Las vueltas
del Argentinazo

 

Crisis energética

Castigos para nosotros, premios para los capitalistas y el FMI

Por Marcelo Yunes
Socialismo o Barbarie, periódico, 13/05/04

El gobierno está sufriendo, por primera vez, un desgaste político serio a caballo de los problemas que tiene en una serie de planos: la negociación de la deuda con los acreedores, la crisis energética y la inseguridad. Como de costumbre, Kirchner hace anuncios con gran bambolla, como el plan de “premios y castigos”. Pero los premiados y castigados son los de siempre.

Tal como venimos insistiendo en estas páginas desde que asumió Kirchner, la madre del borrego es el problema de la deuda y la relación con el imperialismo. El número de compradores de buzones viene bajando. Entre los que quedan se destacan los cada vez más desflecados “progresistas”. La revista Le Monde Diplomatique, por ejemplo, presenta su última edición como si Kirchner estuviera frente a la disyuntiva de “resistir o ceder”. Cuando el oficialismo abierto o vergonzante se despierte, se va a encontrar con que Kirchner ya tomó esa decisión hace rato. El rumbo de ajuste y de continuidad del pago de la deuda está definido con toda claridad; lo único sujeto a cierta negociación es en qué términos. Y no sólo eso, sino que la novedad es que ahora se van a empezar a sufrir las consecuencias de manera directa e inmediata, como lo indican los tarifazos en luz y gas. Las malas noticias que se venían preparando, finalmente, están cayendo sin anestesia sobre la amplia mayoría de la población. Veamos todo esto con más detalle.

Preparando el “plan sustentable” que pide EE.UU.

Uno de los hombres más poderosos del imperialismo, el subsecretario del Tesoro yanqui John Taylor, estuvo hace poco en Buenos Aires. ¿A qué vino? A hacer lo que hace siempre el FMI: controlar que Kirchner haga los deberes y dar consejos-órdenes con carga explosiva. Taylor habló no sólo en nombre del Tesoro (es decir, del gobierno de Bush), sino también como portavoz del G7 y el FMI. La lista de exigencias es significativa, hasta por el orden.

Primero y principal, y en total sintonía con Anne Krueger, Taylor reclamó un aumento del superávit fiscal para 2005, por encima del 3% de este año. Digamos, de paso, que aquí no hizo más que recordar el punto 8 del acuerdo firmado por Lavagna y Kirchner con el FMI en septiembre pasado. Allí el gobierno se compromete a mantener la tendencia creciente del superávit fiscal que viene desde 2002 (compromiso del que pocos hablan y del que la mayoría de la población no está enterada; así nos “informan” los medios). El objetivo es que ese excedente de recursos sirva para mejorar la oferta “inaceptable” que hizo Lavagna en Dubai a los acreedores privados.

Segundo, muy importante, es precisamente cerrar la negociación con esos acreedores. El famoso 75%, tal como también adelantamos (ver SoB 36), será un cuento chino. Las últimas reuniones del gobierno con el Comité Global de Acreedores que vino a la Argentina mostraron un “acercamiento”. Es decir, una voluntad de ceder por parte de Kirchner, porque los acreedores no se movieron ni un milímetro. Según un analista, “los bancos asesores del Palacio de Haciendo estudian artilugios financieros para disfrazar políticamente una eventual oferta mejor” (Clarín, 23-04-04). Lo de siempre: lo importante no es regalarles a los buitres los recursos financieros de la nación, sino cómo se engaña a la gente para que no se entere.

Esos mismos bancos “asesores de Argentina” (que juegan para los acreedores) ya sugirieron ofrecer a los acreedores una especie de pago a cuenta para calmar a las fieras. Sería un pago al contado rabioso de entre 600 y 1000 millones de dólares como parte de los intereses impagos, los mismos que Lavagna en Dubai dijo que jamás se pagarían (Clarín, 02-05-04). Digamos de paso que el aumento miserable y tramposo de salarios y jubilaciones que anunció el gobierno el 3 de mayo equivale a unos 190 millones de dólares. Es decir, entre 3 y 6 veces menos que el “huesito” que le van a tirar a los acreedores.

Tercero, siempre en línea con la meta central (saquearnos): Taylor reclama una reforma del sistema impositivo. Detrás del cuento del combate a la evasión (los grandes evasores están identificados hace rato con nombre y apellido, y nunca pasa nada) el objetivo es otro. Se trata de bajarles la carga fiscal a los capitalistas grandes (retenciones a las exportaciones) y pequeños (impuesto al cheque). ¿Quién va a pagar más para que las multinacionales exportadoras que se están llenando de guita paguen menos? Los trabajadores y la clase media: el agujero se compensará eliminando las exenciones al IVA. De hecho, el impuesto al cheque ya bajó del 12 por mil al 10 por mil. Esto, una vez más, está en línea con lo firmado en la carta de intención con el Fondo: “el objetivo es fortalecer los impuestos clave [IVA y Ganancias. MY] y permitir la eliminación gradual de los impuestos distorsivos”.

Este punto es particularmente ilustrativo de lo cobarde y genuflexo que es este gobierno. Si hay alguien que merece pagar impuestos extraordinarios son los exportadores, beneficiados primero con la devaluación y ahora con precios récord de los productos primarios que son la base de las ventas al exterior: soja y petróleo crudo. La retención del 20% fue una medida de emergencia de Duhalde; cuando todo era un tembladeral, la burguesía no se atrevió a quejarse por compartir una mínima parte de sus renovadas ganancias. Con una situación más estable, los capitalistas ahora braman por su 20%. Y el gobierno sólo les pide paciencia: el presidente de la Comisión de Presupuesto de la Cámara de Diputados, Carlos Snopek (PJ), dice que, aunque por ahora no se puede, el gobierno está de acuerdo, como “concepto”, en bajar las retenciones cuanto antes (Clarín, 03-05-04).

Tanto como para completar el panorama del “plan sustentable”, Taylor, Krueger y el FMI machacan con la necesidad de un nuevo pacto de coparticipación federal (es decir, ajuste en las provincias) y “reforma financiera” (traducción: más plata para la banca privada y achique o privatización de parte de los bancos estatales). Como Kirchner ahora anda medio peleado con el PJ y los gobernadores, no es éste momento para negociar. Pero los asuntos pendientes van a ser encarados más temprano que tarde.

Tarifazo para calentar el invierno

Todo lo anterior es poco conocido por la población. Pero lo imposible de ocultar es otra exigencia de Taylor al gobierno: muchachos, apurando el tarifazo, y más si en el medio hay crisis energética. Kirchner no tardó ni una semana en acusar recibo: se vino un mandoble brutal para el consumo domiciliario. Sí, el mismo que se decía que jamás iba a tocar. En SoB Nº 36 dijimos que no había que creer nada el verso de que el aumento sería sólo para las grandes empresas. ¿Astrología socialista? Qué va, si este gobierno se está haciendo más previsible que una telenovela mexicana.

El tarifazo es un escándalo por donde se lo mire. Por empezar, es vox populi –el propio gobierno admite sus sospechas– que la falta de gas se debe al menos en parte a que los productores y grandes industriales están reservando stock (lo que se llama acaparamiento). A la falta de inversión y el curro de las multinacionales que explotan el gas ya nos hemos referido en el número anterior. En cuanto a Kirchner, se está verificando una ley: cada vez que el presidente sale a berrear contra alguien, es porque prepara hacerle un favor. Mientras en EE.UU. Kirchner hablaba de “extorsión”, en Buenos Aires dejaba firmado el tarifazo. Justamente la “solución” que proponía Taylor a la crisis energética, que además le sirve al gobierno para cumplir otro compromiso acordado con el FMI en la carta de intención de septiembre.

El aumento es totalmente ilegal, incluso denunciado por las asociaciones de consumidores y usuarios. El “ahorro forzoso” para casi dos millones de hogares que en Capital y GBA consumen más de 600 kw por bimestre o más de 1000 m³ de gas al año significará para ellos, en buen romance, comerse un aumento de hasta un 50% o cagarse de frío. Ni hablar de los 5 millones de hogares que usan gas en garrafa: Kirchner gritonea pero los aumentos ya se están cobrando. Lo mismo pasa con el GNC, mientras que Esso y Shell directamente aumentaron el gas oil.

En este marco, el anuncio de la “empresa estatal de energía” es una burla. ¿Después de apoyar la privatización de YPF, y siempre cuidándose de decir una sola palabra contra Repsol, Kirchner pretende hacerse el adalid del “rol estratégico del Estado en la energía”? Tuvo menos espacio y se sabe menos, pero es más importante saber que las productoras de gas consiguieron aumentos de hasta el 140% en el precio del gas en boca de pozo (Página 12, 12-05-04).

Verso: sin anulación de las privatizaciones y sin nacionalización de los recursos y empresas energéticas bajo control de sus trabajadores, todo lo que hay es maquillaje para que las multinacionales sigan con el curro. Las famosas “renegociaciones de contratos” no hacen otra cosa que blanquear los incumplimientos y preservar la “seguridad jurídica” de las privatizadas (ver aparte el caso que se pone como modelo, Aguas Argentinas).

El comienzo de la crisis energética muestra lo que valen las promesas, gestos y discursos de Kirchner. Pero es también un índice del fin del “romance” de entre el oficialismo y amplios sectores de masas: cada vez son más los que empiezan a advertir el verdadero carácter del gobierno. Ocurre que la etapa de los gestos terminó: como reclama un analista yanqui ligado al Partido Republicano, “los problemas ya han comenzado. La crisis energética es un buen indicador”. De modo que Kirchner “va a tener que utilizar su capital político para empezar a gobernar” (Clarín, 2-5-04).

Todo un resumen: lo que el imperialismo exige es que Kirchner “empiece a gobernar”, es decir, que empiece de una vez a hacer el trabajo sucio pendiente contra los trabajadores y el pueblo para recomponer las ganancias y acreencias de la burguesía local y extranjera. Y, efectivamente, “la crisis energética es un buen indicador” de cuál es el rumbo que el gobierno ha definido: descargar la crisis sobre las espaldas de las masas para garantizar los intereses de los capitalistas.

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