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Una de las experiencias clasistas más importantes de los trabajadores argentinos

"El SITRAC-SITRAM no ha muerto ni morirá jamás"

Por Oscar Alba
Socialismo o Barbarie, periódico, 28/06/07

En momentos en que el gobierno de Kirchner (junto a la burocracia de la CGT y la CTA) está jugado a imponer un techo salarial miserable, distintos sectores de trabajadores están peleando duramente por mejores convenios salariales y condiciones de trabajo. Los compañeros de subtes, los ferroviarios, los obreros de FATE y otros están dando pelea a las pretensiones del gobierno y las patronales. Es al calor de las luchas que emerge una nueva generación obrera, que comienza a hacer sus primeras armas. Esta misma generación, a medida que se va “elevando”, busca afanosamente puntos de referencia en la tradición de lucha de la clase obrera que le permita reestablecer su memoria histórica y que le sirva de punto de apoyo en sus nuevos desafíos.

Parte de lo más importante de la tradición combativa e independiente de la vanguardia obrera fue la experiencia que se desarrolló en las fábricas de la FIAT (Concord y Materfer) en la provincia de Córdoba en 1970 y 1971. Experiencias que tienen algunos puntos de contacto con las rebeliones obreras en curso hoy en fábricas como FATE o Pirelli. El presente artículo es el primero de dos que elaboramos sobre las experiencias del SITRAC-SITRAM a fin de aportar sus enseñanzas a los nuevos luchadores obreros.

La empresa FIAT fue una de las primeras fábricas automotrices de capital privado que se instaló en la provincia de Córdoba. En 1953 lo había hecho la IKA (Industrias Kaiser Argentina), de origen yanqui y que luego fuera absorbida por la francesa Renault. La FIAT a su vez absorbe a la fábrica local de tractores Pampa, e irá creciendo y abriendo nuevas plantas. Surgen entonces FIAT Materfer (de material ferroviario), la planta de Grandes Motores Diesel (Fiat GMD) y la FIAT Caseros en el Gran Buenos Aires. Y el 30 de septiembre de 1959 se aprueba la propuesta de FIAT de invertir 4,5 millones de dólares para la construcción de una planta en la localidad de Caseros. También se abrirá la planta FORJA.

Este proceso de extensión de las plantas fabriles de la empresa trajo aparejada una concentración de miles de trabajadores en cuyo seno se va a desarrollar un proceso de organización independiente de la burocracia que controlaba el gremio metalúrgico. Este proceso no fue lineal. Tuvo luchas ascendentes y derrotas, en las que se fue forjando una camada de dirigentes y activistas que van a dar cuerpo a una de las direcciones clasistas más importantes prohijadas por la etapa abierta con el Cordobazo en mayo de 1969.

El camino hacia el SITRAC-SITRAM

Después de la huelga metalúrgica de 1959, en algunos sectores comenzó a desarrollarse la idea de constituir sindicatos por fábricas. Esta idea, si bien era en principio impulsada por trabajadores cercanos a la Democracia Cristiana, también era alentada por la patronal italiana de FIAT. “Los trabajadores de FIAT fueron los únicos en toda la industria automotriz que no estuvieron afiliados al SMATA. En lugar de ello, FIAT presionó a los gobiernos de Frondizi e Illia para obtener sindicatos de planta, ignorando de esa forma las prácticas vigentes en el país de sindicatos por rama y asegurándose un interlocutor sindical meramente formal que sirviera para controlar y disciplinar a la fuerza laboral” (El clasismo y los obreros. El contexto fabril del “sindicalismo de liberación” en la industria automotriz cordobesa, 1970-1975, James P. Brennan).

Uno de los argumentos en que se apoyaba esta idea era que organizando sindicatos por fábrica se podrían lograr conquistas laborales que la FIAT estaba dispuesta a otorgar, pero que no podía hacerlo ya que el convenio de la UOM (Unión Obrera Metalúrgica) abarcaba también a pequeñas y medianas empresas que no estaban en condiciones de hacer esas concesiones, mientras que la FIAT sí podía hacerlo. Pero la verdadera razón era que para la patronal de FIAT los sindicatos de fábrica les permitirían fragmentar las fuerzas obreras de su empresa. Esta política se enmascaraba con el concepto tradicional de la “gran familia de FIAT”. A tal fin, entre otras cosas, se habían construido clubes en las plantas de la empresa con canchas de fútbol, quinchos y otras instalaciones deportivas para que los obreros “disfrutaran” a la sombra del paternalismo de los capitalistas de la industria automotriz. La burocracia metalúrgica, con Augusto T. Vandor (1) a la cabeza, desde luego, se oponía, ya que le recortaba la fuente de prebendas y negociados con la patronal.

Así surgieron el SITRAC (Sindicato de Trabajadores de Concord), el SITRAM (Sindicato de Trabajadores de Materfer), el SITRAFIC (Sindicato de Trabajadores de FIAT Caseros) y el SITRA GMD (de los trabajadores de Grandes Motores Diesel). El sindicato de Concord consiguió la personería en 1965 bajo el gobierno del radical Illia. Su reconocimiento legal estuvo signado por la puja con la burocracia peronista.

En 1960, con el argumento de que se había restringido la producción de tractores, la patronal despide a 200 trabajadores de la Concord. La dirigencia vandorista no hace nada por evitar los despidos. Dos años más tarde, en 1962, el despido de un obrero provoca un conflicto importante. Esta vez, el sindicato convocó a una asamblea que votó el paro total dentro de la planta. La patronal informa que está dispuesta a reincorporar al despedido, pero luego da marcha atrás y los trabajadores decidieron continuar la huelga. “En la segunda semana de huelga, hay un día de feriado optativo. Como los paros se hacían dentro de la fábrica, ese día muchos compañeros optan por no concurrir a la planta, y los que concurren no marcan la tarjeta. Ni lerda ni perezosa, la patronal a la salida del último turno del día viernes cierra las puertas de la fábrica y comienza el envío de telegramas de despido con el pretexto de que en el feriado optativo, al no concurrir o hacerlo sin marcar tarjeta, se ha hecho abandono de trabajo”.(2) La huelga debe continuar fuera de la fábrica... A medida que pasan los días, comienza a pesar el aislamiento y el paro empieza a decaer. Finalmente, la patronal logra derrotar la huelga y asesta un duro golpe a los trabajadores. Muchos de los obreros que se reintegran a su trabajo son obligados a firmar una nueva solicitud de empleo. Es decir, como si recién entraran a trabajar, con lo cual pierden su antigüedad y el régimen de licencia. Por otra parte, toda la Comisión Interna y los delegados más combativos son despedidos. Otros delegados que habían jugado el papel de rompehuelgas, incitando a los compañeros a trabajar, son los que van a formar la nueva Comisión Interna, puesta a dedo por el sindicato. La derrota de la huelga de 1962 abre un período de retroceso en el cual los delegados son directamente agentes de la patronal. Es en este marco que en 1965, como dijimos anteriormente, se legaliza el SITRAC. El desprestigio de la UOM, producto de su nefasto papel en el conflicto del 62 y sus consecuencias, ayuda a que la idea del sindicato por fábrica se fortalezca. De esta manera, los trabajadores de Concord quedan divididos: la mayoría en el SITRAC y los de la planta de automóviles en el SMATA.

Entre reorganizaciones y derrotas

La apertura de la discusión del convenio trae aparejada una nueva instancia de organización. La burocracia del SMATA (bajo la dirección de Elpidio Torres) había ganado terreno ante la retirada de la UOM de la empresa. Pero durante los preparativos de la discusión paritaria, el asesor gremial del SITRAC propone (y la asamblea lo aprueba), que se elija un cuerpo de delegados del SITRAC, una comisión paritaria, y que luego de la firma del convenio se plebiscite si los trabajadores quieren ir al SMATA o al SITRAC.(3)

Las negociaciones paritarias mostraron una brecha muy grande entre lo que peticionaban los obreros y lo que estaba dispuesta a dar la patronal. Finalmente, las negociaciones se rompen y estalla el conflicto, que comienza con paros sorpresivos de dos horas por turno. Junto con esto, los trabajadores hacen carteles para que se conozca el conflicto.

La patronal firma el convenio con los sindicatos (propatronales) de Materfer y de la FIAT Caseros. Luego de esto, inicia una campaña sobre los trabajadores de Concord aduciendo que “no podía hacer diferencias” entre sus trabajadores y los insta a “deponer su actitud huelguística”.

En la tercera semana del conflicto, la patronal provoca un “lock out” y envía telegramas de despido a la mitad del personal. El 23 de julio los trabajadores intentan ocupar la planta. Se concentran frente a la planta (custodiada por la caballería de la policía provincial), y cuando lo intentan, unos sesenta trabajadores logran entrar a la planta saltando el alambrado pero la policía lanza la represión y logra dispersar a los obreros. El conflicto se debilita y la patronal impone un acuerdo por el cual se comprometía a continuar la discusión del convenio pero despedía a 125 trabajadores. Luego de 27 días, la lucha llegó a su fin. Como en 1962, los trabajadores de Concord deberán remontar una importante derrota.

Cuando el horno no está para bollos

En el período siguiente a la finalización del conflicto, la burocracia de Vandor vuelve a la carga. Aprovechando el clima de desazón y derrota de los obreros, recupera la Comisión Directiva para la UOM. En connivencia con Oberdan Salustro, director de la FIAT (4), la burocracia logra integrar la lista al sindicato. La burocracia vandorista va a dirigir al sindicato de fábrica hasta 1970.

En marzo de ese año, el sindicato llega a un acuerdo con la patronal sobre el convenio. El convenio sólo tenía en cuenta reivindicaciones mínimas. Un rollo de papel higiénico y un jabón mensuales eran presentado como “conquistas” por la burocracia frente a los trabajadores. El 23 de marzo, la burocracia encabezada por Jorge Lozano convoca a una asamblea para refrendar el acuerdo firmado. Los trabajadores van a la asamblea dispuestos a no dejar pasar un nuevo atropello. En el inicio de la asamblea, los trabajadores desconocen a la dirección de la asamblea que pretendían imponer los delegados y votan a otros compañeros para dirigirla. Posteriormente, y a propuesta de un obrero, los trabajadores estallan contra la burocracia y resuelven echarla votando una nueva Comisión Provisoria para dirigir al sindicato. Junto con esto, la asamblea desconoce el acuerdo firmado entre los delegados vendidos y la patronal.

Los burócratas no se quedan quietos y al día siguiente de la asamblea, a través de la mayoría del Cuerpo de Delegados, hace homologar el convenio. En la fábrica, los trabajadores, al enterarse de esta maniobra, realizan una asamblea donde se ratifica a la Provisoria y se resuelve lanzar la campaña por su reconocimiento legal, con el aval de 2.500 trabajadores. Luego de distintas actividades para la legalidad de la nueva dirección, los trabajadores resuelven quedarse en la planta hasta que se reconozca a la Comisión. Esto duró algunas horas pero fortaleció al activismo, y un mes después de agotar las instancias legales, el 14 de mayo de 1970, los trabajadores toman la fábrica, dejando dentro de ella, en calidad de rehenes, a varios directivos. Finalmente, dos días después, la patronal accede a reconocer a la Comisión Provisoria y se nombra un delegado del Ministerio de Trabajo para llamar a elecciones en treinta días. Así, la Provisoria es votada como nueva Comisión Directiva el 7 de julio de ese año. La nueva comisión estaba conformada por el Gringo Carlos Masera como secretario general, Domingo Bizzi como adjunto y los compañeros Mortigliengo, Romero, Clavero, Torres, Gregorio Flores y José Francisco Páez entre otros. Aquí comienza, realmente, la histórica experiencia clasista de los obreros de la FIAT que desarrollaremos en nuestra próxima entrega.

Unas primeras conclusiones

La experiencia del SITRAC-SITRAM debe ser comprendida en el marco de la lucha que ha llevado la clase obrera en nuestro país para arrancar de raíz los “cuerpos orgánicos” de la burocracia sindical, enfrentando en forma independiente y combativa a la patronal y los gobiernos. Esta lucha, como lo muestra el surgimiento del SITRAC, fue muy dura y sus enseñanzas cobran nueva vigencia en nuestros días. Esto es, cuando observamos los primeros destellos de una nueva generación obrera que no sólo enfrenta a la patronal, sino que, harta de las condiciones de esclavitud laboral y el manoseo de los dirigentes, comienza a desarrollar experiencias para conformar nuevas direcciones que respondan a las bases, como es el caso no sólo en FATE sino también en Pirelli.

En el origen del SITRAC confluyen varios factores sindicales y políticos. El desarrollo de la industria automotriz, con la consiguiente concentración de trabajadores calificados, se combina con la irrupción de una nueva generación de obreros que, a mediados de los 60, comienzan a hacer sus primeras armas en la lucha de clases. Por otro lado, la propia patronal de FIAT estaba interesada en formar sindicatos “amarillos” por fábrica que les fueran dóciles. Y se agregan los intereses de las burocracias (tanto del SMATA como de la UOM), que permanentemente buscan ganar a sectores obreros para engordar sus bolsillos actuando como aves de rapiña.

En este marco, la organización de los sindicatos por fábrica ha sido punto de discusión en la propia izquierda. Ya veremos (en el próximo artículo), que en aquellos años 70 el movimiento clasista estuvo cruzado por profundos debates alrededor de la conveniencia o no de dicha organización. Pero independientemente de la conveniencia o no de cada “modelo” de organización sindical (por fábrica o por rama), es un hecho que en los casos del SITRAC-SITRAM a la patronal le salió el tiro por la culata. Porque a la presión de la fragmentación respecto del resto del gremio y al “amarillismo” inicial de las direcciones del sindicato se le vino a combinar el hecho de que al ser de fábrica el gremio, estaba más al alcance de la mano de la base obrera, que terminó imponiendo sus métodos de democracia obrera y una nueva dirección de compañeros honestos surgidos desde abajo.

Algunos compañeros de la izquierda ven en los sindicatos por fábricas sólo el aspecto divisionista, real, de los mismos, en contra de la necesidad de pelear por la unidad de los trabajadores de un mismo gremio. Sin embargo, para nosotros, la experiencia concreta del SITRAC demuestra que el fenómeno es más contradictorio. No estamos diciendo que los sindicatos por fábrica son la “receta”. En realidad, no hay receta “organizativa” que valga en esta materia. La clase obrera aprende a partir de situaciones concretas, y así hay que balancear cada experiencia.

Por otro lado, si es completamente cierto que la unidad obrera antiburocrática y antipatronal debe ser siempre una de las estrategias de los luchadores, no lo es menos que el desarrollo del SITRAC significó (ante todo) “una genuina expresión de las bases que rompió los moldes del sindicalismo tradicional y burocrático” (como lo plantea Gregorio Flores, uno de sus dirigentes). Y en este sentido, no hay posibilidad de lograr la unidad necesaria si no vamos limpiando la maleza inmunda de la burocracia sindical. En estas condiciones, las pretensiones de la patronal de FIAT de contar con un sindicato “amarillo” que le respondiera totalmente saltaron por los aires cuando el ascenso obrero irrumpió en las filas de los trabajadores automotrices. La burocracia vandorista de Lozano tampoco pudo frenar la acción directa de las bases obreras. La telaraña amarillenta de los “cuerpos orgánicos” no pudo atrapar y fagocitar la fuerza del movimiento asambleario del SITRAC.

En definitiva, el reguero de pólvora de las luchas obreras y las movilizaciones populares que se extendía por distintos puntos del país a comienzos de los años 70 tuvo en la dirección del SITRAC (más allá de sus errores, que también los tuvo) un soporte invalorable que impulsó y fue parte de la lucha contra la dictadura militar de Lanusse.


Notas:

(1) Augusto Timoteo Vandor: secretario general de la UOM desde 1958, nació en 1923 en la localidad de Bovril, provincia de Entre Ríos. Comenzó como delegado en la fábrica Philips del barrio porteño de Saavedra. Fue asesinado por un grupo guerrillero peronista en la sede central del gremio el 30 de junio de 1969. A su muerte, accedió como secretario general de los metalúrgicos Lorenzo Miguel.

(2) Gregorio Flores, SITRAC-SITRAM. La lucha del clasismo contra la burocracia sindical.

(3) G. Flores, cit.

(4) O. Salustro: nacido en Asunción (Paraguay) en 1915. Director de FIAT, secuestrado por un comando del ERP el 21 de marzo de 1972 en Martínez, Buenos Aires. El 10 de abril la policía realiza un procedimiento en la casa en que estaba secuestrado Salustro en el barrio de Villa Lugano. Los guerrilleros que lo cuidaban se tirotean con la policía y Salustro cae muerto.