Por José Luis Rojo, Editorial SoB 472, 7/6/18

Categoría: América Latina, Argentina Etiquetas: , ,

En las vísperas del acuerdo con el FMI

Un zarpazo de espaldas a la población

José Luis Rojo

“La caída repentina de Rajoy y la debacle argentina de los últimos días, para poner casos próximos, comparten [una] misma lógica: no se las pudo anticipar, aunque los datos que las desencadenaron estaban disponibles. Luego sobrevienen las explicaciones tardías, y una certeza angustiante: la fragilidad del futuro inmediato. ¿Cómo hará Sánchez [el nuevo presidente español] para gobernar con tan pocos diputados? ¿Qué le espera a Macri, luego de que el apoyo a su gobierno se redujo a la mitad?” (Eduardo Fidanza, La Nación, 2/06/18).

Los diarios informan que el gobierno se apresta a anunciar el acuerdo con el FMI. El “acuerdo técnico” ya estaría, sólo falta ver como se comunica políticamente (es decir, como se lo disfraza). Parte de la preparación política de la cosa es la idea que el plan sería “argentino”… Casi como lo pintó Frigerio: que las condiciones “se las puso el gobierno al Fondo”; una payasada.

Así las cosas, varias cuestiones candentes se van a “superponer” los próximos días; problemáticas que el gobierno, la oposición patronal y los burócratas sindicales van a intentar manejar para que no den lugar a desbordes.

Por un lado, el próximo miércoles 13 es la sesión en diputados por el proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo, sobre el cual no se sabe todavía si hay numero para aprobarlo. En cualquier caso, se espera una vigilia multitudinaria frente al Congreso, para presionar por el voto favorable.

Simultáneamente, en los próximos días el gobierno podría anunciar el acuerdo con el fondo. Al mismo tiempo, el moyanismo estaría anunciando un paro camionero para el jueves 14, mientras que la CGT sigue deshojando la margarita de un paro general que ya parece inevitable, pero cuya fecha podría estirarse hacia fin de mes.

Se está así frente a un conjunto de desarrollos que, a depender de su desenlace, marcarán la pauta de la actual coyuntura; un desenlace que podría dar lugar a desbordes y / o a la operatoria de los mecanismos de contención del régimen pero que, en todo caso, ya significan una crisis política de magnitud.

Un ajuste feroz  

La corrida cambiaria y la urgencia del gobierno pidiendo la escupidera al Fondo, liquidaron lo que quedaba del “gradualismo” oficialista: el ajuste que se viene es brutal.

Mientras se reafirma la rebaja de las retenciones a la soja y no se coloca ningún nuevo impuesto al empresariado (¡un empresariado al que se le hicieron regalos fiscales al por mayor!), mientras la dolarización y el aumento de las naftas y tarifas continúan, mientras no se cuestiona el pago puntual de la deuda externa, mientras los precios alcanzan nuevos records y se acaba la compra a crédito, el foco del acuerdo con el FMI está puesto en reventar las condiciones de vida, trabajo y salario de la clase obrera.

En el centro del ajuste está la reducción del déficit fiscal, al que se pretende disminuir de manera draconiana en los próximos dos años.

Se suponía que dicho déficit sería este año del 3.2% del PBI (se habla siempre del déficit primario, porque el déficit total -que incluye los pagos de la deuda externa-, jamás es sometido a escrutinio ni rebaja). Posteriormente a la corrida, y como señal de ajuste, el gobierno anunció su reducción al 2.7%.

Sin embargo, ya ha trascendido que el acuerdo con el fondo implicaría que el déficit se reduzca al 2.2% y que para el 2019 la cifra caiga al 1.5%; un ajuste brutal.

El PBI de la Argentina ronda los 600.000 millones de dólares (algo menos ahora con la devaluación del peso), razón por la cual cada punto del producto ronda los 6000 millones de dólares. Si multiplicamos esos 6000 millones por 25$, que es el precio del dólar, tendremos una cifra de 150.000 millones de pesos.

Del 3.2% que se esperaba para este año al 2.2% que se acordaría ahora, rondaría los 200.000 millones de pesos suplementarios que el gobierno se compromete a podar para este año. A esto hay que agregarle que, a números de hoy, esto significaría un “ahorro” (un no- gasto) para el año que viene de 300.000 millones de pesos adicionales; un ajuste inmenso por donde se lo mire.  

Reiteremos que esta suma no saldría de ningún nuevo impuesto al empresariado, ni a los capitales financieros, ni a las empresas de servicios públicos (que ahora cobran tarifas dolarizadas), ni a los capitalistas del sector petrolero, ni a los del campo, ni de ningún sector patronal: ¡estos números millonarios saldrán, pura y exclusivamente, de ajustarle el cinturón a los trabajadores!

De ahí, por ejemplo, las provocadoras paritarias que acaba de firmar UPCN para los estatales: un miserable 15% en tres cuotas para los que ganan menos de 40.000 pesos por mes y el virtual congelamiento salarial (este es un dato nuevo) para los que ganan más que esa cifra; esto amén del tendal de despidos que se está multiplicando a estas horas, por ejemplo en el hospital Posadas.

En su aspecto más explícito el acuerdo se centraría en las cifras fiscales. Sin embargo, en realidad, su área de influencia se extiende mucho más allá: al conjunto de las variables económicas. Comenzando por el dólar, los analistas anticipan que cerraría este año en $28, convalidándose así una devaluación del 40% o más.

Esta cifra está vinculada a la de la inflación, sobre la cual se calcula ya que rondará el 27%, es decir, muy lejos de la pauta acordada con la mayoría de la dirigencia sindical, que concertó aumentos en cuotas del 15% cuando todo el mundo sabía que era un índice de fantasía. 

Por lo demás, también seguirán altísimas las tasas de interés. Recién hacia fin de año podrían retroceder a algo en torno al 30%, y esto si todo marcha “bien”…

La consecuencia de esto será que un crecimiento que se anunciaba que alcanzaría este año el 3.5%, escasamente llegará al 1.3%, sino menos: una cifra puramente vegetativa.

Conclusión: al país le esperan 6 meses o más de dura recesión por delante.

En estas condiciones, el acuerdo con el Fondo implica una caída del salario real y aumento de despidos. Un aumento de la tasa de desocupación que es lo que está reclamando por lo bajo la patronal (quiere un índice de desempleo más elevado, en línea con lo que está ocurriendo en Brasil, cuyo desempleo ronda el 13%).

En síntesis: lo que se pretende es el deterioro en las condiciones de vida de los trabajadores, el aumento de la pobreza.

El acuerdo con el fondo busca así legitimar que los trabajadores paguen la cuenta de la crisis, que el país se encamine a un escenario de recesión más inflación, que se multipliquen los mil y un dramas entre las familias trabajadoras.

Porque detrás de las cifras “abstractas” de la economía, hay decenas y cientos de miles de trabajadores y trabajadoras a las cuales se les frustran sus expectativas, mientras los señores presidente, ministros, secretarios, funcionarios, senadores y diputados, siguen cómodamente sentados en sus sillones.

Las mil excusas de los traidores

Esto nos lleva al rol de la oposición y la burocracia sindical. Hasta el momento han cumplido bien su papel de contención. Los justificativos para no hacer realmente olas, los hemos escuchado día y noche: “cuidar la gobernabilidad”.

¿Qué quiere decir esto? Simple: de acá a las elecciones del 2019, el que gobierna es Macri; si no nos gusta lo que está haciendo, el año que viene votemos otra cosa… (ver discurso de Moyano el 21-F).

Peronistas federales, peronistas renovadores, peronistas k, moyanistas, gordos, yaskistas, papistas de la CTEP[1], todos repiten el mismo argumento: “estas son las reglas de juego”, “a nosotros tampoco nos gusta la vuelta al Fondo”. Pero “hay que respetar la democracia”: Macri fue electo por 4 años y respetarla significaría garantizar que “cumpla su gestión hasta el último día”[2]

Lamentablemente, muchos compañeros y compañeras honestas, muchos periodistas e, incluso, sectores de la izquierda, han comprado este discurso que de democrático no tiene nada. Supone, simplemente, garantizar que el gobierno tenga carta blanca para hacer lo que quiera hasta el año que viene; luego salir a capitalizar el “costo político” y ya está.

El argumento se basa en una falla fundamental, antidemocrática, de la democracia de los ricos; una trampa de la misma: su carácter indirecto.

¿Cuál es la trampa de esta “democracia”? Los trabajadores, la población en general, tiene el derecho a votar cada cuatro años a sus “representantes” (Lenin decía a sus verdugos). Pero como el mecanismo de revocabilidad (desde el presidente hasta los senadores y diputados), no existe, pueden tirar por la ventana sus promesas y el mandato recibido, y nadie los puede tocar.

Este mecanismo de democracia indirecta siempre lo hemos defendido en relación a las dictaduras militares o a los zarpazos reaccionarios; pero nunca en relación a lo que debería ser una verdadera democracia, incluso en el terreno de la democracia patronal: los mecanismos de democracia directa, de revocabilidad, etcétera, que permitirían, al menos, un control popular de la misma.

El gobierno de Macri es una estafa porque está haciendo lo opuesto de lo que prometió. A las preguntas durante las presidenciales sobre si volvería al FMI, si haría un ajuste, si despediría trabajadores del Estado, contesto que no. Es más: prometió “pobreza cero” y que “cada día se estaría un poco mejor”…

El odio a Macri crece en las calles y los lugares de trabajo. Ni hablar cuando se anuncie el acuerdo con el FMI. Desde las insospechadamente opositoras páginas oligárquicas del diario La Nación, Eduardo Fidanza alerta sobre las graves consecuencias cuando Cambiemos “empiece a administrar la dura medicina del fondo, que la sociedad no probó aun”.

Por su parte, la CGT estaría a estas horas poniéndole la fecha a un paro general que ya es impostergable; paro general que a pesar de que los caciques sindicales lo quieren dominguero y sin continuidad, será una oportunidad para aprovecharlo de manera activa, desbordándolo, con piquetes y cortes de ruta, y tratando de forzar su continuidad.

Recordemos que durante el Argentinazo el poder estuvo en las calles. Nuestra tarea es defender cada una de las conquistas democráticas, impedir cualquier manotazo reaccionario como sacar las FF.AA. a las calles, o mismo que se gobierne por decreto. Y, obviamente, consideramos progresiva la caja de resonancia del Congreso cuando se transforma en un ámbito para amplificar debates como el derecho al aborto.

Pero eso no quita que, como afirmaba Rosa Luxemburgo, la historia se hace en las calles.

Las mil excusas de peronistas renovadores, federales, kirchneristas y burócratas sindicales no deben confundirnos. Debemos rechazar la gobernabilidad del ajuste y el FMI.

Vamos por un programa alternativo para que la crisis la paguen los capitalistas: un programa que arranque por el rechazo al acuerdo con el Fondo, quiebre el techo salarial miserable, enfrente los despidos, y se plantee dejar de pagar la deuda externa, entre otras medidas obreras y populares.

La independencia política de los trabajadores: una bandera innegociable  

Se acercan nuevas pruebas de fuerza. El miércoles 13 debemos ser multitudes en la Plaza Congreso para forzar que los diputados den media sanción al proyecto presentado por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto.

Simultáneamente, y una vez que la CGT le ponga fecha al paro general, hay que volcar todas las fuerzas de la izquierda y el clasismo para que el paro sea activo, para que tenga continuidad, para que se voten los reclamos en asambleas de trabajadores, para lograr cortar las rutas y los accesos ese día.

Al servicio de la continuidad en la pelea, desde la izquierda y las corrientes clasistas como la 18 de Diciembre, debemos preparar una gran jornada nacional de lucha contra los despidos como en el Posadas, contra las provocaciones a los compañeros del subte, así como un gran encuentro nacional de los sectores en lucha y el clasismo.

La conquista del derecho al aborto y quebrar el pacto con el FMI están en la agenda; así como también redoblar los esfuerzos por una alternativa de independencia de clase de los trabajadores, contra todos los engendros de conciliación de clases que se intentan montar en el rio revuelto de la crisis.

Contra el vergonzoso deslizamiento oportunista del MST, la Izquierda al Frente por el Socialismo debe reafirmar más que nunca esta perspectiva independiente.

Nuestro partido está en pleno desarrollo: el ascenso nacional de la figura de Manuela Castañeira, la fuerza imparable de Las Rojas, el desarrollo de la Corriente Sindical 18 de Diciembre, el crecimiento tumultuoso de nuestra juventud, la conquista de nuevas legalidades en todo el país, así lo indican. Pongamos todas estas fuerzas al servicio de las peleas que se vienen, aprovechemos las luchas que se vienen para la forja de la nueva generación militante. ¡No se puede esperar al 2019!

[1] Entente al que parece estar sumándose como furgón de cola el MST.

[2] Algo similar afirmaron públicamente algunos referentes del FIT en la televisión.

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