Palestina

 

Un alto cargo del movimiento describe sus objetivos para toda Palestina

La postura de Hamas

Por Mousa Abu Marzook (*)
Los Angeles Times, 10/07/07
Rebelión, 13/07/07
Traducido del inglés por Beatriz Morales Bastos

Damasco, Siria – La liberación por parte de Hamas de un periodista de la BBC de sus secuestradores en Gaza la semana pasada fue, sin duda, una buena noticia. Pero quiero dejar clara una cosa: no entregamos a Alan Johnston como un favor servil a las potencias occidentales.

Se hizo como parte de nuestro intento de asegurar Gaza del caos de las milicias y la violencia, sin importar de donde venga. Gaza estará en paz y bajo el imperio de la ley – un lugar en el que todos los periodistas, extranjeros e invitados del pueblo palestino serán tratados con dignidad. Hamas nunca ha apoyado los ataques a occidentales, como reconocen hasta nuestros críticos más duros; nuestra lucha siempre se ha centrado en el ocupante y en nuestra resistencia legal a él –un derecho de un pueblo ocupado que apoya explícitamente la Cuarta Convención de Ginebra.

A pesar de todo, el presidente Bush y el primer ministro israelí Ehud Olmert continuamente relacionan nuestro movimiento con ideologías que ellos saben perfectamente que no seguimos, como la agenda de al Qaeda y sus partidarios. Pero nosotros no participamos en una guerra más amplia. Nuestra lucha de resistencia no es en representación de nadie, aunque damos la bienvenida al apoyo de personas de cualquier parte que estén en favor de la justicia en Palestina.

Los intentos de los estadounidenses de negar la voluntad del electorado palestino destruyendo a nuestro joven gobierno no han tenido éxito – al contrario, el golpe de Fatah asistido por Estados Unidos no ha hecho más que multiplicar los problemas de la “solución de dos Estados” de Washington."

Por el momento Bush ha encontrado un amigo maleable en Abu Mazen, Un “moderado” desde el punto de vista estadounidense, pero una persona que no se puede esperar seriamente que cuente con la confianza de las calles de Gaza o de Cisjordania después de haber aceptado armas estadounidenses y el apoyo israelí para deponer por la fuerza al gobierno electo. Deploramos los actuales pronósticos de sobre un “Fatah–land” frente un “Hamastan”. Al final no habrá sino un único Estado Palestino.

Pero, ¿qué decir respecto a la caracterización occidental de nuestro movimiento como uno que es intolerable para el discurso civilizado? Nuestra postura “militante” no puede ser en sí misma el factor descalificador, ya que muchas luchas armadas históricamente han acabado encontrando su lugar en la mesa de las naciones. Tampoco se puede negar lo razonable de nuestra lucha contra la ocupación y por el derecho de los palestinos a tener dignidad, justicia y auto–gobierno.

Sin embargo, en los muchos años que he mantenido una mentalidad abierta a todos los bandos de la cuestión palestina –incluyendo los que pasé en una prisión estadounidense esperando la “justicia” israelí – siempre se me ha pedido, como condición previa necesaria para discutir los agravios, que reconociera el supuesto “derecho a existir “ de Israel y renunciara a las posturas plasmadas en la Carta de 1988 del Movimiento de Resistencia Islámica, un documento revolucionario esencial nacido de las intolerables condiciones bajo la ocupación hace más de veinte años.

El escollo del “reconocimiento” ha sido utilizado como condición excluyente para juzgar a los palestinos. Sin embargo, como dije antes, un Estado debe tener derecho a existir, pero rotundamente no a expensas de otros Estados o, lo que es más importante, a expensas de millones de individuos y de su derecho a la justicia. ¿Por qué debería reconocer nadie el “derecho” de Israel a existir cuando éste nunca ha reconocido sus crímenes fundacionales de asesinatos y de limpieza étnica por medio de los cuales Israel se apropió de nuestras ciudades y pueblos, de nuestras granjas y huertos, nos convirtió en una nación de refugiados?

¿Por qué debería “reconocer” cualquier palestino el monstruoso crimen llevado a cabo por los fundadores de Israel y continuado por su deformado moderno Estado de apartheid, cuando él o ella vive junto con otras 9 personas en una habitación de un barracón de Naciones Unidas hecho de bloques de cemento con un techo de hojalata? Éstas no son preguntas abstractas y esto no es una actitud de rechazo, simplemente porque nos hemos negado a abandonar a las víctimas de 1948 y a sus descendientes.

Por lo que se refiere a la Carta de 1988 si cada Estado o movimiento fuera juzgado únicamente por sus documentos fundacionales, revolucionarios, o las ideas de sus progenitores, en todas partes habría muchos problemas a la hora de responder. La Declaración de Independencia de Estados Unidos, con su verdad evidente de igualdad, en aquella época simplemente no se la no reconocían (al menos, no en las mentes de la mayoría de sus ilustres signatarios) a los 700.000 esclavos africanos; ni la Constitución evitó calificar la esclavitud de institución y contabilizaba a “otras personas” como tres quintas partes de un hombre. Israel, que nunca ha adoptado formalmente una constitución propia, sino que más bien actúa a través de la lenta adicción de Leyes Básicas, se declara a sí mismo ser un Estado para los judíos, a los que les confiere un estatus privilegiado basado en la fe en una tierra en la que millones de ocupantes son árabes, musulmanes y cristianos.

Los escritos de los “fundadores” de Israel – desde Herzl hasta Jabotinsky y Ben Gurion– hacen repetidos llamamientos a la destrucción de los habitantes de Palestina no–judíos: “Debemos echar a los árabes y ocupar sus lugares”. Varios partidos políticos hoy controlan bloques en el Knesset [parlamento] israelí mientras que abogan por la expulsión de los ciudadanos árabes de Israel y del resto de Palestina, y prevén un único Estado judío desde el Jordán hasta el mar. Sin embargo, no oigo el clamor de la comunidad internacional contra Israel para que repudie estas palabras como condición necesaria para discutir cualquier cosa. Como siempre, el doble rasero está vigente para los palestinos.

Por lo pronto, yo no me molesto respecto a “reconocer” el derecho de Israel a existir – al fin y al cabo, esto no es un problema epistemológico; Israel existe, como puede decirle cualquier muchacho de Rafah que esté en una cama de hospital con metralla del ejército israelí incrustada en el torso. Este baile del mutuo rechazo no es más que una mera distracción cuando están muriendo tantas personas o han vivido como presos durante dos generaciones en un campo de refugiados. Mientras escribo estas palabras, las incursiones israelíes en Gaza han matado a otras 15 personas, entre ellas un niño. ¿Quién sino un jacobino se atreve a discutir los “derechos” de las naciones ante este implacable estado de violencia contra una población ocupada?

Estoy esperando el día en que Israel me pueda decir, a mí y a millones de otros palestinos: “Aquí, aquí esta tu casa familiar a orillas del mar, aquí están tus limoneros, el olivar que cuidaba tu padre: vuelve a casa y vuelve a estar completo". Entonces podremos hablar de un futuro juntos.


(*) Mousa Abu Marzook es el número dos de la oficina política de Hamas, el Movimiento de Resistencia Islámica.