Irak resiste

 

Los halcones civiles del Pentágono imaginaban que la guerra de Iraq sería un asunto fácil. Sus planes de dominación mundial apenas acaban de entrar por la puerta cuando se han hundido en un cenagal

La pesadilla de Iraq se profundiza

Por John Peterson
La Haine, 05/08/05

“No hay ningún calendario... ¿Por qué deberíamos decir al enemigo: aquí está el calendario, seguid adelante y esperadnos? No tiene sentido tener un calendario. Si das un calendario estás concediendo demasiado al enemigo... Nuestra estrategia se puede resumir de esta manera: Cuando los iraquíes se pongan de pie nosotros nos retiraremos”. (G. W. Bush hablando sobre la guerra de Iraq, junio de 2005)

“No tengo y no pretendo anunciar el calendario de nuestro programa... El anuncio de un calendario fijo para nuestra retirada sería totalmente eliminado por el enemigo para negociar un acuerdo. Simplemente esperarían hasta que nuestras fuerzas se hubieran retirada y después moverse... Cuando las fuerzas vietnamitas sean más fuertes el ritmo de retirada estadounidense será mayor”. (Richard Nixon en su discurso Mayoría silenciosa sobre la Guerra de Vietnam, noviembre de 1969)

Después de la reelección de Bush, muchos en el mundo pensaron que se aproximaba el final del mundo. Según ellos, el “rebaño” estadounidense había sido engañado de una vez por todas y Bush seguiría sin ningún esfuerzo con su política ultra-reaccionaria en casa y en el extranjero. Los estadounidenses eran incapaces de luchar y se dejarían arrollar por el camión neoconservador. Nosotros explicamos que nada más alejado de la realidad. Bush no tenía un “mandato” real o un “capital político”. El país estaba aún más dividido que antes de las elecciones. Si Bush consiguió el segundo mandato fue en gran medida por la ausencia de una alternativa para la población norteamericana. Ciertamente no fue el resultado de un contundente entusiasmo con su política. Al menos con Bush sabían a lo que se enfrentaban. ¿Por qué votar a Kerry? ¿Un candidato pro-guerra, pro-Acta Patriótica, pro-Plan Colombia y pro-grandes empresas cuando ya estaba otro similar en el puesto?

Como pronosticamos, el período de lucha de miles de Bush ha desaparecido como un relámpago. Casi inmediatamente, se enfrentó con la muralla de la oposición pública a su proyecto interno más importante, la privatización de la seguridad social. Ahora, de la noche a la mañana, el ambiente de la población estadounidense se ha vuelto finalmente contra la guerra en Iraq. La aprobación a Bush ha caído al 43 por ciento, la más baja de su presidencia. Ahora el 39 por ciento dice que está a favor de la guerra en Iraq, en abril de 2003 el porcentaje era del 72 por ciento, el día después del derribo de la estatua de Sadam Hussein en Bagdad. El 57 por ciento se consiguió cuando la administración deliberadamente engañó a la opinión pública con las supuestas armas de destrucción masiva de Iraq. El 42 por ciento de los probables votantes dijeron que estarían a favor de iniciar el procedimiento de acusación (impeachment) si se demostraba que el presidente mintió a la nación sobre sus razones para ir a la guerra de Iraq. Incluso los rabiosos medios de comunicación pro-guerra se han vuelto cautos al cuestionar la política de EEUU en Iraq. De una manera típicamente oportunista, varios miembros de los dos partidos han planteado críticas con la forma de dirigir la guerra, aunque la primera cuestión debería ser la validez de la guerra.

Sin embargo, este cambio de ambiente no sale de ninguna parte. Ha estado acumulándose debajo de la superficie desde que el movimiento de masas contra la guerra tuvo que hacerse “clandestino” al principio de la guerra debido a los llamamientos a “apoyar a las tropas” y el “Cualquiera menos Bush aunque es un candidato pro-guerra” de la campaña presidencial de John Kerry. Ahora, la frustración acumulada con el rumbo de las cosas dentro de EEUU, combinado con el envalentonamiento de la insurgencia iraquí y el aumento de las bajas norteamericanas sin un final a la vista, ha dado a millones el valor de expresar sus verdaderos sentimientos sobre la guerra.

Escapar de la realidad

Durante mucho tiempo, la población estadounidense ha adoptado una posición de “esperar y ver” si era cierto lo que sus líderes le decían sobre la guerra. Esperaron la prueba de la relación con el 11-S, que encontraron las armas de destrucción masiva, los laboratorios móviles de armas, las armas ocultas en Siria, la entrega de la soberanía iraquí, que se celebraran las “elecciones democráticas”, que se entrenara el suficiente número de soldados iraquíes que permitiera a EEUU comenzar la retirada, etc., Al final, no había relación con el 11-S, no había armas de destrucción masiva ni calendario de retirada de las tropas. La “democracia” y la “libertad” están más lejos que con Sadam. En realidad, para millones de iraquíes, las cosas son peor ahora que hace tres años. Al menos entonces tenían electricidad y agua, no tenían que preocuparse por los atentados suicidas en el mercado local. Mientras tanto, más de 1.700 soldados estadounidenses han muerto y decenas de miles han resultado heridos. Después de muchos meses de no querer admitir que las cosas están peor que antes, la paciencia de millones de estadounidenses se empieza a agotar.

La realidad de la situación es que Bush y compañía no parecen saber qué ocurre con la cuestión de Iraq, distintos funcionarios aparentemente tienen opiniones diferentes de la situación. Un día el vicepresidente Dick Cheney admite cómodamente que la insurgencia está en “las últimas”. Días después, el secretario de defensa Donald Rumsfeld dice que la guerra podría durar 5, 6, 8, 10 o 12 años. Que las fuerzas estadounidenses se han reunido o no con los insurgentes para negociar una solución política. Rumsfeld pretende que ocurra todo “al mismo tiempo”, mientras que el general George Casey dio exactamente la respuesta contraria en la misma conferencia de prensa.

Otro general anunció que el nivel de tropas norteamericanas comenzará a descender el año próximo, mientras que al mismo tiempo muchos políticos de Washington insisten en que son necesarias más tropas. John Kerru, el candidato presidencial del Partido Demócrata que consiguió acallar el movimiento contra la guerra con su campaña pro-guerra, hace referencia a los insurgentes como “yihadistas” y critica a Bush por no luchar más eficazmente la guerra. Por su parte, Bush rechaza tanto el envío de tropas como traerlas de regreso a casa. Está literalmente entre la espada y la pared. Enviar más tropas enfurecerá a millones de norteamericanos y acabará con la tentativa de que los iraquíes se hagan cargo de la lucha. Por otro lado, traer las tropas a casa enfurecería a sus aliados políticos más cercanos y animaría a los insurgentes a luchar aún más duro hasta conseguir la retirada total de EEUU. ¿Qué hacer?

En otras palabras, no hay consenso en lo que realmente está ocurriendo sobre el terreno. Cada vez es más evidente que Bush y los neoconservadores viven en la imaginaria “Babia de Aristófanes”, un lugar donde todo es perfecto y no existen los problemas. Esto no es casualidad, los que gobiernan la Casa Blanca y el Pentágono están tan alejados de la realidad que realmente se creen que las cosas van bien y que la victoria está a la vuelta de la esquina. ¿Cómo podría ser de otra manera? ¿No son las personas más inteligentes del mundo al mando de la maquinaria militar más temida del mundo? Lo mismo se aplica a su comprensión de la situación económica en EEUU y en general con la política exterior estadounidense.

Seymor Hersh, el famoso periodista por su cobertura de la masacre de My Lai en Vietnam y de Abu Ghraiv en Iraq, resumió la situación en una entrevista reciente: “No pienso que esta guerra haya sido nunca ganable... lo peor está por llegar. Los próximos meses serán muy inquietantes para todos porque Bush tiene un problema real en Iraq y no es consciente de ello”.

Es realmente un caso de la “nueva ropa del emperador”. Nadie está dispuesto a decirle a Bush y sus compinches que están andando en cueros. Tarde o temprano, la clase obrera norteamericana se lo revelará.

¿Ha vuelto Vietnam?

Los halcones civiles del Pentágono imaginaban que la guerra de Iraq sería un asunto fácil. Sus planes de dominación mundial apenas acaban de entrar por la puerta cuando se han hundido en un cenagal. Según los planificadores de la guerra, el nivel de tropas en Iraq se reduciría a sólo 30.000 o 40.000 poco después del final de la guerra terrestre, liberando a más de 100.000 soldados para otras operaciones militares en la región. En su lugar, casi 140.000 soldados permanecen en Iraq y el ejército está al límite. Muy atrás han quedado los días en que la administración Bush podía negar la existencia de la insurgencia o decir que la guerra había terminado y que la “misión estaba cumplida”. Ahora tienen que admitir que no sólo la guerra continua, sino que no pueden derrotar militarmente a los insurgentes. ¡Y pensar que en cierta ocasión negaron la posibilidad de una guerra de guerrillas porque en Iraq no había jungla!

Cualquier analogía histórica es válida sólo dentro de ciertos límites, pero los paralelismos entre la Guerra de Vietnam son evidentes para todo el que quiera ver. Las recientes declaraciones de Bush sobre el rumbo de la guerra y la salida son una pavorosa reminiscencia del famoso discurso Mayoría silenciosa de Nixon. La mayoría estuvo silenciosa durante muchos años, pero cuando habló y se movió contra la guerra, todo acabó para los halcones del Pentágono. En el caso de Iraq el resultado será el mismo, pero a un nivel superior.

El desarrollo de la guerra en Iraq es más similar a la Guerra de Vietnam que a la Segunda Guerra Mundial o Corea. No hay líneas de frente claramente ni enemigos o combatientes claramente definidos. Como en Vietnam, cada ciudad y aldea es un campo de batalla potencial, cualquier iraquí es tratado como un enemigo potencial, con mucha frecuencia con resultados trágicos. Cada soldado ocupante, incluido el personal femenino de apoyo que se supone no están en “zonas de combate” también son objetivos. Incluso la zona de alta seguridad conocida como “zona verde” a menudo es el escenario de ataques de mortero, cohetes y atentados suicidas.

Con sólo 138.000 soldados sobre el terreno y sólo una fracción de éstos participando en operaciones de patrulla y vigilancia, es simplemente imposible para ellos estar en todas partes al mismo tiempo. En lugar de mantener el territorio y asegurarlo, el objetivo en Iraq parece ser similar al de Vietnam: llevar a cabo una guerra de desgaste para degradar la capacidad de lucha de los insurgentes. Pero esta estrategia no va a ninguna parte. Los ataques contra las fuerzas de la coalición continúan y en realidad cada vez son más efectivos a la hora de infligir bajas sobre las fuerzas estadounidenses y las demás tropas de ocupación.

Las fuerzas estadounidenses regularmente realizan asaltos sobre aldeas o regiones, sacan a los insurgentes del vecindario, cuentan los cuerpos y después se retiran a sus campamentos base. Pero este resultado es sólo lo que el general del ejército estadounidense, George W. Casey, llama la “Pillsbury Dougboy idea”, presionar a la insurgencia en sólo una zona provoca el surgimiento en otra parte. El control del territorio requiere “estar sobre el terreno”, toda la superior capacidad militar y la tecnología del mundo no son útiles contra un enemigo que aparece y desaparece sin avisar. ¿Qué utilidad tiene dominar los cielos si no pueden mantener el control en el suelo?

Un reciente artículo publicado en The Army Times: “Los comandantes estadounidenses de mala gana aceptaron permanecer un paso por detrás de los insurgentes no adaptándose al uso de artefactos explosivos improvisados. El coronel Mike Formica de la Primera División de Caballería dijo que es el insurgente y no el soldado estadounidense, el que tiene la iniciativa a la hora de ejecutar las operaciones. En los ataques insurgentes, dijo Formica, ‘no sabes quien es el enemigo’. Inmediatamente después de los ataques ‘regresa para mezclarse en la sociedad’.

Cada vez que los soldados norteamericanos se aventuran a salir de sus bases enormemente protegidas en Iraq, entran en un campo de minas de variadas estructuras, densidad y localización que varía cada día, incluso cada hora... El coronel Robert Davis, que comandaba los equipos de desactivación de explosivos en Iraq, dijo que cuando las patrullas estadounidenses dejan una calle ‘el campo de batalla regresa al control de los insurgentes’

Cuando las fuerzas estadounidenses añadieron cubierta de acero a sus Humvees (tipo de vehículo todo terreno) y aumentaron el uso de tanques pesados y vehículos de combate Bradley, los insurgentes respondieron con explosivos sofisticados que podían penetrar incluso en el blindaje más espeso... Los insurgentes recientemente han marcado como objetivo los ‘vehículos simbólicos’ como los tanques Abrams de 70 toneladas, para demostrar a los soldados estadounidenses que no están a salvo y que no importa cuánto blindaje les rodee”.

Esta situación ha obligado a los generales e incluso a Rumsfeld a reconocer que a pesar de la aplastante superioridad de las fuerzas ocupantes en las armas, la insurgencia nunca podrá ser derrotada militarmente. Según el general de brigada Donald Aston, el portavoz del ejército estadounidense en Iraq: “Creo que la forma más acertada de aproximarse a esta situación es reconocer que... esta insurgencia no se va a calmar, los terroristas y el terrorismo en Iraq no se calmará con opciones militares u operaciones militares”.

Esto está muy alejado de las primeras pretensiones de la administración que decían que los insurgentes no eran nada sino “desesperados” leales a Sadam o un puñado de infiltrados extranjeros. 44 de los 55 iraquíes más buscados han sido capturados o asesinados, incluido Sadam, aún así, la resistencia aumenta en audacia y efectividad. Es como la hidra mitológica: “No podemos matarlas a todas, cuando mato a una salen tres”, estas son las palabras del teniente coronel Frederick P. Wellman, que trabaja en la supervisión de la formación de las tropas de seguridad iraquíes.

La Ofensiva Tet, “vietnamización” y “salvadorización”

La Ofensiva Tet de 1968 fue una clara derrota militar para el Viet Cong y los Regulares Nortvietnamitas, reduciendo sus reservas y recursos durante años. Pero no importó, los dramáticos ataques conmocionaron a la opinión pública estadounidense que se dio cuenta que la población vietnamita nunca aceptaría la continua subyugación de su país por parte de una potencia extranjera. El fervor patriota que acompaña el inicio de cada guerra se fue disipando. La marea finalmente cambió y se volvió contra la guerra.

Los recientes ataques espectaculares en Iraq, aunque no amenacen estratégicamente a la fuerzas ocupantes en el país, han jugado un papel muy similar polarizando a la opinión pública norteamericana. El coronel del ejército estadounidense, Funk, recientemente expresó sus preocupaciones por el efecto de los últimos ataques arriesgados y el aumento de las bajas estadounidenses: “Los medios de comunicación se equivocaron con Tet y se están equivocando con Iraq. Estamos ganando pero la población no lo sabrá si todo lo escuchan está relacionado con la muerte y la violencia”.

Es común en la derecha “culpar” de la derrota en Vietnam a los medios de comunicación “antipatriotas”. Esta obscura “explicación” está alejada de la completa e incómoda realidad de esa derrota ignominiosa, pero aún así en esta afirmación hay un ápice de verdad. La guerra está llena de muerte y violencia, estas imágenes e historias están inquietando a la mayoría de la población. Por eso el Pentágono ha desplegado su poder para censurar y satanizar las imágenes e historias que ve y escucha la opinión pública norteamericana sobre Iraq.

Aquellos que se oponen e incluso cuestiona la política estadounidense en Iraq son intimidados y acusados de “dar argumentos al enemigo” y “desmoralizar” a las tropas. Es un caso de “no escuchar el mal, no ver el mal, no hablar del mal”. En la medida que no escuchamos, vemos o hablamos de los horrores de la guerra ¡no existen! Desgraciadamente, para miles de soldados estadounidenses y millones de iraquíes, la violencia y el horror de la guerra no son vistas en la televisión pero sí en sus ciudades, calles y en sus casas.

En 1969, en respuesta al creciente resentimiento contra la guerra, el presidente Nixon hizo su famoso discurso La mayoría silenciosa, explicando su plan para la “vietnamización” de la guerra. La idea era que EEUU entrenaría al Ejército Survietnamita (ARVN) para que se tomara la responsabilidad de luchar contra el Viet Cong y el Ejército Nortvietnamita (NVA). Pero la mayoría de los generales tenían poca confianza en que el ARVN pudiera hacer frente tanto al NVA como al Viet Cong. Ante todo, en su mente estaba la necesidad de calmar a la opinión pública en casa con una retirada paulatina de las tropas norteamericanas. La perspectiva de entrenar a las tropas del ARVN para que se hiciera cargo de la lucha, era un reconocimiento de que no había solución política a la vista.

La estrategia de salida de Bush en Iraq no es otra cosa que una forma de “vietnamización”. La idea es que las fuerzas iraquíes sean entrenadas en suficiente número para enfrentarse a la insurgencia, de este modo podría producirse una retirada paulatina de las tropas estadounidenses. Y aún así, las fuerzas de ocupación y su gobierno títere ya han dado una esperanza de resolución militar, esperan conseguir un acuerdo político para que los insurgentes se unan al proceso político. Pero esto simplemente no ocurrirá. Algunos grupos insurgentes podrían ser cooptados de esta forma, pero la mayoría de ellos están luchando por un objetivo básico: el final de la ocupación. Pero los traidores del gobierno iraquí no durarían ni un día sin la fuerza militar de EEUU. Por lo tanto, una solución política amable, limpia y pacífica es simplemente imposible. Las ilusiones en una solución política se disiparán muy pronto, dejando al gobierno norteamericano con sólo una opción: la retirada gradual de sus fuerzas dejando a los perros falderos iraquíes a su destino.

Como en Vietnam, la presión contra la guerra en casa al final jugará un papel importante en el desarrollo de la guerra. La derrota militar de la guerra está descartada. La población iraquí está realizando una lucha legítima contra un ocupante extranjero. Como decía el oficial del ejército citado anteriormente, por cada insurgente que matas, surgen tres mas. Incluso con la tecnología militar más avanzada del mundo, es imposible controlar un país entero, incluso un país relativamente pequeño y empobrecido destrozado durante década de guerra y sanciones económicas.

La formación de un ejército nacional cohesionado que se haga cargo de los insurgentes está demostrando ser mucho más difícil de lo que imaginaba EEUU. Con unas tasas de desempleo astronómicas, muchos iraquíes ven el peligroso trabajo de policía o soldado como la única manera de escapar al hambre. Pero esto no significa que apoyen la ocupación o al gobierno que les paga para defenderle. Miles de policías y soldados iraquíes han abandonado sus puestos, escapado durante las batallas, se han negado a luchar o incluso se han pasado al otro bando en mitad de la batalla. Los propios miembros de las fuerzas de seguridad han realizado varios atentados suicidas recientes contra la policía y el ejército iraquí.

La ausencia de un servicio de inteligencia de calidad sobre la insurgencia es el testimonio de que la gran mayoría de la población se opone a la presencia de EEUU. Parece que Rumsfeld y compañía realmente creían esa tontería de que recibirían a las tropas de ocupación con los brazos abiertos. Desgraciadamente, para miles de soldados norteamericanos que han sido asesinados, mutilados o lisiados para toda la vida, este no ha sido el caso.

En un acto desesperado, las fuerzas de ocupación han recurrido a otra estrategia probada, conocida como la opción “El Salvador”. Esto implica el uso de milicias con base étnica o religiosa y “escuadrones de la muerte”. En el contexto de Iraq, las fuerzas de ocupación han trabajado para llevar a cabo la vieja estrategia de “divide y vencerás” para utilizar a los chiítas y kurdos contra los sunnitas, que forman el corazón de la resistencia armada. Las principales figuras chiítas y kurdas en el gobierno han apoyado oficialmente a los peshmerga kurdos y a las milicias de las Brigadas Chiítas Badr. Y esto lleva a la única posible resolución de la insurgencia: incluir a los sunnitas en el gobierno. La creación de escuadrones de la muerte es una forma difícil de inspirar confianza. Aparte de aumentar el número de cadáveres y garantizar una nueva generación de insurgentes, esta estrategia no conseguirá nada.

Al final, la “vietnamización” fue un fracaso para los imperialistas estadounidenses. La presión en casa aceleró la retirada y el Ejército Survietnamita no era tan disciplinado y decidido como el NVA y el Viet Cong. El 30 de abril de 1975 el régimen títere de Duong Van Minh en Saigón cayó, con las famosas escenas de la evacuación de la embajada de EEUU y que quedaron grabadas para siempre en la memoria colectiva de los estadounidenses.

“¡Por el fin de la ocupación ahora!”

Podría parecer que una estrategia de salida gradual de Iraq tranquilizaría a la opinión pública estadounidense ante las interminables noticias de violencia sin ninguna esperanza real de mejoría de la situación. Pero los recientes intentos de Bush de ganar la confianza de la opinión pública en su estrategia iraquí han fracasado y no han conseguido calmar sus preocupaciones. El “capital” político de Bush se deteriora rápidamente y cada vez es más inútil la vieja retórica de “al Qaeda”, “Bin Laden”, “guerra contra el terrorismo”, “Eje del Mal” y el “recuerdo del 11 S”.

Las bajas son tan altas como en Vietnam, los medios de comunicación y el gobierno han intentado ocultar a la opinión pública la terrible realidad de la guerra, pero la corriente monótona de muertos y heridos, las noticias sin fin de la violencia están teniendo un efecto. Sin final a la vista, millones de norteamericanos están comenzando a darse cuenta que la aventura iraquí no ha servido para nada. No ha estabilizado Oriente Medio ni ha disminuido la posibilidad de otros atentados terroristas en la “patria”, como reconocieron abiertamente altos funcionarios después de los recientes atentados en Gran Bretaña. No ha abaratado el petróleo que ahora ha alcanzado niveles récord. El drenaje económico de casi 300.000 millones de dólares gastados en la guerra también está teniendo un efecto. La relación entre los recortes en casa y el gasto en el extranjero cada vez está más clara para millones de personas.

La oposición a la guerra aumenta en todo el país. Millones que al principio se dejaron llevar por el triunfalismo belicista de Washington ahora están cuestionando abiertamente la guerra. Ya no se trata de un puñado de activistas contra la guerra haciendo ruido, sino de estadounidenses de todo tipo. Los veteranos de la guerra de Iraq y sus familias son un grupo cada vez más ruidoso. Cindy Sheehan, una madre que perdió a su hijo en Iraq y presidenta de Gold Star Families for Peace, recientemente pronunció un discurso y acusó a Bush por su “guerra ilegal e injusta”.

Como informaba el Lexington (KY) Herald-Leader: “Sheehan ridiculizó a Bush por decir que es una ‘tarea dura’ consolar a la viuda de un soldado asesinado en Iraq. ‘Una tarea dura es ver el asesinato de tu hijo en la CNN el domingo por la noche mientras estás tomando la cena. Una tarea dura es ver a tres oficiales del ejército que llegan a tu casa pocas horas después para confirmar el asesinato antes mencionado de tu hijo, tu primer hijo, tu niño dulce y amable. Es una tarea dura enterrar a tu hijo 46 días antes de su 25 cumpleaños. Es una tarea difícil consolar a tus otros res hijos cuando el cuerpo de su hermano mayor está bajo tierra. Es una tarea difícil no saltar a la tumba con él y que la tierra os cubra a ambos’.

‘Te estamos vigilando cuidadosamente y vamos a hacer todo lo que esté en nuestro poder para que seas juzgado por engañar al pueblo norteamericano’, estas son las palabras de Sheehan citando una carta que había enviado a la Casa Blanca. ‘Clavar una estaca política en tu negro corazón será el propósito de mi vida’”.

Estas impactantes palabras de una madre apenada van al corazón de la cuestión: la guerra no es el juego aterciopelado que G. W. Bush y compañía nos quieren hacer creer. Estas emociones son compartidas por decenas de miles de familias estadounidenses e iraquíes.

La oposición entre los soldados en activo también va en aumento. Llevados hasta casi el límite, los militares ya no pueden mantener tan fácilmente esta larga y dificultosa ocupación de Iraq. Las continuas operaciones militares en Afganistán también son una sangría, por no mencionar las docenas de pequeños teatros en la “guerra contra el terrorismo”. El ejército se está reconsiderando la “estrategia de dos guerras” porque no tienen suficientes tropas para mantener dos guerras convencionales importantes al mismo tiempo. Dada la actual disponibilidad de tropas y suministros, desafiar a Corea del Norte, Irán, China, incluso Siria o Venezuela, sería romper el ejército. La pobre planificación de la posguerra ha provocado escasez de personal cualificado, de vehículos acorazados, uniformes blindados, incluso de raciones y agua. Además todo esto ha significado un enorme gasto no previsto. Por no hablar del dinero de millones de contribuyentes que se están gastando en un ejército privado de seguridad que opera en Iraq.

Los niveles alistamiento han caído drásticamente en 2005, en abril habían caído un 42 por ciento. Esto ha obligado al ejército a mantener en activo a unos 22.000 soldados más allá de lo firmado. En esta etapa la restitución del servicio militar obligatorio no es una opción porque provocaría una enorme oposición. 7 de cada 10 se oponen al servicio militar obligatorio, a pesar de los problemas de reclutamiento. Además esta medida también minaría toda la base del ejército voluntario, que se creó con la intención de restaurar la moral después de la experiencia del servicio militar obligatorio utilizado en Vietnam.

Se han producido casos de fragging ¾ un término acuñado durante la Guerra de Vietnam y que hace referencia al asesinato de oficiales por parte de los reclutas ¾ . Entre 1969 y 1971 el ejército informó de 600 casos de fragging en los que murieron 82 estadounidenses y otros 651 resultaron heridos. Sólo en 1971, hubo 1,8 fraggings por cada 1.000 soldados estadounidenses sirviendo en Vietnam, esto no incluye los ataques con armas o cuchillo. Nadie quería ser la última persona en morir en una guerra sin sentido. Las cosas todavía no están tan mal en Iraq pero la ocupación está lejos de terminar.

Incluso los medios de comunicación de derechas expresan sus dudas. Niall Ferguson, un entusiasta seguidor de la expansión imperial de EEUU, fue citado recientemente por The New York Times: “Lo número ahora son de 174 a 1. No sólo es la relación de soldados iraquíes y estadounidenses. Están comenzando a mirarse de manera alarmante como los pocos probables éxitos de los estadounidenses”.

En los libros de historia la “vietnamización” va seguida poco después por una “derrota y retirada humillantes”. Más tarde que pronto, el sentimiento contra la guerra en EEUU se expresará de nuevo masivamente en las calles.

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