Nuevas experiencias

Un nuevo partido de los trabajadores en Escocia

Por Murray Smith y Frances Curran

 

Presentamos parte de un folleto publicado por Gauche Revolutionnaire-La Commune, de Francia, que contiene tres artículos de miembros de la dirección del Partido Socialista Escocés (sigla en inglés SSP). Consideramos de la mayor importancia dar a conocer y debatir experiencias como la del SSP, que son el resultado de un camino de búsqueda, de reflexión crítica, de apertura y de construcción de organizaciones socialistas revolucionarias. Sin coincidir necesariamente en el enfoque de todos los problemas abordados aquí, y admitiendo que aún conocemos muy poco, el esfuerzo de los compañeros, su proyección y la dirección más general de su reflexión nos parecen sumamente interesantes y auspiciosos, en el marco de una recomposición de las fuerzas del movimiento obrero y el socialismo.

 

El SSP: un partido para el socialismo

 

El 6 de mayo de 1999, Tommy Sheridan, cabeza de lista del Partido Socialista Escocés (sigla en inglés SSP) en Glasgow, fue elegido diputado al primer Parlamento escocés después de tres siglos. Este triunfo electoral colocó al SSP, creado sólo unos meses antes, en la vanguardia de la escena política. Pero las raíces del nuevo partido se remontan mucho más lejos.

No nos referiremos aquí a la historia de la enorme movilización popular que tuvo lugar por el poll tax,(1) única victoria del movimiento obrero británico, marcado por luchas derrotadas. Pero es necesario subrayar aquí su importancia en la juventud del SSP. El sector escocés de The Militant (corriente trotskista que hizo un largo período de entrismo en el Partido Laborista) que se convertiría en la principal corriente del SSP, jugó un papel de primer orden, defendiendo la estrategia de echazar el pago del impuesto, combinado con movilizaciones de masas y acciones directas.

Pero si The Militant jugó un papel preponderante, esta lucha constituyó también la ocasión para un trabajo realmente unitario entre militantes de extrema izquierda, trotskistas o libertarios (anarquistas), al igual que laboristas, sindicalistas, comunistas, nacionalistas y muchos que llegaban a la acción política por primera vez por medio de esta campaña. Fue el crisol de una colaboración entre fuerzas de diversos orígenes, el principio de un cambio de comportamiento y de mentalidad.

Después de la campaña contra el poll tax, The Militant salió del laborismo en 1992 para crear una organización independiente, el Scottish Militant Labour (SML). Aprovechando la autoridad adquirida durante la campaña contra el poll tax, especialmente en los sectores populares de Glasgow, el SML consiguió los primeros éxitos electorales de la extrema izquierda en Escocia, siendo elegidos en muchos concejos municipales y regionales. El éxito más espectacular fue la elección de Tommy Sheridan al concejo municipal de Glasgow, mientras estaba purgando una pena de seis meses en prisión por haber ayudado a impedir un embargo de bienes por no pago del poll tax.

El potencial estaba demostrado por el éxito del SML y el nuevo hecho de la candidatura de Tommy Sheridan en las elecciones europeas de 1994, en las que obtuvo 7.5% en Glasgow . En esa época, el SML bien hubiera podido caer en un triunfalismo autoproclamatorio. Al contrario, comprendió que no podía por sí mismo constituir la alternativa, sino que debía trabajar por la constitución de una fuerza anticapitalista unida y pluralista.

Al inicio de los 90 comenzaron los Foros Socialistas, encuentros anuales organizados por el Movimiento Socialista Escocés (SSM, izquierda del laborismo), la corriente Liberación (izquierda del Partido Nacional Escocés - SNP) y el Partido Comunista de Escocia (CPS), uno de los fragmentos surgidos del estallido del PC de Gran Bretaña. Fue en el Foro de 1995 cuando el SML lanzó públicamente la idea de un bloque electoral, una Alianza socialista, para participar en las primeras elecciones al Parlamento escocés.

 

De la Alianza al SSP

 

La Alianza Socialista Escocesa (SSA) fue lanzada en febrero de 1996. El SML ingresó como corriente organizada. El Movimiento Socialista también ingresó, aunque algunos de sus miembros se mantenían en el Partido Laborista. La corriente Liberación no ingresó como tal, pero numerosos militantes de la izquierda del SNP adhirieron, en ese momento o más adelante. El CPS tampoco ingresó como tal, pero sí muchos de sus militantes y responsables. Había algunas pequeñas corrientes de extrema izquierda, como también independientes y representantes de diferentes movimientos sociales, como Rosie Kane, figura del movimiento ecologista radical. Una vez realizada la alianza entre la ecología y la lucha contra el capitalismo, una de las consignas de la Alianza y del SSP fue: “Si eres verde, tienes que ser rojo.”

En las elecciones legislativas británicas de junio de 1997, marcadas por una oleada laborista, la SSA obtuvo resultados muy honorables y colocó sus marcas hacia el futuro.

Estas elecciones marcaron un giro en la vida política escocesa. Desde entonces se ha tornado cada vez más nacional, diferente de la de Inglaterra. La SSA tomó una decisión capital que le permitió tomar posición en su nuevo marco político: se pronunció por una Escocia independiente y socialista. Esto se transformó en su carta de presentación y más adelante en la del SSP. El nacionalismo escocés es sobre todo la expresión de la aspiración profundamente democrática del pueblo escocés por dominar su propio futuro. Históricamente, esta posición ha sido siempre sostenida más por la izquierda y el movimiento obrero que por la derecha, y hoy el sentimiento independentista es más fuerte en la clase obrera y la juventud. Por lo tanto es natural fusionar esta aspiración democrática con la aspiración a la transformación social. Y ahí se encuentra la clave de todo el proyecto de emancipación social en Escocia.

 

Un nuevo partido

 

El lanzamiento del SSP en setiembre de 1998 representaba a la vez la continuidad y la ruptura con la experiencia de la SSA. Se trataba de saltar un paso cualitativo. El reto era reunir fuerzas mucho más importantes que las de la Alianza, de transformarse en una verdadera alternativa política. En las discusiones previas al lanzamiento del SSP, se preguntó: ¿de dónde provendrán exactamente las fuerzas para un nuevo partido? ¿Existen realmente? Era imposible responder por adelantado. La prueba de un pudín es comérselo, la única forma de comprobar si las fuerzas existían era lanzándose.

La apuesta fue acertada. La Alianza era una etapa necesaria para probar la colaboración entre las diferentes fuerzas, pero era una etapa que debía pasar. Al crear un partido, el SSP se postuló como alternativa para los trabajadores y los nacionalistas, y comenzó a ser percibido como tal incluso en el terreno electoral. Pues haciéndose presente en todas las luchas pequeñas y grandes, el SSP rechazaba las banalidades izquierdistas del tipo: “las elecciones no son nuestro terreno, nuestro terreno son las luchas”. Actualmente las elecciones son un excelente medio para hacer política, para hacer conocer nuestras propuestas a escala de masas. No hay ninguna contradicción con las luchas: las dos se complementan y se refuerzan. Así lo atestigua nuestra historia de los últimos diez años.

Desde el otoño de 1998, el nuevo partido comenzó a despegar, a conocer la afluencia de nuevos adherentes y a crear nuevas secciones. A partir del primer congreso del SSP en febrero de 1999, todas las energías se dirigieron hacia la preparación de las primeras elecciones legislativas escocesas de mayo de 1999.

Se decidió presentar listas en todo el país, incluso en los lugares en donde el partido no existía. Esto permitiría llevar a cabo una verdadera campaña nacional y darle a cada elector en Escocia la posibilidad de votar por el SSP. A nivel nacional el SSP obtuvo el 2% de los sufragios (46.000 votos), y el  7,25% obtenido en Glasgow permitió la banca de Tommy Sheridan. En las elecciones europeas de junio, el SSP pasó del 2 al 4%.

Los éxitos electorales continuaron, con buenos resultados en las elecciones parciales. Los últimos sondeos nos dan 5% de intención de voto a nivel nacional con picos del 13% en Glasgow y 11% en la región central, lo cual aseguraría tres diputados.

Las responsabilidades del SSP son enormes. Tenemos la posibilidad de construir un partido que se presente como alternativa factible a los laboristas y a los nacionalistas. En términos de otras corrientes políticas de izquierda organizadas, sólo existen los restos del PC y la sección escocesa del SWP (principal organización de extrema izquierda en Inglaterra). El SWP no quiso participar en la SSA ni en el SSP en el momento de su creación. Sin embargo, posteriormente han tenido lugar discusiones sobre la posibilidad de su integración al SSP.

 

Un partido portador de un proyecto de sociedad

 

Establecimos nuestra imagen distintiva de partido que se fija como perspectiva el socialismo y que lucha cotidianamente por defender a la clase obrera. Nosotros estamos ante todo por la ruptura con el capitalismo, por el socialismo. No hay lugar hoy para que sea creado un partido que acepte el capitalismo como horizonte indispensable. Luchamos, por supuesto, contra la política neoliberal, pero sin cultivar la ilusión del regreso a una época de oro keynesiana o a la restauración de un Estado-providencia.

Para estar a la altura de la empresa, tenemos que ser más que el partido “contra”, más que quienes defienden sus conquistas. Estamos contra las privatizaciones, contra las concesiones a los patrones, contra la flexibilización y la desregulación. Somos defensores de los servicios públicos, de la salud y de la educación. Pero toda fuerza política seria debe presentarse con un proyecto positivo. Nosotros abordamos esta cuestión a dos niveles. Trabajamos por definir lo que puede ser el socialismo actualmente, después de la doble derrota del estalinismo y de la socialdemocracia, y en cómo romper con el capitalismo en la época de la mundialización. Un libro de Tommy Sheridan y Alan McCombes titulado Imagine aporta una primera respuesta a estos interrogantes. Será para nosotros la oportunidad de abrir un amplio debate.

En lo inmediato, buscamos proponer soluciones a problemas concretos. Llevamos a cabo una acción apoyada en una de las mayores problemáticas de la juventud, la droga, que propone la legalización de la marihuana y la descriminalización de las otras drogas. Igualmente hemos lanzado una amplia campaña por una reforma del sistema de impuestos locales basada en una imposición fuertemente progresiva. Tommy Sheridan presentó un proyecto de ley prohibiendo la práctica medieval del embargo de bienes por causa de deudas. Gracias al apoyo de la opinión pública y de los diputados laboristas y nacionalistas, este proyecto se convirtió en ley, aunque el gobierno retardó escandalosamente su aplicación.

El SSP intenta actuar sobre las condiciones concretas de Escocia, pero no desconocemos la dimensión internacional. Vemos la construcción del SSP como un partido preocupado por la recomposición del movimiento obrero a nivel internacional, por el surgimiento de una izquierda radical.

 

Las lecciones de la experiencia escocesa

 

La creación del SSP surgió de la comprensión de la necesidad de ocupar el vacío dejado por el aburguesamiento del Partido Laborista. Había una urgencia especial a causa de la existencia del Partido Nacional Escocés (SNP), el cual comenzó a ocupar este espacio. Pero este espacio existe también en otros países.

En los países capitalistas desarrollados, los viejos partidos obreros de masas abandonaron la defensa de los intereses inmediatos de la clase obrera y dirigen directamente la ofensiva contra las conquistas obreras. Estos partidos abandonaron asimismo toda perspectiva de transformación socialista de la sociedad, al contrario, son los apóstoles de la ideología de mercado. Éste es nuestro punto de partida. Debemos reagrupar a todos aquellos que rehusan aceptar que no hay alternativa al capitalismo y que están listos a luchar por la rehabilitación de las ideas del socialismo. En el período actual es aquí donde se dibuja la línea de ruptura como base de reagrupamientos y de la creación de nuevos partidos.

 

Una profunda mutación del movimiento obrero

 

Lo que decimos nos parece válido para los países capitalistas desarrollados con una tradición de partidos de masas socialdemócratas y estalinistas, esencialmente en Europa. En donde jamás ha habido partidos obreros, como en Estados Unidos, crear esos partidos sobre cualesquiera bases sería un paso adelante. En Europa, será un paso atrás a escala histórica. ¿Será este paso atrás inevitable? Nosotros intervenimos en un marco político en el que a escala internacional el socialismo no es ya una referencia automática para millones de personas, como lo era antes. Pero no es, sin embargo, que un siglo de desarrollo político de la clase obrera haya sido borrado de un solo “brochazo”.

El aburguesamiento de la socialdemocracia, el hundimiento del estalinismo y la desintegración de las corrientes reformistas de izquierda debilitaron temporalmente el movimiento obrero, pero a la vez levantaron los grandes obstáculos para la creación de verdaderos partidos socialistas de masas.

 

Un objetivo estratégico

 

No está de más decir que estamos por la creación de nuevos partidos obreros y que participaremos. La construcción de partidos obreros con programas socialistas es la tarea estratégica clave de los revolucionarios en el período actual, y lucharemos por establecer y construir dichos partidos dándoles un programa político lo más avanzado posible en las actuales circunstancias concretas.

La mayoría de las fuerzas para la construcción de nuevos partidos vendrá de la nueva generación. Por lo tanto, para establecer partidos capaces de atraer a los trabajadores y a los jóvenes puede ser necesario trabajar con las fuerzas políticas existentes. Éstas incluirán elementos y corrientes provenientes de la ex socialdemocracia, de los viejos partidos estalinistas, del trotskismo, del sindicalismo, del nacionalismo de izquierda y de las fuerzas provenientes de las alianzas rojo-verdes.

Sería entonces falso decir que, porque la creación de nuevos partidos de trabajadores es la tarea principal, nosotros deberíamos simplemente disolvernos en esos partidos. Pero poner como condición previa que estos partidos adopten todo el programa histórico del marxismo sería producto de una locura sectaria. Todo el problema consiste en saber cómo integrar por estos partidos lo aprendido en 150 años de historia del marxismo. Debemos defender nuestro programa pacientemente, sin forzar el ritmo ni de la lucha de clases ni del desarrollo de los partidos.

 

Hacia una alianza socialista internacional

 

La política del SSP es trabajar por el surgimiento de una alianza internacional de partidos socialistas (2). Este objetivo se apoya en la realidad de la aparición de nuevas formaciones en una serie de países. Sería prematuro buscar una alianza formal en el momento. El proceso es desigual, más avanzado en algunos países que en otros, pero es posible establecer lazos con las nuevas fuerzas que surgen en Europa.

El contexto global es aquel en que la clase obrera de Europa occidental es el blanco desde hace veinte años de una ofensiva capitalista de gran envergadura para quitarle todas las conquistas obtenidas en el período de la posguerra. Este ataque estuvo acompañado por una ofensiva ideológica ensalzando la supuesta superioridad de la economía de mercado. Después del hundimiento de la Unión Soviética, se agregó todo un discurso sobre el fracaso del socialismo, con la conclusión de que el capitalismo es el único sistema que mantiene la ruta, que se puede reparar, pero no reformar seriamente ni ponerse verdaderamente en cuestión, ya que no existe alternativa.

Hay que mantener presente este contexto de una ofensiva capitalista sostenida y prolongada, pues tiene efectos profundos en las organizaciones y en la conciencia de la clase obrera, y es en este marco en el que se desarrolla la recomposición actual del movimiento obrero.

 

El papel de los partidos de izquierda

 

Es importante subrayar que la ofensiva contra la clase obrera ha sido llevada a cabo desde el principio, no sólo por los gobiernos de derecha, sino también por los de izquierda.

Es totalmente lógico. Durante varios decenios después de 1945, el papel de la socialdemocracia ha sido el de defender un orden capitalista en el cual la clase obrera obtuvo conquistas en relación con el período anterior. La socialdemocracia estaba asociada a la defensa de lo que se llamó el consenso de la posguerra, establecido sobre una situación en que la relación de fuerzas era favorable a la clase obrera y los capitalistas temían verdaderamente una revolución en la mayoría de los países de Europa.

Pero después de los 70 el mensaje del capital estaba claro: el período de las concesiones terminó, ya no tenemos los recursos y además necesitamos recuperar aquello que nos vimos obligados a concederles con anterioridad. En esta situación, los reformistas tenían dos alternativas: la de apoyarse en los trabajadores para defender las conquistas o la de obedecer las órdenes de los patrones capitalistas. Unánimemente tomaron la segunda opción. Cualquier ilusión que hubiera podido existir sobre la doble naturaleza de esos partidos, suspendidos en algún punto entre la clase obrera y la burguesía, debería disiparse.

No solamente no se mostraron útiles en la defensa de la clase obrera, sino que probaron ser instrumentos para atacarla. En ninguna parte hemos asistido a una ruptura de izquierda significativa contra ese proceso. Por eso llegamos a la conclusión de que esos partidos están acabados como herramienta potencial para la defensa de la clase obrera. Sería igualmente una ilusión creer que bajo presión estos partidos podrían tener otra política, conforme a los intereses de los trabajadores y los oprimidos. Se plegarán y se echarán para atrás bajo la presión de la resistencia obrera, como cualquier gobierno burgués. Pero cuando la presión decae, ellos salen de nuevo al ataque porque ésa es su función.

Los viejos partidos comunistas tienen un margen de maniobra muy reducido. A pesar de su autonomía creciente con respecto a Moscú durante los 60 y 70, gran parte de su identidad procedía de sus vínculos con la Unión Soviética. Separados de su fuente, les quedan pocas alternativas: convertirse en socios subordinados de los partidos socialistas dominantes, embarcarse en una oposición estéril o participar de los procesos de formación de nuevos partidos de los trabajadores. Fue únicamente en Italia donde se vio un partido, el PRC (Refundación Comunista), que conoció en éste su tipo de evolución, no sin dificultad.

Dejando de lado al PRC cuya evolución política no está garantizada, pero que avanzó hacia la izquierda y se ubicó en la oposición al gobierno de centro izquierda y tal vez, con un signo de interrogación, el PDS de Alemania, los partidos comunistas restantes no serán la fuerza motriz de nuevos partidos. Esto no es accidental. Si bien estos partidos tenían en sus filas numerosos militantes y cuadros que creían sinceramente en la necesidad de una transformación socialista de la sociedad, después de un largo tiempo dejaron de ser los partidos revolucionarios que pretendían ser. Decenios de colaboración de clase no constituyen una buena preparación para una política de clase independiente.

 

Hacia nuevos partidos, ¿sobre qué bases?

 

En distintos momentos de su historia, la clase obrera ha necesitado diferentes tipos de partidos. En 1864, la I Internacional buscaba reagrupar todas las organizaciones obreras existentes y no eran todas socialistas. Veinticinco años después, la II Internacional representó un paso adelante, a la vez casi todos sus partidos tenían como objetivo el socialismo y estaban, en la mayor parte de los casos, fuertemente influenciados por el marxismo. Después de la Primera Guerra Mundial, se dio una división entre quienes creían que el socialismo se realizaría ganando una mayoría parlamentaria en el contexto del Estado burgués para efectuar reformas y quienes creían que el socialismo no podía ser alcanzado sino por la vía revolucionaria, estableciendo un Estado obrero como en Rusia. Estas opciones fueron defendidas por partidos que organizaban e influenciaban millones de trabajadores.

Asimismo, en una época bastante posterior, a principios de los 70, se llevaban a cabo debates en el movimiento obrero acerca de la estrategia necesaria para lograr una transformación socialista. Estos debates tenían como fondo eventos tan importantes como Mayo del 68, la experiencia de la Unidad Popular en Chile y la Revolución Portuguesa. Asimismo, un partido como el PS francés hablaba en los 70 de la ruptura con el capitalismo.

¿Cuál es la situación actual? La división no se da entre socialistas que quieren la reforma y socialistas que quieren la revolución. Se da entre los “socialistas” que no tienen otra ambición que la de administrar el capitalismo y los socialistas que defienden la idea de que sí hay una alternativa al capitalismo.

Esto no quiere decir que en un último análisis el debate entre reforma y revolución ya no es pertinente. Es ilusorio, hoy como ayer, pensar que podemos alcanzar el socialismo simplemente ganando una mayoría y utilizando el aparato de Estado existente, sin desmantelar las estructuras cuidadosamente puestas en su lugar para defender el orden capitalista, sin neutralizar el sabotaje y la oposición inevitables de los capitalistas, sin crear un nuevo tipo de Estado. Pero buscar construir un partido de masas hoy sobre esas bases es ir demasiado lejos. Actualmente, después de un período en el que la clase obrera ha perdido mucho terreno, debemos reunir y reagrupar fuerzas en defensa de la idea del socialismo como alternativa al capitalismo y comenzar a dirigirnos hacia ese objetivo participando en las luchas de la clase obrera, proponiendo medidas que mejoren concretamente su situación.

¿Cómo avanzar hacia la formación de nuevos partidos? Debemos partir del material humano existente. Hay afiliados o viejos afiliados a los partidos socialistas que se mantienen fieles a sus convicciones socialistas. Es aún más cierto en los partidos comunistas. Hay sindicalistas que comprenden la necesidad de dar una dimensión política a su lucha. Algunas fuerzas vendrán de corrientes nacionalistas radicales, otras del movimiento ecologista.

Y last but not least [último pero no en importancia], está la extrema izquierda revolucionaria, cuyas organizaciones, trotskistas de diversas tendencias y ex maoístas, representan fuerzas no despreciables en la mayoría de los países de Europa. En la medida en que estas organizaciones, sean cuales fueren sus defectos, continúen defendiendo la necesidad de una transformación socialista, y porque representan fuerzas militantes estructuradas, tienen un papel potencialmente decisivo. Pero no pueden jugarlo sino en la medida en que sean capaces de comprender la necesidad de converger con otras fuerzas para crear nuevos partidos, y no solamente concebir su propia construcción como un fin en sí. Como escribió Trotsky en 1934: “Hay que considerarse no como un sustituto de los nuevos partidos, sino como el instrumento de su creación”.

 

Democracia y pluralismo

 

Para lograr que surjan nuevos partidos, la cuestión del pluralismo político y de un funcionamiento democrático es crucial. Hay que abordar este problema a dos niveles. Primero, hay que integrar las lecciones de la experiencia del movimiento obrero a lo largo del siglo XX. Específicamente, debemos tener en cuenta el balance del estalinismo y restablecer la tradición del movimiento obrero durante los primeros años de la Internacional Comunista, de partidos no monolíticos con el derecho a la existencia de tendencias, corrientes y plataformas. Al respecto, la influencia del estalinismo se hace sentir en los partidos comunistas pro Moscú. Las organizaciones maoístas que salieron de sus partidos no han roto con el estalinismo.

De manera más sorprendente a primera vista, pero indiscutible, el estalinismo también ha influenciado a las organizaciones trotskistas, que debieran haber sido su antítesis. Esto puede explicarse de manera general por la influencia insidiosa del estalinismo en el movimiento obrero, que afectó inclusive a sus enemigos. Más específicamente, la lucha por mantener pequeñas organizaciones durante tantos decenios con posterioridad a 1945, frente a poderosos partidos estalinistas y socialdemócratas, favoreció los regímenes internos autoritarios. El “centralismo democrático” se transformó menos en un medio para llegar a decisiones a través de un debate democrático amplio, con el fin de realizar la unidad de acción, que en un mecanismo para enviar órdenes desde arriba, mantener una disciplina ideológica y desalentar todo pensamiento independiente. Fue una perversión de la tradición marxista. Todas las organizaciones trotskistas fueron confrontadas por la necesidad de romper con esta perversión. Algunas han roto con ella más que otras, algunas nada en absoluto.

Hay una razón muy específica para el pluralismo. Con algunas excepciones, los nuevos partidos no nacen hoy de rupturas de organizaciones existentes, sino del agrupamiento de fuerzas de diferentes orígenes.

Reunir corrientes de tradiciones y culturas diferentes, como también integrar independientes que han tenido con frecuencia experiencias negativas en sindicatos y partidos políticos, es una operación delicada. Necesita paciencia y tolerancia. Exige un tipo de funcionamiento verdaderamente democrático, que garantice los derechos de las diferentes corrientes. Este tipo de funcionamiento es también el único que puede ser atractivo para las nuevas generaciones que formarán el grueso de las fuerzas de nuevos partidos.

Pero los derechos democráticos formales no son suficientes. Hay que romper con la mentalidad de los grupos que piensan que tienen la razón y que todos los otros están equivocados, que ellos son el partido revolucionario. Hay que romper con la actitud de que las otras corrientes socialistas son organizaciones enemigas. Esto no quiere decir que no discutiremos las divergencias y que no nos opondremos a las posiciones que consideremos erróneas. Pero lo haremos dentro de un espíritu de colaboración fraternal, con el fin de llegar a una cohesión mayor y de realizar la unidad de acción.

 

¿Cien años atrás?

 

Bajo muchos aspectos las tareas a las que estamos enfrentados actualmente son similares a aquéllas del período de formación de los primeros partidos de masas de la clase obrera, a finales del siglo XIX. Pero no partimos de cero: entre tanto, ha transcurrido todo el siglo XX. La clase obrera ha conocido la experiencia de las guerras, de revoluciones, del estalinismo y el fascismo. A partir de esas experiencias, se obtuvieron lecciones que reforzaron el análisis marxista de la sociedad capitalista.

Todo esto es pertinente si deseamos elaborar una estrategia de transformación socialista para el nuevo siglo. Es por eso que pensamos que es necesario construir tendencias marxistas en el seno de nuevos partidos socialistas, para fecundar esos partidos con métodos de análisis marxistas y con las lecciones extraídas de la historia del movimiento obrero, para comprender mejor el mundo con el fin de cambiarlo.

Para volver a nuestro punto de partida, una de las lecciones de la historia del movimiento obrero es que en un último análisis, la lucha por el socialismo fracasará si se limita a un solo país. He aquí por qué es importante que el SSP desarrolle el máximo de contactos con socialistas de todos los continentes y apoye movilizaciones internacionales contra la mundialización capitalista.

A mediano plazo, debemos actuar hacia la creación de una alianza internacional de partidos socialistas. En lo inmediato, sobre la base de los contactos establecidos últimamente, será posible en los meses venideros establecer lazos más estructurados entre las fuerzas socialistas en Europa.

 

Notas:

1- Impuesto propuesto por el gobierno de Margaret Thatcher (N. de la R.).

2- “Socialista” debe comprenderse aquí en función del sentido que ha conservado en el movimiento obrero británico: es “socialista” el militante o la organización que, sin ser necesariamente marxista revolucionario, lucha contra el capitalismo y por el socialismo (N. de la R.).

Volver al sumario