¿A qué viene Cavallo?

Por Roberto Ramírez

 

López Murphy y su fallido plan lograron, instantáneamente, el repudio generalizado de los trabajadores así como también de las clases medias y los estudiantes. De distinta forma (y también por diferentes motivos) hasta sectores de la gran patronal, como los que se agrupan en la Unión Industrial Argentina, criticaron el paquetazo.

Hay que reconocer que su sucesor, Domingo Cavallo, ha tenido al principio mejor suerte. Evitando inicialmente usar palabras desagradables (“ajuste”, “despidos”, “rebaja de salarios”) y hablando de “crecimiento”, “competitividad”, “recuperación para crear empleos”, etc., ha logrado generar una cierta expectativa en algunos. Hay sin embargo un amplio sector que recuerda sus pasadas hazañas y no se deja convencer.

Pero, al no ver otra alternativa distinta y mejor, Cavallo ha logrado instalarse, por lo menos hasta ahora, con mucha más solidez que su antecesor. Es ayudado además por la campaña de los medios que dibujan una visión apocalíptica del posible “fracaso” del mago de turno. “Cavallo o el diluvio”, es lo que meten en la cabeza de la gente.

 

Medidas distintas para los mismos objetivos: pagar la deuda y seguir engordando los grupos económicos que destruyeron al país y a los trabajadores

 

Más que un plan económico detallado, Cavallo ha presentado como “plan” una hábil y “vendedora” mezcla de algunas medidas concretas (como el impuesto al cheque y movimientos de cuentas corrientes, el aumento de aranceles a productos de consumo que aplastaban la producción local, etc.) con proyectos generales de contornos aún no muy precisos que, supuestamente, harían salir rápidamente a la economía argentina de los casi tres años de recesión/depresión. Lograda la reactivación en pocos meses, el Plan de Competitividad garantizaría, según su autor, un crecimiento sostenido de la economía. Esto se dice permitiría reducir el desempleo.

El nuevo plan económico se presenta con una fisonomía distinta a los anteriores, que culminaron con el estallido del de López Murphy. Hay efectivamente un cambio. Pero lo que cambia son los medios y no los fines.

Simplificando mucho, podríamos decir que los planes “estilo López Murphy” no son planes “económicos” (en el sentido de que se centren en proyectos para producir, exportar, desarrollar tales o cuales ramas, etc., etc.) sino casi exclusivamente financieros. Se limitaban a recortar gastos, despedir empleados y subir impuestos para bajar el déficit del presupuesto de Estado, según los acuerdos con el FMI.

El principal objetivo de esos planes de ajuste para contener el déficit es el de cumplir con los pagos de los intereses de la deuda para poder renovar los vencimientos del capital. Estos pagos han ido aumentando vertiginosamente, a medida que los usureros fueron imponiendo intereses cada vez más altos, que Argentina se endeudaba más y más (a un ritmo de crecimiento de la deuda del 12% anual en los últimos 10 años) y que crecían los vencimientos.

Pese a todos los tijeretazos, el aumento del déficit del Estado ha sido incontenible, por múltiples razones. Entre ellas, el ya señalado crecimiento veloz del servicio de la deuda, la pérdida de 5.000 millones anuales de aportes jubilatorios que el Estado regala a las AFJP, las exenciones impositivas y subsidios que benefician a sectores privilegiados de la patronal, la recesión que ha bajado la recaudación fiscal y estimulado la inveterada costumbre de la burguesía de no pagar impuestos, etc., etc.

Se fue generando, entonces, una calesita infernal: los crecientes servicios de la deuda provocan más déficit, esto obliga a más recortes, lo que provoca más recesión, lo cual hace bajar la recaudación y produce entonces más déficit, que exige más recortes y endeudarse más para renovar los vencimientos, etc., etc.

Ya el año pasado, se advertía que ese circuito estaba en crisis y que las “dudas” que comenzaban a generarse en los “mercados” reflejaban la imposibilidad de mantener indefinidamente ese mecanismo. Las “dudas” de los “mercados” (es decir, del puñado de bancos, fondos y otros tenedores de la deuda) se ha convertido en la certeza de que así Argentina no puede pagar la deuda. Por eso suspendieron los préstamos.

Pero, como también señalamos, esta crisis financiera no es más que la “forma de manifestarse” de una crisis más global y profunda, estructural: se trata de la crisis del “modelo” de capitalismo que comenzó a imponer la dictadura plan Martínez de Hoz y que ya en plena globalización coronó Menem, con el propio Cavallo de Ministro de Economía.[1]

Es la consecuencia este modelo caracterizado por el dominio sin límites del capital financiero globalizado, por el endeudamiento desenfrenado del Estado, por la “piedra libre” para fugar capitales que hoy probablemente sobrepasan más de la mitad del monto de la deuda externa, por la “apertura” sin restricciones (que no convirtió a Argentina en un gran país exportador como se prometía, sino que arrasó con gran parte de la anterior industria), por las privatizaciones de las empresas del Estado y la desnacionalización de las empresas privadas, por la conformación de un puñado de grupos económicos que logran fabulosas ganancias principalmente parasitando las concesiones de servicios y otras dádivas del Estado, por la convertibilidad (el “1 a 1”) que garantiza a esos depredadores retirar su capital y sus ganancias sin peligro de devaluaciones pero que dificulta las exportaciones (especialmente industriales), etc., etc.

El eje de todo esto fue el reviente de la clase trabajadora y el empobrecimiento de gran parte de las clases medias, con la “flexibilización laboral” y la liquidación de los derechos del trabajador, con la generación de más de 4.500.000 desocupados o subocupados, lo que presiona al salario y las condiciones de trabajo hacia niveles africanos, con una polarización social que concentra el ...% del ingreso en sólo el ...% de la población mientras que ha generado una masa de 13 millones de pobres. Y todo esto coronado por un grado tal de colonización que ha convertido a este país en un virtual virreinato, donde los principales poderes del Estado son el FMI y la Reserva Federal.

Con el país en manos de un puñado de multinacionales y grupos financieros (cuyo mejor ejemplo es el grupo mafioso organizado por el Citibank con agentes locales como Moneta), lo que se ha “desarrollado” es la especulación, el lavado de dinero, las fabulosas rentas parasitarias de los servicios (agua, teléfonos, peajes, gas, electricidad, trenes, recolección de basura), las superganancias de los hipermercados y los shopings (gracias a la liquidación en masa del pequeño comercio), la depredación de las riquezas naturales (como las reservas de gas de Loma de la Lata, valuadas en 40.000 millones y entregadas a Repsol-YPF por 300 millones), etc.

Así llegamos al actual desastre. Tres años de depresión, en la cual ya no actúan los mecanismos casi “automáticos” de recuperación de un ciclo recesivo “normal”. La virtual cesación de pagos de la deuda es sólo el síntoma de que esto así no funciona, ni siquiera desde el punto de vista capitalista...

Esta crisis profunda, estructural, se puede definir como una “crisis del proyecto de país”. La burguesía argentina y sus socios-patrones de EE.UU. y Europa destruyeron el antiguo modelo “cerrado”, “estatizado” y de producción principalmente para el mercado interno. Lo reemplazaron por una factoría colonial de especulación financiera, servicios caros y malos, exportación de productos primarios del agro, combustibles y unas pocas manufacturas, e importación de todo lo demás.

Al hacerlo, provocaron un genocidio social. Pero lo que han construido no marcha bien. No les garantiza ni el pago de los intereses de la deuda...

Lo que ha pasado con Argentina es, además, internacionalmente emblemático. Fue en Latinoamérica el “mejor alumno” del FMI y el neoliberalismo. El que siempre “hacía los deberes” que le dictaban desde Washington, superando en eso hasta al Chile de Pinochet. Los primeros años de Menem-Cavallo fueron presentados ante el mundo como el “milagro argentino”... El desastre de Argentina tiene por eso una dimensión internacional, que alienta los crecientes cuestionamientos y críticas al capitalismo globalizado y las políticas neoliberales.

 

El Plan de Competitividad

 

Ante el descalabro provocado por el modelo neoliberal en Argentina, Cavallo tuvo que salirse parcialmente del libreto, pero con los mismos objetivos (el primero de ellos, pagar la deuda).

Mientras los planes de Machinea y López Murphy, como ya explicamos, apuntaban sólo a cerrar la brecha del déficit mediante recortes, para afrontar los pagos de la deuda y cumplir los compromisos con el Fondo, Cavallo llegó a la conclusión de que hacer eso sólo no va más. Que si no sacan a la Argentina de la depresión y no logran reactivar la economía y la producción, no se podrá pagar la deuda ni sostener la rentabilidad del capital en este país.

Con esos objetivos (que son los mismos de siempre: pago de deuda y máximas ganancias para el gran capital) Cavallo ha ido sacando de la galera una serie de medidas “no ortodoxas” y propuestas que han provocado discusiones entre los banqueros y capitalistas, tanto aquí como en EE.UU. El impuesto al cheque, la suba de los aranceles para la importación de bienes de consumo, el estímulo a algunas ramas de la industria (como calzado, indumentaria, automotriz), un plan de infraestructura y otras medidas por el estilo son opuestas a todo lo que hasta ahora recetaban el FMI y la ortodoxia neoliberal. Y no hay unanimidad entre la burguesía y los inversores extranjeros sobre estos cambios.

“Con este plan retornan el proteccionismo y el nacionalismo casi cavernario cuando el mundo se mueve hoy en la globalización y América hacia el ALCA, que no protege industrias con aranceles altos...”, opinaba Ámbito Financiero (26-03-01). Otros sectores de la burguesía en cambio aplaudían a rabiar, como la mayoría de la Unión Industrial Argentina. A su vez, ningún banquero concurrió el día de la jura del nuevo ministro, como expresión de “mal humor” (según La Nación del 29-3-01) por las medidas anunciadas. Dudas y divergencias parecidas se registraron también en el exterior.

Sin embargo, el Plan de Competividad va más allá de algunas medidas para tapar agujeros. Cavallo apunta a un abanico de objetivos que van desde “retocar” la convertibilidad (canasta de monedas) hasta tratar de cobrarle impuestos a la burguesía argentina (vieja exigencia de Washington que ningún gobierno logró cumplir) y también una amplia reestructuración del Estado. En el centro de esos objetivos, está el de bajar costos para hacer “competitiva” la producción argentina, sin tener que devaluar. Si hay un crecimiento sostenido de la producción para exportar o para el mercado interno, se supone que el servicio de la deuda podría ser cumplido y habría además buenas ganancias para las grandes empresas y los bancos.

 

La tijera bajo el poncho

 

Cavallo anuncia a diario infinidad de medidas, pero hay tres claves en sus planes. Todas apuntan directa o indirectamente contra los trabajadores, los desocupados, los jubilados y la clase media empobrecida, y también contra los últimos restos de independencia del país frente al imperialismo yanqui.

La primera clave, es que Cavallo trae “la tijera bajo el poncho”. No la agita provocativamente, como el tonto de López Murphy, pero los “recortes” y “ajustes” de su plan son aun más amplios y ambiciosos. “Como parte de esa estrategia –comenta La Nación (13/4/01)–, en Economía no piensan en un gran plan, ni en un super-decreto, sino en sucesivas decisiones que pasen lo más inadvertidas posibles.”

Ya ha anunciado un primer tijeterazo de 300 millones, dirigido contra la ANSES (jubilados), Salud y asignaciones familiares. En este primer saque, no van a tocar Educación, para evitar reacciones mayores. Pero la campaña iniciada por el Ministro Delich contra el ingreso a las universidades, indica cómo viene la mano... Esperarán hasta las vacaciones.

Los 300 millones que les sacan a los jubilados y los hospitales, es apenas el aperitivo. Detrás viene el plato fuerte: una amplia “reforma del Estado”, que va a dejar en la calle a decenas de miles de empleados públicos. El ejército de desocupados va a recibir un nuevo y gran contingente gracias a Cavallo, si la lucha obrera y popular no logra torcerle la mano.

Hipócritamente, los legisladores que votaron la ley que dio plenos poderes al super-ministro, establecieron en ella que no habría despidos masivos. Pero, al mismo tiempo, dieron a Cavallo mano libre para reventar a los estatales en forma más “disimulada”. Se trata de ir reduciéndolos no de un solo saque, sino por tajadas, mediante las reestructuraciones de organismos y la anulación de los convenios y estatutos que garantizaban la estabilidad.

Al mismo tiempo, la tijera de Cavallo ha comenzado a cortar en las provincias: Ruckauf ha dado el ejemplo, firmando el ajuste para la provincia de Buenos Aires.

Pero donde se ve más claramente qué clase de “reactivación” busca Cavallo es en la burla de los subsidios de desocupación. Con otro nombre, continuará la miseria de los Planes Trabajar, pero peores porque los reducen. ¡En un país con 4 millones y medio de desocupados totales o parciales, habrá apenas 209 mil subsidios de $170!

La segunda clave del plan tienen que ver con la tan sonada reactivación de la industria. “La clave de la recuperación –señala correctamente un analista de La Nación (10/4/01)– depende de una fuerte recomposición de la rentabilidad de los productores de bienes transables, sean exportables o competitivos de las importaciones en el mercado interno.”

“Transable” es todo lo que se puede comerciar internacionalmente (exportar o importar). Por ejemplo, un auto, una camisa o un paraguas son “transables”. En cambio una casa, el servicio de una obra social o un viaje en colectivo son “no transables”, no se pueden importar ni exportar.

Con la convertibilidad, se distorsionaron las relaciones de precios entre los bienes y servicios transables y no transables. Mientras los primeros quedaron clavados por la competencia de bienes importados, los segundos aumentaron desmesuradamente. La mayoría de los productores de bienes transables quedaron en clara desventaja (sobre todo en la industria, pero también en amplios sectores del agro). La compensaron al principio con un fenomenal aumento de la explotación de los trabajadores (crecimiento de la productividad, rebaja del salario, “flexibilización laboral”, etc.). Pero finalmente ni las rebajas de salario, ni la explotación salvaje, ni la “modernización” de la maquinaria y la organización del trabajo, fueron suficientes para que gran parte de la industria (y también sectores del campo) siguiera siendo “competitiva”. Esto afectó especialmente a la pequeña y mediana empresa de capital nacional, tanto en la industria como en el agro. La depresión que sufre Argentina tiene una de sus causas en este derrumbe. Fue además un factor esencial la extranjerización de la empresa privada, al punto que hoy el 70% del PBI argentino es producido por empresas extranjeras.

Cavallo promete que, sin devaluar, va a bajar los costos un 20%. Al mismo tiempo, poniendo un arancel cero a la importación de bienes de capital, la industria podrá “modernizarse” más. Así, presuntamente, sumando “modernización” y “baja de costos”, las ramas en crisis se harían “competitivas”.

¿Pero de dónde va a salir esta baja del famoso “costo argentino”? ¿Acaso Cavallo va a ir contra las telefónicas, que han ganado miles de millones administrando los teléfonos y comunicaciones más caras del mundo? ¿Va a ir contra Repsol-YPF, que en un país sin inflación aumentó el gasoil un 70%? ¿Va a eliminar a los parásitos de los peajes que cobran las tarifas más caras del mundo por circular en carreteras que ni siquiera construyeron? ¿A los bancos (cuyo principal negocio en este país no es financiar la producción, sino lavar dinero, canalizar la fuga de capitales, financiar tarjetas con intereses del 60%, especular con la deuda pública y, a través de las AFJP, quedarse con la plata de las jubilaciones) va a obligarlos a que financien la producción a las tasas normales de los países industrializados?

¡Por supuesto, nada de esto hará Cavallo! Es el máximo representante general del capital imperialista y de la gran burguesía. Aunque tenga roces coyunturales con algunos sectores no va a ir contra sus intereses.

Si bien para bajar costos promete sacar algunos impuestos, quienes pagarán la “reactivación” de la industria y de la producción en general, serán ante todo los trabajadores, tal cual sucedió en los primeros años de la convertibilidad. En esa época, también se “modernizó” una parte de la industria (mientras otra se iba a la quiebra). El resultado de este aumento de la “productividad” fueron los despidos en masa, que, recordemos, comenzaron en esos años, a pesar de que había un importante crecimiento del PBI.

La “competividad” significa, en última instancia, producir mucho más con menos gente. Serán los trabajadores quienes pagarán la factura.

Por último, la tercera clave de los planes de Cavallo es el ingreso de Argentina al ALCA. En otro artículo, analizamos con más extensión este hecho trascendental. Pero digamos aquí que el ALCA significa la transformación de nuestro país en una colonia casi total de EE.UU. y de sus corporaciones transnacionales. Este proceso de colonización, que avanzó con todo en la época de Menem-Cavallo, con el ALCA llegará a su culminación. Con las puertas abiertas de par en par, van a arrasar los países que se unan a esa Área de Libre Comercio. Será un coto de caza, donde los cazadores serán las corporaciones yanquis y los cazados nosotros, los trabajadores y los pueblos argentino y latinoamericanos...

Por todas estas razones, combatir y derrotar al gobierno de Cavallo-De la Rúa y todos sus planes, es la tarea fundamental que tenemos hoy los trabajadores.

 

Notas:

1- Más en detalle, todo esto está analizado en anteriores artículos de SoB: Crisis de la economía argentina: Triste, solitario y final, julio-agosto 2000; La deuda que Cavallo nos legó, setiembre 2000; “Honrar las deudas”, noviembre 2000; ¿A dónde va la Argentina?, marzo 2001.

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