Por Claudio Testa, SoB 473, 15/6/18

Categoría: Asia Pacífico, Estados Unidos Etiquetas: , ,

Cumbre de Singapur entre EEUU y Corea del Norte

Trump y Kim hicieron el Gran Show… pero la recaudación fue en buena parte para China

Por Claudio Testa 

“En los campeonatos de fútbol, juegue quien juegue, siempre gana Alemania, dice el chiste. Y en las conversaciones sobre desarme nuclear en la península coreana, el vencedor siempre parece China. En la cumbre del martes en Singapur, entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el líder norcoreano, Kim Jong-un, ambos protagonistas han cantado victoria. Pero quien realmente ha salido más beneficiado ha sido el Gobierno de Pekín.” (Macarena Vidal Liy, desde Singapur, El País, 13/06/2018)

Después de la tormentosa y fracasada reunión del G-7 en Canadá [ver artículo en esta edición], muchos esperaban algo parecido en la cumbre programada entre el presidente de EEUU, Donald Trump y el gobernante de Corea del Norte, Kim Jong-un.

La reunión Trump-Kim se realizó en Singapur, el pasado martes 12. Pero su “puesta en escena” fue lo contrario de lo sucedido en Canadá. En algunos momentos hasta pareció como un idilio de telenovela; es decir, con algo de “sobreactuación” en el libreto que debían recitar ambos personajes. Sobre todo teniendo en cuenta que Donald Trump y Kim Jong-un vienen de bombardearse –por suerte, sólo verbalmente– desde hace largo tiempo.

Recordemos que en todo un período se llegó a temer un enfrentamiento con armas nucleares, en especial luego que Kim hizo ensayos de misiles que hubieran podido alcanzar con esas bombas a buena parte del territorio estadounidense. Por su parte, Trump no fue menos provocador, enviando a barcos de la flota yanqui a estacionarse en las aguas que rodean la península coreana… y haciendo además fracasar una primera cita con Kim, acompañando eso con sus habituales insultos.

Sin embargo, finalmente, el martes pasado en Singapur se produjo el encuentro… y salió como lo habían preparado sus respectivos asesores y funcionarios… que son los que verdaderamente “cocinan” los acuerdos en la trastienda. Claro que con un personaje como Trump en el escenario no hay plena seguridad de qué va a pasar finalmente.

Los resultados concretos explícitos se pueden leer en una “Declaración conjunta” firmada por Trump y Kim al finalizar la cumbre. En ella se destaca el primer punto de la “desnuclearización”: “El presidente Trump se comprometió a brindar garantías de seguridad a la RPDC (Corea del Norte), y el presidente Kim reafirmó su compromiso firme e inquebrantable de completar la desnuclearización de la península coreana.”

Asimismo, aunque no figura expresamente en esa Declaración, Trump anunció que se dejarían de realizar las maniobras militares anuales conjuntas de EEUU y Corea del Sur. Una justificación de esta medida que Trump dio a su público, fue que así se ahorraría mucho dinero de los contribuyentes…

Estas maniobras eran una peligrosa provocación que se organizaba regularmente todos los años. Con un despliegue militar inmenso… y por supuesto costoso… Pero lo importante, más que los dólares que se ahorra EEUU, es el hecho de que este ejercicio consistía en practicar una invasión de Corea del Norte.

Así Estados Unidos efectuaba anualmente una inmensa operación militar provocativa… que nunca se sabía realmente cómo terminaría… si no iba finalmente a concretarse en una invasión en serio, que sería respondida con armas nucleares por Corea del Norte…

En las dos Coreas, celebran el acuerdo 

Por ese y otros motivos obvios, en ambas Coreas fue también celebrado el acuerdo Trump-Kim… seguramente no por los personajes, sino porque es visto como un paso para evitar un holocausto nuclear.

Además, hay que recordar que esto en Corea del Sur se da en el marco político de las consecuencias de las grandes movilizaciones obreras y populares desarrolladas en 2016/17 que determinaron la caída del gobierno de derecha de la presidenta Park Geun-Hye, que impulsaba una política belicista hacia Corea del Norte, en estrecha alianza con Washington.

Esta victoria no llegó a dar resultados revolucionarios ni clasistas, pero sí generó el triunfo en las elecciones de 2017 de una alternativa de “centro-izquierda” con el nuevo presidente Moon Jae-in. Éste no impulsa una ruptura total con Estados Unidos, pero sí rechaza la orientación belicista hacia Corea de Norte, y propone orientarse a un acuerdo de paz.

Así, en los Juegos Olímpicos de Invierno que se realizaron en Pyeongchang (Corea del Sur) en febrero pasado, Moon Jae-in logró la participación oficial de una delegación de atletas de Corea del Norte. Éstos desfilaron con los de Corea del Sur en una misma columna y llevando la misma bandera, expresando simbólicamente el deseo de alguna forma de reunificación y sobre todo el rechazo a la continuidad de un estado virtual de guerra, que se prolonga desde el siglo pasado.

Luego de esos Juegos, se realizó a fines de abril una inédita reunión de ambos gobernantes, Moon y Kim. En el paralelo 38, la línea de armisticio que separa las dos Coreas, firmaron una declaración conjunta. Entre otros puntos, sostenían que “el Norte y Sur confirman el objetivo común de lograr, por medio de una completa desnuclearización, una península coreana libre de armas nucleares”.

El gran problema es que “oficialmente” la guerra de Corea, que se combatió desde 1950 a 1953, aún no ha terminado! ¡Nunca se llegó a firmar un tratado de paz! ¡Sólo existe un armisticio de hecho!

Esto ha sido aprovechado desde entonces por Estados Unidos para instalar en el sur de esa pequeña península un dispositivo militar que va muchísimo más allá de ella. Apunta así a China, Rusia y más ampliamente al dominio de los mares de esa región por donde circula alrededor del 40% del comercio mundial.

China interviene… y se sale con la suya… 

Entonces, geopolíticamente, la cuestión (y enfrentamiento) de las “dos Coreas” va muchísimo más allá de la península.

Por eso China le ha prestado mucha atención y ha realizado un juego a dos bandas. Por un lado, ha sostenido contra EEUU al régimen de Corea del Norte. Y entre China y Corea del Norte existen obviamente amplias relaciones económicas.

Por el otro lado, las ha utilizado para hacer presión sobre la dinastía de los Kim (que se mueve con cierta independencia de Pekín) para tratar de “marcarles la cancha” y evitar que el conflicto en Corea se salga de madre. Así, en agosto del año pasado, China votó formalmente en el Consejo de Seguridad sanciones contra Corea del Norte… aunque evidentemente su aplicación –por ejemplo, la compra de productos norcoreanos– fue cuidadosamente “regulada” para presionar para no bloquear a Corea del Norte ni menos asfixiar a su gobierno…

Al mismo tiempo, China apuntó hacia el gobierno sur coreano y también hacia EEUU, presionando por la suspensión de los “juegos de guerra” anuales. Si Kim suspendía los ensayos nucleares y de misiles, Estados Unidos debía hacer lo mismo con esas amenazas de invasión, que constituyen las super-maniobras a metros de la frontera de Corea del Norte.

La campaña (y las presiones) del gobierno chino se sintetizaron en la consigna “congelación por congelación”… y eso fue lo que salió de Singapur.

Por eso, Vidal Liy (una especialista en temas de la región, que citamos al principio) sostiene que finalmente fue el gobierno chino quien ganó la partida… tanto a Trump como a Kim. Fue su línea la que se impuso:

“El anuncio (de suspensión de ejercicios militares de EEUU) parece, a simple vista, una importante concesión a Corea del Norte, que considera esos ejercicios una ‘provocación’ –la misma palabra que luego utilizó Trump para describirlos– y exigía que se suspendieran sine die. Pero también beneficia a China, que ve con recelo la presencia militar de Estados Unidos en Asia. Pekín proponía, para solucionar la crisis nuclear en la Península, la fórmula de “congelación por congelación”: que Pyongyang suspendiera sus pruebas de misiles y atómicas a cambio de cancelar las maniobras estadounidenses-surcoreanas. Una fórmula que, si no formalmente, va a ser la que se acabe aplicando de hecho si Trump cumple con su anuncio luego de la Cumbre de Singapur.” (Vidal Liy, cit.)

En pocas palabras: sería la medicina china y no la occidental, la que se aplicaría por el momento en el conflicto coreano.

[1] Ver al respecto: “Corea del Sur: Triunfo de la ‘centroizquierda’ en las elecciones presidenciales” SoB 425, 11/5/17.

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