erosionando, aunque pretenda negociar su salida del gobierno sin perder privilegios y peso político.

"Es una feroz lucha por el poder que se juega en el plano ideológico, religioso y social, y los militares están intentando conservar sus privilegios", dijo Fawaz Gerges, experto en cuestiones de Medio Oriente de la Escuela de Economía de Londres. "Lo de los últimos días marca el fin de la luna de miel de los militares y muchos ciudadanos egipcios."

La protesta empezó el viernes como un asunto islamista, para exigir que el ejército desechara las bases de la Constitución. Los jóvenes se sumaron para criticar a la junta militar y su líder, el mariscal de campo Mohammed Hussein Tantawi.

Lo que enfureció a muchos egipcios fue ver que con apoyo militar la policía golpeaba a los manifestantes: el mismo accionar que tuvo durante la revuelta contra Mubarak.

"Apenas fue destituido Mubarak, todos nos sentíamos protegidos por la junta militar, pero las muertes que ahora los militares están condonando nos revelan que son cómplices", dijo Ahmed Hassan, de 26 años.

"¡Qué el mariscal de campo se vaya!", es la consigna de los manifestantes. En las paredes hay grafitis que dicen "Tantawi es Mubarak".

Un diplomático extranjero dijo que los militares tienen tres intereses que proteger: asegurarse de que sus líderes no deban enfrentar la justicia como Mubarak, conservar los intereses económicos del ejército y garantizar los privilegios y el estatus de las fuerzas armadas.

"La mejor manera de preservar esos intereses sería abandonar el poder, pero hacerlo sin las garantías dejaría al descubierto esos intereses. Ese es el gran problema que tienen: sus intereses siempre serán vulnerables", señaló el diplomático.

A pesar del malestar, la mayoría cree que el ejército no postergará las elecciones del lunes, en parte porque probablemente enardecería más a la opinión pública y enfurecería a la influyente Hermandad Musulmana y a los otros partidos que exigen que se avance con la transición.

Con la elección del nuevo Parlamento, es muy probable que la dinámica política de Egipto cambie. Hasta ahora, el único lugar donde los egipcios logran que su voz sea escuchada son las calles. Pero los poderes del Parlamento son limitados. Deberá elegir la asamblea que elabore la Constitución y tendrá un papel legislativo, pero los militares ejercerán sus "poderes presidenciales" para designar al primer ministro y el gabinete.

Sin embargo, si logra consenso interno para hablar con una sola voz, la asamblea tendrá un peso moral que a la junta militar le será muy difícil ignorar.

"No hay que subestimar el grado de fragmentación entre las diversas facciones políticas, que le permitieron al ejército hacer lo que hizo en los últimos días", dijo Khalil al–Anani, analista de la Universidad de Durham, en Gran Bretaña.

La Turquía moderna fue propuesta como modelo para Egipto. Durante décadas, los militares turcos intervinieron en política interna, y eran los guardianes de la Constitución laica. En Turquía, el poder del ejército se redujo en los últimos años. Los manifestantes egipcios quieren que el ejército vuelva a los cuarteles, pero la lucha puede llevar tiempo.

"Durante el régimen de Mubarak, las instituciones quedaron en ruinas. Ahora hay varios grupos políticos y sociales que se están posicionando. Serán diez años de agitación y turbulencia", dijo Gerges, de la Escuela de Economía de Londres.


Es primavera otra vez en la Plaza Tahrir

Por Adam Morrow y Khaled Moussa al–Omrani
Desde El Cairo
Inter Press Service (IPS), 23/11/11

La nueva crisis política en Egipto despierta temores de que las primeras elecciones parlamentarias tras la caída del régimen de Hosni Mubarak (1981–2011), previstas para dentro de cinco días, sean finalmente canceladas.

Días de combates entre manifestantes y fuerzas de seguridad culminaron el martes 22 por la noche en una multitudinaria protesta en la Plaza Tahrir, en el centro de El Cairo, para exigir a los militares que abandonen el poder.

"Hubo combates callejeros entre policías y manifestantes durante los últimos cuatro días", dijo a IPS el presidente del centrista Partido Kenana, Ashraf Barouma. "¿Cómo se pueden realizar elecciones en estas circunstancias?", preguntó.

El viernes 18, cientos de miles de manifestantes se reunieron en la Plaza Tahrir para protestar por las políticas del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, que gobierna el país desde el derrocamiento en febrero de Mubarak.

Además de exigir la celebración de elecciones presidenciales el año próximo, los manifestantes expresaron su rechazo a una serie de "principios supra–constitucionales" propuestos por el gobierno, que le concederían a los militares poderes excepcionales.

Al final del día, los manifestantes, la mayoría de ellos de orientación islámica, levantaron sus tiendas de campaña y abandonaron la plaza. Sin embargo, varias decenas de personas, incluyendo algunos familiares de los fallecidos en el levantamiento de enero, decidieron permanecer en el lugar.

La crisis comenzó a la mañana siguiente, cuando las fuerzas de seguridad aparecieron abruptamente e intentaron dispersar con violencia a los acampados. Cuando otros activistas se enteraron de lo ocurrido, principalmente a través de las redes sociales en Internet, comenzaron a llegar más manifestantes a la plaza. Fueron cientos, y luego miles.

En los tres días siguientes, El Cairo fue escenario de hechos similares al levantamiento de enero, con duros choques de las fuerzas de seguridad, que emplearon gases lacrimógenos, balas de goma y fuego real, contra bandas ambulantes, armadas solo con piedras.

El lunes 21, las fuerzas de seguridad se retiraron de la plaza, dejándola en manos de decenas de miles de manifestantes, incluyendo a simpatizantes de los más importantes partidos políticos y de movimientos juveniles revolucionarios. Estos prometieron no retirarse hasta que sus demandas fueran atendidas.

Mientras, las escaramuzas continuaban en calles adyacentes, particularmente frente al cercano Ministerio del Interior.

Desde el sábado, al menos 35 manifestantes habrían muerto y más 1.000 resultado seriamente heridos, según datos del Ministerio de Salud.

"Lo que ocurre ahora demuestra que el Ministerio del Interior aún está dispuesto a usar las mismas tácticas violentas contra manifestantes desarmados como lo hizo durante el régimen de Mubarak", dijo a IPS el coordinador general del movimiento juvenil Bedaya, Moustafa Abdel Moneim.

Pero el creciente número de muertes solo parece haber fortalecido la resolución de los manifestantes.

"La caída de todos estos mártires sirvió para unir nuestras filas y hacernos más resueltos en nuestra demanda de una rápida transición hacia el gobierno civil", dijo Abdel Moneim, quien se encuentra en la plaza desde el sábado.

Los manifestantes, explicó, exigen la formación de un gobierno revolucionario con plenos poderes para dirigir la transición, la creación de un consejo presidencial civil y el inmediato juicio a funcionarios de seguridad responsables de asesinar a civiles.

El movimiento juvenil Bedaya, junto a otros 36 grupos revolucionarios, organizó una sentada en la Plaza Tahrir que continuará hasta que las demandas sean respondidas.

Para la noche del martes, cientos de miles ––algunos dicen que más de un millón–– convergieron a la plaza en la más grande manifestación en Egipto desde enero.

Después de fuerte presión para que hiciera una declaración, el jefe del Consejo Supremo, Hussein Tantawi, dio un discurso televisado en el que anunció un puñado de concesiones.

Con apariencia demacrada, Tantawi dijo que había aceptado la renuncia colectiva del gabinete y prometió elecciones presidenciales a más tardar en junio de 2012.

Incluso, reiteró el compromiso del Consejo Supremo para celebrar elecciones parlamentarias la semana próxima, como estaba previsto.

Sin embargo, muchas figuras políticas consideraron que la remoción del gabinete, designado por el Consejo Supremo tras la caída de Mubarak, era insignificante.

"La renuncia no significa nada, ya que el gobierno ha actuado como poco más que un secretario del Consejo Supremo, que continúa funcionando como gobernante de facto de Egipto", dijo a IPS el presidente del Partido Haras Al Thawra (Guardianes de la Revolución), Magdi Sherif.

Mientras, los manifestantes en la Plaza Tahrir rechazaron por completo los anuncios de Tantawi y prometieron quedarse allí hasta que una autoridad civil que reemplace a los militares.

"Nos quedaremos en la plaza hasta que sea creado un gobierno de salvación nacional o un consejo presidencial, con plenos poderes para administrar el país, y hasta que el ejército regrese a los cuarteles", subrayó Abdel Moneim.

Muchos no están seguros de que se celebren las elecciones parlamentarias la semana próxima. Creen que los militares lanzaron deliberadamente la represión el sábado para desatar una ola de violencia y tener así una justificación para demorar los comicios.

"La única explicación que puedo encontrar para que hayan causado estos problemas apenas días antes de las elecciones es que el Ministerio del Interior no quería que estas se celebraran", dijo Sherif.

Barouma, por su parte, alertó que realizar comicios en la actual tensión solo podría derivar en un agravamiento de la violencia.

"Este vacío de seguridad post–revolucionario, sumado a la mayor presencia de armas entre la población, la mayoría de las cuales llegan de Libia, seguramente convertirá a las elecciones en un baño de sangre", alertó.


Los Hermanos Musulmanes pasaron de la plaza Tahrir a un acuerdo tácito con
las fuerzas armadas

Pactar con las botas para votar

Por Eduardo Febbro
Desde París
Página 12, 24/11/11

Diez meses después de que comenzara el proceso que terminó con el régimen dictatorial del presidente egipcio Hosni Mubarak, los egipcios siguen en la plaza Tahrir. Desde el pasado 25 de enero hasta ahora, Egipto derribó dos sistemas políticos: el antediluviano gobierno de Mubarak y el simulacro de Ejecutivo que el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas montó a las apuradas sobre las cenizas del antiguo régimen.

Con el emblema de la ocupación de la plaza Tahrir, Egipto protagonizó una hazaña colectiva tan única como conmovedora. Pero uno de los actores políticos más decisivos de la revolución egipcia se ha puesto sin embargo a jugar en contra para conservar intactas todas las posibilidades de ganar las elecciones legislativas que se celebran a partir de este lunes 28 de noviembre. Los Hermanos Musulmanes pasaron de la plaza Tahrir a un pacto tácito con las fuerzas armadas y en contra de una sociedad que pone en tela de juicio el proceso electoral que está por empezar.

Seguros de ganarlo, los Hermanos Musulmanes no quieren ni que se aplace ni que se anule. El Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas aceptaron muchas de las demandas de la calle, menos dos centrales: que el Ejército entregue el poder a un gobierno civil de unidad nacional y que el mariscal Mohamed Tantaui se vaya. Las fuerzas armadas encontraron en los Hermanos Musulmanes un aliado de peso. Para defender el episodio electoral en el que es favorita la hermandad sacó su gente de la plaza Tahrir y pactó con el ejército la continuidad del borroso proceso constituyente.

El caos en la calle es lo que menos les conviene: el desorden y la violencia son sinónimos de prolongación de la dictadura militar que se robó la revolución inmediatamente después de que cayó Mubarak, el pasado 11 de febrero. El ejército se había mantenido en una posición de neutralidad durante la revuelta popular para luego restaurar el sistema anterior por la puerta de atrás.

Los Hermanos Musulmanes juegan así un poker en varias mesas: no pueden estar contra las manifestaciones de la plaza Tahrir, pero tampoco participar plenamente en ellas. Su peor enemigo sigue siendo el ejército y el aparato de Mubarak que quedó en pie, pero, al mismo tiempo, han pactado con ellos para mantener abierta la puerta de las urnas que, para ellos, son la puerta del poder. Los irreconciliables enemigos de antaño se han convertido en aliados circunstanciales.

Desde la precipitosa caída de Hosni Mubarak, Egipto está gobernado por una junta militar al mando del mariscal Mohamed Hussein Tantaui. En estos nueves meses en el poder, la junta intentó todo tipo de maniobras para mantenerse en la cima. Recién en septiembre pasado reveló un confuso diagrama electoral donde no figuraba la fecha de las elecciones presidenciales. La reencarnación de la revuelta popular los obligó a precisar un calendario, fijar una fecha, julio, para las elecciones presidenciales y renunciar a algunas prerrogativas heredadas de la era Mubarak.

En el camino, sin embargo, los peores episodios del régimen anterior se repitieron: organizaron más de 12.000 juicios contra civiles en tribunales militares e intentaron meter con camisa de fuerza un flujo de principios supraconstitucionales que debían ser integrados sí o sí por la comisión que redactará la nueva Constitución una vez que se elija al Parlamento. Los Hermanos Musulmanes se opusieron a todo ello y hasta boicotearon las reuniones entre la junta y los partidos políticos porque consideraron que ese esquema iba “en contra del pueblo”.

Los Hermanos Musulmanes volvieron a la plaza Tahrir y estuvieron del lado del pueblo. Sin embargo, una vez que las elecciones empezaron a tambalear se convirtieron en el respaldo más sólido de la dictadura. El Partido de la Libertad y la Justicia, el brazo político de la cofradía religiosa, es el gran favorito para ganar las elecciones parlamentarias. Una sólida victoria les asegura una gran influencia en la redacción de la nueva Carta Magna. Pero si no hay proceso electoral, tampoco habrá futura Constitución. Por ello prefirieron pactar con la junta, preservar intacto el proceso electoral y avanzar algunos meses bajo la tutela de las botas. Es el precio que decidieron pagar para diseñar, mañana, un país según el modelo de sus tendencias.