ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas)

La asociación del tiburón y las sardinas

Por Roberto Ramírez

 

El ALCA —palabra desconocida para muchos, hasta que se enteraron de ella por las manifestaciones del 6 de abril— es la sigla del Área de Libre Comercio de las Américas, promovida por EE.UU., con intermitencias, desde 1994. El nuevo gobierno de Bush, posiblemente acicateado por la recesión de la economía yanqui, se ha volcado decididamente a concretar el proyecto. Del 20 al 22 de abril, en Quebec, ciudad de Canadá, se reunirán los presidentes americanos (con exclusión de Cuba) para firmar el texto de un acuerdo, negociado previamente en la reunión de Buenos Aires del 6 y 7 del mismo mes.

Un dato significativo —y siniestro— de las largas negociaciones que han precedido la reunión de Quebec, es su carácter secreto. Aunque hay muchos trascendidos, y el fondo de las negociaciones es imposible de ocultar, el hecho es que todo se está decidiendo a espaldas de los pueblos americanos, cuyo futuro se verá gravemente afectado por el ALCA. ¡Así es esta “democracia” de los ricos!

La plena implementación del ALCA —que según lo acordado en Buenos Aires comenzaría en el 2005— implicará cambios tan importantes como funestos para Argentina y los demás países latinoamericanos.

Se trata de un pacto colonial. Pero de un colonialismo de nuevo tipo, que se corresponde con las nuevas condiciones de la globalización; y, entre ellas, con las nuevas relaciones de las corporaciones transnacionales y financieras con los estados (en especial de la periferia).

El ALCA significa que el tiburón EE.UU., sus bancos y corporaciones (que sumado a Canadá produce más del 75% del PBI total de las Américas), se asocia con las 30 sardinitas de América Latina y el Caribe, que producen el resto. Tanto en los océanos como en la economía, las asociaciones entre tiburones y sardinas han terminado siempre igual: los primeros se comen a las segundas. Y el ALCA prepara las condiciones para que el tiburón yanqui se dé un festín. Enumeremos brevemente algunas de ellas:

 

¿“Libre comercio”... para quién?

 

El “libre comercio” que postula EE.UU. para el ALCA no es una avenida de doble mano. Es “libre” para que EE.UU. venda lo que quiera en América Latina, pero la mano opuesta de la carretera seguirá erizada de obstáculos.

La industria norteamericana, con una productividad muy superior a la de América Latina, con una escala de producción incomparablemente mayor y con financiación mucho más barata, podrá arrasar a los competidores del sur. El cierre de fábricas y la consiguiente pérdida de empleos serán las primeros resultados del ALCA. En el mejor de los casos, lo que reste de industria se reconvertirá en “maquila” al estilo mexicano: plantas de ensamblaje, en condiciones infernales de trabajo, con salarios de hambre y sin ningún derecho laboral. Pero esto, que “funciona” en México, en la frontera con EE.UU., como el “complemento” de mano de obra barata de la industria yanqui, no es tan viable en el extremo sur del continente.

Por otro lado, EE.UU. podrá seguir obstaculizando las ventas de los productos latinoamericanos “competitivos”, como los del agro y la agroindustria, o de algunas ramas como la siderurgia. Es que, en verdad, lo del “libre comercio” es una mentira monumental. Tanto EE.UU. como la Unión Europea y Japón son ferozmente proteccionistas para los bienes en que no son “competitivos”, como la agricultura. El “libre comercio” es para los productos de alta tecnología, en los que son imbatibles...

EE.UU. no protege su mercado interno principalmente con aranceles de importación, sino con otros dos mecanismos: los subsidios a la producción agrícola y las llamadas “medidas para-arancelarias”.

Desde 1990 al 2000, los subsidios de EE.UU. al agro subieron de 9.300 a 32.000 millones de dólares. Es una barrera casi impenetrable. Pero, cuando eso no basta, EE.UU. aplica además medidas “para-arancelarias”. Por ejemplo, exportaciones de miel de Argentina o de productos siderúrgicos de Brasil han sido bloqueadas mediante denuncias “anti-dumping” que hacen los productores locales. Así, formalmente, EE.UU., como campeón del “libre comercio”, mantiene sus aranceles bajos; pero mediante esas medidas para-arancelarias y los subsidios dificulta o impide el ingreso de productos con los que no podría competir.

El gobierno de Bush ya ha anunciado que no va ceder ni negociar nada respecto a los subsidios y los mecanismos para-arancelarios. En esas condiciones, hablar de “libre comercio” es una farsa.

 

Un Estatuto Colonial llamado ALCA

 

Sin embargo, por los trascendidos, el proyecto del ALCA va mucho más allá de la implementación de ese “libre comercio” en una sola dirección. EE.UU. aspira a establecer un conjunto de normas, cuyo modelo es el Tratado de Libre Comercio (TLC)[1], iniciado en 1994 con México y Canadá. En verdad el ALCA sería una versión corregida y aumentada del TLC.

Ese conjunto global de normas que el imperialismo yanqui aspira a instituir, abarca los más diversos asuntos. Entre ellos, acceso a los mercados, absoluta apertura a  las inversiones, derechos de propiedad intelectual, servicios,  tratamiento de disputas entre inversores y estados (con tribunales del ALCA por encima de los nacionales), “puenteo” de las regulaciones de los estados (medio ambiente, laborales, licitaciones de obras públicas...), etc. Estas normas configuran un verdadero Estatuto Colonial, que regirá por encima de las constituciones y las leyes de los estados latinoamericanos miembros del ALCA. Serán “leyes” supra-nacionales, que por lo tanto ningún parlamento podrá derogar.

Es imposible aquí analizar este proyecto con la amplitud que se merece. Pero veamos dos botones de muestra.

* Uno de ellos, es que transformaría virtualmente a las corporaciones en sujetos de derecho internacional, equivalentes a los estados. Hasta ahora, los sujetos de derecho internacional eran los estados. A ellos, de hecho, se le agregarían las transnacionales con inversiones en  países del ALCA. Cualquier disputa con un estado, se dirimiría en alguna instancia superior del ALCA, supra-nacional, en donde estado y corporación serían sujetos equivalentes.

La globalización ha implicado profundos cambios en las relaciones entre las corporaciones y los estados, y con mayor razón con los serviles estados de la periferia, como el nuestro. Se han ido configurado, de hecho, nuevas formas coloniales. Por ejemplo, la intervención de los organismos internacionales (FMI, etc.), que en nuestros países hacen y deshacen, como si fuesen legalmente un poder del estado (y, de hecho, lo son).

El ALCA vendría a legalizar un aspecto fundamental de estas transformaciones, en lo que se refiere a la primacía de las corporaciones sobre los estados.

* Esto nos remite al segundo botón de muestra. Inspirándose en el ya mencionado Tratado de Libre Comercio que tiene con México y Canadá, EE.UU. trata de imponer definiciones “novedosas” sobre dos puntos vitales: las definiciones de “propiedad” de los inversores y de “expropiación” por parte del estado.

Aclaremos esto con un ejemplo. Viene un inversor y pone una empresa. Si el estado, por motivos de bien público, la quiere nacionalizar (es decir, expropiar), según el derecho burgués debe pagarle al inversor lo que vale la “propiedad”. Ahora bien: el gobierno de EE.UU. pretende mundialmente extender casi sin límites las definiciones de “propiedad” y de “expropiación”. Ha creado así el concepto de “expropiaciones regulatorias”.

Por ejemplo, una corporación yanqui invierte en uno de nuestros países. Pero su establecimiento arroja residuos tóxicos que envenenan a la población. La gente protesta. El gobierno cede a los reclamos y le aplica a la empresa medidas dispuestas por las leyes del país para proteger el medio ambiente y la salud de los habitantes. La empresa recurre, entonces, al tribunal supra-nacional. Denuncia que, mediante una “regulaciones” ecológicas y de salud pública, le han “expropiado” parte de sus ganancias. Es una “expropiación regulatoria”. ¡Ahora gana menos que cuando envenenaba a la población! Por supuesto, el tribunal falla a favor de los inversores contra el estado y condena a éste a pagar una indemnización.

Esta monstruosidad es un caso verídico. Es el fallo dictado el 16 de agosto del 2000 por el Tribunal del TLC (situado por encima de la justicia mexicana) condenando a México a pagar 16,7 millones de dólares a la Metalcald Corporation, por haberle impedido seguir asesinando a los habitantes de Guadalcazar, Estado de San Luis Potosí, mediante los residuos tóxicos que arrojaba.

 Este principio jurídico se extiende a todas las “regulaciones” del estado; también a la legislación laboral. Una ley o decreto que dé un beneficio al trabajador pero que implique un mayor costo para el inversor, y por lo tanto reduzca sus ganancias, entra también en la amplísima definición de “expropiación regulatoria”.

 

¿ALCA o Mercosur?

 

Entre los opositores al ALCA, son muchos los que piensan que la opción es contraponerle el Mercosur. Es lo que sostiene en Argentina el CTA y la gente de ATTAC y Le Monde Diplomatique, en Brasil el PT y la CUT, y en Uruguay el Frente Amplio y el PIT-CNT.

Asimismo, la oposición del Mercosur al ALCA es sostenida (relativamente) por los gobiernos de Brasil y Venezuela. Aquí, Cavallo es pro-Alca. Pero las opiniones en la burguesía acerca del tema ALCA o Mercosur están divididas.

También pesa en América Latina la oposición de los imperialismos de la Unión Europea, rivales de EE.UU. Es que, como señalaba un comentarista, mediante el ALCA, los Estados Unidos tratan de “alambrar” el continente para dificultar la entrada de sus competidores.

Pero, para los trabajadores latinoamericanos, el Mercosur no puede ser la alternativa contra el ALCA, como no puede serlo ninguna otra opción capitalista. Desde que en 1986 se firmó el acuerdo inicial del Mercosur, ¿en qué ha mejorado la situación de los trabajadores de Argentina, Brasil, Uruguay o Paraguay? Desde entonces, no ha hecho más que empeorar. Tampoco el Mercosur ha sido una barrera para la colonización del capital imperialista, sea yanqui, japonés o europeo.

¿Un Mercosur recostado en el capitalismo de la Unión Europea va a ser mucho mejor que el ALCA apoyado por los yanquis? ¿Acaso la UE no practica, con distintas formas, el mismo proteccionismo que EE.UU. hacia la producción latinoamericana? Los capitalistas europeos son tan explotadores y depredadores como los de EE.UU. Aquí tenemos la experiencia de Repsol (españoles) que se apoderó de YPF, y ha ganado miles de millones vendiéndonos nuestra propia nafta y gasoil a los precios más caros de América Latina, después de dejar en la calle a la mayoría de los petroleros. O el vaciamiento de Aerolíneas por Iberia. También conocemos la plaga de las telefónicas (de España, Francia e Italia), gracias a las cuales tenemos las llamadas urbanas más costosas del mundo. O la de Aguas Argentinas (francesa), que no pasa mes que no invente un curro nuevo para aumentar la tarifa en un país que no tiene inflación. ¿A los jóvenes que han trabajado en los Carrefour, los han explotado menos que en los MacDonald?

Por otra parte, convendría no engañarse acerca de la “resistencia” del gobierno de Brasil al ALCA y su “defensa” del Mercosur. El objetivo del gobierno y la burguesía brasileña (que tiene, en efecto, una entidad cualitativamente superior a la de la miserable patronal argentina) no es oponerse de plano el ALCA, sino negociar mejores condiciones de ingreso con EE.UU. Y, en ese forcejeo, necesitan al bloque del Mercosur. Al mismo tiempo, sin rechazar lo del ALCA, apuntan a ser el eje sudamericano de un acuerdo similar con Europa. Entonces, se colocan en un terreno falso los que creen que desde el Mercosur se puede combatir al ALCA, como si fueran opuestos en absoluto.

 

Por una alternativa anticapitalista y de los trabajadores

 

Los trabajadores, tanto del Mercosur como de toda América Latina, debemos levantar una opción propia, independiente. Ninguna alternativa capitalista nos va a favorecer. No existe “mal menor”. Tampoco nos sirve ninguna utopía nacionalista: el grado de desarrollo de la economía y las fuerzas productivas mundiales hace imposible el aislamiento.

Efectivamente, es necesario unir nuestras economías. Pero, en contraposición a los proyectos de EE.UU. y la Unión Europea, y de las burguesías subordinadas a ellos, debemos levantar la perspectiva de la unidad de los trabajadores, los campesinos y los pueblos latinoamericanos contra esos imperialismos y sus agentes nativos.

Hay que contraponerles el proyecto de un mercado común latinoamericano, un mercado común de los trabajadores de la ciudad y el campo que, sin parásitos capitalistas nacionales o extranjeros, produzca e intercambie en función de sus necesidades y no de las ganancias del puñado de corporaciones que se proclaman los dueños del mundo.

Esto exige que los trabajadores y campesinos de Latinoamérica comencemos a pensar y a actuar por encima de nuestras fronteras, cada vez más artificiales y obsoletas. Los pequeños contingentes de compañeros brasileños y de otros países latinoamericanos que se movilizaron con nosotros contra el ALCA, deben ser una primera pequeña experiencia hacia una lucha conjunta de las masas latinoamericanas. Unidos en una lucha internacionalista común, no sólo podremos defendernos de ataques como el del ALCA, sino pasar a la controfensiva, en la perspectiva de imponer una federación latinoamericana de repúblicas de los trabajadores y socialistas. 

 

Notas:

 

1.- Más conocido por su sigla en inglés: NAFTA.

 

 

Recuadro

No ALCApitalismo

 

El Sheraton, donde se suelen concentrar clubes de fanáticos cuando desembarca alguna figura de la música comercial, recibió el 6 de abril pasado la visita de miles de manifestantes que no fueron a buscar autógrafos sino a repudiar las sesiones preparatorias para acelerar la implementación del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA) que se realizaron durante ese fin de semana.

La importante movilización produjo un hecho político del que tomaron nota los ministros y empresarios de 34 países que pretendían hacer su trabajito en calma. Y a la vez, lo que es más importante, logró instalar masivamente entre trabajadores ocupados y desocupados, jóvenes y estudiantes la preocupación por conocer de qué se trata el ALCA.  Despertó la inquietud por saber en  qué afectará a nuestras vidas.

La manifestación al Sheraton, compuesta principalmente por el CTA y la izquierda, fue la acción más importante que se realizó contra el tratado. Desde las distintas centrales sindicales se habían llenado la boca con promesas de lucha a fondo. Moyano del MTA había lanzado un paro para el 5 y 6 de abril, pero el retorno de Cavallo al poder lo hizo cambiar de planes. Pero lo peor fue que se dividió a la gente en varias movilizaciones distintas. El mayor ejemplo divisionista lo dio Moyano, haciendo por su cuenta un acto peronista en Plaza de Mayo. Por su parte, la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), frente a estos hechos, no tuvo tampoco ninguna política unitaria de movilización, ni para impulsar medidas de acción directa para impedir que los ministros y empresarios pudieran sesionar, tal como había anunciado en el Foro de Porto Alegre durante el verano. A la dispersión de los esfuerzos también contribuyó la CCC-PTP, que impulsó por su cuenta una manifestación de algunos centros de estudiantes desde el Obelisco, separada de las otras acciones.

El gobierno argentino sí realizó acciones de bloqueo: le impidió el acceso al país a manifestantes brasileños que viajaban en micros. También hizo lo mismo con compañeros uruguayos.

A pesar, sin embargo, de las divisiones, las movilizaciones, en especial la marcha al Sheraton, lograron instalar en la gente el tema del ALCA. Otro hecho muy positivo es que la participación de delegaciones de Brasil, Uruguay y Paraguay hicieron que por primera vez en Buenos Aires una movilización tuviera un componente internacionalista.

Así como es importante subrayar estos hechos positivos —la instalación del tema ALCA y el aporte internacionales— es necesario precisar límites que quedaron en evidencia. Tanto el CTA como el MTA, de distinta forma, impusieron en los actos y manifestaciones dos falsas alternativas al ALCA. El MTA hizo un acto nacionalista-peronista. El CTA, por su parte, levantó contra el ALCA la opción del Mercosur. Ninguna de esas opciones capitalistas puede ser una salida para los trabajadores.

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