Ahora asambleas populares para discutir la salida a la crisis

Por Laura Marrone, recibido  el 25 de diciembre 2001

 

Codo a codo, en la calle fuimos mucho más de dos. Dejamos de mascullar la bronca como el tango, lamentándonos por el país que tenemos. Dijimos "Basta" al modelo neoliberal capitalista y a sus personeros, el gobierno de De La Rúa-Cavallo. Y la cabeza nos cambió...

 

Los desocupados y excluidos empezaron a sentir que se puede pelear y  no dejarse morir de hambre. Los jóvenes de la clase media que hasta hoy sólo pensaban en emigrar parecen    dispuestos a pelear un futuro en su país. Flota en el aire la convicción de que ya no vamos a bancar cualquier cosa. Y mientras el "usurpador" Saá intenta calmar los ánimos con anuncios populistas que nadie cree, la gente piensa y discute, en el bar, en la oficina, en el tren. Cuentan lo que hicieron, lo que vieron, lo que viene. Argentina es hoy un gran debate en cada rincón.

 

Los medios de prensa y los opinólogos que durante 12 años trabajaron para "lavarle la cabeza" al pueblo convenciéndolo de las bondades de las privatizaciones y las AFJP, hoy buscan recuperar el  control ideológico y llamarlo a confiar en las instituciones y el orden burgués.

 

Urgente, tenemos una tarea: es necesario que después de la acción empiece a fraguar alguna forma de organización independiente de las masas, donde el debate que ya existe se vuelva colectivo y propositivo. La clave para que un nuevo estallido no sea sólo eso, está en si este tiempo es aprovechado para construir formas de organización. Los barrios, las plazas, fueron lugares naturales del estallido que tuvo características "populares". El llamado a la realización de asambleas populares puede ser una forma a explorar.

 

Varias organizaciones de izquierda así como de organismos sociales (como el Bloque de Piqueteros donde participa el Polo Obrero y los MTD, que formaron parte del combate en las calles) han coincidido en la necesidad de impulsar estas asambleas populares. Al mismo tiempo, diversas organizaciones sindicales clasistas como los mineros de Turbio, Zanón, UNTER de Río Negro o SUTEBA Matanza han superado en sus programas las meras plataformas reivindicativas sectoriales y han formulado propuestas de medidas nacionales para salir de la crisis.

 

En general existe coincidencia entre los grupos de izquierda en levantar un programa de medidas de salida a la crisis. Con matices se comparten puntos como la nacionalización de la banca, el control obrero de las fábricas que amenazan con despidos, la estatización de las AFJP, el no pago de la deuda y la ruptura con el FMI. Varios de estos partidos coincidimos además en el  esfuerzo por explicar pacientemente que estas medidas deben enlazarse con la necesidad de un gobierno de los trabajadores qu,e en el marco de una lucha latinoamericana, inicie la construcción del socialismo.

 

Pero el accionar disperso de cada una de estas organizaciones no ha logrado poner en escena nacional el debate sobre una salida no capitalista a la crisis. De allí que tenemos que pensar en una acción común de convocatoria a estas asambleas. En el plenario del Bloque Piquetero propusimos hacer una campaña nacional de convocatoria a las asambleas populares. Si se pudiera acordar esta orientación con los partidos de izquierda, Autonomía y Libertad de Zamora, IU, PO, el PTS, etc, el esfuerzo disperso se potenciaría y tal vez podríamos incidir en la realidad para que estas asambleas que en algunos lugares existen (en Plaza de Mayo hay reuniones espontáneas todos los días) se extendieran y profundizaran. Podríamos por ejemplo sacar un llamado nacional con afiches, con boletines para distribuir masivamente firmados por todos, para meter bajo la puerta de cada vecino de la cacerola o en las colas del Plan Trabajar, explicando con sencillez por qué hay que nacionalizar la banca, romper con el FMI, etc.

 

Pero nuestra estrategia de promover la organización independiente y revolucionaria mediante el ejercicio de la democracia directa de las masas, como podrían ser estas asambleas populares u otras formas que las masas se pudieran dar, no puede ser un salto al vacío sin mediaciones con la realidad existente, porque quedaría en mero discurso y no en palanca de movilización.

 

No podemos ignorar que Saá ha usurpado el poder y que no existe aún alguna forma de organización independiente que pueda constituirse en una alternativa de poder. Por eso hay que discutir no sólo quién gobierna sino con qué régimen. Tenemos que defender  el derecho de las masas a decidir su futuro gobierno y forma de gobierno aun dentro de la democracia representativa y aun cuando estimemos que no vaya a ser aún "de los trabajadores".

Al mismo tiempo alertaremos que todas estas formas de democracia representativa son una trampa y que nuestra meta debe ser lograr que se desarrolle la democracia directa que empezamos a ejercer en el Argentinazo en las calles.

 

En este marco podemos y debemos discutir con todas estas organizaciones, y en particular con los partidos de izquierda, el llamado a una candidatura única de la izquierda. Sería muy bueno para este ejercicio mismo de la democracia directa que los candidatos surgieran del debate de las asambleas, rompiendo los "corralitos" que actualmente tienen fraccionada a la izquierda y que en última instancia los electos expresen la voluntad de quienes actuaron en las calles. Si esto ocurriera debemos destacar que Luis Zamora se fortaleció como un referente masivo que cuestionó las instituciones y supo empezar a hacer entrar en la cabeza de Doña Rosa el problema de que la lucha es anticapitalista y por nuevas formas de democracia directa surgidas de abajo.

 

 

 

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