Carlos Amaya, Socialismo o Barbarie de Honduras. 29/11/17

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A varios días de haberse llevado a cabo las elecciones generales en Honduras, tras conocerse que el candidato de oposición Ing. Salvador Nasralla superaba en votos al actual presidente Juan Orlando Hernández, el silencio primero y la posterior lentitud y manipulación con la que el Tribunal Supremo Electoral ha brindado los resultados oficiales, mantienen en vilo al país. Rumores de todo tipo, desde la amenaza de un descarado fraude (denunciado desde principios de año) hasta la posibilidad de un autogolpe (en medio de una inmensa movilización militar) enturbian un proceso electoral que marca un punto de inflexión en la coyuntura política que puede profundizar el carácter dictatorial del actual régimen o dar pie a un nuevo gobierno con profundas contradicciones y debilidades, reflejando claramente la crisis de legitimidad del estado burgués hondureño.

El domingo 26 de noviembre se llevaron a cabo elecciones generales en Honduras. El tercer proceso electoral tras el golpe de estado del 2009 está marcado por el control absoluto y vertical de todas las instituciones del Estado por parte del gobierno de Juan Orlando Hernández, del Partido Nacional (PN), y por la ilegal postulación a la reelección del actual presidente violentando la Constitución de la República que expresamente califica la reelección como “delito de traición a la patria”.

Ambos hechos responden al régimen político impuesto tras el golpe de estado, basado en la negación de la soberanía popular y la restricción de las libertades democráticas a favor de un Estado autoritario sostenido en la militarización de la sociedad, donde cualquier protesta social es criminalizada y donde la impunidad a favor de los grupos de poder garantiza el control despótico de la sociedad hondureña.

Con un programa ultra neoliberal y pro imperialista que impuso la privatización de todos los servicios públicos y los bienes  naturales, llegando al extremo de renunciar a la soberanía nacional al entregar regiones enteras del país a empresas extrajeras, destruyó las conquistas históricas de la clase obrera mediante la precarización laboral y el trabajo por horas, cargó de impuestos a la clase media y la pequeña y mediana empresa, mientras desde el Estado se impulsaba la corrupción institucionalizada; el gobierno se ganó el descontento de amplios sectores populares, de clase media e incluso empresarios vinculados al mercado interno. Al mismo tiempo que Honduras se convertía en el país con mayor número de homicidios y femicidios del mundo y el narcotráfico penetraba el sistema financiero, las grandes empresas y al propio gobierno.

En este marco de descontento general y represión, las elecciones fueron el catalizador del voto castigo contra el gobierno de Juan Orlando Hernández y su pretendida reelección. La Alianza de Oposición[i], logró capitalizar ese descontento arrastrando el voto de las bases del histórico Partido Liberal (en crisis después de haber protagonizado el golpe contra su propio gobierno) y de amplios sectores independientes.

Entre el fraude y la incertidumbre

Cerradas las urnas sin prórroga, dejando a cientos de personas sin poder votar, se inició una tensa espera de los primeros resultados que, según el TSE, iban a estar a partir de las 8 de la noche. A esa hora el actual presidente Juan Orlando Hernández se proclamó ganador en base a encuestas a boca de urna, contestando la Alianza con datos de las actas electorales en donde había una diferencia del 5% a favor de Nasralla. A partir de ese momento y hasta las 2 de la madrugada del día lunes el TSE no brindó absolutamente ninguna información y sólo lo hizo después que observadores internacionales lo presionaron públicamente. Ese informe oficial, computadas el 57% de las actas, daba como ganador al Ing. Nasralla con una diferencia del 5% de los votos. El oficialismo enmudeció, los grandes medios de comunicación afines al régimen no encontraban la forma de interpretar el resultado.

Desde ese momento y hasta el día martes no hubo nueva información oficial cuando el TSE, contabilizando el 73% de las mesas electorales, mantenía al Ing. Nasralla al frente por una diferencia de 1.13% de los votos. En el transcurso, el candidato del Partido Liberal reconocía el triunfo de la Alianza y llamaba al TSE a proclamar el ganador, la delegación de observadores internacional presidida por el ex presidente boliviano Quiroga, exigía que el TSE brindara información fluida, y los empresarios y organizaciones de la sociedad civil llamaban a esperar el resultado final y a iniciar un proceso de diálogo para mantener la gobernabilidad.

Movimiento de tropas, proclamaciones de los funcionarios de gobierno reclamando el triunfo, caras desencajadas y el fantasma de un autogolpe inundaron las redes sociales.

Fuera JOH

Al momento de escribir este artículo, miércoles 29, aún el TSE no ha terminado el recuento de votos para la Presidencia y con el 78% de las mesas escrutadas, la diferencia a favor de Nasralla es del 0.95%. Uno de los miembros del TSE (del Partido Unificación Democrática) ha dado declaraciones señalando que el triunfo de Nasralla es irreversible, mientras el presidente del Tribunal (del partido de gobierno) insiste en mantener el silencio y esperar hasta el jueves el recuento total.

La Alianza ha llamado a sus simpatizantes a concentrarse frente al TSE y en las diferentes ciudades a defender los votos mediante manifestaciones pacíficas.

El fraude y la manipulación electoral, que ya eran conocidos por toda la población y denunciados a principios de año por los miembros de la Alianza, ha sido rebasado por el voto castigo, obligando al régimen a recurrir a un fraude descarado y evidente de última hora o a forzar una negociación para garantizar la impunidad frente al cúmulo de delitos que se pongan en evidencia tras su salida, y el mantenimiento de las principales políticas impulsadas estos años.

La Alianza de Oposición, cuyo objetivo central es impedir la reelección de Hernández, debe demostrar en las calles estar dispuesta a derrotar el fraude. Este primer necesario paso, enfrenta la dificultad de no haber sido previsto por la dirigencia a pesar de las denuncia de hace meses y deja en manos de los caudillos la convocatoria y de las bases, desmovilizadas desde la lucha contra el golpe, la iniciativa de acciones locales.

Un futuro incierto

En este preciso momento la situación está abierta. Tanto la imposición del fraude como su derrota son escenarios posibles. La moneda está en el aire, del resultado estaremos ante una profundización del carácter dictatorial del régimen instaurado tras el golpe de estado del 2009 que pagará el pueblo hondureño, o la crisis de un régimen lleno de contradicciones que deberá resolverse en el corto o mediano plazo.

En efecto, con el reconocimiento del triunfo de la Alianza surgiría un gobierno profundamente débil con toda la institucionalidad del Estado burgués en contra: la Corte Suprema de Justicia, el Ministerio Público, los organismos controladores del Estado, las Fuerzas Armadas y la Policía, controladas por el Partido Nacional. Además, con los actuales resultados el PN, aliado con los pequeños partidos que lo apoyaron en el gobierno, tendría una mayoría en el Congreso Nacional capaz de frenar cualquier iniciativa del nuevo gobierno.

Frente a esta disyuntiva se reafirma la necesidad por parte del movimiento obrero, campesino y popular, de las mujeres y la juventud, de empezar de manera urgente un proceso masivo de organización independiente y democrática para desmontar las instituciones, leyes, políticas represivas y privatizadoras impuestas al pueblo hondureño después del golpe de estado del 2009.

Al mismo tiempo, es necesario avanzar en el camino propuesto por la Izquierda Revolucionaria de la cual Socialismo o Barbarie hace parte junto con las organizaciones políticas Bandera Socialista, Unión Revolucionaria del Pueblo y los Círculos Morazanistas Bolivarianos, de construir una alternativa política independiente de los y las trabajadoras cuya propuesta estratégica sea terminar con el sistema capitalista parasitario hondureño en la perspectiva del socialismo.

[i] La Alianza de Oposición es un acuerdo electoral que lleva como candidato presidencial al Ing. Salvador Nasralla y está integrada por el Partido Libertad y Refundación (LIBRE) del ex presidente Manuel Zelaya Rosales depuesto en el golpe de estado del 2009 y el Partido Innovación y Unidad Social Demócrata (PINU). La otra fuerza que lo integraba, el Partido Anticorrupción del candidato Nasralla, que obtuvo una importante votación en el 2013 fue asaltada desde el Tribunal Supremo Electoral desplazando al Ing. de la conducción y reemplazado por una candidata afín al gobierno. La Alianza es exclusivamente a nivel presidencial, mientras que a nivel de diputaciones y corporaciones municipales cada partido va por separado.

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