Por Roberto Sáenz, Editorial SoB 435, 17/8/17

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La gran tarea es preparar la contraofensiva contra el gobierno

“El compromiso con una visión evolutiva del mundo [el autor se refiere a la teoría materialista y dialéctica de la evolución, RS] es un compromiso con la inestabilidad y el constante movimiento del sistema en el pasado, el presente y el futuro” (El biólogo dialéctico, Richard Lewontin y Richard Levins).

El domingo pasado Macri se alzó con un triunfo electoral de importancia que ratifica el rumbo del país. Es verdad que los porcentajes obtenidos por Cambiemos y las variantes del PJ (Unidad Ciudadana más peronismo clásico) fueron similares: 37.6% (8.499.338 votos) vs. 36% (8.137.894 votos).

Sin embargo, al alzarse el gobierno con triunfos en CABA, Córdoba y Mendoza, y ocurrir una suerte de “empate técnico” en la provincia de Buenos Aires, más a una leve derrota en Santa Fe (por no olvidarnos de los triunfos “psicológicos” de Cambiemos en Santa Cruz, San Luis y Neuquén, entre otros), sumado a la homogeneidad política relativa de su votación por oposición a la heterogeneidad del espacio peronista, no cabe dudas que Cambiemos fue el gran triunfador de la jornada. Un hecho que impactó negativamente entre amplios sectores populares y del activismo traduciéndose en una fuerte desazón.

Es verdad que el gobierno manipuló la carga de datos en la provincia de Buenos Aires. Pero también es cierto que se esperaba una derrota por varios puntos del oficialismo en el principal distrito; de ahí que el triunfo de Cambiemos desatara la algarabía de la patronal que ve ahora “despejado” el camino de sus contrarreformas (incluso empieza a hablarse de que Macri podría aspirar a la reelección, cosa que quizás sea algo apresurado todavía).

Para colmo es de preverse una polarización electoral mayor hacia octubre –salvo un cambio de circunstancias; un escenario donde Cambiemos tiene más terreno para avanzar que los K: pensemos en los votos de 1País, más proclives hacia el oficialismo, respecto de la exigua cifra de Randazzo sobre la que podría avanzar Cristina.

Es sobre estas circunstancias que el gobierno buscará un acuerdo con la burocracia y las fuerzas de la oposición patronal (incluidos los K) luego de octubre, esto para llevar adelante las contrarreformas laboral, jubilatoria e impositiva que viene adelantando.

De todos modos, convendría no apresurarse: no dejarse impresionar. La dialéctica de las cosas indica que existe un enorme sector que está en la oposición, que odia al gobierno (la suma de los votos K y de la izquierda están en este segmento); esto es así aun si electoralmente esta tendencia no llegó a ser la dominante.

A lo largo del año las coyunturas han sido cambiantes. Además, la estadística electoral siempre devuelve una imagen distorsionada donde los elementos dinámicos quedan diluidos; lo que para nada significa, de todas maneras, que el triunfo electoral del macrismo deba subestimarse.

La coyuntura podría ponerse muy dura; pero la dinámica permanece abierta. La elección de la izquierda, inferior a la esperada pero no por eso despreciable, deberá ser puesta al servicio de lo que plateó nuestra compañera Manuela Castañeira durante la campaña: ¡pararle la mano a Macri impulsando la más amplia unidad de acción en las calles!  

Esta es la tarea principal que tenemos por delante la militancia del Nuevo MAS y la Izquierda al Frente por el Socialismo en el período que viene; esto amén de disputar voto a voto en las provincias y municipios donde nuestro frente logró romper el piso proscriptivo, un importante triunfo que comienza a horadar el monopolio burocrático de la representación de la izquierda que venía ostentando el FIT hasta ahora.

En lo inmediato, las tareas son jugarnos con todo para la marcha convocada por la CGT el próximo 22 de agosto y redoblar los esfuerzos por la aparición con vida de Santiago Maldonado.

El triunfo de Macri

En los lugares de trabajo, entre amplios sectores del activismo, causó impresión el triunfo del gobierno. Muchos se preguntan cómo puede ser que se haya impuesto cuando ya no es una novedad, cuando se sabe a qué viene, cuando es evidente que gobierna para los ricos.

Pero las cosas son más complejas. La realidad es que el kirchnerismo gobernó 12 años y las heridas con él siguen abiertas entre amplios sectores. Gobernó más de una década, no produjo cambios de fondo y, para colmo, dejó sobre la mesa muchas de las consecuencias adversas típicas de todo gobierno “nacionalista-burgués”: corrupción, enriquecimiento al calor del poder, desastres en materia de infraestructura, etcétera, temas sobre los que vuelca su campaña el oficialismo capitalista neoliberal. Volveremos sobre esto más abajo.

La crisis del lulismo en Brasil, del kirchnerismo en la Argentina, la catástrofe del chavismo en Venezuela, etcétera, sin que se logre un desborde de masas hacia la izquierda revolucionaria –porque las condiciones no son revolucionarias todavía- produjeron un rebote hacia la derecha: la unificación de la burguesía y el imperialismo detrás de estos gobiernos de restauración conservadora liberal.

Como decíamos en nuestra declaración del domingo 13 por la noche, cabía la posibilidad de que el país oficiara de “contra-tendencia” a esta dinámica regional conservadora. Desde comienzos del año se vivió un deterioro del macrismo y una nueva coyuntura que abarcó varios meses: marzo, abril, mayo y junio.

Una nueva coyuntura que estuvo marcada por la bronca creciente por la situación de la economía, así como por la puesta en marcha de un amplio sector de vanguardia de masas que se expresó en las calles el 8 de marzo, en el paro general, en el conflicto docente de provincia de Buenos Aires, en la marcha contra el 2 x 1 a los genocidas.

Sin embargo, luego la coyuntura se dio vuelta (demostrando que la situación política no se había modificado de conjunto). Julio fue un mes de contraofensiva patronal con la oleada de despidos y cierres de empresas como Pepsico y varias otras, la reaccionaria campaña oficialista con la excusa del desmadre en Venezuela, el caso De Vido como excusa para atacar también a las izquierda, la desaparición de Santiago Maldonado, etcétera.

En estas páginas dimos cuenta de esa modificación y nos interrogamos acerca de las consecuencias electorales que podría tener esta nueva coyuntura. Los resultados están a la vista: en estas PASO se hicieron valer las tendencias conservadoras más de fondo (lo que en parte terminó afectando también el voto de la izquierda[1]), por oposición a la bronca que crece entre amplios sectores y que también está presente.

Esto se expresó electoralmente en una porción mayoritaria de las clases medias que, con motivaciones reaccionarias, apoyaron a Cambiemos en CABA, en los municipios sojeros del interior provincial en Buenos Aires, en Córdoba, en Mendoza, etcétera. También en la persistencia de una enorme confusión entre amplias porciones de la clase obrera argentina sobre las que sigue calando la hipócrita campaña macrista contra la corrupción.

A esta división de las clases medias (que no excluye un sector más a la izquierda, progresista, que vota a los K y la izquierda), se le suma un problema de fondo que tiene que ver con la subsistencia de la crisis de alternativas que sigue campeando entre amplios sectores de los trabajadores; sobre todo entre los más concentrados (un fenómeno no sólo nacional sino internacional[2]).

Es verdad que un sector minoritario, joven, de vanguardia, de los trabajadores incluso fabriles se inclina por el voto a la izquierda, lo que es un fenómeno muy progresivo y anticipatorio de tendencias dinámicas futuras que podrían ocurrir.

Pero subsiste el problema que una porción mayoritaria de los trabajadores de las grandes fábricas sigue en la confusión; se hubiera esperado que espoleados por el ajuste, las suspensiones y los despidos giraran hacia la oposición, pero no: una parte de los trabajadores votó nuevamente a Cambiemos como subproducto de cómo les cala la campaña oficialista de que “son todos chorros”, que “no quieren trabajar”, etcétera.

La propia burocracia de la CGT, cómplice a lo largo de todo este año y medio con el macrismo, titubeante, que en ningún momento rompió con él aunque se haya visto obligada a convocar al paro general de abril pasado, es un reflejo distorsionado -¡e interesado los muy traidores!- de este recorrido.

Nada de pasar a la oposición, nada de romper amarras con el gobierno aun cuando ahora se vea obligada a convocar a la marcha del próximo partes 22 si no quiere ser barrida de las negociaciones que se vienen por las contrarreformas macristas.

La derrota de Cristina

La otra pregunta a hacerse es porqué perdió Cristina. Es verdad que podría terminar imponiéndose en el escrutinio definitivo; sin embargo, aun ganando electoralmente la provincia, la sensación que queda es que políticamente perdió, que quedó frágil; incluso cabe la posibilidad que en octubre pierda la elección provincial por cierto margen.

Hay varios factores a entender con los resultados puestos. Primero, la dificultad de aparecer como alternativa luego de 12 años de gestión. Doce años donde hubo concesiones pero ningún cambio de fondo.

Aquí es interesante el contraste con los nacionalismos burgueses del siglo pasado. Perón asumió en el 1946 y fue depuesto con el golpe de Estado de 1955; por casi 20 años los trabajadores argentinos esperaron su retorno y lo consagraron nuevamente en 1973 (sólo para llevar adelante el gobierno asesino de las “Triple A”).

Pero esa es otra historia. El tema es el carácter duradero de ciertas conquistas por comparación con el carácter superficial de las concesiones la última década. Porciones de los trabajadores no parecen valorarlas como tales[3].

Hay que agregar que Cristina hizo una campaña casi ausente, escudándose en la Unidad Ciudadana; denunció el ajuste pero de una manera liviana, insistiendo en que quiere que al gobierno “le vaya bien”, sin comprometerse a nada real que no sea una “oposición parlamentaria” que no se sabe qué significará.

Por lo demás, no movió un dedo frene a los despidos; es más: llamó a que se levante la marcha del 7 de agosto de San Cayetano; contribuyó a aplacar la coyuntura (incluso si fue atacada brutalmente por el gobierno con la campaña de De Vido).

Cristina es una figura burguesa que quiere recuperar los favores de la patronal y para ello no tiene que hacer olas; lo que coloca un alerta rojo respecto del rol de los K para cuando venga la ofensiva “reformista” del gobierno luego de las elecciones.

La elección de la izquierda (y la tarea de preparar la contraofensiva contra Macri)  

La suma de todos estos factores terminó configurando el triunfo de Macri. Aquí cabe la precisión metodológica que debe hacerse en materia electoral: siempre es difícil hacer pronósticos electorales para organizaciones pequeñas como son las nuestras (¡esto aún más cuando además las encuestas electorales están todas falseadas!).

Si a la hora de las luchas se expresan los sectores más activos –fácilmente medibles en la lucha misma– en las elecciones todo el mundo vota –activos y pasivos políticamente- y la apreciación de eso es muy difícil (salvo que se tenga mil y un vínculos con las masas).

Durante la campaña llegamos a identificar en nuestra actividad una corriente de bronca que se expresaba desde abajo; incluso llegamos a hablar de una “vacancia política” buscando interpelarla alrededor de la simpatía de masas que generaron las intervenciones de Manuela.

Pero aquí caben dos precisiones más. La primera es que un mes atrás la coyuntura se había dado vuelta; vivimos una ofensiva de despidos y suspensiones que desató reflejos conservadores entre los trabajadores.

El sentimiento más profundo surgido de allí –¡combinado con la explícita inacción sindical!- fue el temor; esto pudo tener una manifestación conservadora a la hora del voto.

Por otra parte, si bien identificamos una creciente bronca contra el gobierno en las actividades de la campaña, señalamos siempre que la “variable independiente” era el voto obrero: poco y nada se llegó a conversar de las elecciones en las fábricas; el debate político se mantuvo en un nivel muy bajo, cuestión que se agrava por el clima dictatorial que se vive por la doble presión de la patronal y la burocracia.

Los sectores más activos arrastran a los más pasivos cuando las coyunturas son dinámicas; pero cuando esto no ocurre puede pasar que emerjan los sentimientos más conservadores, que es un poco lo que pasó en estas PASO.

Aquí es donde deben colocarse los alcances de la elección de la izquierda. Su votación se aproximó más a una elección presidencial que a una parlamentaria: se terminó verificando poco corte de boleta.

El FIT obtuvo nacionalmente algo en torno al 3.5% (sumando los votos de todos sus componentes) y la Izquierda al Frente por el Socialismo algo cercano al 1.2% (sumando aquí los votos donde el MST se presentó solo), una proporción interesante de 3.3 a 1.

Es verdad que no logramos el premio mayor: romper el piso proscriptivo en la provincia de Buenos Aires[4]. Sin embargo, como la experiencia también lo indica, la instalación de figuras representantes de la izquierda va mucho más allá de un mero resultado electoral.

Esto es lo que pasó con Manuela, la principal figura nacional de nuestro frente y una de las figuras principales hoy de la izquierda a pesar de su juventud; una figura que ha desatado enorme simpatía entre amplios sectores de los trabajadores, del movimiento de mujeres y la juventud (lo mismo que entre sectores simpatizantes del kirchnerismo con los que debemos sostener un diálogo para colaborar a que rompan hacia la izquierda).

Claro que para consolidar este desarrollo ascendente deberemos construir mucho más nuestro partido y la Izquierda al Frente como un todo: ganar en orgánica partidaria y territorialidad para poder encarar los futuros desafíos con mayor envergadura.

La instalación de nuestro frente es otro de los datos de las elecciones en el seno de la izquierda. Si bien no logramos tampoco pasar en CABA –y tenemos ahí un problema de figuras que no está resuelto- de todos modos haber quebrado el piso proscriptivo en casi todo el interior del país –con resultados de importancia en Neuquén, Córdoba y otras provincias- permite afirmar que nuestro frente comenzó a romper el monopolio burocrático de la representación de la izquierda que hasta aquí venía ostentando el FIT; no es descartable que esta elección signifique el comienzo del fin del mismo, la posibilidad de que se vaya reabriendo la discusión por la unidad electoral de la izquierda clasista, un logro nada menor[5].

En todo caso, y como dijera Manuela, la gran tarea sigue siendo pararle la mano a Macri y su ajuste en las calles. La perspectiva de los 20 o 30 diputados que esbozó Del Caño como objetivo de la izquierda, como orientación y política, se reveló como una bancarrota en menos de lo que canta un gallo. Porque la campaña electoral también procesó un debate estratégico en el seno de la izquierda y los resultados están a la vista.

Mientras nos jugamos a hacer una gran elección en todos los distritos donde rompimos el piso proscriptivo, la gran tarea es construir el Nuevo MAS y la Izquierda al Frente como un todo, sosteniendo de manera intransigente su carácter de independencia de clase, y empujando cada manifestación de resistencia al gobierno que se desarrolle para pasar a la contraofensiva contra Macri.

[1] Vamos a retomar esta cuestión más abajo y en otras notas de esta edición, pero es evidente que se llegó a especular en un voto general y un corte de boleta más alto para varias de las candidaturas de la izquierda incluyendo en esto a nuestra compañero Manuela Castañeira que no se llegó a verificar; si la coyuntura no se hubiera dado vuelta, si el voto a la izquierda en la provincia de Buenos Aires hubiera totalizado el 6%, es muy probable que hubiéramos roto el piso proscriptivo. 

[2] Es un dato de la coyuntura mundial corrida hacia la derecha como en los más diversos países –de los Estados Unidos, pasando por Francia e incluso en Gran Bretaña y otros, aunque sin excluir contra-tendencias como el reciente voto a Corbyn- la clase obrera muestra desorientación político-electoral, además de una dificultad persistente para un ascenso de sus luchas de conjunto.

[3] Un ejemplo limitado de esto es como para noviembre se termina el “Fútbol para todos”; un tema sensible que en esta elección no parece haber tenido importancia. A veces ocurre que los trabajadores necesitan tener un tema en sus narices para tomar conciencia del mismo: ¡y no solamente temas “futbolísticos” sino de muchísima más importancia aún!

[4] Ya hemos señalado que con una votación algo mayor para la izquierda de conjunto hubiéramos quebrado el piso proscriptivo; un objetivo del que quedamos muy cerca: a no más de 20 mil votos.

[5] Todavía habrá que esperar para esto a los resultados de octubre; la circunstancia es que solamente en provincia de Buenos Aires podría el FIT elegir un nuevo diputado perdiendo las representaciones en todos los demás distritos. Sin embargo, incluso en la provincia de Buenos Aires, debido a la polarización que se adelante, este objetivo se avizora muy difícil colocando más al rojo vivo el problema de la unidad entre ambos frentes.

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