Por Cristian de la Torre, SoB 472, 7/6/18

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Macri autorizó la instalación de bases militares y profundiza las relaciones de sometimiento con EEUU

por Cristian de la Torre

El pasado jueves 10 de mayo arribó una comitiva norteamericana a suelo neuquino que llegó a bordo de un avión oficial del país presidido por Donald Trump. Traían con ellos no la prometida lluvia de inversiones sino la proyectada intención de instalar bases militares yanquis en la provincia.

Este proyecto es la reanudación del que comenzó en 2012, en aquel entonces aprobado por el gobernador Jorge Sapag con el aval de Cristina Fernández de Kirchner. El mismo se frenó a comienzos de 2013 por el fuerte repudio que se generó en la provincia de Chaco, donde también se preparaba la instalación de una base yanqui, que desencadenó en fuertes manifestaciones contra este tipo de sedes.

Leonel Sacharry, secretario general de la gobernación de Neuquén afirmó que: “No se trata de una base militar, sino del programa de ayuda humanitaria para retomar la marcha de la obra que se suspendió en 2012 y que consiste en un depósito y un edificio de oficinas para la coordinación de Defensa Civil y otros organismos ante una emergencia”.

El periodista de Clarín, Claudio Andrade, el mismo que se cansó de inventar pistas falsas en el caso Santiago Maldonado para proteger a la Gendarmería, nos dice: “De acuerdo a la descripción oficial entregada por la provincia, el edificio servirá para albergar a los miembros de Defensa Civil y Comité de Emergencia locales en casos de situaciones drásticas tales como inundaciones, erupciones de volcanes, entre otros”.

¿“Ayuda” o sometimiento?

Esta supuesta “ayuda humanitaria” tiene otros objetivos, los del sometimiento. Pero para comenzar con el análisis es bueno saber quién es el encargado de brindarnos sus bienintencionados servicios.

Ambas sedes, la chaqueña y la neuquina, fueron donadas por el US Southern Command o Comando Sur de los Estados Unidos. La propia página web de este comando militar describe que “aprovecha las capacidades de respuesta rápida, la colaboración de naciones socias y la cooperación regional dentro de nuestra área de responsabilidad para apoyar los objetivos de seguridad nacional de los EEUU, defender los acercamientos sureños de Estados Unidos y promover la seguridad y la estabilidad regional”.

Otro factor que tira por la borda el argumento de la “ayuda” es la ubicación de la sede neuquina del US Southern Command, que no es aleatoria, todo lo contrario, es sumamente estratégica. Sus bases están construidas sobre la autovía norte, que en muy pocos kilómetros une las cuatro principales ciudades de la región lindantes a Vaca Muerta y a Neuquén Capital. Además tiene acceso al aeropuerto e intercepta a todos los camiones de la industria del gas y petróleo, incluso los que transportan agua (la capital provincial tiene una de las reservas de agua más importante del país, donde confluyen los ríos Limay y Neuquén).

Para terminar de desmoronar el argumento de la “ayuda” basta con preguntarse qué son estas supuestas “bases humanitarias”. Y la respuesta es concreta: son caballos de Troya para bases militares de mayor complejidad. Lo más probable es que en un comienzo la base militar encubierta opere sin personal militar. El problema es que una vez instalada una sede de estas características, se convierte algo muy complicado de eliminar. Y una vez que la sede alcanza una cierta aceptación social y está medianamente organizada, puede tender a convertirse en un Centro de Seguridad Cooperativa (CSL); que coordinaría la “lucha” contra las drogas con poca o nula presencia permanente de los estadounidenses. Pero cuando ellos lo dispongan y con la tan utilizada excusa de una supuesta “amenaza” por parte de un “enemigo común”, el centro podría avanzar por 2 vías. Una es convertirse en una Base de Operaciones Principales (MOB), con fuerzas operativas permanentes; la otra, que se convierta en una Base de Operaciones de Avanzada (FOB), que además incluiría fuerzas para operaciones especiales.

¿Qué busca el imperialismo yanqui?

Estados Unidos aprovecha estas bases para realizar operaciones militares encubiertas. Monitorean y controlan satelitalmente toda la región; vigilan y espían todos los sistemas de armas y de fuerza militar del país que los recibe; y también realizan acciones de infiltración, relevamiento, influencia y control sobre las Fuerzas Armadas y la población civil.

Esta base militar responde a intereses geopolíticos claros, en primer lugar controlar los recursos estratégicos bajo las órdenes del Pentágono y, en segundo lugar, mantener un control que tienda a neutralizar la influencia de las grandes potencias rivales.

El primero es más que claro, la base militar se encuentra en una de las reservas petrolíferas y gasíferas más importante del mundo, Vaca Muerta, donde los Estados Unidos tienen inversiones a través de Chevron y Exxon Mobil, entre otros grandes pulpos extractivistas.

Y el segundo lo vemos con la aceleración de los planes para la construcción luego de que comenzó a funcionar la base científico-militar china emplazada a menos de 200km, en Bajada del Agrio, Neuquén.

La base militar estadounidense está ubicada cuidadosamente, al punto que le posibilita interceptar comunicaciones y actividad en el espacio aéreo por parte de su rival estratégico, según informa el sitio Infobae.

A estas dos bases hay que sumarle una tercera, en Malargüe, de origen europeo, que fue construida con la excusa científica. Las tres bases conforman un triángulo alrededor de Vaca Muerta.

Los ambientalistas locales advierten que el pueblo se tiene que cuestionar si realmente los ríos y lagos de la provincia se están secando o se están desviando con un brazo para la industria extractivista. La Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés) de alguna manera lo ha visualizado a través de un proyecto para construir un acueducto hacia Vaca Muerta para ofrecer a las empresas un aporte directo de agua dulce para el fracking.

Macri recibe a los yanquis con alfombra roja

Desde el Nuevo MAS repudiamos la instalación de estas bases militares, que se dan en un contexto donde el gobierno de Macri avanza a pasos agigantados en las relaciones de sometimiento con el gobierno de los Estados Unidos. La reaparición del FMI a la escena política del país no vino sola, vino con las correspondientes recetas y planes de ajuste. Si bien a corto plazo las nuevas bases estadounidenses en suelo argentino pueden no implicar grandes cambios, son necesariamente una forma de reforzar el control yanqui sobre su “patio trasero”, permitiendo que los Estados Unidos puedan monitorear de forma directa su zona de influencia. La política macrista es una entrega descarada de toda sombra de soberanía.

La lucha contra la opresión y explotación imperialista en países como el nuestro, son parte de la pelea por una nueva forma de organizar el mundo, por una nueva sociedad, atacando el corazón del capitalismo, lo cual además puede ayudar a la lucha de los explotados en los países centrales. Los trabajadores debemos rechazar de manera tajante al FMI y a la instalación de las bases militares, por eso le decimos no a la injerencia imperialista. Hay que derrotar el Plan del Fondo Monetario y sólo lo lograremos si imponemos un plan global de salida a la crisis.

¡No a la instalación de bases militares imperialistas!

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