Por Rafael Salinas, SoB 444, 19/10/17

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Venezuela, elecciones regionales

Las razones de una sorpresa

Por Rafael Salinas

El domingo pasado se realizaron las llamadas “elecciones regionales”; es decir, de gobernadores de los 23 Estados que componen la República Bolivariana de Venezuela.

Los grandes medios y las encuestadoras pronosticaban un triunfo generalizado de las listas opositoras de la MUD (Mesa de Unidad Democrática) sobre las del gobierno, las del GPP (Gran Polo Patriótico Simón Bolívar).

Hasta el momento, el gobierno retenía 20 gobernaciones y la MUD sólo tres. Entre ellas se encontraba la muy importante de Miranda, que abarca gran parte de Caracas y estaba presidida por el líder de la MUD Henrique Capriles.

Pero, como suele suceder últimamente con las votaciones –por ejemplo, con el Brexit o el triunfo de Trump– los resultados fueron distintos a los pronosticados por las compañías de encuestas.

La MUD sólo ganó en cinco de los 23 Estados[1]. Y, lo que es peor, en Miranda, feudo político de Capriles, la MUD perdió por 7 puntos frente al candidato chavista. La región Este de ese Estado había sido el gran foco nacional de las manifestaciones opositoras y de las violentas “guarimbas” que intentaron meses atrás el derrocamiento del gobierno.

Lo mismo sucedió con otra de las grandes figuras de la oposición de derecha, Henri Falcón, candidato a gobernador del Estado de Lara, donde el GPP se impuso con casi el 60% de los votos.

La respuesta inmediata de gran parte de la dirigencia de la Mesa de Unidad Democrática (y de sus patrocinadores de Washington y Bogotá) fue aullar al grito de “¡fraude!”. Lamentablemente para ellos, no hay (ni tampoco proporcionan) pruebas serias de eso. Su única “prueba” es que las encuestas pronosticaban otros resultados… Si esa fuese la norma, entonces habría que sacar a Trump de la presidencia de EEUU y también desconocer el Brexit.

Además, como señala un duro opositor al gobierno de Maduro, pero que tiene dos dedos de frente:

“Cuando se produce un proceso electoral donde tienes testigos de mesa en todos los centros y hay emisión de actas de escrutinios mesa por mesa con acceso a la copia para los candidatos participantes, en cotejo de boletas con papeletas y la auditoría en caliente que se hace a un porcentaje altísimo de centros, difícilmente se puede efectuar un fraude electrónico o digital.

“Decir por parte de la MUD que hubo fraude sería insultar a todos sus testigos y decirles estúpidos, si ellos no lo denunciaron en el momento y avalaron la firma de las actas por centro sin dejar en acta sus observaciones sobre el posible fraude que detectaron.”[2]

Eso no significa que, en mayor o menor medida, como hacen todos los gobiernos, el de Maduro desplegó diferentes maniobras, entre ellas, facilitar el voto en zonas “oficialistas” poniendo más urnas y menos en las “opositoras” para obligar a hacer colas, etc.

Pero nada de eso es estrictamente “fraude”, ni mucho menos puede ser causa de la derrota de la oposición de derecha. Lo primero para encontrar una explicación es pasar de los porcentajes a las cifras de votantes. Su evolución explica muchas cosas.

¿Por qué perdió la oposición?

Como señalamos, para entender políticamente estos resultados no basta con tener en cuenta los porcentajes relativos de estas últimas elecciones regionales. Hay que ver cómo el voto ha ido cambiando y, al mismo tiempo, manteniéndose en el período de crisis del chavismo que es la presidencia de Maduro.

► En las elecciones presidenciales de 2013, donde Maduro fue electo, hubo:

— 15.059.630 votantes que representaban el 80% de los inscriptos (padrón). Nunca más se volvería a repetir ese porcentaje de participación.

— Por Maduro votaron 7.505.338 (el 50,61%). Por Capriles (MUD, oposición de derecha) votaron 7.270.403 (49,12%).

► En las elecciones a la Asamblea Nacional de Venezuela (ANV, parlamento) de 2015, el triunfador fue la oposición encuadrada en la MUD. En esa elección hubo:

— 14.385.346 votantes, que representaban el 74% de los inscriptos (padrón).

— Por la MUD (oposición de derecha)) votaron 7.726.066 (el 45,2%). Por el GPP (gobierno), votaron 5.622.844 (el 37%).

Después de esa votación, en la que el gobierno de Maduro pierde la mayoría del parlamento, se abre primero un período de negociaciones y “acuerdos” patrocinados principalmente desde el Vaticano. Pero desde principios del 2017 todo eso estalla, en medio también de un agravamiento de la crisis económico-social que golpea principalmente a los trabajadores y las masas populares.

Inicialmente, los reclamos de la oposición de derecha organizada en la MUD, no tienen que ver con eso, sino con que Maduro va postergando elecciones –por ejemplo, las de gobernadores de los Estados– por temor a perderlas.

Al no tener respuesta, la MUD se embarca en un movimiento de manifestaciones, “trancazos” (cortes de avenidas y autopistas) y cierres patronales (lock outs) disfrazados como “huelgas” de “trabajadores”, etc. Pero lo más resonante de este operativo golpista alentado desde Washington, fueron las guarimbas.

Estos grupos de algunas decenas de personas, bien organizados y abastecidos, provocaron toda clase de enfrentamientos violentos, en los que murió más de un centenar de personas. En esos “incidentes” se destacaron los ataques racistas a gente que por su color y/o apariencia tuviese aspecto “chavista”. En algunos de los Estados fronterizos con Colombia, fue además notoria la intervención en las guarimbas de los llamados “paracos”; es decir, paramilitares de ese país.

El objetivo era la caída del gobierno de Maduro, creando una situación de caos que llevase a la intervención de las fuerzas armadas; en últimas, lograr un golpe militar.

Ese movimiento, impulsado por la derecha y alentado desde Washington y sus sirvientes latinoamericanos de la OEA, llegó a su pico en junio y julio de este año. A partir de allí, el movimiento “destituyente” se viene abajo, y el gobierno de Maduro, simétricamente, se fortalece.

También en julio hay dos votaciones de imposible verificación, pero que tendrán su importancia política, especialmente la segunda.

► La primera de esas votaciones fue el plebiscito “destituyente” del 16 de julio, dispuesto por los diputados de la MUD de la Asamblea Nacional.  Según sus organizadores, dicen que votaron 7.676.894 ciudadanos y el 98,64% lo hizo por la destitución de Maduro. Las boletas de voto, incluían expresamente una apelación a los militares a dar un golpe de Estado.[3]

Como explicamos en su momento, la cifra de casi 8 millones de votantes era una fantasía. Pero lo importante, fue que la movilización de la derecha había comenzado a desinflarse, por un motivo fundamental: no había logrado traspasar los límites de clase. Una cosa era (y es) el descontento con Maduro y su gobierno. Otra cosa es que eso genere automáticamente un apoyo activo de las masas populares a la pandilla “pitiyanqui” de la MUD.

►Dos semanas después del plebiscito “destituyente” de la derecha fue el turno de otra votación “dibujada” y fraudulenta: la Asamblea Constituyente que se “eligió” el 30 de julio. ¡No había posibilidad para los electores de equivocarse y “votar mal”! ¡Todos los candidatos habían sido designados “a dedo” por el gobierno!

Como había que “ganarle” al plebiscito opositor de quince días atrás, el “Poder Electoral” del gobierno de Maduro anunció luego que habían votado 8.089.32. Pero esta cifra es tan dudosa y falsa como la del plebiscito opositor. En su momento, nuestra corresponsal en Caracas documentó la escasa concurrencia, con sitios de votación vacíos donde normalmente había largas colas.[4] Y ahora, el resultado de las elecciones regionales la desmiente aún más, como veremos a continuación.

► Finalmente, las cifras de las elecciones regionales del domingo pasado bajan de las nubes la situación política venezolana… aunque desde ya con las distorsiones propias de toda votación.

Sobre 19.504.106 de inscriptos, participó solamente el 61,14%, la cifra más baja desde la elección presidencial de Maduro.

— El GPP (Gran Polo Patriótico) del gobierno logró 5.571.859 votos (el 51,72%). Por los candidatos de la MUD votaron sólo 4.853.353 (el 45%).

En síntesis: el gobierno conserva casi la misma votación que había logrado en 2015 para las elecciones de la Asamblea Nacional de Venezuela. En esa ocasión, perdió frente a la MUD.

Pero ahora gana el gobierno no porque aumenta sus votos, sino porque la MUD se derrumba electoralmente. Pierde casi tres millones de votos… que en su mayoría van a la abstención.

Estos sorpresivos resultados tienen sus motivos. En primer lugar, el fracaso de las movilizaciones destituyentes desmoraliza a sectores de la MUD, pero con resultados diversos. Hay un sector difícil de dimensionar, que apunta a una radicalización… de alcances impredecibles…

Ya un mes antes de las elecciones se anunció la formación de otra coalición opositora que implica una ruptura de la MUD. La encabezan personajes de la gran burguesía tradicional –como María Corina Machado– que eran opuestos a la participación en elecciones dispuesta por la MUD. Ahora los resultados le darían la razón. La MUD, sostiene Corina, “se salió de la ruta, la de la rebelión ciudadana, y decidió participar en las elecciones”.[5]

Ahora bien, “seguir la ruta de la rebelión ciudadana” es, en última instancia, apuntar a la guerra civil… que ahora podría contar con la asistencia más beligerante del imperialismo yanqui y con auxiliares directos como el gobierno de Colombia.

Sea como fuere, la defensa incondicional de Venezuela frente a cualquier agresión directa o indirecta por vía de estos sectores de la oposición de derecha, debe ser un principio de la izquierda revolucionaria latinoamericana.

En ese sentido, es necesario también marcar a fuego el error de organizaciones como la del PSTU de Brasil, Izquierda Socialista de Argentina o el PSL, que toman como consigna central para Venezuela, la de “Fuera Maduro”. Es decir, la misma del imperialismo y de todos los sectores de la oposición de derecha.

Razones y límites del triunfo de Maduro

Eso no implica tampoco que el rol de las corrientes socialistas revolucionarias deba ser el de seguidores de “izquierda” de Maduro, su gobierno y, en general, del chavismo. Y con más razón, en su actual versión post-Chávez.

Su triunfo electoral del domingo se debe en gran medida a la división de la derecha. Pero también porque un amplio sector popular –aunque menor del que sostenía a Chávez– siguió firme votando al gobierno, aunque no por los escasos beneficios que recibe, ni porque sea realmente representativo de los trabajadores y los más pobres.

En este voto pro-Maduro pesa una “oposición” encabezada directa y exclusivamente por personajes de la “alta sociedad”, como Henrique Capriles Radonski, María Corina Machado, Leopoldo Eduardo López Mendoza y tantos otros.

Esto se acentúa porque además Venezuela es uno de tantos países donde se combinan las diferencias de clase con las de estamentos. No es casual que Chávez, mezcla de indígena, africano y blanco, no tuviese el mismo aspecto que la galería de blanquísimos presidentes que lo precedieron. Pero millones lo veían como uno de los suyos… lo que no es el caso de los dirigentes de la MUD. De la misma manera, no es casualidad tampoco que las guarimbas opositoras ataquen a “presuntos chavistas”, guiándose por las mismas diferencias… pero al revés…

Las sociedades cruzadas por la doble referencia de clases y de estamentos, son, por así decirlo, más “rígidas”, con compartimentos social y políticamente más “estancos”. En esas condiciones, el voto no migra de un lado al otro con tanta facilidad. Ese amplio sector que en su momento logró acaudillar Chávez, no va a hacer tan fácilmente las valijas para ir a arrodillarse a los pies de los Capriles Radonski y las María Corina Machado Parisca… ¡Pero eso no implica que quienes aún votan al PSUV estén muy satisfechos con Maduro! ¡Todo tiene un límite!

En ese sentido, la perspectiva es sombría… La crisis en que está sumergida la Venezuela que vive de la renta petrolera y que Chávez y Maduro no cambiaron en nada, está ante el peligro de agravarse por las fenomenales dimensiones de la deuda externa y sobre todo de los pagos que debe enfrentar el país próximamente…

Hasta ahora, la “solución” del gobierno de Maduro no va más allá de acelerar el remate de las riquezas petroleras y mineras que restan, sobre todo al este de Venezuela…

Por una posición independiente del gobierno, por una verdadera Asamblea Constituyente democrática

En esta situación, los socialistas debemos sostener una posición políticamente independiente del gobierno de Maduro. No hacernos ninguna ilusión, ni con él, ni tampoco con corrientes con discursos más “a la izquierda”, pero que en última instancia se someten a sus dictados.

Eso no implica, por supuesto, no saber distinguir entre Maduro y los ataques que vengan de parte del imperialismo y sus lacayos latinoamericanos como Capriles, Macri, Santos y Cía. Esto es doblemente importante si se llegase a una situación de guerra civil y/o de intervención militar, como recientemente amenazó Trump.

Al mismo tiempo, el eje estratégico de nuestra política es el de alentar a los trabajadores y sectores populares a independizarse de la tutela y subordinación a Maduro y el aparato chavista, que es cada vez más antidemocrático.

En ese sentido, denunciamos la farsa de una Constituyente impuesta desde arriba. Contra ese engendro, contra esa falsificación indignante, levantamos la consigna de una verdadera Asamblea Constituyente absolutamente democrática.

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1.- Aún está por definirse el Estado de Bolívar, donde hay un “empate técnico” entre los candidatos del gobierno y de la MUD.

2.- Nicmer Evans, “El verdadero mega-fraude”, Aporrea, 16/10/2017.

3.- Ver “Venezuela – La oposición de derecha vuelve al ataque. ‘Votaciones’ el domingo pasado y ‘paro’ patronal para el jueves”, SoB 433, 20/07/2017. http://www.socialismo-o-barbarie.org/?p=10023

4.- Zolia Mara,“La falsa ‘Constituyente’ de Maduro”, desde Caracas para SoB, 30/07/2017. http://www.socialismo-o-barbarie.org/?p=10073

5.- «Soy Venezuela: una nueva coalición opositora diferente a la MUD», El Nacional, 18/09/2017.