Por José Luis Rojo, Editorial SoB 448, 16/11/17

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Hay que organizarse por abajo para imponer un paro general

Abajo la negociación secreta de la CGT con el gobierno

José Luis Rojo

“En un alto en la cumbre mundial contra el trabajo infantil, Jorge Triaca se encerró en una oficina del predio de la Rural con los sindicalistas Juan Carlos Schmid y Gerardo Martínez. Fue una charla de unos 30 minutos, en la que hubo un ligero intercambio sobre la negociación en curso por el proyecto oficial de reforma laboral. Acordaron un encuentro para hoy entre el Ministerio de Trabajo y el triunvirato al mando de la CGT”. (La Nación, 15/11/17)

Tres semanas han pasado desde que Macri anunciara su paquete. Se trata de un ataque global que concentra las reformas laborales, jubilatorias, tributarias, educativas, todas con un profundo sentido de clase: beneficiar al empresariado a costa de imponer un retroceso histórico en las condiciones de explotación de la clase trabajadora.

Sin embargo, a pesar de la magnitud del ataque, hasta el momento domina una enorme inercia a la hora de responder al mismo. Esta inercia tiene varias razones. La primera es cómo el gobierno jugó a las escondidas durante la campaña. Una campaña electoral mentirosa, escondiendo ex profeso las medidas que pretendía tomar: afirmando que su objetivo era “acabar con la pobreza”; que no se venía “ningún ajuste”; que “no se presentaría ninguna ley laboral”, buscando agarrar con la guardia baja a la población[1].

La segunda razón tiene que ver con el rol traidor de la CGT, que dio por bueno el “compromiso” oficialista de que “no habría una ley a la brasilera”… Ahora resulta que se sienten “traicionados” por Triaca pero, de todos modos, ¡mantienen su política de negociar lo innegociable!

Y, para colmo, ¡mediante una negociación secreta de espaldas a las bases!

Es bastante obvio que el rol de la CGT es archi-traidor. Porque la reforma no tiene arreglo: es un ataque brutal donde no hay nada por negociar: ¡hay que rechazar de conjunto este paquete!

La CGT debe romper ya con el gobierno y convocar a un paro general activo. Tampoco alcanza con movilizarse cuando se trate la ley en el Congreso; eso significaría haber entregado la mitad de la pelea.

El único camino para enfrentar en serio este paquete es imponer desde abajo el paro general.

El bloque clasista que debemos constituir en el seno de la izquierda debe ir en ese sentido: romper la inercia (como hicimos hoy el Nuevo MAS y el MST en el corte frente a la UIA), empujar asambleas en los lugares de trabajo, paros regionales y otras iniciativas, avanzando en imponer un paro general activo.

Negociando la entrega

Arranquemos con la política del gobierno. Su orientación es simple. Apoyándose en el triunfo electoral, con el argumento de que “la gente los votó”, la idea es correr con la vaina a todos los actores políticos para que se voten las contrarreformas enviadas al Congreso. En eso consiste su “negociación”.

Comenzando por el empresariado, están de parabienes con un paquete de medidas que los beneficia en toda la línea: desgravaciones impositivas, leyes laborales esclavistas, imperio del “libre mercado”.

Incluso si hay chispazos con algunos sectores, la mayoría se van resolviendo haciéndoles pagar el costo a los trabajadores. Es el caso de Tierra del Fuego, donde la UOM nacional y provincial, Caló y Oscar Martínez, apoyándose en el temor a la pérdida de los puestos de trabajo de los trabajadores, aceptaron un congelamiento salarial por dos años que el gobierno pretende ahora hacer valer como precedente nacionalmente.

Una traición lisa y llana.

Con el sector vitivinícola ya se acordó eliminar el impuesto que se pretendía poner. Y con las bebidas azucaradas la cosa es simple: la Coca-Cola y otras compañías bajaron el tono de su protesta porque podrán trasladar a los precios el impuesto de un bien de consumo masivo que, de todas maneras, se seguirá consumiendo. ¿Quién pagará la cuenta del nuevo impuesto? Obvio: los trabajadores y sectores populares, como todo con este gobierno anti-obrero hasta la médula.

Yendo a los gobernadores, tampoco existe ninguna discusión de “principios”. Es todo un toma y daca de recursos donde sí existen contradicciones, y no les gusta que el Ejecutivo haya acordado pasarle una millonada a Vidal, una millonada para que ésta desista de su recurso en la Corte Suprema de Justicia; esa cifra no surgiría de una redistribución de fondos de coparticipación sino del saqueo de lo recursos del ANSeS (¡sin olvidarnos de la propuesta oficialista de re cálculo a la baja de las jubilaciones!).

Subsiste, sí, en este terreno, una contradicción acerca de con qué recursos se reemplazará la exigencia del gobierno de que las provincias no cobren ingresos brutos, que son impuestos a las ventas que, hoy por hoy, pagan los empresarios. El gobierno exige compensar esto mediante un ajuste en el gasto provincial, ajuste que, obviamente, se trasladará a los trabajadores en materia de caída salarial, ataque al nivel de empleo, etcétera.

Conclusión: la voluntad acuerdista está, pero hay que ver por dónde le aprieta el zapato a cada gobernador.

Un tercer actor son los bloques parlamentarios. Aquí la cosa tiene su complejidad. En realidad, ni el Frente Renovador ni el PJ de Pichetto son opositores. Están por acordar a rajatabla (ver el apoyo de Massa a Vidal en la provincia), aunque puede haber contradicciones específicas en determinados rubros.

Sí es opositor el kirchnerismo. Pero una oposición 100% burguesa; una máquina de desmoralizar, de echarle la culpa “a los que lo votaron” a Macri; una oposición miserable que juega el puro juego de la “oposición institucional”; de votar en contra a sabiendas que las leyes igual pasan y luego hacer campaña en el 2019 diciendo “yo les dije”… Un pérfido giro a la derecha de los K en relación al 2016.

Si de actores pérfidos se trata, profundicemos en el rol de la CGT. El triunvirato está negociando de espaldas a las bases. Se trata de una negociación secreta que pretende aparezca como un hecho consumado.

Esto no quiere decir que el paquete no los haya “sorprendido”. La realidad, más bien, es que se dejaron sorprender. Porque era evidente que el gobierno iba a mirar el resultado electoral antes de jugar sus cartas. Al obtener un éxito electoral superior al esperado, ahora quieren ir “por todo”.

La CGT quedó así en un impasse porque su política no ha variado un ápice en estos dos años: mantener bajo cuerda una política de apoyo al gobierno. Sin embargo, mide sus pasos preocupada por el costo político que pueda pagar por una entregada tan brutal. Mientras se suceden las reuniones con Triaca, juegan a las escondidas sin dar una posición oficial.

Pero, de todas maneras, podrían estar surgiendo contradicciones. Todo un sector que podría ir desde Pablo Moyano, pasando por el bancario Palazzo y las CTAs Yasky-Micheli, estarían discutiendo alguna medida de fuerza.

Otro sector integrado por la Verde degennarista de “Cachorro” Godoy, movimientos de desocupados de importancia como el Evita (y otras fuerzas menores como el PO), hablan de una iniciativa más limitada: una eventual marcha al Congreso Nacional para el 6 de diciembre que estaría acompañada con un paro nacional de ATE.

Rompamos la inercia

Mientras se cocina una gran entregada por arriba, por abajo comienzan a caer las fichas. No hay aún un estado deliberativo entre los trabajadores. Subsiste una gran confusión entre los que votaron a Macri, los compañeros que, abrumados, sienten que “no se puede hacer nada”, el kirchnerismo que destila un interesado derrotismo.

Sin embargo, crece el sector de los trabajadores preocupados por las reformas; que dicen “yo lo voté, pero si hace esto lo mato”. Incluso hay sectores que plantean que “salga la izquierda”, que “se haga ver”: que alguien tiene que salir a oponerse a este paquete brutal.  

Aquí es donde se colocan las responsabilidades de la izquierda. Hay que poner en pie un polo clasista que plantee la necesidad de un paro general.

Aquí corresponde una discusión con el PO, que en una mezcla de oportunismo y sectarismo autoproclamatorio, desarrolla una política errada.

Por un lado afirma que como la CGT “ya traicionó” no habría que exigir un paro general. Por el otro lado pasa un acuerdo con otro sector de la burocracia, como “Cachorro” Godoy de ATE, que no está claro que pretenda ir más allá de algo testimonial contra el paquete laboral. La jornada del 6 frente al Congreso tiene el problema que podría ser tarde y circunscripta. Tarde, porque la inercia hay que romperla ya. Circunscripta, porque ir al Congreso un solo día sin el eje de un paro general, no puede alcanzar para quebrar el paquete de reformas.

El camino pasa por otro lado: desarrollar asambleas por abajo, sondear la posibilidad de paros regionales que vayan calentando el ambiente, impulsar y exigir desde abajo un paro general para ver si lo toma un sector de la base; si se logra imponérselo a un sector de la burocracia con peso real.

No hay que descartar nada, ni dar nada por terminado. Para esta orientación hay que poner en pie un polo clasista que desarrolle una política independiente. Se verá si el espacio que se conformará esta semana en Facultad de Sociales puede responder a estas exigencias.

Romper la inercia fue nuestra primera preocupación. Por eso el primer corte contra las leyes laborales fue protagonizado hoy miércoles 15/11 por la Izquierda al Frente por el Socialismo. Por eso también mañana aportaremos la idea que los sectores clasistas marchemos el martes 28.

Una nota aparte merece el FIT. Su papel es nuevamente vergonzoso. Un papel que lo confirma como lo que es: una mera cooperativa electoral y una máquina de impedir para unir al clasismo. Esto ocurre incluso en circunstancias de gravedad extrema como las actuales.

La militancia de nuestro partido va a jugarse entera contra este ataque brutal. Nos mantendremos a la vanguardia de la pelea como lo hicimos con el caso Maldonado (¡sin olvidarnos que la pelea por el juicio y castigo a sus asesinos sigue abierta!).

La Segunda Jornada del Pensamiento Socialista el 1/12 en el 100° aniversario de la Revolución Rusa y nuestro Plenario Nacional de Cuadros del 2 y 3 de diciembre próximos, estarán colocados al servicio de esta tarea.

[1] Especulando, entre otras cosas, con que los trabajadores empiezan a pensar en las fiestas, en las vacaciones, en el bien merecido descanso luego de un año de trabajo.

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