Palestina

 

La historia de Israel revisada

Por Ilan Pappe
giaku, 11/03/07
La Haine, 29/06/07
Traducido del inglés por Felisa Sastre

“Se puede tomar una ciudad entera- por ejemplo Tokio-, rodearla de unas puertas electrificadas y que una sola persona tenga la llave de la única puerta de la ciudad. Si en cualquier otra parte del mundo se supiera que una ciudad estaba a merced de un guardián, como si fuera una cárcel, se sentirían conmocionados. No se permitiría que pasara un solo día más sin protestar. Pero el mundo lo acepta en Israel.”

El profesor Ilan Pappe es un historiador israelí y catedrático de Ciencia Política en la Universidad de Haifa. Es autor de numerosos libros, entre ellos A History of Modern Palestine, The Modern Middle East, The Israel/Palestine Question, y el más reciente, The Ethnic Cleasing of Palestine, publicado en 2006. El 8 de marzo, habló sobre sus experiencias personales que le han llevado a escribir su nuevo libro, en un pequeño coloquio organizado en Tokio por el NIHU Program Islamic Area Studies de la Universidad de Tokio. A continuación se ofrece la trascripción de su conferencia titulada por los organizadores del acto como “The History of Israel Reconsidered”.

Ilan Pappe: Gracias por invitarme; para mí es un placer estar aquí. Espero que me pregunten después sobre asuntos de carácter general porque no estoy seguro de lo que podré exponer en 40, 45 ó 50 minutos. Para empezar, hablaré de mi experiencia personal y después abordaré temas de carácter general. Creo que ello les ayudará a comprender lo que estoy haciendo.

Nací en Israel y tuve una vida y educación convencionales, típicamente israelíes, hasta que terminé mis estudios de licenciatura en la Universidad Hebrea, algo que sucedió hace muchos años, a mitad de los 70. Como todos lo judíos israelíes, sabía muy poco de los palestinos, y conocía a muy pocos de ellos. Y aunque fui un buen estudiante de historia ya desde la enseñanza secundaria (sabía que iba a ser historiador) fui completamente leal a lo que me habían contado en la escuela. No tenía dudas de que lo que mis profesores me enseñaron en la escuela era la única verdad sobre lo ocurrido en el pasado.

Mi vida cambió en cierta manera- de forma definitiva mi vida profesional pero también mi vida privada y pública- cuando decidí dejar Israel y hacer mi tesis doctoral fuera del país. Porque cuando sales ves cosas que sería muy difícil comprender desde dentro. Elegí como tema de la tesis de doctorado el año 1948 ya que, a pesar de no conocer mucho el pasado, comprendía que se trataba de un año fundamental. Sabía lo suficiente para entender que se trataba de un punto de arranque de la historia, porque para una de las partes, los israelíes, 1948 es un milagro, el mejor año de la historia judía: tras dos mil años de exilio, los judíos, finalmente, establecían un Estado, y eran independientes. Pero para los palestinos era exactamente lo contrario: el peor año de su historia, como lo denominan: la Catástrofe, la Nakba, casi el Holocausto, el peor año que un país hubiera deseado vivir. Y eso me intrigaba, el hecho de que un mismo año, unos mismos sucesos, se vieran de forma tan diferente desde cada una de las partes.

Considero que estar fuera del país me facilitaba tener más respeto y capacidad de comprensión hacia el hecho de que pudiera existir otra forma de acercarse a la historia diferente a la que yo había aprendido- es decir, no sólo la de mi propio mundo, de mi propio pueblo, de mi propio país. Sin embargo, eso no era suficiente para revisar la historia, esa actitud, el hecho de que un día uno se despierta y se dices: espera un momento, hay algo más en la historia, puede que ellos contemplen lo sucedido de manera diferente. Y si eres un auténtico intelectual, debes esforzarte en respetar otros puntos de vista, no sólo los tuyos.

Tuve la suerte de que el año en que decidí estudiar el punto de vista de los otros fue el año en que, según las leyes israelíes sobre documentos reservados se desclasificaron muchos archivos - cada treinta años los archivos israelíes desclasifican documentos secretos: 30 años para temas políticos, y 50 para asuntos militares. Cuando empecé en Oxford, Inglaterra, a principios de los años 80, se desclasificaron una gran cantidad de nuevos materiales sobre 1948. Y comencé a revisar los archivos en Israel, en el Reino Unido, en Francia, en Estados Unidos. También Naciones Unidas abrió sus archivos en el momento en que empezaba a trabajar sobre el tema. Había, además, archivos de interés en Ginebra y Nueva York.

Y, de repente, comencé a vislumbrar una descripción de 1948 que no me resultaba familiar. Los historiadores necesitan mucho tiempo para consultar los materiales y convertirlos en un artículo, en un libro o en una tesis doctoral ( como en este caso), por lo que tras dos años, al menos, me di cuenta de que tenía una idea clara de lo ocurrido en 1948, y esa nueva visión se oponía muy dramáticamente a aquella en la que había sido educado. No fui el único que tuvo esta experiencia. Dos o tres, puede que cuatro, historiadores- en parte historiadores, en parte periodistas de Israel- consultaron los mismos materiales y llegaron también a similares conclusiones: que la imagen de Israel en 1948 no era verdadera. Al grupo de personas que veíamos las cosas de forma diferente se nos denominó los Nuevos Historiadores y, con independencia de que sea o no un buen calificativo (lo que podremos discutir después), es un hecho que se nos llamó calificó así, algo que no admite discusión.

Bien, ¿qué pusimos en duda respecto a 1948? Considero que es muy importante comprender la antigua descripción de los hechos y la nueva para seguir adelante. La vieja descripción era que en 1948, tras 30 años de Mandato británico en Palestina, la nación judía promovida por el movimiento sionista estaba dispuesta a aceptar una oferta internacional de paz con los habitantes autóctonos de Palestina. Y que a partir de la propuesta de Naciones Unidas de dividir Palestina en dos Estados, el movimiento sionista la había aceptado mientras el mundo árabe y los palestinos la rechazaron; como consecuencia de ello, los árabes declararon la guerra para destruir al Estado de Israel, y pidieron a los palestinos que se fueran para dejar espacio a los ejércitos árabes invasores; que los líderes judíos pidieron a los palestinos que no se marcharan pero ellos lo hicieron; y como resultado de su huida surgió el problema de los refugiados. Israel, milagrosamente, ganó la guerra y se convirtió en una realidad. Y, desde entonces, el mundo árabe y los palestinos no han cesado de intentar destruir el Estado judío.

Esa es más o menos la versión en la que nos han educado. Otra leyenda era que había tenido lugar una gran invasión en el 48, cuando un poderoso contingente árabe entró en Palestina y un pequeñísimo ejército judío combatió contra él. Era la repetición del mito de David y Goliat, en el que los judíos representaron el papel de David y los ejércitos árabes el de Goliat, y en el que de nuevo el hecho de que David venciera a Goliat era un milagro.

Esa era la versión, y lo que nosotros descubrimos desmontaba la mayoría de aquellas leyendas. Lo más importante fue el descubrimiento de que los dirigentes sionistas, los dirigentes israelíes, al margen de los planes de paz de la ONU, habían previsto desde mucho antes de 1948 el expolio de los palestinos y su expulsión. De manera que los palestinos perdieron sus tierras y hogares no por causa de la guerra sino como consecuencia de un plan judío, sionista, israelí (pónganle ustedes el adjetivo que prefieran), y que Palestina sufrió una limpieza étnica de su población autóctona en 1948.

Debo aclarar que no todos los incluidos en el grupo de nuevos historiadores están conformes con esta descripción. Alguno de ellos diría que sólo la mitad de los palestinos fueron expulsados y la otra mitad salió huyendo. Alguno afirma que fue una consecuencia de la guerra pero yo lo tengo muy claro. Por supuesto, no obligo a nadie a aceptarla pero estoy bastante seguro, como he dejado escrito en mi último libro, The Ethnic Cleasing of Palestine, de que en realidad ya en los años 1930 los israelíes- que entonces no eran israelíes sino dirigentes sionistas anteriores a la constitución del Estado- habían previsto y planificado la expulsión sistemática de los palestinos llevada a cabo en 1948.

Para resumir este punto, la vieja posición histórica israelí era la siguiente: Israel no es responsable de que los palestinos se convirtieran en refugiados, los responsables fueron los palestinos porque no aceptaron los planes de paz y sí aceptaron las peticiones árabes de abandonar el país. Esa era la postura tradicional. La mía, y en esto muchos de los nuevos historiadores coinciden, es que Israel es la única responsable del problema de los refugiados porque planificó la expulsión de los palestinos de su patria. En consecuencia, es totalmente responsable.

Otra cuestión que hemos aclarado es que al estudiar el equilibrio militar sobre el terreno hemos descubierto que la descripción de un Goliat árabe y un David judío tampoco se corresponde con los hechos. El mundo árabe habla mucho (todavía lo hace ahora) pero, cuando se trata de los palestinos, no hace gran cosa. Y por ello enviaron un número muy pequeño de soldados contra Israel, así que el ejército judío tuvo superioridad en el contingente total de tropas, en el nivel de equipamiento y en la experiencia y entrenamiento de sus soldados.

Finalmente, uno de los mitos comunes de los israelíes sobre el 1948- y no sólo sobre esa fecha- es que Israel siempre ha ofrecido su mano para conseguir la paz; siempre ha ofrecido la paz al mundo árabe en general y a los palestinos en particular y que el mundo árabe y los palestinos han sido inflexibles y han rechazado cualquier acuerdo de paz. Creo que hemos demostrado con nuestros trabajos que, al menos en 1948, hubo una oferta de paz por parte del mundo- ¿o fue una idea de paz?- tras la finalización de la guerra y que la realidad es que los palestinos y los Estados vecinos árabes estaban cuando menos dispuestos a dar una oportunidad a la paz pero fue el gobierno israelí quien la rechazó. Más tarde, uno de los nuevos historiadores, Avi Shlaim, de la universidad de Oxford, escribiría un libro titulado The Iron Wall(1). En este libro, demuestra que no sólo en 1948, sino desde 1948 hasta hoy, se han producido una serie de coyunturas en la historia en las que se presentaron oportunidades para la paz y fracasaron no porque el mundo árabe se negara a explorar las oportunidades sino porque los israelíes rechazaron las ofertas de paz.

Así que la revisión de la historia, para mí, comienza en 1948. Volveré de nuevo al final de mi charla a 1948 para hablar más de mi último libro, pero quiero explicar que en el proceso de retroceder hasta 1948 y de cuestionar la versión histórica aceptada y la narrativa de lo sucedido, un grupo de académicos israelíes, de profesores, periodistas, etc., no se limitó a retroceder hasta 1948 sino que investigó también otros periodos. Hemos pasado una época muy extraña en la Academia israelí que terminó en los años 1990. En ese periodo, los investigadores israelíes se interesaron en la historia de Israel, como he dicho no sólo en el año 1948, e investigaron épocas muy importantes de su historia, de forma crítica, y escribieron una historia alternativa a la que les habían enseñando en la escuela e incluso en la universidad. Y digo que se trató de una época muy interesante porque acabó en el año 2000 con la segunda Intifada palestina. Hoy en Israel no quedan rastros de aquella energía crítica. Hoy en Israel, aquellos investigadores no se ocupan de Israel o han abandonado sus enfoques para volver a la historia oficial. En la actualidad, Israel es una sociedad con un gran consenso pero los años 90 fueron una época muy interesante y yo me siento contento de haber formado parte de ella. No me arrepiento de ello, y sólo lamento que no haya seguido adelante. El tiempo nos dirá si fue el principio de algo nuevo o si fue un episodio aislado que no va a repetirse.

Veamos, ¿qué hicieron aquellos investigadores? Revisaron la experiencia sionista desde el principio hasta el momento actual y estudiaron todas las épocas, empezando por los primeros años del sionismo. El movimiento sionista surgió en Europa a finales del siglo XIX, y el primer colono judío llegó a Palestina en 1882. Sin embargo, la idea generalizada en Israel es que aquella gente llegó a una tierra más o menos despoblada y formaba parte de un proyecto nacional; que crearon un hogar nacional para los judíos y, por razones inexplicables, a los árabes no les gustó y atacaron a la pequeña comunidad judía, algo que parece ser el destino de Israel: vivir en entre gente que no la acepta. Y no la aceptan porque quienes atacan a Israel son o bien musulmanes o bien árabes, lo que explicaría una cultura política determinada que no puede vivir en paz con sus vecinos, o cualquiera de las explicaciones que dan los israelíes de las razones por las que los árabes y los palestinos siguen atacando al Estado judío.

Bien, los nuevos investigadores consideraron la emigración de judíos desde Europa al mundo árabe como un movimiento colonial. No fue el único lugar del mundo donde los europeos por las razones que fuera- incluso por buenas razones- emigraron de Europa y se establecieron en un mundo no europeo. Y afirmaron que el sionismo, en este sentido, no fue diferente. Por supuesto, el hecho de que los judíos fueran perseguidos en Europa (algo conocido y aceptado) explica por qué buscaban un refugio seguro. Pero el hecho de que decidieran que el único refugio seguro era un lugar donde ya vivían otras gentes lo convirtió también en un proyecto colonial. De manera que introdujeron la perspectiva colonial en el estudio del sionismo primitivo.

Además, analizaron de forma completamente distinta un asunto muy delicado: el de la relación entre el Holocausto y el Estado de Israel. Investigadores muy valientes han demostrado lo que ahora es un hecho admitido: que los dirigentes judíos de Palestina no hicieron todo lo que pudieron para salvar a los judíos del exterminio porque estaban más interesados en el futuro de los judíos en la propia Palestina. Y que la memoria del Holocausto se ha manipulado en Israel para justificar actitudes y políticas hacia los palestinos. También han puesto de manifiesto el trato dispensado a los judíos provenientes de países árabes en los años 50 y han encontrado que la necesidad israelí de formar parte de Europa ha sido muy perjudicial en la forma de tratar a las comunidades judías llegadas de países árabes y que, desde luego, podrían haber ayudado a Israel a integrarse en Oriente Próximo porque eran también árabes. Pero los des-arabizaron, y les dijeron: “Vosotros no sois árabes, sois algo más” y ellos lo aceptaron porque era la única forma de integrarse en la sociedad israelí.

Toda esta revisión, si quieren, de la historia israelí ha comprendido desde 1882 hasta, al menos, los años 50. En los años 90, unos 100-120 profesores estaban involucrados en el tema. La opinión pública israelí, en principio y por supuesto, no aceptó estas nuevas revelaciones, y se indignó mucho con aquellos investigadores pero yo creo que fue el inicio de una buena oportunidad para influir en la opinión pública israelí hasta el punto de conseguir que se cambiaran algunos libros de texto del sistema educativo.

Más tarde, tuvo lugar la segunda Intifada, y mucha gente sintió que Israel estaba de nuevo en guerra, y cuando se está en guerra, no se puede criticar a los tuyos. Y en ese punto estamos ahora, en un periodo en el que muchos de aquellos investigadores críticos rebajaron sus críticas y de hecho gentes como yo- yo sólo puedo dar testimonio de mi propia experiencia- de la noche a la mañana se vieron convertidos de héroes en villanos. No es una experiencia sencilla. En los 90, mi universidad estaba muy orgullosa de que formara parte de ella. De ahí que el Ministerio de Asuntos Exteriores enviara a mucha gente para que comprobara lo plural que era nuestra universidad: tenían a un tipo que formaba parte de los nuevos historiadores, que podía demostrarles lo muy crítica que era su actitud y que Israel era una sociedad abierta, la única democracia en Oriente Próximo.

A partir de 2000, me convertí en enemigo de mi universidad. El Ministerio no sólo dejó de enviar visitas para verme, sino que la universidad buscó la manera de enviarme al exilio y casi lo consiguió en el año 2002. Estuvo a punto de celebrarse un grave proceso- que, gracias a Dios, al final no tuvo lugar- en el que se me iba a acusar de todo tipo de cosas impensables en una democracia, acusando a profesores de traición y de deslealtad a su país, etc. ¿Decía en 2002 las mismas cosas que afirmaba en los años 90? No había cambiado mis puntos de vista pero lo que había cambiado era el ambiente político en Israel.

Ahora les hablaré, en la última parte de mi conferencia, sobre mi nuevo libro. Después de trabajar en esta nueva investigación, escribí bastantes artículos y publiqué una serie de libros que resumían los nuevos hallazgos de los que estoy hablando, para evaluar su impacto. Me quedé muy impresionado- en uno de mis libros he escrito ampliamente sobre el asunto- de la manera en que habían influido en los investigadores palestinos para hacerse más críticos y abiertos, dando lugar a una narrativa de los hechos a la que denomino “historia puente”. Se trata de un concepto histórico que de hecho implica que para conseguir la paz se necesita una narrativa que una. Es preciso que si se quiere que ambas partes (cada una con su propia visión histórica) contribuyan al establecimiento de la paz tienen que construir una narrativa puente. Encontré a través de un amigo palestino un grupo en Ramala que se denominaba Bridging Narrative Historians (Historiadores de una narrativa puente). Comenzamos a trabajar en 1997 y seguimos haciéndolo en la actualidad: se trata de un buen proyecto para establecer una historia compartida. Analizamos conjuntamente la historia porque creemos que si estamos de acuerdo en lo sucedido en el pasado, el futuro será posible.

Tras haberlo puesto en marcha, seguía sintiéndome atormentado por lo sucedido en 1948, sentía que la historia no estaba completa, Había escrito dos libros sobre el 48 y tenía la sensación de que no era suficiente. En 1998, los israelíes abrieron los archivos a los investigadores. Tal como he dicho antes, abrieron los archivos políticos transcurridos 30 años pero los archivos militares a partir de 1990. Y entonces sentí que no sólo tenía una visión más completa de lo sucedido el año 1948 sino, desgraciadamente, de cómo se vive ese año en el interior de Israel todavía hoy. Y los nuevos documentos, creo, demuestran con toda claridad- aunque yo lo sabía con anterioridad pero la nueva documentación lo demostraba todavía más rotundamente, si quieren con más pruebas- que el movimiento sionista desde su inicio era consciente de que en la tierra de Palestina vivían otras gentes. Y que la única solución sería deshacerse de ellas.

No estoy diciendo que supieran exactamente cómo hacerlo, no estoy seguro de que siempre supieran qué hacer, pero estaban convencidos absolutamente de que el principal objetivo del proyecto sionista- que, por una parte, consistía en encontrar un lugar seguro para los judíos y por otra en redefinir el judaísmo como un movimiento nacional y no sólo como una religión- no podía realizarse mientras la tierra de Palestina no fuera judía. Ahora, algunos de ellos piensan que pueden quedarse un pequeño número de palestinos pero en ningún caso constituir una mayoría, ni tan siquiera una minoría considerable. Creo que esa fue la razón por la que el año 48 ofreció tan buena oportunidad a los dirigentes sionistas para intentar cambiar la realidad demográfica sobre el terreno. Y, como he tratado de demostrar en mi libro, ya desde 1937, bajo la dirección de uno de los padres fundadores del sionismo, David Ben Gurión, se preparó cuidadosamente el plan de limpieza étnica en Palestina.

Ello tiene muchas implicaciones morales, no sólo políticas. Porque si estoy en lo cierto- puedo estar equivocado pero ¿Y si tengo razón?- al aplicar el término limpieza étnica a lo que Israel hizo en 1948, estoy acusando al Estado de Israel de haber cometido un crimen. Porque, en la terminología legal internacional, la limpieza étnica es un crimen contra la humanidad. Y si se consulta la sección legal de la web del Departamento de Estado estadounidense, allí se afirma que cualquier grupo histórico, o que en el futuro viva en una sociedad étnicamente mixta y planifique deshacerse de otro de los grupos, comete un crimen contra la humanidad. Y no importa- es muy interesante- no importa si lo hace por medios pacíficos o por medios militares. La simple idea de que uno se puede deshacer de un pueblo sólo porque es étnicamente distinto, hoy, taxativamente según el derecho internacional, está considerado un crimen.

Resulta, asimismo, interesante, que el Departamento de Estado diga que la única solución para las víctimas de un crimen de limpieza étnica, que son generalmente refugiados porque han sido expulsados, es el retorno de todos ellos a sus hogares. Desde luego, en la relación de los crímenes étnicos del Departamento de Estado, no aparece Israel. Todos los demás figuran allí, desde los tiempos bíblicos hasta nuestros días, pero el único que no aparece como limpieza étnica es el de Palestina porque obligaría al Departamento de Estado a aceptar el derecho palestino al retorno, algo que no desean.

Existe otra implicación. Yo no soy juez y no deseo llevar a la gente ante la justicia, aunque en este libro, por primera vez en mi vida, decidí escribir un libro en el que se dijera “Israel limpió étnicamente Palestina”. Doy nombres, doy nombres de personas, de las personas que decidieron que 1.300.000 palestinos no tenían derecho a continuar viviendo donde habían vivido durante más de mil años. Decidí dar nombres y los lugares desde donde se tomó la decisión.

Creo que lo más importante para mí no fue lo que sucedió en 1948 sino el hecho de que el mundo sabía lo que estaba ocurriendo y decidió no hacer nada, y envió el terrible mensaje al Estado de Israel de que era aceptable deshacerse de los palestinos. Y creo que esa es la razón por la que la limpieza étnica de Palestina continúa ahora, mientras hablamos. Habida cuenta de que el mensaje de la comunidad internacional fue: si queréis crear un Estado judío expulsando a tantos palestinos y destruyendo tantas aldeas y ciudades palestinas, hacedlo. Estáis en vuestro derecho. Existe una interpretación diferente, - que no voy a dar ahora- ¿por qué el mundo permitió a Israel hacer en 1948 algo que no hubiera permitido a nadie más? Pero, como digo, se trata de una interpretación diferente y no quiero entrar en ella.

El hecho es que el mundo lo supo y absolvió a Israel. Y como consecuencia, el Estado israelí, el nuevo Estado creado en 1948, aceptó como base ideológica la idea que de pensar en la pureza étnica de un Estado es un objetivo justo. Lo explicaré. El sistema educativo en Israel, los medios de información israelíes, el sistema político del país, nos envía a los judíos de Israel un mensaje muy claro desde nuestros primeros días de vida hasta que morimos. Y el mensaje es muy claro, y se puede ver en los programas de todos los partidos políticos israelíes. Todo el mundo está conforme con él, tanto si son de izquierdas como si son de derechas. El mensaje es el siguiente.

En mi opinión- hablaré del mensaje en un minuto- pero diré que a mi juicio es un mensaje muy peligroso, un auténtico mensaje racista, contra el que lucho (sin éxito).

El mensaje es que la vida personal -no la vida colectiva ni incluso la vida política-, la vida personal del judío en Israel hubiera sido mucho mejor si no hubieran estado rodeados de árabes. Lo que no quiere decir que cualquiera crea por ello que deba salir a la calle y comenzar a pegar tiros a los árabes o a expulsarlos. Comprenderán la paradoja.

Hoy he concedido una entrevista a un periodista de aquí, en Japón, y él me ha hablado de alguien- no menciono su nombre-, un muy conocido político israelí de la izquierda, que le había dicho: “Mi sueño es levantarme una mañana y comprobar que no hay árabes en Israel.”. Y se trata de uno de los líderes liberales sionistas, de izquierdas y muy comprometido con la paz. Todo esto es consecuencia del 1948, de la idea de que es legítimo educar a la gente en la idea de que la solución de sus problemas estriba en la desaparición de alguien sólo por el hecho de que sea árabe o musulmán, y, por supuesto, de alguien que pertenece a la población autóctona, que ha nacido en esta tierra, no de un inmigrante. Quiero decir que pueden entender- quizás no aceptar, sino sólo entender- cómo una sociedad trata a los inmigrantes. Pero ni tan siquiera estamos hablando de inmigrantes, estamos hablando de un país al que sí han emigrado otros, y que ha convertido a la población autóctona en inmigrantes, y que afirma que no tienen derechos en su propio país.

Si alguien, perteneciente a los grupos pacifistas israelíes, muy de izquierdas, tiene un sueño que consiste en que todos los árabes desaparezcan de la tierra de Israel, pueden comprender lo que ocurre si no se es de izquierdas. Y no hay que estar en la extrema derecha para ello, se puede estar en la tendencia predominante. Tenemos que recordar que la limpieza étnica de Palestina en 1948 la llevó a cabo el Partido Laborista, no el Likud, como ideología principal.

En otras palabras, lo que tenemos en Israel es una sociedad convencida de que es precisa una exclusividad étnica, o cuando menos una mayoría absoluta de judíos en cualquier parte de Palestina que se considere debería constituir el futuro Estado judío, y que estos valores, este objetivo predominan por encima de cualesquiera otros en Israel. Son más importantes que la democracia; más importantes que los derechos humanos. Más importantes que los derechos civiles. Porque para la mayoría de los judíos de Israel, si no se tiene una mayoría demográfica, estás perdido, es el suicidio. Y si esta es la postura, entonces no tiene que asombrar que la gente diga que si los palestinos de Israel llegan a ser más del 20%, nos suicidaremos. Se escucha a gente que dice ser intelectual, demócrata, liberal, humanista, hablar así.

Y si Israel quiere anexionarse- y lo quiere- la mitad de Cisjordania, como saben, y hay muchos palestinos en la mitad de Cisjordania, no hay nadie en Israel que piense que es un error trasladar a la fuerza a la gente que vive en una de las mitades de Cisjordania a la otra. Porque en caso contrario, el equilibrio demográfico en Israel cambiará. Y no resulta sorprendente que los israelíes no consideren un problema lo que han hecho en la franja de Gaza: apresar a un millón y medio de personas y colocarlos en una cárcel imposible con dos puertas y una llave que guardan los israelíes, y creer que la gente puede vivir así sin reaccionar. Y con el fin de deslegitimizar el derecho de todos a vivir en su propio país, hay que deshumanizarlos: si fueran seres humanos ustedes no podrían pensar en ellos como lo hacen.

Considero que mientras esta ideología sea la del Estado de Israel ( y es la ideología del Estado de Israel) muchas buenas cosas de Israel – y hay muchas cosas buenas: lo que hizo el movimiento sionista, la forma en que salvó a los judíos, la manera de crear una sociedad moderna casi desde la nada, es un proyecto emocionante-, todos esos logros asombrosos se perderán. Por encima de todo, los palestinos serán los perdedores, es cierto. Es verdad: los palestinos van a ser los perdedores porque los israelíes no van a cambiar- no parece que vayan a variar su política, y no parece que nadie en el mundo vaya a obligarlos a cambiarla. Pero, a largo plazo, Israel estará solo, es un país pequeño en medio del mundo árabe e islámico, y Estados Unidos no siempre estará allí para protegerlo.

Pero al final, a los israelíes les pasará lo de Sudáfrica. No se puede vivir en un barrio y mantenerse ajeno a los vecinos y decirles “No me gustáis” o “No quiero vivir aquí”- es posible que reaccionen. Puede que pasen cien años, doscientos años, no lo sé. Pero los israelíes están calculando mal. Sólo los historiadores comprenden que sesenta años no son nada en la Historia. Vean la Unión Soviética. El hecho de que durante sesenta años se tenga éxito con una mala política no significa que los próximos sesenta vayan a ser iguales. Están cometiendo un terrible error, de la misma manera que las comunidades judías de todo el mundo lo están cometiendo igualmente al apoyar esa política.

Mi nuevo libro intenta convencer de que la historia más importante sobre la limpieza étnica no es sólo lo que sucedió en 1948 sino la forma en que el mundo reaccionó a lo ocurrido entonces al enviar a Israel el mensaje equivocado de que todo estaba bien, de que podía formar parte no sólo del mundo sino que podía ser parte del mundo occidental. De lo que se denomina “el grupo de naciones civilizadas”. Así que no se sorprendan si van a los territorios ocupados y comprueban de primera mano cómo se trata allí a la gente, y que la gran mayoría de los israelíes, en primer lugar, no sabe lo que sucede allí, y en segundo, cuando conocen lo que allí pasa, no parecen inquietarse mucho. Porque el mismo mensaje que recibieron del mundo en 1948 es el que reciben del mundo en 2007. Se puede tomar una ciudad entera- por ejemplo Tokio-, rodearla de unas puertas electrificadas y que una sóla persona tenga la llave de la única puerta de la ciudad. Si en cualquier otra parte del mundo se supiera que una ciudad estaba a merced de un guardián, como si fuera una cárcel, se sentirían conmocionados. No se permitiría que pasara un solo día más sin protestar. Pero el mundo lo acepta en Israel. Y ello, a pesar del hecho de que hay más periodistas internacionales por metro cuadrado en Israel y Palestina que en ninguna otra parte del mundo. Esto es un hecho. Y a pesar de esta presencia de medios de información internacionales, los israelíes no han cambiado ni uno sólo de los elementos de su política de ocupación en Palestina.

Como he dicho, por desgracia no tengo tiempo para desarrollarlo pero creo que es una pregunta muy interesante: ¿por qué el mundo permite que Israel haga lo que está haciendo? Pero, en realidad, se trata de otro tema, así que termino aquí, y abro el turno de preguntas y observaciones. Muchas gracias.


Nota de la Traductora:

1. Existe traducción al español: Avi Shlaim, El Muro de Hierro: Israel y el mundo árabe, Granada, Almed, 2003.