Por Claudio Testa, para Socialismo o Barbarie, 20/06/2018

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Trump declara la guerra a China… por ahora, comercial…

Por Claudio Testa, para Socialismo o Barbarie, 20/06/2018

“La Administración de Trump quiere reducir el enorme déficit comercial que tiene con China (de 376.000 millones) y acusa al régimen de Xi Jinping de apropiarse de tecnología estadounidense… Pero en su batalla contra el desequilibrio comercial la Casa Blanca también ha apuntado a la Unión Europea y sus vecinos de Canadá y México.

“En sus primeros compases, esta guerra comercial se declaró con mucho ruido y pocas nueces, es decir, con frases gruesas de Trump, pero cifras económicas reducidas […] Pero ahora la etapa de los gestos ha terminado, las cifras actuales son la guerra total. (Amanda Mars, desde Washington y Xavier Fontdeglòria, desde Pekín, El País, 19/06/2018

Ha comenzado, efectivamente una gran guerra comercial, declarada por Estados Unidos contra China. Pero no viene sola. Llega simultáneamente acompañada de dos “guerrillas” comerciales de menor envergadura, iniciadas por el mismo sujeto, los EEUU de Trump.

Una de esas “guerrillas” (o, mejor dicho “mini-guerras”) apunta contra la Unión Europea, con Alemania a la cabeza. La otra, va dirigida contra México y Canadá, los dos socios de Estados Unidos en el NAFTA (Tratado de Libre Comercio de América del Norte).

Lo primero a destacar, es que tanto la gran guerra comercial contra China, así como las “guerrillas” contra Canadá-México y la Unión Europea, vuelven a desmentir el mito neoliberal de que el “buen capitalismo” es siempre y naturalmente sinónimo de “libre cambio”, de la maravillosa “libertad de comercio”, que además –según esta fábula– también derrama sus dones sobre los trabajadores y las clases medias.

No es necesario advertir que si este curso –que es mundial– continúa y se profundiza, podría implicar cambios radicales económicos y políticos… y enfrentamientos que pueden ir más allá de las vociferaciones.

Dos caras de la misma moneda

En verdad, “libre cambio” y “proteccionismo” son las dos caras de la misma moneda capitalista. Esas caras se han turnado en la historia, según la situación y conveniencias momentáneas del gran capital y de los Estados en que se organiza políticamente… Y adelantemos que, en ambos casos, si hay algún “derrame” sobre los trabajadores, es porque lo han arrancado con su lucha contra los de arriba…

Pero veamos cómo se ha desarrollado esta “alternancia” en la historia, este péndulo que va del proteccionismo al libre cambio… y de allí de vuelta al proteccionismo. Un renombrado economista británico, Michael Roberts, resume en pocas palabras esos vaivenes:

“El librecambio funciona para los Estados capitalistas nacionales, cuando la rentabilidad del capital está en ascenso (así fue mundialmente desde los años de 1980 hasta el 2.000. Todos podían ganar una porción del gran pastel (aunque en muy diferentes proporciones). Entonces, la globalización aparecía como muy atractiva.

“La economías capitalistas más fuertes (tanto tecnológicamente como competitivamente en términos de precio por unidad) fueron también los más fuertes abogados del «libre comercio». Es lo mismo que había hecho en su momento Gran Bretaña de 1850 a 1870… y Estados Unidos desde 1945 al 2000. En esos años, la globalización fue el mantra de EEUU y sus agencias internacionales, el Banco Mundial, la OECD (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) y el Fondo Monetario Internacional.

“Pero la rentabilidad comenzó a caer consistentemente. Entonces, el “libre comercio” comenzó a perder su «glamour», especialmente para las economías capitalistas más débiles. Y la porción del pastel dejó de agrandarse.

“Esa fue la situación que se dio en las décadas de crisis de los 1870s y 1880s. Esa fue la situación que también se dio en la Gran Depresión de la década de 1930. Y esa es ahora la situación en los años 2000, especialmente desde el fin de la Gran Recesión (iniciada en 2007/08).

“En ese curso, el capitalismo estadounidense ha perdido terreno, y no sólo frente a Europa y Japón. Lo más preocupante para EEUU es el coloso que hoy constituye China, cuyas inversiones extranjeras están controladas y subordinadas al sector estatal y a una élite autocrática.Estados Unidos está hoy en una situación parecida a la de Gran Bretaña desde la década de los 1880s… sólo que peor…”[1]

Esto se expresa, en los respectivos saldos del comercio exterior. El año pasado, 2017, el saldo comercial a favor de China llegó a sus máximos niveles históricos. China exportó a EEUU 505.600 millones de dólares, mientras que sólo le compró por 130.400 millones. El saldo a favor de China fue entonces de 375.000 millones de dólares.

Trump pasa al ataque

Es en este segundo año de su presidencia, cuando Trump ha pasado realmente a la ofensiva, concretando un giro proteccionista. Hasta este momento, al interior del gobierno republicano no había unanimidad, lo que también refleja divisiones en la misma burguesía de EEUU, tanto de intereses como ideológicas. Pero, poco a poco, Trump fue barriendo del gobierno a los principales opositores a este giro.

En sucesivos decretos, Trump impuso tasas a centenares y centenares de productos que China exporta a EEUU. Por su parte, China contestó con una serie de contramedidas en represalia, aumentando las tasas de importación– a otra larga lista de productos estadounidenses.

Pero la declaración de guerra (comercial) de Trump, tiene también otros motivos además de ese saldo deficitario cada vez más desfavorable con China. En esta combinación entra también, por ejemplo, la agobiante competencia comercial (y también geopolítica) de China, con su política de “captación” para el proyecto del “Camino y Ruta de la Seda” a Estados que eran subordinados tradicionales de Washington.

Por último, existe un “casus belli” que se menciona poco pero quizás ha sido el que volcó la balanza. Nos referimos al salto tecnológico que intenta lograr China, imprescindible para dar el golpe final a EEUU.

En efecto, el saldo comercial EEUU-China, tomado globalmente, es abrumadoramente favorable a Pekín. Pero si se lo analiza por ítems, EEUU aún la supera de lejos en productos de alta tecnología.

China apunta ahora a reducir la distancia y finalmente sobrepasar a EEUU en ese terreno decisivo de “investigación y desarrollo”. Si llegase a lograr eso, EEUU retrocedería irremediablemente a un segundo plano.

La redoblada acusación de Trump en que China crece gracias al robo de los avances científicos y tecnológicos logrados por EEUU, tiene sus raíces en esa pelea estratégica… y en el hecho real de que la distancia se ha ido acortando entre ambas potencias en cuanto a ciencia, técnica… y patentes…

¿Quién saldrá ganador de estos enfrentamientos? Es difícil un pronóstico. En principio, por razones obvias, los países con superávit importante del comercio exterior son los más vulnerables, los que más tienen que perder en una guerra comercial. En este caso, países como Alemania y sobre todo China. Pero sería muy equivocado dar ya por ganador a Trump.

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Las guerras comerciales de distinta envergadura desatadas por Trump pueden también generar cambios geopolíticos hasta hace poco inconcebibles.

Uno de ellos, que ya está en debate público, sería el acercamiento de China y Alemania. Como potencias exportadoras rivales de EEUU y con grandes superávits comerciales, serían las dos principales perjudicadas por los misiles proteccionistas que comienzan a lanzarse desde Washington. Esto plantea objetivamente un terreno común para hacer frente a EEUU. Y en la prensa europea ya ha comenzado a discutirse esta opción.

Sin embargo, todo está aún entre signos de interrogación. Es que, simultáneamente, en la Unión Europea –o, mejor dicho, entre los “patrones” de la UE, encabezados por Alemania y Francia– hay tensiones con China que vienen de antes.

Es que el “Camino de la Seda” promovido por China, ya tiene en Europa un amplio territorio de “desembarco”. Se trata del “Grupo 16 + 1”. Está formado por China y 16 Estados europeos (Albania, Bosnia & Herzegovina, Bulgaria, Croacia, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Hungría, Latvia, Lituania, Macedonia, Montenegro, Polonia, República Checa, Rumania y Serbia). Once de estos Estados son miembros plenos de la Unión Europea. Los otros son Estados de los Balcanes no miembros de la UE.

Como siempre, la “zanahoria” principal ofrecida por Xi Jin ping es que China les va construir colosales obras de infraestructura del “Camino de la Seda” para garantizar su conectividad a toda Eurasia.

Esto fue recibido con recelos y rechazos, tanto en Alemania como en Francia. En febrero pasado, Angela Merkel criticó lo del 16 + 1, advirtiendo a China que no debe usar sus inversiones en los Balcanes para tratar de conquistar influencia política en Europa. Pero a fin de mayo, cuando la marejada proteccionista de Trump ya se había desatado, Merkel hizo un viaje a Pekín, donde declaró que la cooperación del 16+1 es un “complemento positivo” para el desarrollo de Europa y que “no divide a la Unión Europea”.

Evidentemente, este giro de 180 grados en relación al fenomenal desembarco de China en los Balcanes, no debe ser ajeno a la guerra de tarifas desencadenada desde Washington.

Un peligro cierto: pasar de las guerras comerciales a las guerras reales

Sobre el nuevo escenario mundial que objetivamente esbozan los conflictos de tarifas desencadenados por Trump, podrían escribirse bibliotecas enteras. Por ejemplo, un tema de capital importancia es, que bajo la globalización de la economía mundial, las cadenas productivas no son nacionales, sino principalmente internacionales. Un automóvil puede armarse en Brasil, China o Argentina, pero buena parte de las piezas que lo componen provienen de una buena cantidad de países.

Es, entonces, toda una discusión cómo las guerras de tarifas, si se extienden, se enlazarían con este hecho.

Para finalizar conviene recordar un hecho histórico. A inicios de la Gran Depresión de 1929/30-40, también desde Estados Unidos, se lanzó una declaración de “guerra comercial”… Esta vez no principalmente contra China, sino contra todo el mundo, y en primer lugar de los Estados Unidos contra Europa. Fue la famosa Smoot–Hawley Tariff Act, una ley que subía substancialmente las tarifas de aduana, votada en marzo de 1930.

Esto desencadenó una “guerra mundial” de tarifas que indudablemente terminó agravando la crisis internacional del capitalismo iniciada en 1929 con el estallido de Wall Street.

Aunque esta ley proteccionista del imperialismo yanqui no fue la causa de la Gran Depresión, el vertiginoso proceso de aumento de tarifas aduaneras desatada en el mundo a partir de allí contribuyó substancialmente a agravarlo todo.

Cada Estado burgués imperialista de América y Europa, se atrincheró en su propio territorio, y trató de descargar la crisis sobre el resto del planeta. Primero, por supuesto, sobre las colonias o semi-colonias subyugadas. Pero también sobre sus rivales imperialistas.

Entre los que al principio salieron más castigados, estuvo al frente Alemania, lo que dio la oportunidad a Hitler de llegar al poder.

Así, nueve años después de la Smoot–Hawley Tariff Act, de la guerra de tarifas se pasó a la Segunda Guerra Mundial… Por supuesto, esto no fue automático… y mediaron factores político-sociales que configuraron una situación muy especial.

Lo que decimos es que estas “guerras de tarifas” expresan y a la vez contribuyen a una exacerbación de las contradicciones y choques de intereses entre las principales burguesías y sus Estados…

Contra lo que esperaban muchos ingenuos, la “globalización” no ha borrado esas contradicciones, sino que, por el contrario, las viene exacerbando y las “mundializa”, las extiende a todo el planeta.

Y el cuadro se agrava porque el imperialismo en decadencia –los EEUU– que lanza la guerra de tarifas, es, al mismo tiempo, la principal potencia militar.

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1.-Michael Roberts, “Trump’s trade tantrums – free trade or protectionism?”, Michael Roberts Blog, 19/03/2018.

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