Por Roberto Sáenz, 13/5/18

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La nueva coyuntura abierta por la corrida cambiaria

Una crisis global  

Roberto Sáenz

Publicamos a continuación el informe presentado al Comité Central de nuestro partido por el compañero Roberto Sáenz el pasado domingo 13 de mayo.

Está cuestionado el plan global del gobierno. Estamos ante una crisis económica, pero también política. La crisis tiene muchas determinaciones, no terminó, está en pleno desarrollo. El martes vencen 30 mil millones de dólares de Lebacs; dicen que lo van a contener igual porque habría un 60 o 70% de inversores institucionales, y les dieron la orden de que renueven.

Es también la crisis de un sector burgués que presiona ferozmente por el shock, con lo cual también es una crisis del gradualismo.

  1. Todo comenzó en diciembre

Entonces, lo primero que hay que decir es que es una crisis global, económico-política, con el factor dinámico de la corrida contra el peso y con el (por ahora) déficit de que todavía las masas no han irrumpido.

Hay un conjunto de definiciones. Pero la más importante es que si uno pierde de vista la dimensión política de la crisis, puede quedar rezagado frente a la dinámica de la misma.

¿De dónde sale la crisis? Esa sería la segunda cuestión. Es una crisis en “dos actos”, por ahora. Tuvo un primer acto, una irrupción de la lucha de clases, que fue en diciembre. Y está el segundo acto, que es la traducción postergada, mediada, de esa crisis a la economía.

Voy a desarrollar más adelante el correlato económico. El problema de fondo es la incapacidad de racionalizar el país desde el punto de vista neoliberal; y esto ocurre porque las relaciones de fuerzas no están resueltas. Es el choque entre un intento de racionalización y unas relaciones de fuerzas que todavía no dan.

Entonces, es una crisis económico-política que, en definitiva, es el efecto retardado de no haber domado el potro de diciembre; de no domar el potro de la lucha de clases. Un gobierno con veleidades reeleccionistas, pero que no termina de enfrentar hasta el final a la clase obrera.

La tercera definición es que es una crisis que concentra 30 años de crisis en la Argentina; en un solo acto se concentran espasmos de diversas crisis.

Por ejemplo, la Argentina vivió 20 años alrededor de la crisis generada por el FMI (eso lo conocemos los más grandes; los más jóvenes no conocen ni quién es Cavallo). Fue todo un fenómeno. Al FMI se lo echó con el Argentinazo. La Argentina vivió desde el final de la dictadura militar hasta el Argentinazo alrededor de “la zamba” del FMI.

Imágenes retro: Cavallo, stand-by, la condicionalidad del Fondo, carta de intención; palabras que habían desaparecido. Los besos, los abrazos, las mentiras, el verso… La actual crisis concentra todo eso.

Concentra también otra cosa, más solapadamente, que es el repudio a la clase política, que aún no se ha desarrollado lo bastante; ese elemento también está dando vueltas; el peronismo que no está todavía en condiciones de volver; no tiene hecho “los deberes” para volver ya.

Entonces es un lío bárbaro. Porque tenés el zucundum cotidiano de Cambiemos, entre la impericia, la impotencia y el presidente escondido detrás del discurso de “los tres segundos” (el anuncio de la vuelta al FMI), y el peronismo ausente, detrás de la política de “Hay 2019”.

Y también concentra el fantasma de la irrupción social al calor del ajuste feroz que ya empezó.

Son todas definiciones que atañen a la globalidad de la crisis, aunque no se puede todavía decir que ya esté planteada la caída del gobierno; sería un error decir eso. Todavía no se puede agitar “fuera Macri”. Todavía no irrumpió el movimiento de masas en este capítulo de la crisis. Todavía tiene mediaciones.

Entonces es una crisis impactante, muy grande, inesperada en esta magnitud, pero que es global; lo importante es que es global: ninguna crisis de esta magnitud es sólo económica.

Además, hay otra cuestión: cuando no podés controlar la principal variable económica de la Argentina que es el dólar, la crisis se hace política; la intervención del Estado en la economía es un hecho político; el descontrol de la economía es un hecho también político.

Estamos en pleno desarrollo de la crisis, con la dificultad de que el movimiento de masas no interviene todavía.

  1. Las bases materiales de la crisis

El segundo aspecto de la crisis, la base de la crisis económica, es que el gobierno “giró en descubierto”; es como si hubiera firmado cheques sin fondos. Cuando eso pasa el banco puede salir de fiador a cubrirte. Pero el problema acá es que no hay fiador (más bien el fiador vendría a ser ahora el FMI).

El gobierno tomó deuda como mecanismo de transición entre lo que dejó de cobrar (por los beneficios impositivos que les dio a los capitalistas) y lo que iba a cobrarle al movimiento de masas y no se lo cobró; no se lo termina de cobrar.

Es la crisis de una transición entre una pérdida de ingresos, cubierta con deuda (la deuda es una pretensión de plusvalía a futuro: te presto y me devolvés con tu plusvalor, con la explotación de los trabajadores); el gobierno se desfinanció con una transferencia de ingresos brutal hacia los capitalistas, y se endeudó para garantizar ingresos que no terminó de obtener con el ajuste gradual.

Por eso es una crisis económico-política. Económica, porque Argentina es un país (semi) industrializado pero dependiente, con una baja productividad, que en sus intercambios con el mundo necesita de dólares que se hacen escasos, porque no tiene la productividad para generar la cantidad que necesita para funcionar, y eso crea crisis recurrentes.

Y política, porque el gobierno no le impuso al movimiento de masas la derrota que le tenía que imponer. A dos años de gobierno, los acreedores vienen por su cabeza: empezaron a dudar de que el gobierno pueda pagar. El elemento dinámico es la corrida contra el peso porque los inversores se van al dólar. Ahí están las declaraciones de Melconian afirmando que el gobierno “boludeó” a lo largo de dos años: “Boludeaste dos años con las buenas ondas y ahora vas a recoger inflación en la previa de las elecciones”.

  1. Prepararnos para grandes choques sociales

Tercer aspecto de la crisis: es también la crisis de una doble veleidad. La veleidad de ser un “proyecto histórico” (no peronista ni radical), o sea un proyecto que pasa por las arcas caudinas de las elecciones y, a la vez, racionalizar y hacer el ajuste neoliberal.

Se podría decir que es la contradicción (relativa, claro) entre la democracia burguesa más clásica (sin lograr tomar medidas de excepción) y un ajuste brutal; sobre todo si no hay “trauma social” tipo hiperinflación o hiperdesocupación que te legitime. Hay una contradicción (relativa, insistimos); porque tenés que ir después a pedir legitimidad a los votantes.

Y esa pretensión con minoría en ambas Cámaras y sin control de los sindicatos (que aunque sean forros hasta más no poder del gobierno, no es “tu burocracia”), sin pacto social, sin cogobierno (no es casual que Macri esté llamando ahora a una suerte de “gran acuerdo nacional”), se hace muy difícil.  

El gobierno carece de atributos para ese doble objetivo: para hacer un proyecto histórico y aplicar el ajuste, reelegirse y aplicarlo. Ninguno de los gobiernos desde finales del siglo pasado han podido ser históricos. Desde la crisis de los años 70, la crisis del Estado benefactor, no hay condiciones materiales para gobiernos burgueses históricos.

Esto se resume así: “dejáte de joder con la reelección y hacé el ajuste; hacé lo que tenés que hacer”; es más o menos lo que le dicen los empresarios, aunque los hay más “políticos”: es decir, que aceptan más mediaciones para que “no vuelva el populismo”.

Esa es la política del FMI y de todo el mundo; puede haber alguna pequeña mediación pasajera. Pero la burguesía le dice que falta mucho para las elecciones; que ahora es cuando.

Y, además, aunque el gobierno no estuviera dispuesto a hacerlo, la dinámica se lo impone: se viene una crisis económica muy grande, la más grande bajo Macri: tasas al 40, 41, 45%, es una locura; dólar a 24, 25, 26, otra locura; reducción del déficit al 2,7, 2,6, 2,5… El ajuste es muy fuerte. Y eso ya está.

Entonces, la semana que viene, o la otra, o cuando Argentina pierda el Mundial, es muy factible que haya un choque social.

En el fondo, es la crisis política de un proyecto que postergó medirse con el movimiento de masas, en condiciones económicas que se hicieron más duras, más difíciles, en condiciones materiales más adversas.

Y es la dinámica misma de la crisis la que plantea un enfrentamiento muy duro. El partido, con lo joven que es, tiene que estar preparado para la posibilidad de ese escenario.

La clase obrera no está derrotada; está mejor estructuralmente que en 2001. Entonces, aunque todo en el mundo los ayude (Trump, Merkel, etcétera), aunque la crisis de alternativas los ayude, miden los pasos que tienen que dar; el ajuste brutal que tienen que aplicar.

Todo eso los ayuda a infundirles alma en el cuerpo. Y ese es el peligro. Porque no es que acá se viene la revolución así, tan simplemente. Las condiciones internacionales son difíciles, la clase obrera no está en el centro. Le dicen: “Macri, creé en eso, es un mundo sin socialismo, jugátela”. Pero todo lo otro les da miedo. Por eso está abierto para qué lado se sale de la crisis. Dependerá de la lucha de clases.

  1. El centro es quebrar la gobernabilidad

El movimiento de masas por ahora está pasmado. Obvio, porque no se la veía venir; porque la gente quiere vivir su vida un poquito mejor; porque el gobierno vendió espejitos de colores; porque no venimos de una hiperinflación ni de una hiperdesocupación; porque los trabajadores siempre quieren creer que las cosas no se van a poner mal…

Pero, ¡ojo compañeros! que el movimiento de masas está mucho más entero que cuando fue el Argentinazo: la tasa de desempleo es muchísimo más baja y no hay, hoy por hoy, un trauma social legitimador de un ajuste brutal.  

Cuando a comienzos de los años 90 Menem aplicó la convertibilidad, había habido dos hiperinflaciones. La hiperinflación en Argentina fue “chica”, creo que mil por ciento anual; hay otras de 20 mil, como la de Venezuela. Pero los que la vivimos sabemos que es un desquicio: no hay precios, no hay salarios, no hay nada. Y también vivimos la crisis de la hiperdesocupación, otro trauma social: la gente revolviendo la basura para comer algo.

Esto también enseña otra cosa: de toda crisis se puede salir por derecha o por izquierda, eso está abierto; no vamos a escribir acá por dónde se sale de esta crisis, no lo sabemos. Depende de si el movimiento de masas interviene; depende de si cae Macri o no. Si cae Macri es por izquierda, no hay ninguna duda.

Pero no sabemos para dónde va a caer la crisis. Por ejemplo, esta semana el gobierno presenta un proyecto de ley durísimo, la reforma del Código Penal: cárcel para piquetes, cárcel para todo: “No es mano dura, es la mano que corresponde”, dice La Nación de hoy…

Hay que ver si lo presentan. Pero, ¡ojo! que estas situaciones incluyen la posibilidad del zarpazo reaccionario; no está comprada la “democracia” a pesar de los estúpidos que dicen no a las consignas democráticas; como si tuvieras garantizadas las libertades democráticas porque tenés la “banquita atada” en el parlamento.

Seguramente los chicos del FIT quieran aferrarse a la banca con candado; de ahí que no hayan sido capaces de cuestionar la gobernabilidad (han tenido una orientación oportunista, de adaptación parlamentaria, para la crisis).

Como la crisis es tan global, tan profunda, es obvio que al movimiento de masas le cuesta entender, le cuesta reaccionar. Le cuesta entender por qué estamos en semejante crisis si estaba todo más o menos “bien”: “Me perdí, ¿qué pasó?”.

Además, están todos a fondo con la gobernabilidad, Triaca diciendo “Moyano está con sus problemas personales”. O sea, la CGT súper borrada. El kirchnerismo: “no hagan olas, discutan tarifas y no se les ocurra meter la discusión del FMI en el Congreso”, ordena Cristina. La “gran paritaria” de la UOM: “rompimos el techo”… por un 18.5% que ya atrasa porque el dólar se fue para arriba; ¿qué techo, si el techo ya se fue a 27?

O la discusión de tarifas también, gran eje del PTS. ¡Acá la discusión es la gobernabilidad! Es todo un minué. Pichetto dice que va a Comisión dos o tres semanas; a fin de mes iría al recinto, todo a la larga. El Congreso también atrasa. Porque la resolución de la crisis es afuera del Congreso, como decía Rosa Luxemburgo: lo fundamental se decide afuera, en las fuerzas sociales reales. El que sólo pelea en el Congreso es un oportunista consumado.

  1. Una empresa y un país son entidades distintas

La burguesía le dice “Macri, si sos tan capo, goberná”. ¡Es una vergüenza el macrismo, dos crisis generales en dos años! El kirchnerismo no tuvo una crisis así en doce años, exhibió mucha más pericia política con un país incendiado.

Tuvo una crisis por derecha con el campo; pero no tuvo una sola gran crisis con el movimiento de masas. Tuvo una mini-corrida con Kiciloff; dejaron correr un poco el dólar. Macri tiene veleidades de alto burgués con una pericia gubernamental puesta a prueba por segunda vez en seis meses.

Porque la crisis de confianza es esa; no es que no lo quieran a Macri; claro que lo quiere la burguesía, el imperialismo: es su gobierno: el gobierno agente directo de ellos. El problema es si puede gobernar. Porque una empresa no tiene las determinaciones de un país; es un fenómeno de la sociedad civil, de la economía, incluye ganancias y pérdidas, es mucho más simple de manejar.

Pero un país concentra la economía y la política, el Estado, las relaciones con el mundo, lo que hace mucho más complejas las cosas.

Un país no es sólo economía en el sentido de la oferta y la demanda; es la inserción del país en el mundo, y la vida política, y sus fuerzas sociales y políticas. Por eso no es tan fácil cuando los empresarios gobiernan países… El tipo te hace dos crisis en dos años. ¿Vos querés la reelección? Vamos a ver. Ahora hacé tu laburo. Ese es el diálogo de la burguesía (sin perder de vista que prefieren que siga Macri, sin duda alguna).

La economía es ciega, no tiene racionalidad política, son los negocios, los mercados. Y la política media, trata de frenar un poco para no quemar el fusible. Este personal político macrista no es tan fácilmente reemplazable. Entonces, van a sacar todo el minué de mediaciones posibles: acuerdo social, gran acuerdo nacional, se verá.

La economía es ciega y la política puede ser inhábil; eso es lo que por lo bajo dicen algunos empresarios de Macri; pero también afirman: “no tenemos otra cosa”.

Todo esto el movimiento de masas aún no lo metabolizó; por eso no salió todavía; aunque la bronca ha crecido exponencialmente. Todavía hay trabajo: “trabajo para pagar las cuentas”. Ese es más o menos el esquema de las condiciones de vida hoy: como hay trabajo sigo pagando las cuentas. Pero ahora todo ha sido puesto en cuestión.

  1. La vuelta al FMI

A mucha gente le gustaría que se vaya Macri. En la encuesta de Berenstein lo interesante no es que la mayoría está en contra del FMI, eso es obvio aunque es un dato inmenso: lo interesante es que el 70% de los votantes de Cambiemos están en contra del FMI. Hay de vuelta una grieta entre el movimiento de masas sin intervenir todavía pero que repudia al FMI, y el gobierno que le impone al país un retroceso de 30 o 40 años, vuelve a llevar al país al FMI.

Este es un nuevo intento de girar a la derecha; apunta (hay que ver si tiene éxito) al sometimiento. La Argentina había conquistado con el Argentinazo independizarse de los organismos financieros de crédito; al menos hasta cierto punto. No nos olvidamos que los Kirchner pagaron un montón de plata con la excusa de la salida del Fondo; y ningún país que se queda sin fondos puede ser independiente.

Ese mayor grado de independencia relativa del país fue una conquista de la lucha de clases. Este tipo avasalla la conquista y nos quiere meter de vuelta en el FMI: te meten 50 tipos acá en el Ministerio de Economía y te dirigen la economía del país; el ministro de Economía es el FMI.

  1. No se puede esperar al 2019

La crisis concentra determinaciones potencialmente a la izquierda y potencialmente a la derecha; ¿dónde va a terminar? No lo sabemos. Entonces decir que la política no tiene que tener elementos democráticos, es de idiotas y derechistas. Porque tenés que tirarle al gobierno con munición gruesa: social, económica, democrática, con todo lo que tengas, con toda la artillería.

Después está el problema de la gobernabilidad, que es un lío. A la burocracia hay que exigirle paro general, pero arrancando por una denuncia brutal.

Por lo demás no veo que esté planteada la unidad de acción con las fuerzas que se juegan al “Hay 2019” (los K y otras yerbas por el estilo). Porque sosteniendo la gobernabilidad de Macri la “oposición” es meramente “de Su Majestad”: ¡hacer de figuretis para intentar capitalizar electoralmente el año que viene sobre el cadáver de los trabajadores!  

No corresponde marchar con los K porque es “pour la galerié” su campaña contra el FMI: es mentira. Desde ya que no hay que atarse las manos con consideraciones generales; en cada caso concreto hay que ver. Pero sí es una indicación general de que no corresponde la unidad de acción con los K en marchas políticas.

Están todos en el mismo juego: hacemos de “oposición”, hacemos como que “hacemos”. Incluso el FIT tiene una deriva para ese lado; corre por detrás en el dinámica de la crisis, un rasgo característico del oportunismo.

Todas las fuerzas políticas están en el acting: la burocracia, el kirchnerismo, todos están con el mismo mantra. La hija de Agustín Rossi lo dijo claramente: “querías gobernar, goberná”; eso no es sólo una chicana: responde a rendirle pleitesía a la gobernabilidad, a la continuidad de Macri, al calendario formal de elecciones cada 4 años.

Y desde el punto de vista de las reglas del juego dicen: “hacéte mierda pero en el camino hacé mierda a la clase obrera, hacé mierda al movimiento de masas, después hay elecciones y trataremos de ganarlas”.

Nosotros tenemos una política opuesta: no queremos que derroten al movimiento de masas, a los trabajadores; la lucha es ahora: no se puede esperar al 2019.

Y el FIT está en lo mismo: hacer acting en el Congreso. Que estén en hacer acting es grave. Porque es el circo parlamentario, es el momento del show. Porque todo tiene que ver con el momento, con los tiempos políticos.

Por ejemplo, con el tema del derecho al aborto, la caja de resonancia del Congreso es súper progresiva; para el debate de tarifas el Congreso atrasa; Macri ya adelantó que va a vetar (o negociar algo con Pichetto que le quite toda sustancia real al proyecto).

Lo mismo la burocracia: “vamos a hacer paro general si el gobierno veta”. El paro general hay que hacerlo ya, antes que vete el gobierno, para derrotar su política tarifaria, no después como un hecho consumado. Ya atrasa la discusión porque habría que hacer paro general contra el FMI; pero encima atrasa hasta con el propio tema de las tarifas.

La política revolucionaria tiene que estar no cien pasos adelante, pero sí un paso adelante, porque esto es dinámico, las crisis son dinámicas. Y podés quedar atrás, como hacer paro frente a un hecho consumado. Hay que parar antes de que se voten las tarifas, hacer paro general ya en contra de que los trabajadores paguen la crisis, ya para echar al FMI de la Argentina.

Todo el mundo da por sentado que Macri veta y ya está: pagó el costo político Macri. Pero el gobierno está facturando costo político todos los días: el dólar, las tasas, las tarifas, el FMI. Atrasás si planteás sólo tarifas; y atrasar en política es grave, es muy peligroso.

La política revolucionaria no es un decálogo doctrinario, es dialéctica, no te sirven los tomos de doctrina; lo que te sirve es la capacidad dialéctica de apreciar un momento determinado, y responder. Lo clásico del oportunismo es quedar por detrás, y el ultraizquierdismo es irse mil kilómetros adelante.

  1. Fuera del poder todo es ilusión

Esto nos lleva a una cuestión más general. Cuando todo queda viejo, cuando todo se desborda (aunque estemos exagerando un poco respecto de la dinámica todavía), lo único real es el poder.

Cuando la CTA convoca a una marcha rutinaria; cuando la burocracia te pide una paritaria del 15%; cuando la izquierda va al Congreso y sólo habla de tarifas; cuando se discute si se van a pagar tasas del 40% (aunque tanto si se pagan tasas del 40% como si ocurre una corrida, es un lío); cuando todo queda sobrepasado aunque no esté colocado todavía en la conciencia de la gente, el problema central es el gobierno.

En la Argentina hay un problema de gobierno. No tiene formulación clara, por la positiva; no nos vamos a atar a ninguna consigna específica. Pero el partido tiene que entender que el problema central ni siquiera es el FMI; el problema central es político: la continuidad de Macri.

Hay un ejemplo buenísimo que daba el reconocido historiador trotskista Pierre Broué sobre la discusión en Alemania en el 23 (siempre tomado educativamente, claro, porque la situación argentina no le llega a los talones de esa, obvio). Había hiperinflación; la burocracia socialdemócrata –exagero pero sirve a los efectos pedagógicos– formulaba “paritarias”, “paro general”, y Trotsky decía: no, no, nada, “lo único real es la insurrección”.

No es por hablar de la insurrección, insisto, sino respecto de un problema de método para la política. El problema central en los momentos más agudos de la crisis es político; no es ni siquiera el FMI. El partido tiene que entender eso: el FMI es la campaña política, pero el problema central es el gobierno. La crisis de confianza de los capitalistas es si Macri va a tener el coraje para hacer lo que hay que hacer.

Parte de esto mismo es el tema de frente a qué tipo de crisis estamos. Para mí la crisis es -en otras condiciones claro está, menos aguda- de alguna manera parecida al 2001. Porque en la crisis del alfonsinismo no hubo irrupción independiente del movimiento de masas; hubo luchas sindicales muy duras y difíciles, pero no una real irrupción independiente de los trabajadores; no hubo acción histórica independiente.

En el 2001, sí. Y acá puede haber una nueva acción histórica independiente en un escalón superior porque es la clase obrera recompuesta en sus planteles.

En el 89 hubo huelgas durísimas por sector: ferroviarios, estatales, etcétera; hubo hiperinflación, hubo saqueos, pero no hubo una acción histórica independiente. Lo de hoy es potencialmente más grave. En el 2001 sí hubo una irrupción de conjunto, independiente, con el “que se vayan todos”, con el movimiento piquetero, etc.

Y el 18 de diciembre hubo una intervención del movimiento obrero; tal cual es, con los sindicatos, con obreros, estatales, etcétera. Hubo elementos de una acción independiente. Para estas acciones el detonante puede ser cualquier cosa; que surja no depende de las direcciones si la crisis y la bronca aprietan.

Necesitamos una acción histórica independiente. Porque si no el problema del gobierno queda como un chiste, no hay manera de resolverlo, queda muy light.

Pero eso no tiene nada que ver con 2019; eso es ahora, es en los próximos meses, en las próximas semanas, o no va a ser. Por eso puede bascular a la izquierda o puede bascular a la derecha.

  1. Sistema de consignas

El partido trata de ser marxista, no es una secta. La secta es el camino del oportunismo, porque es de reglamento, y no se hace política con reglamentos. Se resignifica la experiencia histórica, las enseñanzas, se reconquista la tradición. Es un momento creador la política, no puede ser un recetario.

Recapitulando: estamos en una crisis muy compleja que es global, que no terminó, que hay que ver dónde termina; los desenlaces todavía están muy abiertos y no está escrito que tenga un desenlace por izquierda; requiere la intervención del movimiento de masas, y requiere que el cuestionamiento al gobierno en materia de gobernabilidad se profundice, que crezca la gente que dice hay que echarlo a patadas. 

Eso plantea lo que llamamos un sistema de consignas.

  1. “FMI nunca más” es central desde el punto de vista de la campaña, vinculada a no pagar la deuda, a no encadenar el país, a la nacionalización de la banca y el comercio exterior bajo control de los trabajadores, etcétera.
  2. Otra central es el llamado a salir a las calles; que puede adquirir mil y una formas. Parte de ello es la exigencia de paro general activo, que contradictoriamente arranca por la denuncia, no por la exigencia: basura inmunda, traidores, traidores, traidores, que están escondidos, son una vergüenza, el movimiento obrero los tiene que repudiar, en la fábrica agarrar del pescuezo al delegado, cagarlo a palos, arrancarles a cachetazos el paro general.

¿Se entiende cómo es el diálogo? La otra política es generar escepticismo, que compran muchos periodistas: “no van a hacer nada”. Pero la clave es que irrumpa el movimiento de masas, no hay que agarrar esa consigna rutinariamente, “le exigimos…”.

No: tenemos que zamarrearlos a estas ratas inmundas, y trabajar con esa bronca en la base obrera para que los obligue.

       3) Después está lo del plan B, lo del programa de salida, que es clave también; el orden de las consignas puede variar según las circunstancias.

Plan B porque hay que proponer alternativas: que paguen los empresarios, etc. Seis horas está bien, pero es muy parcial. Por eso nosotros venimos con plan B, un programa global. Y aunque parezca más abstracto, es más de conjunto plan B: abajo el techo salarial, reapertura de las paritarias, aumentos de salarios del 25% indexado mensualmente; no a los despidos, estatización bajo control obrero de toda empresa que cierre o despida masivamente; basta de persecución sindical; abajo el nuevo Código Penal que criminaliza las luchas; por la coordinación real de los que están peleando.

4) Por último, las consignas políticas: “el pueblo tiene derecho a decidir”, una consigna decisiva, central. Cuál es la formulación concreta vamos a ir viendo. Pero es la consigna que plantea el problema político: quién gobierna la Argentina, ese es el contenido de la consigna.

No hay política revolucionaria en una crisis global sin cuestionar al gobierno. Y como todavía no podemos decir “fuera Macri”, hay que buscar la forma. El tipo te vendió espejitos de colores, te estafó: ¿Por qué hay que aguantarlo dos años más? Vamos a propagandizar “el pueblo tiene que decidir”; no atarnos las manos con cualquier formulación que hoy puede estar por delante del desarrollo de la crisis y mañana por detrás; vamos a ir viendo.

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