Polémicas

La recomposición política en curso

Por Nora Ciapponi

Publicamos este aporte crítico al debate del pre-congreso del MAS.

Transcurridos más de dos meses de la irrupción del movimiento de masas en la escena social y política, siguen planteadas como extremadamente agravadas las causas y problemas que dieron sustento a la rebelión popular que aún con flujos y reflujos perdura y se extiende. Las nuevas formas asamblearias ejerciendo la democracia directa, las organizaciones de desocupados y sus acciones, los procesos en distintos sectores de trabajadores, la resistencia a la destrucción definitiva de la educación y la salud, como las mil y una expresiones de lucha contra la banca, las empresas privatizadas, la Justicia, o por el elemental derecho a comer y viajar, hacen crujir y subvertir todo el viejo y agónico andamiaje económico, social, político e institucional, mientras lenta y trabajosamente se discute una salida popular a tanta destrucción y ultraje del país y de la población.

Así, esta virtual falta de salida es aprovechada por quienes irónicamente siguen detentando el poder para seguir favoreciendo a los grandes grupos económicos y para cumplir con los dictados del FMI, desoyendo el reclamo popular que dio origen a la revuelta y a la caída de dos gobiernos. Y lo que es peor, se está perpetrando un nuevo y descomunal despojo a lo que queda de país, expulsando y llevando a la ruina a nuevos sectores que viven del trabajo, bajando abruptamente el salario, destruyendo el transporte, la salud, la educación, la producción, el comercio, todo en beneficio de los grandes exportadores, banqueros, empresas privatizadas y grandes supermercadistas, lo que amenaza con cualquier posibilidad de recuperación.

La catástrofe que llegó para quedarse

Contradictoria y agudamente, el pueblo movilizado se enfrenta a una extrema crisis capitalista, de creciente barbarización, en la que no se ven dentro de la burguesía proyectos alternativos políticos y/o económicos. El feroz saqueo perpetrado durante las últimas décadas y la transnacionalización del conjunto de la economía ha dejado sin ningún tipo de representatividad política y/o base económica a ningún sector burgués nacional. Y aunque reaparezcan intentos de sectores Frenapo-CTA para colocarse nuevamente a la ofensiva con un discurso más a la izquierda (luego de la crisis provocada por ausencia en las jornadas del 19-20 de diciembre), terminan siendo devorados por la propia crisis al no poder ofrecer ningún programa de radical transformación.

Así, poderosos y minoritarios grupos económicos transnacionales, dedicados a la más vil rapiña y vaciamiento del país, junto al imperialismo, acompañados por la dirigencia política que les sigue dando sustento, quedan separados y enfrentados a la amplia mayoría de la población, que en una variada gama de sectores sociales intenta poner freno a la exclusión y a la debacle. Al mismo tiempo es un hecho que no puede haber ninguna posibilidad de recuperación del movimiento de masas sin un proyecto de reconstrucción de país como tal, el que sin dudas –para erigirse-, debe enfrentar a la poderosa "rosca" de los treinta grandes grupos económicos y al imperialismo.

Nada está decidido, ni en uno ni en otro sentido, la destrucción/barbarización avanza a saltos de la mano de sus ejecutores, mientras el proceso popular, con idas y vueltas, reflexiona sobre posibles salidas. Qué país, qué programa, qué tipo de gobierno, qué proyecto, es lo que está presente en la discusión de miles de asambleístas y luchadores, esencialmente después de comprobar que el gobierno Duhalde terminó cediendo y favoreciendo a los grandes grupos monopólicos, la banca y el FMI, y a quienes positivamente se identifica como a los grandes enemigos. Así, mientras crece la conciencia de que la salida no puede ser simplemente voltear a Duhalde o reclamar elecciones, no se visualiza que la tarea de derrotar a los grandes grupos económicos dueños del país (aferrados con uñas, dientes y dispuestos a todo) es parte indisoluble del enfrentamiento al sistema y al imperialismo como un todo.

Una creciente inestabilidad, que no puede prolongarse demasiado en el tiempo por tanto, es lo que caracteriza la actual situación de "indefinición", signada por un agravamiento de las penurias del movimiento de masas, y una mayor polarización social y política.

El imperialismo viene por más

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La creciente negativa de EE.UU. a dar cualquier tipo de ayuda económica al país, debemos inscribirla en el conjunto de la situación mundial, y más concretamente, de América latina. Creemos que más allá de las características masivas del proceso argentino, estamos inscriptos en la concepción buschiana de la lucha del "bien contra el mal". Sin entrar en la categoría específica de "terroristas", el pueblo argentino movilizado representa un peligro mucho mayor para todo el continente, ya cruzado por profundas inestabilidades producto de la aplicación de las políticas neoliberales como atravesado por profundas crisis de dominación en la mayoría de sus gobiernos y regímenes. No se trata de una mera negativa a ayudar a un país que no garantiza la devolución de los préstamos, sino de poner las condiciones más aberrantes de tipo política, económica y militar (o de basurero nuclear) para soltar algún miserable recurso. El imperialismo está utilizando la situación agónica del país para exigir la más completa y vil rendición, la que permita "ejemplificar" al resto del continente. ¿Por qué y para qué tirar recursos a un país que se moviliza cuestionando el poder imperial, que voltea gobiernos, va contra las empresas transnacionales y no ceja en su accionar independiente? Un país movilizado como Argentina no es garantía ninguna de colaborar militarmente contra las FARC en Colombia, o para intervenir en Venezuela, para encerrar más a Cuba, y también representa un importante escollo para la conformación del ALCA y un peligro para el pago de la deuda externa. Por el contrario, derrotar a Argentina para avanzar aún más en el proceso de colonización latinoamericano representa uno de los objetivos centrales de EE.UU. Como la soga al ahorcado, tienen así suspendido a Duhalde, que no termina nunca de hacer los deberes para que le tiren una limosna, cebados porque los distintos gobiernos llevaron el relacionamiento carnal al límite de la propia destrucción del país. Y aunque hoy no existan condiciones para una salida golpista o claramente contrarrevolucionaria, es un hecho que se barajan distintas posibilidades, entre ellas la escandalosa propuesta hecha por banqueros estadounidenses de constituir en nuestro país un gobierno de extranjeros ".... El mundo deberá proveer apoyo financiero a la Argentina. Pero sólo una vez que la Argentina acepte realizar reformas y que manos extranjeras tomen el control y la supervisión del gasto, la emisión de moneda y la administración de los impuestos".

¿Los argumentos para tamaña empresa? "Que es imposible llegar a un acuerdo nacional, porque nadie cree en nadie y no hay grupo de poder que pueda confiar el timón a otro para salir de la crisis...".

Un proceso de reflexiones y búsqueda

En la mayoría de las asambleas, como también en los lugares de trabajo, se ha ido imponiendo en las últimas semanas la necesidad de encarar discusiones políticas de fondo. Cuando eso se hace sin apremios y alejado de los métodos del consignismo, se consiguen muy buenos resultados. La gente participa, pregunta y expone sus puntos de vista, a la par de escuchar a todos sin prejuicios, con mucha avidez y respeto. Igualmente, instalar estas discusiones es un esfuerzo tenaz, no por negativa de los vecinos y trabajadores a realizarlas, sino por el desprecio que el conjunto de las organizaciones que actúan en las asambleas tiene por esta paciente y rica actividad, que sin dudas representa una valiosa escuela para escuchar y aprender a dialogar ampliamente con sectores de ideologías y vivencias diversas. Allí se expresa en toda su dimensión y agudeza la tremenda fragmentación política que se vive y la imperiosa necesidad de avanzar políticamente en la discusión de cómo construir un programa, cómo avanzar efectivamente en la resolución de los más acuciantes problemas, como también se comprueban los profundos lazos de unidad y fraternidad que se han establecido, capaces de superar una y otra vez cualquier escollo que se interponga en la firme decisión de actuar con la más amplia democracia, para el objetivo de sostener y fortalecer el colectivo conquistado.

Combinado con este proceso, en amplios sectores de vanguardia se discute cotidianamente cómo proyectarse políticamente, qué hacer, lo que por otra parte surge de las más profundas leyes objetivas, como necesidades del proceso revolucionario abierto en el país, el que con una inmensa fuerza y convicción ha subvertido y dislocado todos los mecanismos de representación política e institucionales. "Que no quede ni uno solo" representa no sólo la convicción de repudiar a toda la vieja dirigencia política y a sus partidos, sino también la decisión de ir desbrozando el camino a lo nuevo, hacia nuevos dirigentes surgidos desde abajo o a la construcción de nuevas formas de expresión política organizada.

Un giro histórico

La crisis total del peronismo finalmente se ha consumado, y al unísono, arrastrando al joven y fracasado Frepaso, se desmoronó el radicalismo. Toda la estantería de los partidos tradicionales y la burocracia sindical que durante décadas dominaron el país y al movimiento obrero está virtualmente destruida, acusados con justicia de ser responsables de la destrucción y entrega del país. Nada de lo viejo ha quedado en pie. Estamos transitando, por tanto, un giro histórico, que todavía no alcanzamos a vislumbrar en toda su magnitud, especialmente en su dinámica e inmensas potencialidades de surgimiento de nuevas formas de expresión política de masas. No serán cualesquiera nuevas formas. Serán hijas de la rebelión más profunda que hayamos vivido históricamente, la de la confluencia de variados sectores sociales que no sólo subvirtieron el orden establecido rompiendo con sus tradicionales expresiones políticas, sino que también fueron capaces de llenar el vacío con su propia autodeterminación y organización. De este inmenso proceso confluyente, protagonizado por millones de personas, está planteado el surgimiento de un Nuevo Movimiento Histórico en el país, que seguramente recogerá las mejores tradiciones, así como reflejará los profundos cambios estructurales de las últimas décadas. Esta necesidad, dada por el giro revolucionario producido, junto al reconocimiento ganado por Zamora, sientan bases para que este proyecto pueda construirse y desarrollarse.

Es fundamental, por tanto, que nuestra organización, el MAS, se coloque a la vanguardia de este proceso, desarrollando y adoptando –como históricamente nuestra corriente lo supo hacer-, todo tipo de iniciativas y tácticas para que nuestro capital de cuadros pueda proyectarse junto a miles de trabajadores y jóvenes de distintos orígenes y expresiones políticas, y especialmente, para confluir con millares de trabajadores ocupados y desocupados de los barrios, hoy controlados por el aparato peronista a través de diversos mecanismos.

Proponer variantes como la unidad de toda la izquierda junto a Zamora, (cuando ni Zamora ni la izquierda lo quiere), o un frente que abarque a todos los sectores, incluidos los movimientos piqueteros, o la construcción de un nuevo partido a través de un Frente Unico Revolucionario, como la mera construcción de nuestra organización, nos marginará y dejará a la zaga de los acontecimientos de recomposición, entre otras y fundamentales razones porque las principales organizaciones de izquierda no ven el carácter ni la amplitud del proceso de recomposición en curso, y no están dispuestas a dejar de colocar todas sus energías –de manera sectaria- en su propio crecimiento. No se comprende que el inmenso proceso abierto no se dirigirá hacia ninguna de las actuales organizaciones más que cuantitativamente. Presos de viejos dogmas y de la defensa de sus organizaciones, resistirán impulsar cualquier recomposición política que no los tenga como principales referentes, todo lo que impide que puedan ser vistos por amplios sectores de vanguardia para la construcción de algo nuevo y diverso como lo que se está gestando, y para lo que carecen de cualquier política.

Cuando decimos que no surgirá cualquier nueva forma, nos referimos a que expresará los importantes avances desarrollados en la conciencia de amplios sectores. Que se tenga como referencia a Zamora no representa sólo la valoración de la ética o la honestidad de aquel "que no robó". Ello por supuesto tiene suma importancia, especialmente en un país plagado de políticos y dirigentes sindicales corruptos que reflejan con toda agudeza la expoliación capitalista a que estamos sometidos, la que sin dudas fue sostenida masivamente bajo la nefasta concepción de "roban... pero hacen". La ruptura con esas concepciones y el manifiesto afán por refundar nuevos valores que sirvan como sostén para construir otro país y sociedad no solo es sumamente progresivo en sí mismo, sino que representa un valioso instrumento para romper con los mecanismos de delegación, para ejercer la autodeterminación y la más amplia democracia, el control de todo lo público. Esta cuestión, que muchas veces es vista superficialmente y que pareciera escindida del programa o de los avances en la conciencia, tiene una enorme fuerza transformadora en amplísimos sectores, como representa un nodal punto de unidad con Zamora para construir el movimiento, más allá de coincidir o no con la globalidad de las propuestas que levanta.

Nuestra tradición a la luz del hoy

Una y otra vez nuestra corriente alentó y se jugó en el desarrollo de movimientos de masas amplios que posibilitaran un curso a la izquierda, aun cuando en ellos representaramos una minoría, o la mayoría de sus integrantes estuvieran plagados de confusiones y/o abrazaran posiciones reformistas. Nuestro trabajo en el movimiento peronista en la década del 50, como los intentos de confluir con otras corrientes socialistas en los 70 y 80 para construir el PST y luego el MAS, o las experiencias electorales que nos dimos desde el año 1973 en adelante para ganar a un sector del peronismo (también numerosas tácticas sindicales y estudiantiles), muestran el afán permanente de nuestra corriente por salir de la marginalidad. Cada nueva etapa de la lucha de clases nos exigió adecuar nuestra construcción como cambiar de nombre, todo con el objetivo de auscultar y desarrollar múltiples experiencias que nos permitieran ser parte de movimientos reales o impulsores de ellos. El límite objetivo que tuvieron esas experiencias –aun cuando salimos casi siempre fortalecidos en nuestra construcción- fue la atrasada conciencia peronista que maniataba a la amplia mayoría de la clase trabajadora. Apostamos una y otra vez a una ruptura, la que masivamente nunca llegaba. Aun con ese gran límite, esas valiosas experiencias nos permitieron aprender a dialogar y establecer vínculos con amplios sectores de vanguardia y también de masas (como ninguna otra corriente de izquierda lo supo hacer), lo que nos permitió ganar e influir desde el viejo y grande MAS, a centenares de activistas obreros de origen peronista en los barrios, fábricas y estructuras del país. Esta tradición, que algunos de nosotros seguimos reivindicando en el marco de otras valoraciones críticas de nuestra corriente, cobra vida y adquiere fuerza de perspectiva a la luz de la nueva realidad abierta en el país, y especialmente, para ayudar a encontrar respuestas al inmenso desafío de colaborar con nuestras fuerzas y energías al proceso de recomposición política que ya está en curso.

En 1982 cuando lanzábamos el MAS, bajo la orientación de un "Frente Socialista" decíamos: "Esta que estamos barajando es una nueva táctica que va a volver a repetirse cada vez más en nuestro desarrollo: la de alentar y proponernos la organización de movimientos de masas influidos por el partido o donde éste interviene jugando un rol protagónico o coprotagónico. Esta táctica es característica del movimiento marxista y anarquista: paralelas al desarrollo de esos dos movimientos, fueron surgiendo grandes organizaciones de masas influidas por esas ideologías y direcciones, sin ser organizaciones partidarias. En nuestro país han existido siempre sindicatos politizados, desde peronistas hasta anarquistas, así como también socialistas y comunistas. Estas organizaciones de masas llegaron a organizarse en el terreno cultural: hubo teatros, coros y orquestas de distinto signo político. Esa influencia ideológica o directriz no les quitaba su carácter de masas, ya que estaban llenos de militantes de otros signos o apolíticos, porque la influencia y la dirección no eran obligatorias, sino voluntarias. El carácter marginal de nuestro movimiento, su debilidad, lo condenó a trabajar esencialmente sobre una pequeña vanguardia obrera o intelectual, perdiendo así de vista la posibilidad de construir movimientos relativamente de masas, pero esta táctica era la clásica. Hay que retomarla. Debemos aprender a explorar toda posibilidad de construir movimientos o frentes de masas, sabiendo que toda definición es relativa: "masas" para nosotros es una organización que abarque varias decenas de miles de compañeros".

Partir de esta orientación político-metodológica para analizar y explorar por dónde se expresan las tendencias y dinámica hacia la recomposición política de amplios sectores de masas hoy no es una tarea menor, ni que puede esperar todo el tiempo. Si como planteamos nosotros el proceso de formación y desarrollo de un nuevo movimiento está planteado en la realidad, deberíamos tirar de sus tendencias más profundas para impulsarlo, aunque Zamora no estuviera dispuesto a hacerlo. Es un hecho que a partir de la Convocatoria del 16 y 17 de diciembre, Autodeterminación y Libertad ha lanzado la constitución de un movimiento más amplio que su propia construcción, lo que facilita enormemente un proceso de confluencia con diversas vertientes, entre ellas la de valiosos centenares de cuadros y militantes del viejo y grande MAS, de compañeros de origen peronista, y de la amplia y nueva vanguardia.

El movimiento, lejos de contraponerse al desarrollo de las asambleas y/o otras expresiones de lucha social que deberemos seguir impulsando y fortaleciendo, tiene todas las posibilidades de ensamblarse con ellas de una manera directa y natural, ya que su centro programático expresa de manera consciente la autoorganización y democracia directa protagonizada por amplios sectores de la sociedad a partir de las jornadas del 19 y 20 de diciembre. Y aun cuando todavía no podamos medir los posibles alcances del movimiento que ha comenzado a gestarse, es un hecho que es visto con gran simpatía por amplios sectores de trabajadores y jóvenes de vanguardia.

Un programa antiimperialista-anticapitalista y de proyección socialista como el que nuestra organización y Zamora levantan -centrado en la autodeterminación y autoorganización-, puede finalmente convertirse en poderosa herramienta para dar perspectivas de transformación revolucionaria a amplios sectores de trabajadores y jóvenes, y representa un valioso punto de partida para la formación marxista de centenares de nuevos cuadros surgidos del proceso revolucionario en curso, tarea en la que podremos proyectar nuestra rica tradición, experiencia y elaboración. Rodearnos de muchos nuevos y experimentados compañeros de diversos orígenes y expresiones representará sin dudas una magnífica e inestimable escuela de educación política para todos nosotros, la que por otra parte necesitamos imperiosamente.

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