Crisis política de marzo

20 DÍAS QUE CONMOVIERON LA ARGENTINA

Por Roberto Sáenz

 

"Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal se producen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó agregar: una vez como tragedia y otra vez como farsa" (1).

Es probable que esta clásica sentencia de Marx aplicada al tercer Bonaparte (sobrino de Napoleón) a mediados del siglo XIX en Francia, puede ser adjudicada finalmente a Cavallo, el que ha llegado con todas las ínfulas del "salvador" y con un apoyo patronal mayoritario. Estos han cerrado filas alrededor de él –aún en medio de importantes contradicciones– luego de haber sentido el vértigo de un cierto abismo...

 

Viene para intentar rescatar al gobierno de De la Rúa de su abrumadora crisis y, más en general, al país burgués del desastre en el que está. Sin embargo, su éxito no está para nada asegurado, aunque tampoco se pueda descartar. Dependerá del desarrollo de la profunda crisis a la que está sometido el país, y, sobre todo, de la evolución de la lucha entre las clases. En todo caso, la empresa se presenta difícil, bastante más compleja que cuando llegó como ministro de Menem (a principios de los 90). En esa oportunidad imperaban mejores condiciones para los planes capitalistas que hoy, en que existe un importante cuestionamiento al pensamiento único “neoliberal”.

 

La crisis más grave en una década

 

En el último mes, se ha vivido una crisis política de una magnitud no vista desde el 89, cuando Alfonsín debió abandonar de manera anticipada el gobierno. Si bien en este caso De la Rúa no llegó a caer, estuvo a un paso de hacerlo, quedando totalmente deslegitimado frente a la población. Esta crisis, de enorme gravedad, tiene por lo tanto varios ángulos desde los cuales analizarla. En su contenido más profundo, ha sido la forma política en la que se ha expresado la crisis de fondo del país y la enorme impotencia e ineptitud del gobierno “aliancista” para orientar una salida de la misma. Al mismo tiempo, tiene consecuencias profundas para la evolución política futura, más allá de que es un hecho que hoy por hoy ha pasado el momento más crítico de la misma.

Esta crisis concentra razones profundas de dos tipos. En primer lugar, de índole económico-social: está en “bancarrota” el proyecto mismo de país que se viene imponiendo por parte de los grupos dominantes desde hace 25 años (2). En segundo lugar, se trata de una aguda crisis de legitimidad del propio gobierno y del deterioro de la relación de los sectores populares con las instituciones del régimen, a la vez que del desarrollo de un proceso de crisis en los partidos patronales tradicionales.

Junto con esto, es importante referirse al tipo de "solución política" que han seguido las clases y sectores dominantes: se ha constituido de hecho un nuevo gobierno en torno a Cavallo, al que el Congreso (con el apoyo del PJ, la UCR y el Frepaso) le ha otorgado "poderes especiales" para hacer y deshacer a su antojo en cuestiones que hacen a la vida de millones de trabajadores y sectores populares del país. Esta manera de "entronizar" a Cavallo, de espaldas a los propios mecanismos ya de por sí antidemocráticos (fundados en el engaño) de la democracia de los ricos, tiene así un carácter marcadamente “reaccionario”, expresando el deterioro y degradación de ésta, aún en su propio terreno.

 

Las ínfulas del "salvador"... o cómo recuperar la legitimidad ilegítimamente

 

 "Entendemos por bonapartismo el régimen en el cual la clase económicamente dominante, aunque cuenta con los medios necesarios para gobernar por métodos democráticos, se ve obligada a tolerar –para preservar su propiedad– la dominación incontrolada del gobierno (...) por un salvador coronado. Este tipo de situación se crea cuando las contradicciones de clase se vuelven particularmente agudas; el objetivo del bonapartismo es prevenir las explosiones".(3)

La cita anterior, que colocamos sólo a título ilustrativo, permite sin embargo representar la forma en que se buscó resolver la crisis política abierta. Evidentemente, la solución de la grave crisis de gobernabilidad de De la Rúa, se hizo por medios en cierta medida "ajenos" a los tradicionales de la democracia burguesa de nuestro país. Es que, hasta cierto punto, se puede decir que con la asunción de Cavallo se formó un nuevo gobierno, concretándose esto, por fuera de los mecanismos característicos del régimen existente en el país. En los hechos, Cavallo encabeza un nuevo gobierno sin haber sido votado por nadie para ello. Sin embargo, es cierto que la reaccionaria Constitución reformada en 1994 mediante el “Pacto de Olivos”, introdujo la figura del "jefe de gabinete". Pero lo ocurrido aquí con Cavallo es algo más que esto. En realidad, ha sido prácticamente la incorporación de un "primer ministro", que ha dejado a De la Rúa en un lugar puramente decorativo. Esta figura existe en las democracias parlamentarias imperialistas europeas, pero no en la Argentina, donde el régimen de las constituciones de 1853 y 1994, es marcadamente presidencialista, siendo éste, necesariamente, “elegido” por el voto. Es así que, pasando por encima de los propios mecanismos de la democracia patronal –entre cuatro paredes en Olivos– se ha formado un nuevo gobierno (De la Rúa-Cavallo), totalmente de espaldas a la población. Y desde este punto de vista, en medio del desarrollo de la crisis, esta manera de proceder por parte de los representantes políticos de los capitalistas, expresa la profundización de la tendencia que venimos señalando en SoB. Esto es, que la democracia burguesa argentina (siguiendo una tendencia mundial) va adquiriendo, de forma creciente, características de régimen "híbrido", combinando las formas clásicas del voto, con mecanismos "desde arriba" cada vez más antidemocráticos. Es esta resolución de los problemas, cada vez más de espaldas a la población, bajo la forma de la figura de un “salvador” que se coloca por encima de las divisiones y peleas internas de las clases dominantes, lo que queremos ilustrar con el ejemplo del “bonapartismo”. Se trata de que la “democracia de los ricos”, cada vez más degradada y desprestigiada ante las masas laboriosas, incorpora de manera creciente este tipo de elementos para poder funcionar.

Al mismo tiempo, sería un error garrafal considerar que en el país ha habido un golpe o semi golpe de Estado (como plantea de hecho el CTA, quitando la responsabilidad política al gobierno aliancista por la actual situación). Esto no es así. No se trata hoy en el país de un caso como el de Fujimori en Perú, que en el 92 dio un "autogolpe" cerrando el Parlamento. En nuestro caso se trata de algo mucho más contradictorio y sobre todo abierto: la utilización de mecanismos de excepción, la entronización de un "salvador", pero en un contexto de cierto debilitamiento del gobierno y el régimen en relación al movimiento de masas, aún cuando todavía no se puede afirmar que haya cambiado la relación de fuerzas más general entre las clases...

Se trata así, de una nueva expresión de las tendencias antidemocráticas y reaccionarias de la propia democracia burguesa en medio de una grave crisis, de la búsqueda por esta vía excepcional, de resolver el creciente deterioro en su relación con las masas laboriosas, pero sin que haya dejado de ser lo que todavía es: un régimen de explotación “democrática” de los ricos, deteriorado, desprestigiado, y que incorpora crecientes elementos antidemocráticos e incluso –preventivamente– de represión y control social.

Consciente de su debilidad, es que al mismo tiempo que De la Rúa nombra a Cavallo, exige (y obtiene) del Congreso poderes especiales y llama a un "gobierno de unidad nacional" para tratar de superar esta debilidad en la que está sumido, subiendo a todas las alas políticas capitalistas al mismo barco, para “tirar para el mismo lado en medio de la crisis”. Sin embargo, es también un hecho cierto, que la nueva Alianza en el gobierno, no expresa totalmente el ansiado gobierno de “unidad nacional” buscado por De la Rúa. Sin embargo, el apoyo a Cavallo, trasciende la integración del elenco gubernamental (básicamente reducido a delarruistas más cavallistas). Es apoyado desde "afuera" (no sin contradicciones) por la mayoría de los sectores patronales, a la vez que por prácticamente todas las fracciones del PJ, de la UCR, la mayoría del Frepaso que sigue a Álvarez y las burocracias tanto de la CGT de Daer como la “combativa” de Moyano y Marta Maffei, dirigente de la CTERA e integrante del CTA, rendida ante las “esperanzas de la gente”. Han quedan por fuera de este apoyo, sectores minoritarios (aunque importantes) del Frepaso, de la UCR (la Carrió), y del sindicalismo (un sector de la CTA), aunque todos éstos también juegan a favor de la “gobernabilidad”, no planteándose cuestionar ni la sacrosanta “república democrática” ni el sistema capitalista como tal.

 

Las divisiones en los partidos tradicionales

 

Lo anterior no quita un aspecto central que esta crisis ha evidenciado y potenciado: la enorme crisis y fragmentación que atraviesa a los partidos patronales, lo mismo que a las burocracias de los sindicatos. Éste es un fenómeno en cierta medida nuevo e importante, producto del impacto –sobre ellos– de la situación política que vive el país... Y que en caso de que se desarrolle un proceso de lucha y/o político sostenido entre las masas trabajadoras, podría dar lugar a fenómenos políticos nuevos (en cierta medida, ya lo está haciendo).

No hay que olvidar que a nivel de América Latina, bajo la presión de la creciente y tremenda crisis social, se han venido dando ejemplos en este sentido: los más agudos han sido los de Perú, Venezuela, Ecuador, Paraguay, etc. Esto es, el derrumbe y/o fragmentación del sistema de partidos tradicionales. En la Argentina, la situación no es tan aguda, aunque hay algunos elementos en común en el sentido del grave deterioro de los partidos tradicionales y de realineamientos políticos que cruzan las fronteras de los mismos.

Sin embargo, el hecho es que las contradicciones creadas por la crisis, ha impactado de lleno sobre los partidos patronales, produciendo divisiones internas y/o realineamientos en todos ellos, lo que constituye un hecho nuevo en la vida política del país. A esto se suma su vaciamiento en relación a las "bases" y el desmedido peso de los distintos proyectos y ambiciones personales. Esto hace que todos los partidos patronales (el PJ, la UCR y el Frepaso) estén atravesados por una línea de “fractura” transversal. Deterioro que se podrá hacer más agudo dependiendo de la evolución de la crisis en curso y, fundamentalmente, de la propia lucha entre las clases.

A este fenómeno se le debe dar una explicación de fondo: tiene que ver con las dificultades  desatadas en relación al “proyecto de país” y las novedosas divisiones aparecidas en el campo de la patronal. No aparecen exactamente iguales –frente a la crisis los intereses de la burguesía financiera, importadora y la operadora de los servicios privatizados, que la de los grandes grupos multinacionales dedicados a la producción y/o exportación... por no hablar de los grupos Pymes. Éste es un fenómeno nuevo que no tiene antecedentes en 25 años. Es que desde hace dos décadas –y sobre todo en los 90– todos los sectores patronales habían venido cerrado filas alrededor del "modelo neoliberal” impuesto. Y esto ocurre, más allá de que si bien se expresan críticas a las condiciones económicas imperantes, no se presentan verdaderamente elementos de un proyecto de acumulación de capitales alternativo serio. Sin embargo, estos matices en las patronales, son los que se expresan al interior de los partidos tradicionales y también al interior de la burocracia sindical. Esto lo veremos más adelante.

Junto con esto, el otro elemento de fondo en la crisis de los partidos tradicionales, tiene que ver con el impacto sobre estos, de la experiencia hecha por los trabajadores y la población en general con todos ellos en estos 20 años de "democracia". Es que todos han estado en el gobierno aplicando los planes del imperialismo para el país, siendo responsables del desastre al que hemos llegado. Esto no quiere decir que hoy se pueda verificar una radicalización en franjas masivas de los trabajadores. Aunque no se puede perder de vista que está en curso, un cierto progreso a nivel de sectores importantes de una amplia vanguardia. Los proyectos políticos preventivos del “Polo Social” del cura Farinello, la ubicación de la “Lilita” Carrió (que defiende la perspectiva de “un capitalismo y una República seria”) o el recientemente formado “Frente para el Cambio” de Alicia Castro, parecen estar expresando que ellos se han avivado, antes que muchos otros, de este proceso a nivel de importantes sectores de vanguardia. Al mismo tiempo, todo esto plantea grandes responsabilidades a las corrientes que nos reivindicamos del socialismo revolucionario y de la clase trabajadora: ofrecer una alternativa y/o polo político unitario en el terreno del anticapitalismo y de la ruptura con la “conciliación de clases”. Esto es, contra la nueva trampa de afirmar y sostener que algo bueno puede venir de la mano de algún sector patronal “nacional” y/o “productivo”, proponer en común una perspectiva política independiente y revolucionaria de los trabajadores.

 

La burocracia sindical

 

Parte de esta batalla es la que está planteada por delante con los distintos sectores burocráticos. Ellos también, en su división, expresan los matices de opinión entre los sectores patronales, al mismo tiempo que los proyectos políticos de los distintos partidos o figuras de la “democracia de los ricos”. En el caso de Daer y la CGT de los “gordos” no hay mucho que explicar: ellos mantienen la ubicación que tuvo la burocracia en su conjunto a lo largo de los 90, en el sentido de ser agentes de aplicación de los planes capitalistas. Ellos sólo buscan su lugar en la globalización neoliberal y siguen alineados –en lo esencial– detrás del menemismo. En el caso de la CGT “combativa” de Moyano, ésta ha elegido un discurso de corte “nacionalista” clásico, a favor de la “producción nacional”. Expresa –sobre todo– el realineamiento en el seno del peronismo. Y esto es lo que explica su adhesión a Ruckauf, el que con un discurso más favorable “a la producción”, plantea introducir correcciones “al modelo” en curso. Asi, tal como le ha indicado su jefe político, no es casual que Moyano haya salido a apoyar a Cavallo, escudándose en las “esperanzas” de la gente.

El caso de la CTA es algo distinto. Esta es la expresión nacional de una corriente internacional de partidos y dirigentes sindicales burocráticos que han terminado asumiendo una posición crítica en relación al “modelo neoliberal”: el llamado “neorreformismo”. Han sido empujados a esto producto del cambio de clima político internacional y, sobre todo, por las dificultades que encuentran en resguardar su lugar y privilegios en el capitalismo globalizado “neoliberal”. Postulan “otro funcionamiento” del sistema, distinto al que impera hoy. Pero taxativamente no cuestionan el capitalismo como tal: sólo quieren “humanizarlo”. Y, paralelamente, son acérrimos defensores de la “democracia de los ricos”: colocan fuera de su campo de acción la perspectiva de la revolución y el socialismo. Por todo esto, esta corriente sistemáticamente busca educar a los trabajadores en la conciliación con sectores patronales (y la propia Iglesia), no habiéndose planteado nunca la posibilidad de una perspectiva política propia e independiente de los capitalistas por parte de la clase obrera. Así, han sido fervientes impulsores de la Alianza, y aún hoy, en medio del desastre del gobierno de De la Rúa, todavía permanecen dentro del Frepaso.

 

¿Tragedia o farsa?

 

Por último, es importante insistir que el pais está atravesando por una nueva situación política: más rica, más dinámica, más convulsiva y polarizada, que la “chata” realidad a la que tuvimos que acostumbrarnos en la última década. Una situación en la que se ha abierto un espacio, una posibilidad, de que las contradicciones y divisiones en las alturas, creen otras posibilidades, otro lugar para el debate de alternativas y para el desarrollo de la movilización obrera y popular. Es esta profunda crisis y esta nueva situación (de la cual la “crisis de marzo” fue, hasta ahora, su manifestación más espectacular) la que se pretende cerrar, o al menos atenuar, con Cavallo.

Tragedia fue lo que sufrimos con “el Mingo” en la década del 90. Y su legado es el desastre que vivimos en la actualidad. ¿Será hoy simplemente una farsa de lo que aconteció en ese momento? ¿Repetirá su éxito antiobrero y antipopular? ¿Podrán –al calor de la misma– la clase trabajadora y los sectores populares recuperarse de sus derrotas de los 90, recomponerse globalmente y comenzar a actuar como un factor político independiente, retomando los hilos con sus experiencias históricas de lucha más ricas en las nuevas condiciones? En todo caso, ésta es la firme apuesta de los socialistas revolucionario del MAS. A esa perspectiva queremos colaborar y apostar todas nuestras fuerzas. Esto, con la disposición, a la vez, de avanzar en la construcción de un nuevo partido socialista de los trabajadores, esto es, de una expresión política independiente y revolucionaria de los trabajadores por los trabajadores mismos.

Así, hay que estar preparados: porque más temprano que tarde, Cavallo-De la Rúa tendrán que ir a un duro ataque al movimiento de masas. Como ha dicho el economista Juan Carlos de Pablo: ”algún día el Mingo tendrá que anunciar las malas noticias”...Del resultado de estas batallas dependerá la evolución futura de la situación política y la posibilidad de que los explotados y oprimidos comiencen a escribir otra historia: una historia escrita desde abajo, por los de abajo.

 

 

Notas:

(1)   Marx, Karl, El dieciocho brumario de Luís Bonaparte.

(2)   Véanse “Crisis de la economía argentina: Triste, solitario y final (SoB N° 2); “La deuda que Cavallo nos legó” (SoB N° 3); “Honrar las deudas” (SoB N°4); “¿A dónde va la Argentina? Una nueva situación política” (SoB N°5).

(3)   Trotsky, León, “Otra vez sobre la cuestión del bonapartismo”.

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