Por Roberto Sáenz, Editorial SoB 473, 15/6/18

Categoría: América Latina, Argentina, Movimiento de mujeres Etiquetas: , ,

Media sanción en la Cámara de Diputados por el aborto legal

Una jornada histórica

Roberto Sáenz

“El gobierno de Mauricio Macri siguió con atención la sesión en el Congreso; aunque mantuvo su neutralidad: el bloque de Cambiemos quedó virtualmente divididos en dos a lo largo del debate” (La Nación, 14/06/18)

Cuando cerramos esta edición estamos viviendo un día histórico en nuestro país. En horas de la mañana la Cámara de Diputados le dio media sanción al proyecto de ley de aborto legal y dejó mucho más cerca que nunca antes en la historia argentina la conquista de este derecho de las mujeres.

Lo que ocurrió en diputados fue, en realidad, la expresión de un proceso que se sustanció mayormente fuera del Congreso: la emergencia desde hace varios años de un enorme movimiento de mujeres, el desarrollo de un debate sobre el aborto legal que llegó a abarcar prácticamente a todas las capas de la sociedad; un debate en el cual, claramente, una mayoría social se pronunció por este derecho. 

En el medio hubo algunos hechos determinantes. En primer lugar, la “jugada” de Macri de dejar correr la apertura del debate parlamentario, lo que le dio una resonancia nacional. El macrismo se topó de frente con el hecho que, en la vida política, en la lucha de clases, ninguna cuestión es “neutra”. No se trata de un mero debate “transversal”, ni de que “no importa que posición se tenga, el tema es debatir”…

Una vez que una cuestión candente se pone sobre la mesa, son las fuerzas sociales las que tallan (las que le dan el contenido). Y si bien no siempre esas fuerzas son estrictamente de clase –está claro que hay sectores burgueses que están a favor del derecho al aborto-, cuando un debate político decanta, hay que tomar posición.

El gobierno está mayoritariamente en contra del derecho al aborto y perdió; siendo este un factor que en confluencia con la nueva corrida cambiaria ocurrida a estas horas, terminó abriéndole una crisis política de magnitud.

Pero a esto se le debe sumar otro factor. Mientras que una mayoría social se pronunció por el derecho al aborto; mientras que un sector de masas de las mujeres y, sobre todo, de las mujeres jóvenes y muy jóvenes y de la juventud en general, salió a las calles a ponerle el cuerpo al reclamo; mientras que frente al Congreso se congregaron ayer en la vigilia medio millón de mujeres, jóvenes y militantes de la izquierda por el aborto legal, el campo “antiabortista” fracasó redondamente en su campaña.

La iglesia quedó colocada a la defensiva desde el comienzo de esta historia sin lograr movilizar masivamente. Al parecer el Papa Bergoglio no simpatizó demasiado en jugarse a una cruzada reaccionaria contra el aborto legal condenada al fracaso. Tampoco el gobierno, con Macri a la cabeza, logró articular una orientación coherente para lo que es su (incoherente) posición: abrir el debate estando en contra del aborto legal…

Conclusión: sometido el Congreso nuevamente (como en las jornadas de diciembre) a la presión de las calles, término cediendo en diputados la media sanción al proyecto. Ahora hay que mantener la guardia en alto para la discusión en el Senado.

Un desenlace que si termina en la sanción de la ley de aborto legal, constituirá para el gobierno un contrasentido, ya que mientras debe intentar hacer girar el país hacia la derecha, hacia un ajuste brutal, hemos quedado más cerca de lograr una conquista histórica de las mujeres que corre el clima general hacia la izquierda (y que puede ser un ejemplo de lucha para el resto de los trabajadores).

La confluencia de la votación de hoy a la mañana, sumada a la nueva corrida contra el peso y a la renuncia de Sturzenegger, han dejado colocada una crisis política expresada, incluso, en la incipiente crisis de la propia coalición Cambiemos, con Elisa Carrió amenazando públicamente con dar el portazo.

Luego de la histórica vigilia protagonizada por el movimiento de mujeres y la juventud, y en la cual Las Rojas y el Nuevo MAS junto a Manuela Castañeira y toda nuestra militancia, cumplimos un papel protagónico, hemos quedado más cerca de un triunfo histórico llamado a tener consecuencias sobre la coyuntura en curso.   

Aborto legal

Lo primero que queremos señalar es la importancia de que se conquiste una reivindicación así. Partiendo del hecho inmenso de que el aborto legal significa que las mujeres puedan decidir sobre su propio cuerpo, sacarse de encima las cadenas patriarcales de una maternidad obligatoria, el impacto va más allá y supone un golpe sobre la familia tradicional.

Es que la forma tradicional de la familia tiene que ver con una serie de prácticas conservadoras, de una consagrada división del trabajo en su seno. La mujer hace de madre, el hombre va a trabajar, las relaciones están santificadas por la iglesia y la religión, impera el machismo, etcétera; esta estructura social patriarcal es funcional a la explotación capitalista.

Aunque el movimiento de mujeres no es explícitamente anticapitalista, ni lograr una reivindicación (por más importante que sea) resuelva el problema del patriarcado y la explotación capitalista, obtener un derecho así, de esta magnitud, tendrá un impacto enorme sobre una serie de prácticas consagradas, una de cuyas esferas es la opresión de la mujer y la familia tradicional: colocar un elemento de revolucionamiento de estas relaciones no es algo menor.

Hay que recordar que en la Argentina se ha logrado el matrimonio igualitario. Y si ahora se conquista el aborto legal, constituirá un golpe en profundidad en las arraigadas relaciones sociales conservadoras más allá que, claro está, una conquista siempre abre la vía a nuevas peleas (como por ejemplo los problemas que subsisten de violencia hacia las mujeres, o el vinculado a la mujer trabajadora).

De cualquier manera, aquí nos queremos referir a algo más general. Una cuestión que dijo Manuela Castañeira en su cierre de la jornada: la sanción del aborto legal significaría en cierto modo dejar atrás el siglo XIX en materia de relaciones sociales y humanas; comenzar a acceder al siglo XXI entendido esto desde el punto de vista de un progreso en las relaciones de desigualdad entre hombres y mujeres[1].

Conquistar al aborto legal no será solo un logro para la Argentina: su impacto será generalizado en toda Latinoamérica.

Desde ya que una sanción legal sólo facilita una lucha que debe continuar, porque lo que se consagra legalmente tampoco se transforma automáticamente en prácticas sociales más humanas sin un cambio global del sistema; de ahí que la pelea del movimiento de mujeres hace parte de una pelea más general, junto a la clase obrera, por acabar con el capitalismo. Y, también, el hecho que Las Rojas hagan parte de una totalidad mayor que es el partido; un partido revolucionario cuya estrategia es el poder de la clase obrera: el Nuevo MAS.

En un hermoso texto de León Trotsky titulado Problemas de la vida cotidiana, el gran revolucionario ruso hacía alusión a como la revolución, la política revolucionaria, buscaba transformar no solo el Estado y la sociedad, sino la vida misma.

Conquistas como el derecho al aborto pueden ser una palanca para comenzar a cambiar aspectos ancestrales, medievales, en materia de las mujeres y de la familia. Y ese es el valor de una lucha como la que estamos protagonizando. Ese es el golpe que, si se termina aprobando la ley, le propinaremos al gobierno, a las fuerzas políticas más reaccionarias como la iglesia; instituciones garantes de la explotación y opresión de los de abajo. 

La plaza y el palacio    

Pero hay otro elemento de estas jornadas que ha dejado inmensas enseñanzas: el hecho de que apostando a la lucha en las calles se puedan lograr conquistas.

Aquí salta la incoherencia del gobierno, repetimos, que mientras debe operar un giro a la derecha con un ajuste brutal, haya facilitado, al abrir el debate parlamentario por el aborto legal, las condiciones para una conquista por la izquierda.

Ocurre que la lucha del movimiento de mujeres, la vigilia multitudinaria frente al Congreso, la acción en las calles, no pueden menos que operar como ejemplos para otros sectores de que se puede luchar, de que se puede ganar.

Desde ya que existe una gran diferencia con el movimiento obrero, porque el movimiento de mujeres es un movimiento independiente. Es decir: es un movimiento con varias tendencias en su interior (desde reformistas hasta revolucionarias, como Las Rojas), pero, en general, no está dirigido por una burocracia; incluso no posee una dirección cristalizada.

En el movimiento obrero, evidentemente, dado su peso organizativo y estructural estratégico, las cosas son muy distintas. En la Argentina existe una burocracia sindical consolidada, que si se ha visto repetidamente desbordada como en las jornadas de diciembre, si bien no ha podido impedir que la izquierda venga ganando posiciones en los últimos años, de todas maneras conserva el monopolio de la representación de sus batallones principales.

Pero un triunfo como el que acabamos de protagonizar, podría tonificar las luchas de los trabajadores; por ejemplo, facilitando en cierto modo la pelea por hacer activo el paro general convocado para el próximo lunes 25.

En este contexto, queremos subrayar una enseñanza más: la que tiene que ver con las complejas relaciones entre el Congreso y la movilización popular. No hay duda de que la mayoría ve en el Congreso la única forma de expresión de la “democracia”. Esta circunstancia es la que da sustento material a las enseñanzas del bolchevismo, de la izquierda revolucionaria, del grave error que significaría obviar el Congreso; la necesidad de alcanzar una representación en él como vehículo necesario para lograr una mayor influencia entre las masas; enseñanzas que la “mecánica” de los últimos acontecimientos vienen a ratificar[2].

Al mismo tiempo, jornadas como las de diciembre pasado o la vigilia las últimas 24 horas, y más en general los desarrollos en la opinión pública y en la lucha de clases directa reafirman, como decía Rosa Luxemburgo, que las fuerzas sociales principales están fuera del Congreso; que son en última instancia las mismas las que eventualmente “obligan” al Congreso a ceder conquistas: “La ilusión sostenida por la burguesía en su lucha por el poder (y más aún, por una burguesía en el poder) de que el parlamento es el eje central de la vida social y la fuerza decisiva de la historia mundial no es sólo algo históricamente [explicable] sino además, necesario. Es una noción que naturalmente desemboca en un espléndido ‘cretinismo parlamentario’ que no puede ver más allá [del] parloteo de algunos cientos de parlamentarios en una asamblea legislativa, hacia las gigantescas fuerzas de la historia mundial, fuerzas que están trabajando afuera, en el seno del desarrollo social, y que no le dan la menor importancia a su creación legal parlamentaria” (Rosa Luxemburgo citada en “Cuestiones de estrategia”[3]).

Esta mecánica es la que se ha escenificado durante las últimas 24 horas, sin menoscabo que el Congreso puede tanto sentir la presión de la “voluntad popular”; así como cuando hay mayorías parlamentarias sólidas funcionar como una mera escribanía del Poder Ejecutivo.

Si en esta oportunidad no ocurrió esto es porque el movimiento de mujeres es un movimiento que posee una enorme legitimidad social; un movimiento que, por lo demás, viene en ascenso internacionalmente, elementos todos que confluyeron sumándose a la debilidad parlamentaria de Cambiemos, para forzar -a través de una y mil mediaciones- la media sanción.

Hay que seguir alertas. La cosa no está cantada en el Senado. No se puede confiar ni por un minuto en lo que pase entre las cuatro puertas del Congreso. Se verá qué medidas tomar si se confirma que el 28 de junio el Senado sesionaría por el aborto legal. Así y todo, es un hecho que hemos quedado muchísimo más cerca de la sanción de la ley.

En todo caso, este ida y vuelta entre la “democracia representativa” del Congreso y la democracia directa en las calles; el manejo justo de la dialéctica entre ambas; el carácter siempre estratégico del impulso de la lucha extraparlamentaria sin caer en el infantilismo de desconocer el lugar objetivo que tiene el Congreso en las representaciones políticas de las masas, es otra de las enseñanzas de estas últimas jornadas.

¡Vamos por un paro general activo el 25!

El gobierno ha quedado sumido en una enorme crisis política, necesita girar rotundamente a la derecha pero el tiro sale por la culata…

Al mismo tiempo, lo que alimenta la corrida contra el peso es la desconfianza de los famosos “mercados” en que el gobierno pueda ir hasta el final con el ajuste; el reemplazo de Sturzenegger por Caputo se enmarca en esta contradicción.

En este contexto, la CGT se ha visto obligada a convocar al paro general. Siguen (como todo el resto del peronismo y los K), detrás de la estrategia del “hay 2019”. Sin embargo, los tiempos podrían estar acortándose en la medida que el gobierno no acierte en sostener el rumbo, en que de a ratos parezca quedar en el limbo, tener un déficit efectivo de gobernabilidad.

Se verá cómo siguen las cosas. Pero, en todo caso, desde ahora mismo, hay que largar la pelea en los lugares de trabajo por la realización de asambleas; por superar el carácter meramente dominguero que los burócratas sindicales quieren darle al paro general; por romper el carácter de medida aislada y sin continuidad, logrando el lunes 25 una jornada de paro general activo que nos deje más cerca de derrotar el ajuste del gobierno y el FMI.

Todas las posibilidades están abiertas. Incluso, si la crisis política se profundiza, una salida anticipada de Macri. No se puede esperar al 2019. Hay que salir a las calles a conquistar definitivamente el aborto legal y derrotar el acuerdo con el FMI.

La militancia del Nuevo MAS y Las Rojas, que nuevamente venimos de ser protagonistas en la vigilia por el aborto legal (como lo fuimos en las jornadas de diciembre pasado), nos vamos a jugar con todo en la perspectiva de una salida desde los trabajadores, las mujeres y la juventud.

Camino a las nuevas jornadas de luchas que se vienen luego del triunfo de hoy, queremos invitar a toda una nueva camada de compañeros y compañeras que ya se están sumando a nuestras filas en todo el país: ¡vamos por un salto del Nuevo MAS, porque tenemos por delante desafíos históricos!

[1] Una enseñanza que aquí no podemos desarrollar es como las reformas son siempre el subproducto de luchas revolucionarias; se pueden lograr entonces reformas dentro del sistema que sean progresivas, pero las mismas tienen una doble condición: a) que se desarrolle una fuerte movilización social y b), que para sostenerlas y profundizarlas la movilización continúe hasta cambiar el sistema.

[2] Tanto en las jornadas de diciembre como ahora con la vigilia por el aborto legal, se produjo esta interrelación entre el Congreso como ámbito de la representación política y el proceso desarrollado fuera del Congreso.

[3] Recomendamos a este respecto leer textos educativos extraordinarios como el El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo, de Lenin, o mismo Cuestiones de estrategia, de nuestra autoría, para avanzar en la comprensión de estas relaciones entre el Congreso y la movilización extraparlamentaria.

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