Argentina

 

Repudiamos la convocatoria de Juan Carlos Blumberg

Una Plaza reaccionaria

Editorial Socialismo o Barbarie, periódico, 31/08/06

La convocatoria de Juan Carlos Blumberg a la Plaza de Mayo para “pedir seguridad” polarizó el escenario político. Por un lado, aglutinó a la oposición burguesa al gobierno, incluyendo la derecha más rancia y oportunistas como Castells; por el otro, salió D’Elia como vocero “extraoficial” de Kirchner a pegarle al empresario. Pero entre ambos “contendientes” de los de arriba, empezó a generarse una saludable respuesta de parte de sectores afectados por la “mano dura” y el gatillo fácil. Todo esto muestra que el de la seguridad, como cualquier otro problema social, no es “ajeno a las ideologías”: todo depende del cristal de clase con el que se lo mire.

En una coyuntura signada por una baja de los conflictos obreros y populares, y que tenía como principal tema de la agenda política el lanzamiento anticipado de la campaña electoral, Blumberg volvió a escena ayudado por el comienzo del juicio oral por el secuestro y muerte de su hijo. Con la manija de los medios más reaccionarios y el respaldo homogéneo de todas las fuerzas de derecha del país, Blumberg convoca a reclamar “seguridad” por primera vez a la Plaza de Mayo, en un gesto significativo.

El ingeniero-empresario intentó despegarse de toda intencionalidad política porque, dijo, “la seguridad no tiene ideología, no es de derecha ni de izquierda”, y negó que la marcha fuera contra Kirchner.

El gobierno respondió de dos maneras. El jefe de gabinete, Alberto Fernández, hizo una aséptica declaración de que “todo el mundo tiene derecho a manifestarse” y que al gobierno “no le molesta” la convocatoria. Por otro lado, el subsecretario de Tierras para el Hábitat Social y ex piquetero Luis D’ Elía salió con los tapones de punta contra el ingeniero y contra la marcha, incluso amenazando con hacer una “contramarcha”. Para D’Elía, la marcha será simplemente el acto de lanzamiento de la candidatura de Blumberg.

Una vez lanzada la iniciativa, logró polarizar a todo el arco político y social: no hubo partido, organización social o movimiento que no saliera a sentar posición a favor o en contra de la marcha. Esta vez, a diferencia de la marcha de Blumberg en 2004, que contó con la presencia del PO, salvo el MIJD de Castells –con argumentos insostenibles– toda la izquierda se pronunció contra la asistencia. Desde el MAS, queremos desarrollar por qué consideramos esta convocatoria completamente reaccionaria y hay que repudiarla.

El contenido de la marcha: Plaza K versus Plaza de derecha

La movida de Blumberg no tiene, por supuesto, la “inocencia” política que trata de mostrar el ingeniero. Tampoco tiene el simple carácter de acto electoral que le adjudica D’ Elía. Sin embargo, es cierto que hay una diferencia con la marcha de las velas de abril de 2004 y otras posteriores.

En efecto, en ese momento Blumberg era una figura estrictamente “social”, aunque su perfil, su origen de clase y sus propuestas eran desde el inicio burguesas y reaccionarias hasta la médula. Hoy, después de haber recibido ofertas de Macri y López Murphy para ser candidato a gobernador bonaerense y después de dos años de trajinar los medios, la figura de Blumberg es más “mixta”: tiene un perfil ya no sólo social sino también político, aunque por ahora no se identifique con ningún partido.

El propio Blumberg abonó ese doble perfil, cuando declaró que no tenía intención de pensar en candidaturas... hasta el fin del juicio oral (que será relativamente pronto), lo que lógicamente todos entendieron como una voluntad de lanzarse a la política partidaria inmediatamente después.

Esto dio pie a que todos los partidos y espantajos de derecha se encolumnaran detrás del ingeniero, que le da un barniz de “representante de las víctimas de un problema general de la sociedad” a lo que empieza a transformarse en un tramado político en el sentido estricto del término. Así, Blumberg aglutina el apoyo de figuras “no directamente políticas”, desde Bernardo Neustadt hasta Cecilia Pando, pasando por militares retirados y nostalgiosos de la dictadura militar, hasta Luis Patti, Macri, Lopez Murphy, el Partido Demócrata, el nazi Alberto Asseff, Patricia Bullrich y personajes políticos por el estilo. Ahora resulta que hasta Lavagna, aun sin concurrir, apoya la marcha.

Desde el punto de vista de la concurrencia, ya se pueden prever algunos cambios. Por ejemplo, algunos de los que ingenuamente respaldaron a Blumberg porque “querían seguridad” ya se desasnaron, mientras que muchos sectores de clase media alta y alta que odian a Kirchner y el “estilo K”, se sumarán a la marcha esencialmente por adhesión a lo que Blumberg representa social y políticamente, incluso más que por el reclamo de seguridad (que también comparten).

Por otra parte, a nadie se le escapa que una convocatoria importante tendría una lectura y una proyección políticas inmediatas. Las comparaciones entre la “Plaza K” del 25 de mayo y la “Plaza opositora” del 31 de agosto serían inevitables, sobre todo si se llegan a juntar las decenas de miles de personas que se esperan. Y aunque Blumberg seguramente no hará anuncios de candidaturas, una Plaza llena sin duda le garantizaría un lugar en el armado de una coalición electoral burguesa anti Kirchner.

Ésa es la primera razón por la que la convocatoria es reaccionaria: forma parte de un operativo político –aunque por ahora no estrictamente electoral– de conformación de una alternativa patronal de derecha a Kirchner. Enseguida pasaremos a la segunda razón, que es el contenido de sus propuestas “sociales”, al problema de la falta de seguridad.

Ni Blumberg ni Kirchner

A Blumberg y a quienes lo apoyan les conviene presentar la cuestión de la inseguridad como algo que “nos iguala a todos”, porque “somos todos ciudadanos” y “el crimen nos afecta por igual”. Pareciera que se trata de encontrar una sola y la misma salida para toda la sociedad.

Pero en una sociedad dividida en clases, no hay propuestas sociales que dejen contentos a todos. El “miedo” que dice tener Macri a caminar por las calles porteñas no es el mismo que el de un joven del Gran Buenos Aires que va a bailar un sábado. Por otra parte, la “mano dura” –con leyes votadas hace dos años a instancias de las marchas de Blumberg– no sirvió para bajar los índices de delincuencia, cuyo origen es mucho más profundo que la escasez de policías con licencia para matar que pide la derecha. Incluso –lo que es menos conocido– Elisa Carrió reclama un plan de seguridad copiado del archireaccionario y racista programa de “tolerancia cero” del ex alcalde de Nueva York Rudolph Giuliani.

También a lo largo de estos años hemos escuchado desde el gobierno decir que “la seguridad no es de izquierda ni de derecha”. Y el oficialismo llevó adelante e hizo votar muchos de los reclamos de Blumberg en el Congreso. Esta es la razón por la cual organizaciones como las “Madres del dolor” no son más que una utilización del sentimiento de los familiares que la integran al servicio de los intereses de un gobierno que es garante y legitimador de las razones de fondo de la “inseguridad”: la persistencia de los niveles de pobreza y exclusión social característicos del capitalismo semicolonial argentino.

Sin embargo, ha sido auspicioso que en medio de la polarización creada por la marcha haya ocurrido un hecho nuevo: emergió una respuesta desde el sector social afectado por “la otra” inseguridad que, aunque no se delimita expresamente del gobierno K, aparece como bastante independiente. Se trata del rechazo a la “inseguridad” de la impunidad represiva, del gatillo fácil y la corrupción policial y judicial. A diferencia de otras asociaciones, se trata de un grupo de familiares de víctimas de la violencia policial y estatal que salió a confrontar duramente la marcha y los argumentos de Blumberg, mediante una solicitada y apariciones en los medios. Muestra que es posible pensar una “política de seguridad” distinta a la del gobierno K o a pedir “más policía”, “más cárceles” y transformar el paisaje social en una gran penitenciaría o un barrio cerrado.

En el texto firmado por los familiares de Natalia Melmann, Miguel Bru, Ezequiel Demonty, Mariano Wittis y otras víctimas de la inseguridad causada por las fuerzas de seguridad y la desidia estatal, se hacen consideraciones más serias para abordar el problema que la histeria asesina de los ricachos capitaneados por Blumberg y de algunas franjas populares a los que logran confundir. Reproducimos algunas de ellas:

“La violencia que condiciona nuestra sociedad tiene orígenes mucho más profundos y complejos que la visión utilitaria con la que se quiere tratar el tema en estos días (...) queremos recordar que la policía de mano dura llenó de cuerpos las calles y probó que no es la solución, es parte del agravamiento del problema (...) ¿De qué sirve aumentar las penas si las cárceles son depósitos de personas y terminan siendo una universidad de delincuencia y degradación humana? La solución está del lado de la educación, la recuperación y la reinserción de quienes han delinquido. (...) Los primeros en entrar y salir de las cárceles son los poderosos comprando voluntades (...) dando el ejemplo de que es posible violar la ley impunemente. Cuando se habla de menores, ¿no deberíamos empezar por preguntarnos qué hacen en la calle en lugar de la escuela? (...) Si queremos hablar de seguridad, hablemos de políticas de Estado que abarquen la educación, la salud, la igualdad de oportunidades, la asistencia a la niñez en peligro, trabajo para sus padres y vivienda para sus familias (...) Este es un camino largo y arduo, pero es el único camino que toda sociedad humana debe asegurar para todas y todos, Vale la pena, porque la próxima víctima puede ser tu hijo”.

Una posición independiente

Desde el MAS queremos subrayar que es precisamente el cumplimiento de todas estas premisas lo que no está en la agenda no ya de Blumberg, sino tampoco de este gobierno. Porque Kirchner prefiere coquetear con el ingeniero y votarle las leyes que pide antes que cortar de manera efectiva –no en los discursos, sino en los hechos– la continuidad de la política represiva de las fuerzas de seguridad. Y esto es parte de la lógica profunda de un gobierno que se dice “defensor de los derechos humanos”, pero que deja intactos los criterios y la formación del aparato represivo del Estado. Pero además, porque en la Argentina K, donde la distribución de la riqueza es la más injusta que se tenga memoria, mal se pueden resolver muchos de los problemas que están en la base de la “inseguridad”.

Por lo tanto, no hay que embanderarse con uno u otro sector patronal: ellos dirimen intereses que no son los de los trabajadores y los sectores populares. En el terreno de la “seguridad”, también, hay que construir una posición independiente: es decir, desde los intereses de la clase trabajadora.

¡Repudiemos la marcha reaccionaria de Blumberg y la derecha!

¡Disolución de la corrupta y represora policía y todos los aparatos de seguridad!

¡Basta de seguridad privada para privilegiados!

¡Que la seguridad de los barrios populares pase a manos de los vecinos y trabajadores!