Por José Luis Rojo, Editorial SoB 469, 17/5/18

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Salgamos a las calles contra la gobernabilidad del ajuste y el FMI

José Luis Rojo

“(…) le pido a toda la dirigencia que tenga responsabilidad (…) la única manera de crecer en serio es de forma responsable con el uso del dinero, con la trasparencia y con la verdad” (Mauricio Macri, La Nación, 16/05/18).

El gobierno logró ayer (martes 15) un respiro en la corrida cambiaria. Implementó un conjunto de medidas económicas y políticas para lograr este efecto: le puso un techo al dólar y renovó la totalidad de Lebacs que vencían por 620 millones de pesos.

Macri recupero así el aire que no tenía y hoy, en una nueva conferencia de prensa, propuso un gran acuerdo a la oposición para que el presupuesto del 2019 reduzca sustancialmente el déficit fiscal.

A continuación veremos las razones de este alto transitorio en la corrida, el carácter de las propuestas “unitarias” de Macri y las perspectivas de la crisis.

El ajuste ya empezó y es brutal

El gobierno recuperó algo de aire en el día de ayer. El dólar logró ser contenido en una cifra en torno a $24.5 el dólar; se convalidó así una devaluación de prácticamente el 35% desde finales del 2017, una cifra que solo es superada por la devaluación venezolana (¡menos mal que Macri insiste en que logró que la Argentina no se parezca a Venezuela!).

Por lo demás, logró la renovación del 100% de las Lebacs que vencían e, incluso, de algunas más. Pero el precio de esta renovación ha sido inmenso. En primer lugar, pagando tasas de interés confiscatorias del 40% anual para instrumentos que en su gran mayoría (el 80% de los mismos) vencen de aquí a cuatro semanas, lo que augura un nuevo “supermartes” el mes que viene.

Además, para lograr esta renovación se le bajó a los bancos sus posibilidades de tenencias de fondos en dólares a solo el 10% de su cartera (antes estaba en 30%), con lo cual, no solo se los dejó más débiles en materia de tenencias sólidas sino que, además, obviamente, se los inhibió de ir a la recompra de dólares obligándolos a permanecer en Lebacs.

Otra medida administrativa que se decidió, en este caso reclamada por los mismos bancos, fue reducir sus encajes: es decir, el dinero que obligatoriamente tienen que tener en sus manos por si los ahorristas van a reclamárselos. La cifra de los mismos es del 30%. Pero en vez de tener que responder por ella mensualmente, ahora se les posibilitó que lo hagan trimestralmente.

Así las cosas, si la crisis cambiaria –por ahora inhibida- se reabre y, además, se transforma en crisis bancaria, el sistema bancario se encontraría en una situación mucho más precaria frente a cualquier corrida debido a que su disposición real de liquidez se ha visto reducida.

Otro elemento que el gobierno pretende exhibir a su favor es que logró emitir dos nuevos bonos en pesos para los años 2024 y 2026 por la cifra de 75.000 millones de pesos. El interés de los mismos es algo en torno al 17% anual, lo que parece un gran logro. Pero hay que entender que se trata de un interés compuesto debido a que año a año la base se multiplica, lo que comparado con la irrisoria cifra que pagan los bonos del Estado en los EE.UU., de sólo 3% anual, da la idea del pingue negocio que se hacen los inversores internacionales que adquirieron este nuevo instrumento financiero.

El costo económico de parar la corrida ha sido inmenso. Prácticamente se convalidó una devaluación del 35%, como está dicho, una enormidad. En un país como en la Argentina, con tantos componentes importados en sus mercancías, con tantas mercancías con sus precios dolarizados (como las naftas o los productos agropecuarios, por hablar sólo de algunos de ellos, agregándoles también ahora las tarifas de los servicios públicos, el gas, etcétera), es imposible que semejante devaluación no se traslade -más temprano que tarde- a los precios.

De ahí que la devaluación del mes de abril haya sido del 2.7% y la que se espera para este mes de mayo podría alcanzar, tranquilamente, el 3%, lo que sumado a la inflación acumulada en los tres primeros meses del año (algo en torno al 10%), ya superaría el 15% comprometido para todo el año. No es por casualidad que los analistas hablan, más bien, de una inflación para el año del 25%, sino más; y es obvio que será así debido a que en este punto la devaluación ya ha sido del 35% y podría ser aún mayor para lo que resta del año (¡el dólar futuro ya se está negociando a 30$ para fin de año!).

La conclusión obvia de todo esto es el derrumbe del salario real, razón por la cual ya mismo todos los sindicatos deberían reabrir sus paritarias.

¿Cuál podría ser la “cura” de la escalada inflacionaria? Peor que la enfermedad: una brutal recesión sumándole la ruptura de la cadena de pagos en muchos puntos. La razón de esto son las tasas de interés “sin razón”, “locas” por así decirlo, confiscatorias, del 40%.

Lo decía un empresario: a quien le va a interesar asumir los riesgos de un negocio en la producción si tomando instrumentos financieros se puede obtener una ganancia anual del 40%. Por lo demás, está el hecho que hoy como nunca antes, la economía como un todo funciona con financiamiento, lo mismo que el consumo, la adquisición de nuevas propiedades, etcétera.

Y toda esta cadena de adquisición de bienes a crédito, del uso de las tarjetas de crédito, etcétera, se puede romper en muchos puntos dado el encarecimiento brutal del crédito. Esto tiene consecuencias muy claras que tienen que ver con el parate productivo, el parate económico, los despidos, los cierres de plantas, sin olvidarnos por otra parte que por el ajuste fiscal, por la reducción del gasto estatal, se apunta contra uno de los pocos factores económicos dinámicos en los últimos años: la obra pública: “Uno de los saldos que dejó la corrida cambiaria es una elevada tasa de interés de corto plazo que atenta contra el ritmo de actividad económica y puede generar serios inconvenientes en la cadena de pagos. En efecto, cuando las tasas de interés de corto plazo suben, se vuelve muy costoso para las empresas financiar el capital de trabajo, que es el tiempo entre que se compra un insumo y se vende el producto final. Desde que se paga el insumo hasta que se cobra la venta, el productor tiene que pagar sueldos, impuestos, etcétera. Para solventar todo esto, es necesario crédito de corto plazo que luego se devolverá. Cuando la tasa de interés es muy elevada, el productor tiende a posponer los pagos a sus proveedores, los pagos de impuestos, malvender los inventarios, etcétera. Adicionalmente, sus clientes tienden a hacer lo mismo con él. Todo ello puede llevar a despidos y posponer contrataciones o inversiones, entre otras medidas. En estas condiciones, es posible que la demanda se desacelere. En especial, cuando aumentan las expectativas de inflación y se percibe una potencial caída del salario real” (Fausto Spotorno, La Nación, 16/05/18).

Los salarios a la baja, el aumento brutal de los precios, los despidos, son otros tantos de los efectos de la corrida cambiaria, del brutal ajuste que está imponiendo Macri contra el cual los trabajadores debemos salir a movilizarnos de manera inmediata.

El gran acuerdo nacional

Pero a la pata económica del aparente parate en la corrida, se le suma la pata política: el acuerdo pampa alrededor de la gobernabilidad.

Aquí existe una trampa política descomunal: todas las fuerzas patronales, incluidos los k, acuerdan en que Macri tiene que continuar hasta el 2019. Al mismo tiempo afirman que “no cogobiernan; que Macri es el que tiene que hacerlo”. En concreto, esto significa que su rechazo al ajuste, al acuerdo con el FMI, solo es de palabra, para la tribuna, para hacer campaña en el 2019.

Porque si cualquier medida de lucha real estaría inhibida porque no se puede cuestionar la gobernabilidad, porque se pasa la falsa idea de que lo “democrático” sería aguantarse dos años más a Macri, el resultado concreto es no enfrentar realmente el ajuste ni al FMI.

Pero las cosas van más lejos aún. El lunes pasado, antes del súper martes de ayer, Macri se reunió en la Casa Rosada con los principales bloques del Senado. Emitieron juntos una escueta declaración donde manifestaron la intención común de “trabajar por el bienestar colectivo de todos los argentinos”.

Más allá que es imposible trabajar por el bienestar común de capitalistas y trabajadores (son clases sociales con intereses antagónicos), lo concreto es que los senadores de toda la oposición en masa, desde Pichetto hasta Rodríguez Saá (que es muy próximo al kirchnerismo) pasando por el Frente Renovador y el Peronismo Federal, emitieron un gesto institucional de sostenimiento del gobierno.

En el Senado la voz cantante la tiene Pichetto. Y es muy importante seguir los juicios políticos que el mismo emite. Dijo, en primer lugar, que el tema del FMI “no tiene que pasar por el Congreso”, como dando a entender que es atribución de Macri volver al Fondo y pactar lo que a este se le ocurra pactar. En segundo lugar, no solamente planteó darle largas al asunto al tema tarifas (el tratamiento en el recinto del proyecto de diputados para dentro dos o tres semanas), sino que ahora, luego de la reunión del lunes pasado, acaba de plantear que si el gobierno “trae la semana que viene una propuesta superadora, se la podría estudiar”…

No se sabe cuál sería la “superación” de la propuesta oficialista que seguramente buscara reducir a cero la rebaja de las tarifas. Connotados gobernadores peronistas como Schiaretti de Córdoba ya han planteado, explícitamente, que están en contra de que el Congreso trate las tarifas. Les preocupa que parte del cobro de la misma incluye el IVA que se coparticipa nacionalmente con sus administraciones y que no quieren perder.

Por lo demás, los gobernadores peronistas se iban a reunir ayer pero levantaron sutilmente su reunión en otro gesto de gobernabilidad.

En el medio de los llamados a “juntarnos todos” que hicieron personajes de Cambiemos como el hijo de Alfonsin (que se dice crítico del rumbo oficial), ahora Macri ha sacado de la galera el planteo de hacer un “gran acuerdo” alrededor de la reducción del déficit fiscal para el 2019, una medida que le estaría exigiendo el FMI como parte del acuerdo de “stand by” (una idea seguramente similar a las medidas presupuestarias que tomó Temer en Brasil).

Parece muy difícil que el peronismo federal y el Frente Renovador se avengan a firmar algo así a la vera de la campaña electoral. Pero, sin embargo, quizás no haga falta tanto. El solo hecho que se ponga como un talismán intocable la continuidad de Macri, posibilita que aunque se cacaree contra el FMI, se lo deje avanzar lo mismo que al ajuste. Volveremos sobre esto.

La crisis no terminó

Quizás haya quien se confunda con el respiro del día de ayer. Pero atención: el mismo puede ser muy transitorio. De movida no es más que una sobrevida hasta el mes que viene donde vuelven a vencer la misma cantidad de Lebacs: 600.000 millones de pesos o 25.000 millones de dólares, según la moneda que se use.

Es que, por lo demás, las presiones a la crisis pueden venir por distintos frentes. Todavía los trabajadores no han logrado salir de conjunto a las calles, a la lucha. En este sentido, la CGT y las burocracias en general, vienen prestando un óptimo servicio al postergar cualquier llamado general a la lucha.

La CGT con su tregua eterna está en una política de traición abierta a los trabajadores. La idea de que se llamaría a un paro general si Macri veta esa ley, no solamente ha quedado por detrás del desarrollo de un ataque brutal a las condiciones de vida de los trabajadores que va muchos más allá de las tarifas sino que, para colmo, en la medida que se posterga el tratamiento en el Senado… se posterga el veto y, por lo tanto, el propio paro general.

Además, ¿qué pasaría si finalmente Pichetto y el gobierno logran alguna fórmula de consenso tramposo que deje todo cómo está? No habría veto y la CGT, frente al FMI y el ajuste brutal, no habrían convocado a nada.

Una traición tan grande, una entrega tan brutal de los intereses de los trabajadores arrastrándose frente al gobierno empresarial y el FMI, no se ve todos los días. Hay que agarrar a los delegados del sindicato por el cuello en los lugares de trabajo, apretarlos, tratar de imponerles asambleas para que se vote el paro general ya contra el ajuste.

Pero incluso en el terreno económico la corrida podría volver. Todo está demasiado delicado y la economía ha quedado atada a valores insostenibles. Además, internacionalmente, el precio del petróleo tiende al alza por la crisis en Medio Oriente, las tasas de interés en los EE.UU. siguen subiendo, y la Argentina de Macri sigue siendo una economía sin las protecciones elementales.

En estas condiciones, el retorno de la corrida puede estar a la vuelta de cualquier esquina.

La clave de la política revolucionaria es cuestionar la gobernabilidad

En estas condiciones, no puede haber política revolucionaria sin cuestionar la gobernabilidad. No se puede hacer unidad de acción política contra el FMI con aquellas corrientes como los k o la CTEP, que están en la gobernabilidad, en el “hay 2019”.

Porque esta es una mera maniobra no para derrotar el ajuste hoy, no para echar hoy el FMI y dejar de pagar la deuda, sino para capitalizar electoralmente mañana el costo político del ajuste, para hacer campaña electoral. Es decir: que una vez más los trabajadores paguen el costo de la crisis.

La gran tarea del momento es llamar a los trabajadores a salir a las calles contra el ajuste, contra los pactos de gobernabilidad, contra el FMI. Pero esto no se trata de meras campañas política, sino acciones de lucha reales.

Al ajuste hay que derrotarlo ya. Al FMI hay que echarlo ya. Rechacemos la gobernabilidad del ajuste y el FMI. No se puede esperar al 2019: la lucha es hoy.

 

 

 

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