Por Rafael Salinas, SoB 449, 23/11/17

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Chile –Sorpresas en la primera vuelta de las elecciones presidenciales

Fiasco para la derecha neoliberal

El Frente Amplio, nueva coalición de “izquierda”, logra el 20%

Por Rafael Salinas

El domingo pasado, la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Chile dio resultados muy interesantes… e inesperados.

Se repitió lo que ya es rutina en elecciones, referéndums y otras votaciones: las compañías de encuestas no la pegan ni de lejos… Otra vez fue considerable la distancia entre la realidad de los resultados y los pronósticos de los sabihondos interrogadores de la Esfinge conocida con el nombre de “opinión pública”.

Todos profetizaban una victoria más o menos considerable de Sebastián Piñera (ex-presidente 2010-2014, billonario y neoliberal rabioso)… pero resultó algo muy diferente, tanto en cifras como en contenidos políticos.

Que un personaje como Piñera, que había salido deteriorado de su primera presidencia, pueda hoy aspirar con chances de éxito a un nuevo mandato, no es mérito propio. Se lo debe principalmente al desastre y las traiciones del saliente gobierno de “izquierda”… y la consiguiente frustración popular. La presidencia de Michelle Bachelet y su coalición “Nueva Mayoría”, compuesta por el Partido “Socialista”, el Partido “Comunista”, los demócrata-cristianos y otros burlaron las expectativas de los trabajadores y las masas populares que habían confiado en ellos. [1]

Se esperaba que Piñera, montado en el potro del “voto castigo” a los estafadores de “Nueva Mayoría”, arañase el 50% de los votos. O incluso, aunque hubiese ballotage, éste fuese casi una formalidad. Pero la realidad dijo otra cosa.

* Piñera, del 50% de los votos en las nubes de las encuestas, bajó a la realidad del 35%… es decir, el caudal de voto “duro”, habitual, de la derecha chilena. Si en la segunda vuelta no logra rebasar ese núcleo (como aparentaba en las encuestas) su reelección no pinta fácil.

* El segundo lugar, lo ganó con el 23% de los votos, Alejandro Guillier, un periodista “progre”, que se presenta como “independiente”. Aunque va formalmente en las listas de Nueva Mayoría, aparece ante la “opinión pública” como “ajeno” a los latrocinios y las promesas incumplidas de la coalición de “izquierda”.

* Pero quizás la mayor sorpresa (y novedad política) ha sido el tercer puesto. Le correspondió a Beatriz Sánchez, también conocida periodista “progre”, como candidata del Frente Amplio, con más del 20% de los votos.

* Al mismo tiempo, una gran abstención –sólo votó el 46,7% de los electores, con una proporción notable de jóvenes que no fueron a las urnas– muestra un agujero negro difícil de caracterizar. O sea, en qué medida es un gesto de rechazo (que el día de mañana podría manifestarse de otro modo más activo) o si, por el contrario, es mera pasividad impotente.

Algunas reflexiones más allá de Chile

Esto da para algunas reflexiones, que habría que profundizar. En primer lugar, en rasgos generales, es un alerta sobre la complejidad de la coyuntura y las dinámicas políticas latinoamericanas… complejidad que no hay que simplificar.

Aunque la actual coyuntura está cruzada por realidades no muy favorables y con tendencias reaccionarias –que van desde gobiernos como Macri o Temer, hasta desastres como el perpetrado por el chavismo en Venezuela–, sería un error unilateral ver a América Latina (y dentro de ella a Sudamérica) como un mapa político de un solo color: el color negro… Y, además, inmutable…

No sólo la realidad es más matizada. También probablemente es más inestable (aunque pueda oscilar en uno u otro sentido, a izquierda o derecha).

Dentro de ese cuadro continental, Chile ha sido desde hace mucho un factor de “orden”… reaccionario. Ahora se apostaba a que el fiasco del gobierno de Bachelet y el triunfo de Piñera (que se daba por descontado) iban a consolidar eso.

Pero las cosas –por lo menos a nivel electoral– han ido por otros rumbos. Todo queda entre signos de interrogación.

Esto no es meramente electoral. O, mejor dicho, las inesperadas cifras de la votación del domingo reflejan que hay procesos por abajo mucho más contradictorios y menos “automáticos” que simplemente un gran triunfo de la derecha, generado por el desastre de Bachelet y el gobierno del Partido Socialista, el Partido “Comunista” y el resto de la “Nueva Mayoría”.

Esto es lo que se esperaba en estas elecciones presidenciales y, no por casualidad. Recordemos que el año pasado, en las elecciones municipales, el frente oficialista “Nueva Mayoría” sufrió una seria derrota. En muchos de los municipios, perdió frente a la coalición de derecha, que le arrebató comunas importantes. Teniendo en cuenta ese “ensayo” de votación realizado un año atrás, parecía inevitable que en estas elecciones presidenciales de 2017 la derecha arrasara con Piñera a la cabeza.

Como dijimos el año pasado, explicando ese giro, “la frustración popular no se limita sólo al punto de las AFPs (el desastre del sistema de jubilación privatizado) y el incumplimiento de las promesas con que fue elegida Bachelet. También se han destapado grandes escándalos de corrupción en los que están comprometidos directamente familiares de la presidenta. Las elecciones [municipales] se dieron en medio de un clima de rabia y decepción popular con el gobierno”.[2]

En este último año de gobierno, Bachelet tampoco remontó vuelo. Por ejemplo, luego de idas y vueltas durante este año con diversas propuestas de “reformas”, los buitres de las AFPs siguen en pie esquilmando a los trabajadores y pensionados.

Pero ahora, sin volver a enamorarse del PS y demás figurones de “Nueva Mayoría”, parece haber, por lo menos, un reflejo defensivo ante el peligro del regreso de la derecha neoliberal encarnada en Piñera. El voto por Guillier encarna eso en buena medida.

Hoy la candidatura de Alejandro Guillier, que no aparece personalmente enlodado en la charca de corrupción del gobierno de Bachelet, facilita ese curso político que puede llegar a ser algo más que una maniobra y traducirse en cambios orgánicos. Es que quizás, de todo esto, podrían darse cambios históricos en el cuadro político chileno, como sería la virtual desaparición del Partido Socialista, que tiene casi 90 años de vida y fue uno de sus principales protagonistas.

Se consolida el fenómeno del Frente Amplio

Pero los cambios no se limitan a los ya señalados. En ese mismo artículo que citamos del año pasado, llamábamos la atención sobre un nuevo fenómeno político a la izquierda, que luego llevaría a la constitución del Frente Amplio.

Ahora, en estas elecciones del domingo, su candidata presidencial Beatriz Sánchez logró un increíble 20%, a contramano de las presiones por el “voto útil” que predominan en los cargos ejecutivos y aún más en el de presidente!!!

El Frente Amplio es otro fenómeno importante de recomposición política. No es una coalición de corrientes revolucionarias ni clasistas, pero todavía constituye una alternativa relativamente independiente, situada a la izquierda del PS, el PC y los partidos de la “Nueva Mayoría”. Sus dirigentes y figuras públicas provienen principalmente de los grandes movimientos estudiantiles de la década pasada.

En las elecciones municipales del año pasado que comentamos, hubo un campanazo inesperado al ganar una candidatura independiente la comuna de Valparaíso, la segunda de Chile. Allí, el “voto castigo” a Bachelet fue un voto de izquierda, al existir un canal por donde expresarlo. Se impuso por el 54% de los votos un candidato de izquierda independiente y opositor al gobierno de Bachelet, el ex dirigente estudiantil Jorge Sharp.

Analizando esta novedad, señalábamos el año pasado que “como buena parte del activismo estudiantil y social de Chile, Sharp se alineó en el ‘autonomismo’, corriente mundial posmoderna (y muy heterogénea) que en su país tiene peso importante… Hay que señalar que la proliferación de movimientos y grupos autonomistas es un hecho frecuente en países de  Europa y América Latina donde los partidos comunistas han sido relativamente fuertes, y las corrientes marxistas revolucionarias, como el trotskismo, mucho más débiles… Efectivamente, en Chile, en el movimiento estudiantil universitario y secundario y también en la esfera de los movimientos sociales, barriales, etc., las corrientes autonomistas y también anarquistas han tenido una presencia notable.”

Esos movimientos, en varios casos, lograron desbancar a las direcciones estudiantiles stalinistas. Por ejemplo, en 2011, la mundialmente famosa y mediática dirigente estudiantil del PC, Camila Vallejo, fue inesperadamente derrotada por la lista autonomista encabezada por el desconocido Gabriel Boric, en las elecciones de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECh). Y hoy, Gabriel Boric, junto con el triunfante alcalde de Valparaíso, Jorge Sharp, están entre los principales dirigentes que encabezan ese Frente Amplio.

Pero del inicial “autonomismo” semi-anarquista y “anti-político”, estos sectores han virado a la participación en las elecciones… pero bajo programas reformistas y actividad puramente electoralista. Aunque nacen de un gran movimiento estudiantil-popular, sus organizaciones y coaliciones hoy tienen poco o nada que ver con ninguna lucha concreta, ya sea estudiantil, popular o (muchísimo menos) de la clase trabajadora. Se limitan a la actividad electoral parlamentaria.

Unos de sus fundadores (y “teórico”), Gabriel Boric, afirmaba tiempo atrás: “Queremos un movimiento político que dispute todos los espacios”. Esto es muy correcto… si se lleva a cabo. Pero de hecho el casi único espacio que disputan, es el espacio electoral. La superación del abstencionismo “anti-político” tanto del anarquismo como del autonomismo es positiva… pero si no se la reduce exclusivamente al electoralismo y el parlamentarismo.

El modelo de ese “movimiento político que dispute todos los espacios” no está en Chile sino en el Estado Español. Ese modelo es el “Podemos” de Pablo Iglesias. Por eso, el año pasado, Boric fue en peregrinación a Madrid para consultar y retratarse abrazado a Iglesias… que en esos momentos era el profeta internacional indiscutido de las movidas “posmodernas” reconvertidas al electoralismo.

Esta movida –cuya importancia potencial advertimos en el citado artículo del año pasado– ha logrado estructurar el Frente Amplio. Constituido oficialmente en enero de 2017, el Frente Amplio agrupa alrededor de quince grupos de izquierda, que van desde los “posmodernos” “Partido Pirata” de Chile y un “Partido Ecologista Verde”, hasta el mucho más antiguo Partido Humanista del profeta Silo.

Pero quienes hegemonizan este frente son los ya mencionados Gabriel Boric y Jorge Sharp, con su Movimiento Autonomista.

Ahora, la notable votación de Beatriz Sánchez, junto con la crisis de los partidos tradicionales de la izquierda chilena –en primer lugar, del Partido Socialista– indica que habría potencialmente un espacio político notable para el Frente Amplio… Pero eso hay que hacerlo realidad orgánica…

Sin embargo, precisamente por eso, ahora pueden pasar a primer plano las limitaciones del Frente Amplio (como le sucedió a su modelo ibérico, el Podemos de Iglesias). Es que la lucha política no se compone sólo de campañas electorales. Todo cambiaría si el descontento generalizado que existe en los subsuelos de la sociedad chilena, se expresase en acciones, en luchas. Allí el Frente Amplio y su conducción se pondrían a prueba.

Podemos fue una vergüenza ante el estallido de Catalunya. El Frente Amplio no ha pasado ante ninguna prueba seria semejante. Pero en Chile el descontento de los trabajadores y los sectores populares sigue acumulando material explosivo.

….……

1.- La crisis de “Nueva Mayoría” fue tal que dio pie a dos candidaturas. Una, la de la demócrata-cristiana Carolina Goic y, otra, la del “independiente” Alejandro Guillier.

2.- Rafael Salinas, “¿Surge un ‘Podemos’ chileno?”, SoB nº 403, 27/10/2016.  http://www.socialismo-o-barbarie.org/?p=8812.

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