Irak resiste

 

Bush, el buen amigo de las corporaciones

Por Iván Salgado (*)
Argenpress, 03/04/04

En los últimos días de la administración Clinton, los republicanos se escandalizaron porque ese presidente 'perdonó' a varias personas que tenían problemas legales con la justicia estadounidense. La base de los 'perdones' fueron las espléndidas donaciones que los acusados hicieron al partido demócrata, en especial, a los proyectos del saliente presidente.

Uno de ellos fue el millonario Marc Rich, exiliado en Europa, quien a través de su esposa, Denise Rich, y su abogado, el señor Jack Quinn, donó para la biblioteca que Clinton deseaba fundar como su 'legado', la cantidad de 450.000 dólares. Eso le valió que los cargos por evasión fiscal y tráfico ilegal con Irán durante 1983, que pendían sobre su cabeza, fueran suprimidos de las actas del Departamento de Justicia y que Rich pudiera regresar cuando lo quisiera a Estados Unidos, sin temor a ser encarcelado.

Así como este caso, hubo algunos otros, aunque el de Rich fue el más sobresaliente. Muchos funcionarios entrantes prometieron que todo eso se iba a investigar y a aplicarse todo el rigor de la ley si el ex presidente era hallado culpable de malos manejos durante su administración.

Sin embargo, ninguna de esas amenazas prosperaron, probablemente, como veremos, porque el entrante presidente, el señor George W. Bush, también se traía entre manos oscuros tratos con ejecutivos de empresas, los cuales le hicieron jugosas donaciones cuando aquél era candidato presidencial. Probablemente por esas circunstancias se debió a que nada se hizo contra Clinton, para evitar los escándalos contra Bush.

Pero por los días en que salió a la luz el escándalo de la quiebra del gigante de la electricidad, Enron Corporation, el cual donó al candidato Bush miles de dólares, se verá que no fue la única empresa que lo hizo.

Las siguientes son algunas de las corporaciones que donaron dinero a Bush, y los problemas en que se vieron envueltas y como el buen amigo Bush les ha ayudado a resolverlas: FORD-FIRESTONE.

La Ford Motor Company, el segundo gran fabricante mundial de autos, que abarca el 14.9% de la producción mundial, y Firestone-Brigstone, hasta hace poco uno de los cuatro fabricantes de neumáticos más importantes en el mundo, se inmiscuyeron en un escandaloso descrédito que dio origen a especulaciones sobre la poca atención a las normas de diseño y fabricación que muchas empresas practican cotidianamente.

Los motivos de tal descrédito fueron dos productos. Por un lado, el Ford Explorer, un SUV (sport utility vehicle) muy popular entre los conductores de este tipo de agresivos vehículos, excesivamente consumidores de gasolina (podría decirse que representan el regreso de los típicos automóviles estadounidenses tan distintivos de los cincuentas, sesentas y setentas: demasiado grandes, imprácticos y voraces quemadores de combustible), altos, rudos, fuertes, ideales para el conductor con complejo de superioridad que ve en dicho vehículo una extensión de su aplastante personalidad.

El otro producto fue la llanta Firestone, modelo Wilderness AT, elegida por Ford como equipo estándar para equipar al Explorer. Todo iba bien hasta que las estadísticas de accidentes, sólo en los Estados Unidos, provocados por las volcaduras de esas cruzas de camionetas familiares y pickups, así como los muertos y heridos provocados por aquéllas, eran alarmantemente altas: 174 personas fallecidas y más de 700 heridas.

Ya desde el año 2000, cuando se presentó el problema en toda su magnitud, a la compañía a quien en principio se responsabilizó fue a Firestone, señalando que sus métodos de fabricación fueron los causantes de los accidentes, pues se buscó la rapidez en la manufactura de sus neumáticos, a cambio de sacrificar la calidad.

Sin embargo, al analizar los hechos, más bien, como han señalado ya varios investigadores gubernamentales y privados, el problema fue una combinación de negligencias por parte de ambas empresas.

El problema de los accidentes, de acuerdo con los peritajes señalados por los expertos, surgió como consecuencia de que las llantas Wilderness AT involucradas sufrieron un repentino desprendimiento del revestimiento, que es la capa en donde va el dibujo de la llanta, la cual se pone en contacto con el pavimento. Según las propias declaraciones de los testigos sobrevivientes de las volcaduras, las llantas simplemente se 'pelaron', así como si a un plátano se le quitara la cáscara, y se abrieron, dejando a los conductores sin la más mínima oportunidad de maniobrar para evitar que el vehículo perdiera el control y se volteara.

Pero, por otro lado, una buena parte de la explicación de los accidentes, sobre todo, los fatales, radicaría en la tendencia de conducir dichos vehículos a excesiva velocidad, lo cual les resta estabilidad, dadas sus características de altura en relación con su ancho, la que no está equilibrada, pues lo conductores los tratan de manejar como si fueran autos deportivos, por ejemplo, un BMW o un Audi, pero no lo son. Por otro lado, Ford, desde un principio, no cumplió con todas las especificaciones originales de diseño, con tal de ahorrarse dinero en su fabricación y aumentar la ganancia.

Pero ninguna de las dos empresas aceptó su culpabilidad. Cuando todavía en diciembre del año 2000, sin crisis económica, en Estados Unidos se vendían cientos de Explorers, Ford demandó más llantas a Firestone. Esta empresa así lo hizo, pero, ya durante las demandas, Ford la culpó de haber descuidado sus controles de calidad. Y así fue: Firestone aumentó su producción, pero no con mejores máquinas, sino, simplemente, acelerando la producción, haciendo trabajar más a sus obreros, con lo cual disminuyó el tiempo individual de la manufactura de cada llanta.

De acuerdo con el testimonio de obreros despedidos de Firestone en varias de sus plantas, la empresa desde mediados de los noventa, en vista del enorme éxito del Explorer, elevó sustancialmente la producción implantando condiciones que hacían trabajar más a sus empleados, es decir, los sobreexplotaban. De hecho, hubo un paro obrero que duró 10 meses entre 1994 y 1995 en la planta Decatur, en Illinois, luego del cual, aquélla quedó en manos de obreros inexpertos, pues los antiguos y experimentados trabajadores fueron despedidos porque exigieron aumentos de sueldos, reducción en el ritmo de trabajo y otras prestaciones acordes con sus incrementadas responsabilidades.

Además, Firestone, propiedad ya desde entonces de la empresa japonesa Bridgestone -que esta corporación adquirió en los ochentas- implantó, de acuerdo con las exigencias de productividad de sus dueños nipones, la jornada laboral de ¡12 horas! para poder cumplir con la demanda de llantas de los Explorer. Según los obreros, las inspecciones de las llantas recién hechas no tomaban más de 10 segundos. Además, para poder emplear el caucho seco y caduco -seguramente como consecuencia de la huelga, mucho material se quedó embodegado- se le aplicaba, ¡imagínense!, solvente, para que se volviera pegajoso y, así, poderlo emplear. También se redujo el curado o cocimiento de los neumáticos, procedimiento mediante el cual, empleando un intenso calor, las diferentes capas que conforman una llanta son unidas. Ese tiempo pasó de 26 minutos a ¡16 minutos!, es decir, casi un 40% menos. O sea, que los dueños se decidieron por el camino fácil: hacer trabajar más a sus obreros, disminuyendo las normas de calidad.

Sin embargo, los problemas provocados por las llantas mal hechas no terminan ahí. De acuerdo con los investigadores, resulta, además, que existe, también, un problemas en el diseño, no sólo de las llantas de Firestone, sino de otras marcas. Se trata de la ausencia de una capa de nylon, un elemento fundamental para una llanta que será sometida a altas velocidades, la cual en la actualidad ya se eliminó porque, según los fabricantes, las bajas velocidades a las que circulan los autos no las justifican. Así, de esa manera, sobreexplotando a sus trabajadores, disminuyendo el tiempo de fabricación, reciclando el material viejo y no cumpliendo con normas de diseño (la capa de nylon), Firestone estaba cumpliendo puntualmente con la cuota de sus neumáticos Wilderness AT, exigida por Ford, para equipar sus demandadísimos, rudos Explorers.

Antes de que el escándalo se hiciera público en Estados Unidos, se habían reportado accidentes con los Explorers y las llantas Firestone. En Arabia Saudita, en 1999 se reportaron 14 muertes por esa razón. En este caso, Firestone alegó en su favor que sus llantas no estaban hechas para terrenos ásperos y malos caminos, así como para condiciones de climas cálidos o por llantas sobre o subinfladas. Evidentemente esta 'justificación' es absurda, y demostraría un implícito, ofensivo punto de vista discriminatorio, como diciendo que sus llantas estarían hechas solamente para los 'buenos caminos, bien asfaltados y clima templado' de Estados Unidos y no para los malas, polvosas terracerías, llenas de hoyos y charcos de los países subdesarrollados.

También se reportaron problemas con las llantas de los Explorers en Latinoamérica, específicamente en Venezuela, Ecuador y Colombia desde el año 1998, pero, claro, como se trataba de países de segunda, de gente de segunda, de compradores de segunda, ni Ford, ni Firestone atendieron la situación. Transcurrió más de año y medio, antes de que Ford comenzara la reposición de los neumáticos en alrededor de 30,000 vehículos y, claro, culpó a Firestone por producir llantas defectuosas. Pero Firestone insistió en que no era así, y que sólo había cumplido con las especificaciones señaladas por Ford?¦ pareciera el viejo juego de '¿dónde quedó la bolita?'.

Esto muestra, simplemente, el grado de irresponsabilidad de estas empresas y que, en realidad, salidos los productos de sus distribuidoras, lo que menos les interesa es lo que pueda suceder si salen defectuosos y si esos defectos ponen en riesgo la vida de los consumidores.

Sin embargo, fue gracias al abogado Randy Roberts que el tema cobró relevancia. Roberts representó legalmente a la familia de una adolescente fallecida en una volcadura de un Explorer, el 16 de octubre de 1998, la joven Jessica LeAnn Taylor. El abogado fue tan tenaz que logró atraer la atención de la agencia gubernamental encargada de la seguridad del tráfico automovilístico, la NHTSA (National Highway Traffic Safety Administration), pues pudo demostrar que el accidente se debió al desprendimiento de la capa exterior de uno de los neumáticos Firestone.

Así, gracias a su acción, otros demandantes pudieron dar paso a sus casos legales contra las dos empresas y fue, hasta entonces, después de varios meses de negligencia, que el gobierno dio curso a sus litigios. Aquí hay que hacer notar cómo, hasta el gobierno, es en parte responsable de que las compañías hayan desdeñado a los demandantes, pues, a pesar de que la NHTSA ya poseía algo de información sobre los accidentes (sabía de unos 50 casos reportados en el curso de una década), nada pudo o quiso hacer contra las dos empresas antes del escándalo. Claro, en el caso de Ford, seguro gracias a sus contribuciones a los republicanos, el problema se retrasó, no así en el caso de Firestone, empresa que su propietaria japonesa Bridgestone decidió eliminar.

De todos modos las dos empresas fueron demandadas: Ford, por $590 millones en indemnizaciones. Firestone, mientras existió, debió reponer nada menos que ¡seis y medio millones de llantas defectuosas! A $70 dólares cada llanta, eso significa que debió erogar $455 millones de dólares, aparte de que, también, debió asumir indemnizaciones, como la que aceptó pagar a una familia del estado de Tejas, de origen mexicano, en agosto del 2000, por siete y medio millones de dólares.

La conclusión aquí es que ambas empresas compartieron la responsabilidad: probablemente las llantas en ese vehículo tendían a fallar por la baja calidad de éstas , pero, por otro lado, el vehículo presentaba varios graves problemas de diseño y, ni siquiera con mejores llantas podía evitarse que fuera tan peligroso. Si esto hubiera sido así, resultaría extraño, entonces, que Ford, por fin, a partir de su Ford Explorer modelo 2002 se decidiera a incorporar las especificaciones de seguridad que los ingenieros indicaron para el prototipo original, tales como mayor ancho del chasis, 6.3 cm, y una menor altura. Lo que Ford denominó el 'totalmente nuevo Explorer, con un nuevo nivel de seguridad', sencillamente incluyó mejoras en el diseño que se señalaron hace más de una década. De todos modos la empresa tuvo un mal comienzo con su 'nuevo vehículo', pues apenas estaba en las salas de exhibición, cuando se retiraron del mercado 47.000 unidades, debido - ¡esto es de plano increíble! -, a que sus neumáticos presentaron rajaduras ocasionadas por la línea de montaje cuando se estaban armando.

Los barones de la electricidad

Por lo general, las señales inequívocas de las crisis capitalistas se acompañan de medidas tendientes a reforzar el poder de los monopolios, quienes así se aseguran el acaparamiento del bajo consumo característico de dichos períodos. Las grandes corporaciones se sirven de la alianza que establecen con los gobiernos en las épocas de 'vacas flacas' para consolidar su poder e ir eliminando cualquier obstáculo que se oponga a su enriquecimiento , aún a costa de afectar a la población en general con imposiciones impopulares, como mayores impuestos, medidas represivas para que sean aceptados, malos productos, fallas en los servicios, mayor contaminación, etcétera.

Estados Unidos, país que tanto proclama el 'libre mercado', no es la excepción, como sucedió con la industria eléctrica. De hecho, la empresa Enron, tan aclamada como un 'gran ejemplo' de la desregulación gubernamental, es decir, la proclamada privatización, quebró, y ni sus aportaciones al gobierno de Bush pudieron rescatarla.

Durante el verano del año 2001, el estado de California experimentó continuos apagones debidos, según se decía en ese entonces, a que las compañías generadoras de electricidad no contaban con suficiente fluido eléctrico, entre ellas Enron. Sin embargo, actualmente se sabe que no era así, sino que fue el pretexto para que tales compañías, verdaderos monopolios, justificaran un alza en la energía pretextando que a causa de una temporada 'más caliente de lo normal', el consumo de electricidad había subido bastante, especialmente, sobre todo, a la refrigeración , y una vez que pudieron cobrar más, curiosamente hubo menos apagones. Y fue cuando la gente comenzó a protestar contra los costos tan excesivos.

Las compañías les cobraron hasta cuatro veces más de lo normal (el dueño de una pequeña tienda de metales provocó el enojo del conservador senador republicano Duncan Hunter cuando le enseñó su cuenta de la luz del mes de mayo de ese año, la cual ascendió a $115.000 dólares, cuatro veces más de lo que usualmente el hombre había estado pagando antes de la supuesta crisis) y, claro, como ellas también contribuyeron generosamente a la campaña de Bush, pudieron actuar libremente, sin obstáculos, pues todos los funcionarios del gobierno están a favor del 'libre mercado', un libre mercado que está protegido, en todo momento, por el gobierno, y que no se complica la vida con competencias, ya que, gracias a las medidas gubernamentales de no oponerse a ningún tipo de control, los productores de energía eléctrica actúan a sus anchas y cargan todo el peso de su codicia y de su ineficiencia a los, hasta ahora, resignados consumidores. Hay que señalar, además que, como siguen empleando muchas de las generadoras carbón mineral para producir electricidad, este anticuado método, extremadamente contaminante, eleva mucho los costos, pero Bush insiste en que es más 'caro modernizarse' y por eso prefiere que su país siga siendo el principal contaminador del mundo.

A pesar de esos problemas, ni Bush, ni su vicepresidente, Dick Cheney, y ni la agencia gubernamental FERC (Federal Energy Regulatory Commission, la supuesta encargada de 'regular' los precios, cosa que ya ni de broma hace) administrada por el señor Curtis Hébert, permitieron que se estableciera un control de precios de la electricidad, gracias a lo cual, los monopolios eléctricos comandados por los llamados 'barones de la electricidad', aumentaron considerablemente sus ganancias.

Así, California debió pagar alrededor de $100 millones de dólares diarios por el fluido durante la fase más dura de la crisis y de $27.000 millones de dólares que pagó en total en el 2000, en el 2001 su cuenta ascendió a $55.000 millones de dólares.

Enron Corporation, en particular, empresa establecida en Houston, logró que sus ganancias se elevaran ¡281% en el primer cuatrimestre de dicho año!. Enron era administrada por Ken Lay, uno de los ejecutivos que más dinero le 'donó' a Bush, además de que era 'asesor informal' del Departamento de energía y que, según se está investigando ahora, tuvo mucho que ver en el 'diseño de la política energética' adoptada por el presidente y su gabinete. Pero, a la defensa de Enron, salieron varios funcionarios, entre ellos, Curtis Hérbert, el jefe de la FERC, quien señaló que nada 'peor para los apagones que los controles de precios'.

Sin embargo, los apagones en California demostraron que, aún sin controles, los monopolios eléctricos en Estados Unidos son un desastre, buscando dar, no un buen servicio, sino la manera de incrementar sus jugosas ganancias.

Esto se debería de tomar como ejemplo en México, para no insistir en privatizar la electricidad. A pesar de lo anterior, el actual secretario de energía de Estados Unidos, Spencer Abraham, insiste en mantener privatizada la producción de energía eléctrica, diciendo que la quiebra de Enron no es 'motivo de alarma'.

Las humeantes tabacaleras

Uno de los casos más evidentes del contubernio entre el gobierno de Bush y las corporaciones y, también, el más dramático en cuanto al poder del llamado 'big money', es decir, el poder económico de las grandes corporaciones, es el de la industria tabacalera. En el año 2000, los fabricantes de cigarros de Estados Unidos (EU) sufrieron un mortal golpe durante la administración Clinton, cuando las demandas en su contra, tanto de los gobiernos de varios estados, como de particulares, fueron resueltas a favor de éstos, quienes los acusaron de daños a la salud con sus productos y demostraron que las tabacaleras, incluso, les agregaban más de 200 sustancias, aparte de la nicotina y el alquitrán, para crear el hábito (o para reforzarlo, y por eso es tan difícil que un fumador pueda dejar de fumar), sin importar que dichas sustancias fueran sumamente peligrosas para el organismo, incluso, cancerígenas. Las cuatro mayores firmas (las tres primeras, por orden de importancia son:

Philip Morris, R.J. Reynolds Tobacco y British American Tobacco) acordaron pagar $ 206.000 millones de dólares durante 25 años para ayudar a costear la atención de enfermedades relacionadas con el tabaquismo, es decir, se comprometieron a entregar a los gobiernos y a los particulares demandantes, del orden de $ 8.240 millones de dólares anuales en promedio. Sin embargo, ahora que gobierna Bush, quien recibió siete millones de dólares para su campaña por parte de las tabacaleras, las cosas para 'Big Tobacco', o sea, las grandes tabacaleras, han cambiado. Para empezar, buscaron la apelación de la sentencia judicial, cuando en el 2002 estaba por vencerse un pago al gobierno de $20.000 millones de dólares. Así, los jueces del Departamento de Justicia, ahora a favor, como se verá, del 'big money', declararon que los casos en que se basaron las demandas eran 'muy débiles', como si los testimonios de las víctimas del tabaquismo y de los activistas contra el fumar, no fueran la gran cosa. Y las compañías buscan no pagar a pesar de que, contrario a lo que se hubiera esperado en ese entonces, sus ganancias, gracias a sus agresivas prácticas publicitarias, han ascendido sorprendentemente.

Por ejemplo, Philip Morris, la empresa líder mundial, en el 2000, subió sus utilidades ¡91%!, y fue la más cotizada en Wall Street. Así mismo, R.J. Reynolds y British Tobacco, fueron las otras dos compañías líderes que también vieron ascender sus ganancias.

En general, las tabacaleras obtuvieron en ese año $10600 millones de dólares en utilidades. Los precios de sus cigarros no sólo no han bajado, sino que han subido bastante y por eso tienen grandes ganancias. Por ejemplo, un paquete de Marlboros cuesta en EU $3.15, de los cuales $1.40 dólares es la utilidad neta para el fabricante Philip Morris, es decir, un 44% de ganancia, muy por encima del 10% en promedio que obtienen el resto de las industrias (la industria automotriz obtiene en promedio cinco por ciento, por citar un caso). Es decir, el mercado de fumadores ha aumentado muy gratamente para esas empresas. Así, esa 'jugosa' situación ha ocasionado que, también, las firmas dedicadas a la producción de cigarros (y con éstos, sus letales consecuencias) hayan aumentado, de 10 que había hace unos años, a 90 en la actualidad. Sobre todo, estas nuevas compañías se especializan en la fabricación de cigarros baratos, aprovechando que no todos los fumadores pueden acceder a los caros. Pero, independientemente de cigarros caros o baratos, llama la atención cómo las tabacaleras han arreglado las cosas a su favor, a pesar de la decisión judicial del 2000 y, además, están a punto de disminuir las multas que en su contra se impusieron. Incluso, ni el incremento de precios, en ese entonces, de alrededor del 60%, las afectó, pues los cigarros siguen siendo un excelente negocio: en todo el mundo, los fumadores han aumentado y ahora montan alrededor de ¡1200 millones de personas!, o sea, ¡una cuarta parte de la humanidad fuma! (aparte de los cuatro millones que mueren cada año, consideremos toda la contaminación que esos 1200 millones de fumadores producen por los cigarros que cada uno fuma diariamente). Claro, ese hábito se ha favorecido por la publicidad que esas empresas manejan, en el sentido de que el fumar se presenta como un símbolo de status social, de prestigio, de occidentalización, de una exclusiva forma de ser ('Bienvenidos al exclusivo mundo Marlboro'), y por eso, desde la adolescencia, muchos comienzan a fumar, para pertenecer a esa 'exclusiva clase' que brinda el fumar. Así, a pesar de los supuestos obstáculos que el gobierno les puso a las tabacaleras, hoy día están más fuertes que nunca y siguen fortaleciéndose. Eso fue cuando el gobierno era, en apariencia, su enemigo, pero ahora, con Bush, todo cambió. El actual procurador general, el señor John Ashcroft (el que se ha opuesto a nominaciones de negros para jueces o de homosexuales para cargos públicos), en su momento, siendo entonces senador, se opuso a la resolución de Clinton y, actualmente, busca favorecer y disminuir las penas contra las tabacaleras, es decir, se ve claramente la estrecha asociación entre corporaciones y gobierno para defender los intereses de aquéllas, sobre todo, en estos tiempos tan difíciles de crisis, pues de lo que menos se trata, es de afectarles sus ganancias.

Además, también se echaron atrás los intentos de la anterior administración de aumentar considerablemente los impuestos a los cigarros para que fueran muy caros y se desalentara su consumo. Por si esto fuera poco, para evitar regulaciones más severas contra el tabaco, así como futuras demandas, Philip Morris está buscando que el cigarro ya no sea un artículo tan controlado por parte de la FDA (La Food and Drugs Administration, es decir, la agencia gubernamental que controla todo lo relacionado con los alimentos y la salud y que ha considerado hasta ahora el cigarro como una droga), con lo que sus responsabilidades se limitarían muchísimo, sobre todo, las relacionadas con la salud. Así, si esto se logra, el gobierno y los demandantes serán despojados de argumentos fuertes en el futuro para acusar a las tabacaleras de daños a la salud. Pero, por otro lado, los estados que las demandaron por daños a la salud, aunque esto parezca broma, están tratando de mantener saludables a las tabacaleras para que éstas les paguen el dinero prometido (o menos, si las tabacaleras logran disminuir las sanciones) en 1998, así de absurdo. Es decir, esos estados esperan que las tabacaleras tengan buenas ganancias, aunque ello implique que haya más fumadores, más enfermos, más muertes, que a la larga les salga más caro que lo que van a obtener por las demandas.

Es evidente, pues, la falta de ética, de comportamiento moral, del propio gobierno, con tal de que las jugosas ganancias de las tabacaleras lleguen a los bolsillos de los funcionarios encargados, supuestamente, de proteger el interés público por encima del empresarial. Es como si demandáramos al dueño de una tlapalería por vender solvente a menores y que lo obligáramos a pagar una multa para curar a los inhaladores de ese solvente, pero, para que pudiera pagarnos, le permitiéramos seguir vendiendo solvente, incluso, a más menores, en mayores cantidades que antes, para que nos pagara más rápido. Para cuando nos liquidara la multa, habría más enfermos y nos saldría mucho más caro curarlos que el dinero que obtuvimos por la demanda. Así, más o menos, es lo que está haciendo el gobierno en EU. Pero, además, se están obstaculizando las demandas pendientes. Todavía hay 1500 en los juzgados en ese país y las que se han ganado, se están apelando, como en California, en donde Philip Morris busca cambiar el veredicto de tres juicios que se ganaron en su contra. Sin embargo, aunque los afectados hayan triunfado, aún falta que realmente se les pague. Por ejemplo, hay un caso de un demandante que, después de ¡40 años ganó un juicio, pero es el día en que no se le ha dado un solo centavo! Incluso, para que se vea el gran poder del Big Tobacco, acciones judiciales a nivel de países, como una de Ecuador, y otras de Nicaragua, de Guatemala y de Ucrania, demandando a las tabacaleras por daños a la salud, han sido descalificadas por jueces estadounidenses.

También, la demanda de una ex sobrecargo, por daños a la salud, debido al efecto del llamado second hand smoker (es decir, el fumador de segunda mano, aquél que no tiene el hábito, pero que es obligado por las circunstancias a aspirar el cigarrillo de los fumadores), fue rechazada por otro juez, lo que sienta un precedente negativo para otras 3200 aeromozas, quienes están demandando por lo mismo, de acuerdo con un arreglo por $320 millones de dólares al que se había llegado. En el estado de Florida, se había llegado a una sanción de $145,000 millones de dólares en daños punitivos contra las tabacaleras, pero los analistas predicen que la resolución se revisará y se revocará. Ese estado es de los que ya están tratando muy bien al Big Tobacco, pues espera que éste le pague los $11000 millones de dólares prometidos en el 2000, así que está procurando afectarlo lo menos posible con molestas demandas de quejosos incomprensibles, de que si no dejan hacer sus buenos negocios a las tabacaleras, éstas no podrán pagar el dinero que prometieron. Tanta confianza ha puesto el estado en los fabricantes de cigarros que, incluso, ya les compró acciones con el dinero de los fondos mutualistas para que aquellos les den buenas ganancias como pago de intereses.

En fin, parece que Big Tobacco es casi intocable y el protegido del gobierno en contra de la intolerante sociedad que se atreve a atacarlo. El consumo de cigarros apenas si bajó un dos por ciento en el 2000, a pesar del constante aumento de precios (el paquete de cigarros subió de $1.74 que costaba en promedio en 1997, a $2.95 actualmente, es decir, 170%), lo que significa que a los adictos no les importa pagar más con tal de conservar su hábito (ya se señaló que se comprobó que los fabricantes agregan sustancias tan adictivas, que es casi imposible dejar el hábito de fumar una vez adquirido). Por ejemplo, R.J. Reynolds experimentó un incremento de sus ganancias de 27%, lo que significó $100 millones de dólares más durante el primer cuatrimestre del 2001. Philip Morris obtuvo 7.7% más de ganancias, que en dinero significó $1200 millones de dólares por las ventas de cigarros. Es notable el aumento de fumadores en regiones como Europa Oriental y Asia, al igual que las ganancias.

Esto se debe a que, luego del terrible golpe que las tabacalera sufrieron en EU, éstas se dedicaron a reforzar la venta de cigarros en los países subdesarrollados, mediante agresivas campañas publicitarias, así, como en México, donde nunca ha existido una legislación en contra de la publicidad tan abierta y directa de los cigarros (se anuncian tanto en radio, como en televisión, incluso en los horarios de más rating). A China, en especial, con sus 350 millones de fumadores, se le considera el 'paraíso perdido', esperando un día que se le pueda penetrar.

El negocio es tan prolífico, que, como ya se dijo, ha permitido que le entren empresas dedicadas a la venta de cigarros baratos, para aquellos fumadores que no pueden comprar las marcas caras. Por ejemplo, empresas como Alliance Tobacco, CigTEC, Smokin Joes, S&M Brands, Commonwealth y otras han logrado incrementar sus ventas en el mercado de los cigarros baratos, cuyos ingresos montan la asombrosa cifra de ¡12600 millones de dólares! ( poco menos de lo que México paga en intereses anuales por la deuda externa), de 4% en 1997 a 14% en la actualidad. Aprovechan que las grandes corporaciones deben cargar en cada cajetilla de cigarros 58 centavos de dólar como costo del pago de sus demandas (como se ve, nada tontas, las grandes tabacaleras simplemente le pasaron el precio de sus multas a los consumidores, así que, en realidad, no están poniendo un solo centavo de su bolsillo), para ofrecer cigarros baratos, del orden de uno o dos dólares el paquete, como Durant, Lewiston y Tahoe. Así, por ejemplo, la empresa Commonwealth Brands ha aumentado sus ventas 66%, montando éstas $800 millones de dólares. De esa manera tan entusiasta, ha ayudado Bush a sus grandes amigas, las tabacaleras.

El monopolio Microsoft

Siguiendo con el tema del poder al que llegan las corporaciones estadounidenses tenemos también el caso de Microsoft, empresa fabricante de programas de cómputo, en especial del sistema operativo Windows, con el cual, actualmente, trabajan el 97% de las computadoras personales existentes en el mundo. Su dueño y director es el señor Bill Gates, considerado el hombre más rico del mundo, con una fortuna estimada, a pesar de la recesión económica, en casi $47,000 millones de dólares. Esta empresa fue acusada durante la presidencia de Clinton de prácticas monopolistas por el Departamento de Justicia a través del entonces juez del caso, el señor Thomas Penfield Jackson, quien resolvió que la empresa debía dividirse en tres compañías, si realmente se quería terminar con su monopolio. Una compañía tendría que dedicarse exclusivamente a la producción del sistema operativo, otra, a la creación de aplicaciones y una tercera, a los servicios y operaciones a través del Internet.

Evidentemente que la compañía ha negado siempre los cargos de 'monopolio', pero, de hecho, así ha sucedido: Microsoft, desde su origen, ha operado muchas veces mediante prácticas ilegales. Por ejemplo, el sistema 'windows', en realidad, Microsoft lo tomó del de Macintosh, claro, mejorándolo e, incluso, superándolo. Así ha hecho con otros softwares de otras compañías, sobre todo, cuando ha visto en peligro sus ventas. La empresa toma el producto que le está haciendo la competencia, lo analiza perfectamente, determina cómo funciona y lo copia, mejorándolo mucho más que el original, así que, en realidad, muchas de las veces, Microsoft no ha innovado, sino, simplemente, ha partido de avances ya dados. Eso mismo sucedió cuando Microsoft decidió entrar a la competencia por el Internet, en vista de que éste representaba una nueva panacea para los negocios, ofreciendo un navegador que, en un principio, en 1995, fue casi una copia, ésta sí de mala calidad, del que por entonces se consideraba como el buscador líder de la red, el Netscape Communicator 2.0, de la compañía Netscape. Microsoft no sólo buscó entrarle al negocio del Internet, sino destronar a esa compañía, la cual llevaba, prácticamente sin competencia, la delantera en la operación de búsqueda de sitios electrónicos. De hecho Microsoft, lo logró. Netscape casi quiebra, pues no pudo competir con Microsoft, la cual, a partir de su buscador Explorer 4.0, ofreció un producto mucho mejor que el de Netscape y, lo peor para ésta empresa, gratuito, el cual venía ya incluido con el sistema operativo Windows 98. Netscape fue la compañía que, de hecho, inició una demanda legal contra Microsoft por sus prácticas de competencia desleal, ofreciendo testimonios de otras compañías, de los métodos intimidatorios y hostigadores que Gates y su equipo de ejecutivos realizaban contra toda aquélla empresa que se rehusara, ya fuera a vender el sistema operativo Windows sin incluir el Explorer, o su navegador del Internet o a asociarse con Microsoft.

También, se ofrecieron testimonios de empresas a las cuales Microsoft había, primero, ofrecido comprar, con tal de evitar su competencia, pero cuando éstas rehusaban su oferta, entonces la estrategia cambiaba y aquélla decidía atacarlas con todos sus recursos disponibles, copiando y mejorando su producto y ofreciéndolo gratis o a un precio menor. Netscape no pudo sobrevivir y se salvó de la quiebra cuando fue adquirida por America on Line - fusionada actualmente con TimeWarner -, uno de los fuertes competidores de Microsoft por el control del Internet y de los servicios que se prestan a través de él.

Por todo ello, se había decidido legalmente fragmentar al emporio de Gates, sólo que, para su buena suerte, y gracias a los dos y medio millones de dólares que Microsoft 'donó' a la campaña presidencial de George W. Bush, el actual jefe antimonopolio del departamento de estado, el señor Charles James, revisó el caso y decidió fallar a favor de la compañía, por lo cual, al menos por el momento, Microsoft no está obligada a dividirse. Claro, era de esperarse, sobre todo con el gobierno tan abiertamente empresarial de George W. Bush, quien, como hemos visto antes, debe muchos favores a varios empresarios por el dinero que éstos aportaron a su campaña presidencial.

Gracias a esa decisión, Microsoft continúa, en cierta forma, con sus prácticas monopolistas. Por ejemplo, el nuevo sistema operativo, el Windows XP, incluye algunas características que evidencian la tendencia de Microsoft a atar a sus consumidores y a otras empresas a sus productos. Su instalación requiere de conectarse al Internet para recibir algo así como unas claves de certificación de la autenticidad del producto, además de que quien lo compre, aunque tenga más de dos computadoras, debe de adquirir una copia para cada máquina, pues cada paquete puede instalarse sólo en una PC. Por si fuera poco, no funciona con varios programas, especialmente los de empresas competidoras y no acepta trabajar con los servidores de America on Line vía cable. También, en julio del 2001, Microsoft logró que los fabricantes de computadoras incluyeran por default los iconos de MSN, el mensajero instantáneo, del Internet Explorer, así como del Microsoft Media Player, éste último para tocar compactos o ver películas en DVD.

En medios gubernamentales se ha insistido en que el caso no está 'cerrado aún' y que se revisará la 'conducta de Microsoft', para no llegar a la medida 'extrema de tener que dividirla', pero podemos estar seguros de que mientras Bush y su séquito de empresarios-políticos estén en el poder, Gates, como muchos otros grandes hombres de negocios, estará a salvo de todas esas 'molestias', teniendo la seguridad de que podrá seguir sus prácticas monopolistas, con tal de garantizarse el consumo de un mercado mundial que cada vez tiende a reducirse más a causa de la crisis.

Las temibles tarjetas de crédito

Y los casos de las empresas beneficiadas por las jugosas donaciones hechas a Bush abarcan también a las compañías que expiden tarjetas de crédito, tales como American Express, Visa o los mismos bancos, muchos de los cuales hacen un muy buen negocio con dichos instrumentos de crédito, que cobran intereses leoninos, de agio, que exprimen a los deudores, cuya deuda, en muchos casos, se vuelve impagable. Actualmente, los estadounidenses deben alrededor de 700.000 millones de dólares en créditos por tarjetas y las citadas compañías están aprovechando su 'buena amistad' con Bush para cobrarse alevosamente todo ese dinero.

En los primeros meses del 2001 se aprobaron una serie de medidas destinadas a obligar a los clientes morosos a pagarles sus deudas a las compañías, tanto el total, como los intereses. Según los ejecutivos de las empresas, bajo las leyes anteriores, los deudores podían muy fácilmente declararse 'en quiebra' y borrar su adeudo. Bastaba con declararse 'insolvente' ante el gobierno y 'todo se solucionaba', lo cual, señalan aquéllos, permitía que muchos 'holgazanes' se hicieran de una fortuna, gracias al crédito otorgado. Probablemente eso haya cierto en algunos casos, los menos, como señalan los críticos de las medidas, pero en la mayor parte de los deudores, las cosas no son así y si no pueden pagar es porque realmente no pueden hacerlo, menos durante la recesión, la que apenas, según se dice, está ya superándose. Las nuevas disposiciones ordenan que todos los deudores deben renegociar al menos un 25% de la deuda y pagarla, para que así el banco le 'conceda la gracia' de extenderle el plazo con la deuda restante. Ni tratándose de créditos de casas, el banco o la compañía se ablandarán, ya que pueden embargar, incluso, la propiedad si el deudor no tiene para pagar. Lo peor de todo fue que esas empresas aplicaron esas leoninas decisiones durante la fase más grave de la crisis económica estadounidense, con lo cual, la mala situación financiera de los deudores, simplemente tendió a agravarse, no así la de las empresas, no conformes con que sus ganancias durante los pasados dos años aumentaron un impresionante 50%. Así pues, de nueva cuenta, se ve a un gobierno entreguista a los intereses del gran capital.

El emporio General Electric

General Electric comenzó haciendo focos hace más de 100 años. Pero ahora la empresa se ha diversificado tanto y crecido tan enormemente, que es, en nuestros días, una gigantesca corporación cuya finalidad original, la fabricación de focos, constituye un monto bastante pequeño en producción y en ventas. Las siguientes, son las actividades a las que se dedica hoy GE, cuyas ventas anuales llegan a los ¡130,000 millones de dólares, casi una tercera parte del PIB mexicano!: Motores para aviones. Esta actividad abarca el 8.2% de su producción y asciende a 10.900 millones de dólares anuales. Es el mayor fabricante de motores turbohélices y turbojets para aviones comerciales y militares, desde el nuevo Airbus de la línea aérea Air France, hasta el avión militar F/A 18E Super Hornet, bastante utilizado en las guerras contra Afganistán e Irak.

Electrodomésticos. Esta actividad abarca el 4.5% y asciende a 5.900 millones de dólares anuales. GE es el fabricante número dos de electrodomésticos en EU. Sus marcas incluyen GE, Mongram, Profile y Hotpoint. El señor Jeff Immelt, el actual presidente de la compañía, se ganó su fama trabajando hace años en ese competitivo sector.

Plásticos. Esta actividad abarca el 5.9% y asciende a 7.800 millones de dólares anuales. GE es uno de los más grandes surtidores de polímeros, los cuales se emplean en muchas cosas, desde autos, hasta cocinas y baños.

Sistemas generadores de electricidad. Esta actividad abarca el 11.25% y asciende a $14,900 millones de dólares anuales. Es su segunda división más grande y se encarga del diseño, fabricación, instalación y mantenimiento de plantas eléctricas de todo tipo: gasolina, aceite, carbón y nucleares.

Productos industriales y sistemas. Esta actividad abarca el 9% y asciende a 11.800 millones de dólares anuales. Incorpora cuatro divisiones, las que proveen transmisión de electricidad (interruptores de circuitos, fusibles, protectores de sobrecarga), distribución eléctrica y protección (como reguladores de voltaje), automatización y control (conectores y desconectores, sistemas de control de turbinas) y motores y controles (motores AC y DC, así como generadores). Otros productos incluidos aquí son las lámparas, los accesorios eléctricos (apagadores, contactos, etc.) y locomotoras.

Servicios de capital GE. Esta actividad abarca el ¡50%! y asciende a 66.200 millones de dólares. Como puede verse, esto confirma la tendencia de ésta y otros grandes consorcios, a dedicarse a actividades especulativas, más rentables que la fabricación de cualquier cosa, mientras no haya crisis, por supuesto. Es el más lucrativo segmento de GE, y ofrece una amplia variedad de servicios financieros, desde tarjetas de crédito privadas (por ejemplo, las ofrecidas por cadenas de autoservicios), hasta hipotecas, arrendamiento industrial (de maquinaria, por ejemplo), venta de equipo e, incluso, seguros de todo tipo.

Productos técnicos. Esta actividad abarca el 6% y asciende a 7.900 millones de dólares. La división de productos médicos de GE fabrica equipo de diagnóstico por imagen, tales como los de resonancia magnética, ultrasonidos y los escáners CT. Otras divisiones desarrollan sistemas de rayos X y de imágenes fluoroescópicas. Comunicación. Esta actividad abarca el 5.2% y asciende a 5.200 millones de dólares. La cadena de televisión NBC, considerada de alta calidad, tiene los canales de cable MSNBC y CNBC, 13 estaciones poseídas y operadas por aquélla, así como más de 220 afiliadas en los EU.

Pues bien, sus generosas contribuciones a Bush, le valieron que éste intentara, infructuosamente, mediar ante los reguladores europeos de los negocios, cuando GE intentó adquirir a la empresa Honeywell, manufacturera de controles de aviones, aduciendo aquéllos que se hubiera gestado, de haberse concretado la operación, un gran monopolio que pondría en peligro a empresas europeas tales como la también fabricante de turbinas de aviones Rolls-Royce, de Inglaterra, o a United Technologies, ésta, irónicamente, de EU. El italiano Mario Monti fue quien se opuso férreamente a la compra, la que trató de concretar el entonces director ejecutivo de GE, el señor Jack Welch, muy 'buen amigo' de Bush.

De todos modos, los buenos negocios siguen, pues los aviones Hornet, las 'estrellas' durante la reciente guerra de Estados Unidos contra Irak, están equipados con motores GE, y se comportaron tan bien, que el Pentágono ya ordenó la adquisición de varias decenas de aparatos a los que, por supuesto, con un contrato de exclusividad, GE surtirá de potentes máquinas.

En fin, gracias a Mr. George W. Bush, Estados Unidos, actualmente, es el paraíso perdido, tan añorado por las grandes corporaciones. Y por si eso no bastara, además, gracias a la actual política militar de los halcones de Washington, es de esperarse que los negocios estén mucho mejor. Tal es el caso, por ejemplo, de la 'reconstrucción' del invadido, destrozado Irak, en el cual, los fuertes intereses de empresas tales como Halliburton - de la que Dick Cheney fuera alguna vez presidente - General Electric o Exxon-Mobil, les permitirán obtener muy buenas utilidades.

(*) Catedrático de la Universidad Autónoma de México.

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