Declaración de la Corriente Internacional Socialismo o Barbarie. SoB 459, 8/3/18

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Declaración de la Corriente Internacional Socialismo o Barbarie

Giro a la derecha y polarización creciente   

Del 24 al 27 de febrero se llevó a cabo la conferencia anual de la corriente Socialismo o Barbarie, con delegaciones de Argentina, Brasil, Costa Rica, España y Francia. Los compañeros y compañeras de Honduras no se pudieron hacer presentes pero enviaron un cálido saludo. Durante la misma se realizó un rico intercambio sobre la situación internacional, los avances constructivos de los partidos y grupos en cada país, así como de las tareas para la militancia de SoB.

A continuación presentamos un resumen de la discusión internacional, la cual realizamos sin perder de vista que nuestra corriente aún es pequeña (como lo son el resto de organizaciones del trotskismo), con una inserción principalmente en América Latina y una acumulación inicial en Europa, pero teniendo claro la importancia de dotar a nuestra militancia de una composición de lugar sobre la coyuntura internacional y las tareas.

Un giro a la derecha y reaccionario a nivel internacional

La situación internacional se caracteriza por un giro a la derecha y un fortalecimiento de los ataques reaccionarios, especialmente orientados contra la clase obrera (sometida a crecientes condiciones de súper explotación y precarización laboral) y los derechos de las mujeres y la población LGTBI. 

Sin lugar a dudas, la administración de Trump es el principal indicador de esta nueva coyuntura internacional: un gobierno imperialista, reaccionario, xenófobo, racista y misógino, que cuestiona el orden de cosas por la derecha y contiene rasgos defensivos ante la crisis de hegemonía de los Estados Unidos como principal potencia a nivel internacional (aspecto que retomaremos más adelante).

América Latina es quizás donde la coyuntura cambió más abruptamente a lo largo de la última década. Recordemos que a inicios del siglo en la región predominaba un giro a la izquierda tras el estallido de las rebeliones populares y el posterior ascenso de gobiernos populistas, motivo por el cual hacía de contrapeso a las tendencias derechistas internacionales: durante años fue un foco de luchas de los explotados y oprimidos contra los gobiernos pro-imperialistas del Consenso de Washington. Pero en los últimos años la situación regional giró hacia la derecha, en gran medida por la crisis de los gobiernos populistas (en combinación con los efectos de la crisis capitalista abierta en 2008 y su impacto en las economías locales) y el ascenso de nuevos gobiernos de derecha, mucho más proclives al restablecimiento de la agenda neoliberal y las relaciones directas con los Estados Unidos. La crisis del chavismo y los gobiernos reaccionarios de Temer en Brasil y Macri en Argentina, son ejemplo de lo anterior.

Algo similar acontece en Europa, pues en los últimos años se fortalecieron los partidos de la extrema derecha (hasta el momento como fenómenos electorales y no de masas) y los nuevos gobiernos de derecha avanzaron en los ataques contra las históricas conquistas laborales (por ejemplo la ley del trabajo en Francia o la precarización laboral en Alemania), debido a una doble combinación. Por un lado, la desmoralización creada por la traición de Syriza en Grecia, partido que demostró la estafa del nuevo reformismo: ¡no resistió ni dos minutos desde que llegó al poder para capitularle a la troika de la Unión Europea y someter al pueblo trabajador heleno a un draconiano plan de ajuste! Esto redundó en una desmoralización de gran parte de la izquierda europea que depositó enormes expectativas de cambio en la experiencia griega. Por otra parte, la crisis migratoria producto de la crisis económica mundial y la guerra en Siria, potenció el resurgimiento de posiciones xenófobas y racistas a nivel del continente, sustentados en responsabilizar a los inmigrantes de la caída en los niveles de vida europeos (aunque en realidad es producto del ajuste y la crisis capitalista).

Algo similar podemos señalar con relación a Asia, región que también está a la derecha y donde la lucha de clases se desarrolla bajo múltiples mediaciones religiosas y de división étnica. Por ejemplo, en Medio Oriente el fenómeno de ISIS y los grupos fundamentalistas son una expresión de nuevas formaciones de extrema derecha, las cuales cuestionan por la derecha y desde un ángulo reaccionario-fundamentalista el orden de las cosas. Con relación al lejano Oriente, en Hong Kong la “rebelión de las sombrillas” que manifestó descontento frente a los intentos de Beijing por cercenar aspectos de autonomía de la isla, terminó siendo capitalizada por las corrientes “nativistas” anti-chinas.

Un mundo polarizado y giros “bipolares” 

Pero el giro a la derecha provoca reacciones por la izquierda, generando un mundo más polarizado con ataques de los de arriba y respuestas de los de abajo. Así se establece una “dinámica del bipolo”, fenómeno progresivo que es preciso capturar desde las corrientes socialistas revolucionarias, pues provoca la entrada a la vida política de nuevas generaciones de jóvenes, mujeres y, por ahora en menor medida, de sectores de la nueva clase trabajadora.

Esta dialéctica entre el giro a la derecha y el bipolo a la izquierda, entre las tendencias reaccionarias y las contratendencias de resistencia por abajo, deja en claro que en la situación mundial no hay un fenómeno cristalizado, sino que está en pleno desarrollo y su desenlace depende del curso de la lucha de clases.

Son abundantes los ejemplos de la dinámica de bipolo a nivel internacional: la toma de posesión de Donald Trump en los Estados Unidos fue seguida de la enorme marcha de mujeres un día después; los ataques de Macri en Argentina contra el sistema de pensiones devino en las jornadas de rebelión popular del 14 y 18 de diciembre anterior, convirtiendo a la Plaza de Congreso de Buenos Aires en un campo de batalla entre la policía y manifestantes (con una gran actuación del trotskismo y del partido de nuestra corriente, el Nuevo MAS); el descarado fraude electoral en Honduras para perpetuar al gobierno de Juan Orlando Hernández (JOH) provocó un estallido social a nivel nacional con métodos de lucha semiinsurreccionales; en la España monárquica y ajustadora del gobierno de Rajoy, Cataluña se transformó en un bipolo a partir de la exigencia a la autodeterminación del pueblo catalán (a pesar de ser un proceso dirigido por un sector burgués); en Francia cientos de miles de jóvenes y obreros lucharon en contra de la ley del trabajo impuesta por el gobierno de Hollande y proseguida ahora por Macron; en Costa Rica ante el avance reaccionario de la Iglesia Católica y sectores fundamentalistas evangélicos, hay un despertar del movimiento de mujeres y juvenil por un Estado laico, etc.

Raíces materiales del “mundo bipolar”[1]

Lo anterior se explica por la combinación de varios factores. En primer lugar, la persistencia de la crisis económica mundial abierta en 2008, la cual no termina de arreglarse. El leve repunte en los últimos años es pasajero, pues continúa la baja productividad mundial y la incapacidad de lograr un crecimiento sostenido del PBI real. En palabras del economista marxista Michael Roberts, la situación de la economía mundial se puede definir como de “Días soleados seguidos de tormentas”, anticipando un nuevo foso o caída para finales de la presente década (una suerte de comportamiento “bipolar” en el sentido psicoanalítico de estar de una manera hoy y de otra mañana).

Aunado a esto, se profundizó la ruptura de la estabilidad en las relaciones entre Estados, particularmente por el ascenso de China como potencia capitalista y la pérdida de hegemonía de los Estados Unidos a nivel internacional, que pasó de representar el 50% del PBI mundial en la segunda posguerra, a un 20% en la actualidad. Debido a esto, se plantea un escenario de mayor conflictividad potencial entre potencias, particularmente de los Estados Unidos que, ante el cuestionamiento a su posición de liderazgo imperialista, está desarrollando rasgos defensivos con la administración Trump que podrían devenir en una mayor polarización política y militar en el futuro, particularmente por el control del Mar de China y alrededores, por donde circula gran parte del PBI mundial.

Por otra parte, la polarización se traduce en un adelgazamiento del centro político-social y de la democracia burguesa, fenómeno que se expresa con el fortalecimiento electoral de las nuevas derechas y, en menor medida, de expresiones de la izquierda neo-reformista (o la trotskista, como sucede en Argentina). Esto da cuentas de una “porosidad electoral” debido al debilitamiento de las clásicas identidades político-electorales y el recambio generacional, aspecto que brinda enormes posibilidades para el desarrollo de las corrientes socialistas.

Asimismo, hay una tendencia hacia la mayor aplicación de medidas de excepción de la burguesía para garantizar sus planes de ajuste contra la clase trabajadora y los derechos democráticos en general. Un caso reciente fue la militarización de Río de Janeiro por parte del gobierno del Temer, estableciendo de facto un nuevo jefe político sobre la ciudad (nuevo jefe que es un general) sin ninguna legitimidad electoral, o la aprobación vía decreto de la ley del trabajo en Francia (amén de la introducción del Estado de excepción en el orden constitucional).

En relación a lo anterior, hay que destacar el surgimiento de nuevas derechas a nivel internacional, desde las tendencias post-fascistas en Europa (esta definición es de Enzo Traverso) o las de corte fundamentalista religioso en Medio Oriente, América Latina e incluso los Estados Unidos. La mayoría aún no son organizaciones de masas que movilicen contingentes sociales, pero comienzan a desarrollarse como fenómenos electorales que capturan un malestar social y cuestionan el orden de las cosas por la derecha, como la ruptura con la Unión Europea (¡cuestionamiento que ninguna corriente trotskista histórica de Europa sostiene y se la regala a la derecha!) o rechazar la intromisión de los Estados Unidos en la política nacional (como hacen las corrientes islamistas fundamentalistas desde un ángulo teocrático). Más allá de su perfil “anti-establishment”, en realidad son alternativas afines a la burguesía que sostienen un programa ultra reaccionario y burgués, pero que aún no pueden calificarse como nuevos “fascismos” o “teofascismos” como sostienen algunos sectores del trotskismo.

Por último dos anotaciones de problemas estructurales. Primero el agravamiento de la crisis ambiental, la cual comienza a hacer estragos a nivel internacional con el calentamiento global y la precarización en las condiciones de vida de millones de personas (particularmente de la clase trabajadora) con la falta de acceso al agua o enfrentando catástrofes ambientales. Segundo, la crisis migratoria a nivel internacional, que combina a quienes emigran en busca de fuentes de trabajo para subsistir o huyen de conflictos bélicos. Ambos problemas son producto directo de la explotación capitalista y, por lo mismo, tienen que ser asumidos por las corrientes socialistas e incorporados como parte del programa socialista en unidad con la clase trabajadora y el conjunto de sectores oprimidos.

Persistencia de los fenómenos de Rebelión Popular 

Desde SoB definimos como rebeliones populares los procesos movilización desarrolladas en los últimos años, donde hubo importantes experiencias de lucha de los explotados y oprimidos (tumbando gobiernos inclusive), pero que no lograron constituirse en revoluciones, pues no superaron los límites de la democracia burguesa ni plantearon un modelo de sociedad desde abajo alternativa al capitalismo. Otro rasgo del ciclo de las rebeliones es su enorme componente juvenil y de las mujeres (un factor sumamente progresivo), aunque con el límite de que la clase obrera aún no interviene como sujeto independiente con sus organismos de lucha y programa. Debido a esto, gran parte de las rebeliones populares de inicios del siglo XXI fueron cooptadas y/o capitalizadas por el nuevo reformismo o el populismo burgués.

El “Argentinazo” del 2001, los Indignados españoles en 2011, la “primavera árabe” de 2011-2013 que se extendió por Túnez, Egipto y otros países árabes, el ascenso del movimiento de mujeres internacional, son sólo algunos ejemplos y síntomas del ciclo de las rebeliones populares que, a pesar de todos sus límites, es sumamente progresivo al facilitar la entrada en la vida política de millones de trabajadores, jóvenes y mujeres alrededor de todo el mundo.

Actualmente, en medio del giro a la derecha y reaccionario, las rebeliones populares no son dominantes, pero continúan produciéndose episodios de rebelión. Casos como el del pueblo catalán defendiendo su derecho a la independencia ante la España monárquica, las jornadas de diciembre en Argentina, el estallido social en Honduras contra el fraude del régimen dictatorial de JOH, son algunos de los episodios de rebelión más recientes.

De lo anterior se desprende la importancia que desempeñan las consignas democráticas en la actual coyuntura mundial, particularmente las que conciernen a los derechos de las mujeres. El movimiento de mujeres es un fenómeno a nivel internacional, con la riqueza y/o particularidad de ser un sector que concentra muchas de las peores formas de explotación y opresión social en un mismo sujeto: mayores niveles de explotación laboral y desempleo, violencia sexual en todas sus formas, control patriarcal sobre sus cuerpos (con la negación al derecho al aborto legal), etc.

En síntesis, atravesamos un rico y complejo recomienzo histórico de la lucha de los sectores explotados y oprimidos, que posibilita un desarrollo y profundización de la lucha de clases en el próximo período. Hay una nueva generación de la clase obrera, las mujeres y la juventud, quienes son seres que viven, luchan y se hacen una representación del mundo. Todavía arrastramos las consecuencias de la derrota de la revolución socialista del siglo XX, sobre todo por la pérdida en la conciencia de la alternativa socialista y de memoria histórica entre las nuevas generaciones. Pero toda derrota tiene un límite y a esto tenemos que jugarnos a fondo las corrientes socialistas revolucionarias para la puesta en pie de nuevos partidos militantes en el siglo XXI: ¡atravesamos una intersección entre el derrumbe del estalinismo y el recomienzo histórico!

Preparar la militancia para una lucha de clases más directa 

En definitiva, vamos hacia un escenario de mayor polarización y confrontación política a nivel internacional, que va exigir una maduración de las corrientes socialistas revolucionarias para enfrentar los nuevos desafíos de la lucha de clases. Esto va representar una forja más fuerte para las nuevas generaciones militantes, aspecto que valoramos como muy progresivo y para el cual desde SoB nos estamos preparando.

En cuanto a las tareas para el actual período, señalamos las siguientes:

Tomar a fondo las consignas y luchas democráticas, articulándolas como parte de un programa socialista para la lucha de la clase trabajadora y demás sectores explotados y oprimidos. Desde el derecho al aborto legal, el matrimonio igualitario o la autodeterminación de los pueblos, son consignas que deben ser asumidas como propias y darles la importancia correspondiente en la actual coyuntura política.

Impulsar la unidad de acción o frentes únicos para impulsar las luchas, aunque sin perder de vista que son un campo de disputa de tendencias donde hay que hacer valer los intereses de la construcción partidaria ante otras corrientes políticas (incluso centristas anti-partido). Unidad para luchar, pero manteniendo la identidad política de nuestros partidos y agrupaciones.

Colaborar en la organización y politización de las nuevas generaciones obreras. El mundo es cada vez más urbano y la gran mayoría de la población es asalariada, aunque en condiciones de enorme fragmentación social y sin tradiciones de lucha. Las corrientes socialistas tiene que dar cuenta de la realidad de la nueva clase obrera, muy distante a la del siglo XX y ante lo cual es necesario buscar nuevas formas de dialogo y organización con este sector.

Iniciativa para el trabajo electoral, la construcción de nuevas figuras políticas y potenciar la entrada a medios. Las corrientes socialistas deben darle jerarquía al trabajo electoral sin ningún infantilismo ultraizquierdista, pues hay muchísima porosidad para el trotskismo en la sociedad y, desde este espacio, se facilita la construcción de nuevas figuras socialistas, “tribunos del pueblo” que denuncien las formas de explotación y opresión, y presenten un programa socialista para los de abajo.

Dar continuidad a la elaboración marxista. En los últimos años hay una suerte de “boom” o “revival” de publicaciones marxistas en el campo de la economía, la historia y otros temas. Desde SoB asumimos como una tarea fundamental garantizar nuestras elaboraciones propias (principalmente por medio de nuestra revista anual), así como la difusión de los clásicos del marxismo revolucionario. Es imposible refundar el marxismo revolucionario sin realizar a fondo un balance serio sobre la derrota de la revolución en el siglo XX y dando cuenta de los nuevos desarrollos de la lucha de clases.

[1] Que se entienda que estamos hablando de bipolarización en el sentido del crecimiento de los extremos del enfrentamiento social y político, algo que nada tiene que ver con las lógicas bipolares entre Estados característica de las relaciones entre EE.UU. y la ex URSS en la segunda posguerra. No nos referimos con esta categoría a una análisis de las relaciones entre Estados (aunque este elemento de multipolaridad en todo caso, también existe), sino a un fenómeno social y político que de manera creciente cruza a cada vez más países.

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