Por Ale Kur, SoB 472, 7/6/18

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Jordania: huelga general y protestas masivas obligan a renunciar al gobierno del FMI

Por Ale Kur

En momentos en que en Argentina el gobierno de Mauricio Macri está cerrando un acuerdo con el FMI, llega una noticia muy trascendental proveniente de Medio Oriente, directamente relacionada con este organismo internacional. Se trata de un clarísimo ejemplo de las conmociones económicas, sociales y políticas que ocurren como consecuencia de los brutales planes de ajuste que el Fondo Monetario les impone a los países como condición para otorgarles créditos.

Hace pocos días atrás se vio obligado a renunciar a su cargo Hani al Mulki, el primer ministro de Jordania (país lindante tanto con Palestina/Israel como con Arabia Saudita, Siria e Irak). La dimisión se produjo como consecuencia de una jornada de masiva huelga general, acompañada por movilizaciones de 200 mil personas en Amán, la capital del país.

Las protestas populares se desataron en rechazo al plan de ajuste propuesto por el FMI, que es la contrapartida del crédito por 723 millones de dólares que este organismo otorgó al país en 2016. El gobierno jordano había solicitado este crédito para intentar poner bajo su control las fuertes deudas del Estado, de alrededor del 94% del PBI.

El paquete de medidas impulsadas por el FMI para reducir el déficit fiscal en Jordania consiste en una baja del mínimo no imponible para el impuesto a la renta (abarcando de esta manera a amplias capas de la población), así como la quita de subsidios a productos de primera necesidad y el establecimiento de impuestos indirectos a bienes de consumo. Esto se tradujo a su vez en una duplicación del precio del pan, así como en aumentos de precios en el transporte público, en la electricidad, el agua y el combustible. La caída del poder adquisitivo de los trabajadores ya produjo como resultado una fuerte caída en las ventas, poniendo un fuerte freno a la actividad económica.

Las recetas del FMI agravan una situación social ya de por sí deteriorada. En Jordania, la tasa de desocupación alcanza el 18% de la población, y la pobreza un 20%, combinando el peor de los mundos: inflación más desempleo. Entre otras cosas, el país sufre también el impacto de la destructiva guerra civil siria, de la que provienen un millón de refugiados. Esto se suma a los 2,5 millones de refugiados palestinos que son parte constitutiva de la población jordana, así como a un millón de inmigrantes de países como Irak y Egipto.

Toda esta situación terminó por romper la relativa “estabilidad” que venía gozando su régimen monárquico, descrita por los medios como una especie de “isla” en el marco de los conflictos de Medio Oriente. En 2011 el país evitó grandes conmociones del tipo de las que ocurrieron con la Primavera Árabe en Túnez, Egipto, Libia y Siria. En 2012 estallaron fuertes protestas contra el aumento del precio del combustible, como producto de la quita de subsidios al mismo (también por sugerencia del FMI). Pero el régimen pudo conservar su poder prometiendo “reformas democráticas” que en su gran mayoría nunca se llevaron a cabo. Sin embargo, a diferencia de otros países de la región, el juego político en Jordania está abierto a otras tendencias políticas como los Hermanos Musulmanes, con importante presencia en el parlamento, permitiendo de esta forma una válvula de escape institucional para las tensiones sociales.

Precisamente para no poner en riesgo este “equilibrio”, ante esta nueva ronda de protestas masivas el rey jordano Abdalá II decidió hacer saltar al fusible de su primer ministro, para conservar el resto de la estructura monárquica. Ya conformó un gobierno nuevo, a cargo de Omar al Razaz, hasta ese momento ministro de Educación, que tuvo en el pasado un importante cargo en el Banco Mundial. Este funcionario tiene un perfil de “moderado” que defiende un supuesto “ajuste gradual”.

Pese a esta jugada, las protestas no se detuvieron y continúan todavía con miles de personas en las calles, convocando inclusive a una nueva jornada de paro general para el miércoles próximo. Esta persistencia y tenacidad del movimiento popular obligó al monarca a pedirle al nuevo gobierno que “revise la reforma fiscal”. En cualquier caso, la presión de las calles continuará con el objetivo de obtener una victoria completa contra el paquete de ajuste. Este es el ejemplo que debemos tomar en Argentina y en todos los países sometidos a las recetas antipopulares del FMI, que sólo benefician a un puñado de multimillonarios a expensas de las grandes mayorías.

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