Por Ale Kur, SoB 475, 28/6/18

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Elecciones en Turquía – Erdogan fue reelecto, pero en un clima de polarización creciente

Por Ale Kur

El domingo 24/6 se llevaron adelante las elecciones presidenciales en Turquía. Se trata de las primeras elecciones desde que se aprobaran las reformas que establecen en dicho país un régimen presidencialista (es decir, que concentra en el Poder Ejecutivo gran parte del poder real). Por otra parte, fueron elecciones adelantadas, ya que originalmente estaban previstas para el año 2019. El presidente Erdogan (islamista, autoritario y neoliberal), decidió anticiparlas por el desgaste político que está sufriendo su gobierno.

En Turquía, ya hace varios años impera un fuerte clima de polarización política. Pero éste se vio agravado en los últimos meses por el estallido de una importante crisis económica. El origen de la misma es relativamente similar a la que vive la Argentina: una fuerte devaluación de la moneda local como consecuencia de la suba de tasas de interés en EEUU y de un gran endeudamiento de su Estado. Esto a su vez impacta a través de la inflación y del deterioro de las condiciones de vida de amplios sectores de la población.

En este marco, Erdogan temió que -de seguir desarrollándose las actuales condiciones- corriera el riesgo de perder las elecciones. Su adelanto respondió entonces al cálculo de que todavía las consecuencias de las crisis no se están viviendo de lleno, y que conserva actualmente más apoyo del que tendrá en un futuro no tan lejano.

Así y todo, las elecciones estuvieron cruzadas por un clima de polarización todavía mayor al que se venía viviendo. La oposición logró realizar actos electorales realmente masivos, pese al fuerte autoritarismo del régimen que viene controlando la vida política con mano de hierro. Por ejemplo, el principal dirigente y candidato presidencial del “Partido Democrático de los Pueblos” (partido progresista y pro-kurdo), Selahattin Demirtaş, se encuentra en prisión desde noviembre de 2016 –al igual que varios otros diputados y dirigentes-, y todo su partido sufre un fuerte hostigamiento por parte del régimen. Más de conjunto, Erdogan estableció un control casi dictatorial sobre los medios de comunicación, sobre el aparato estatal y sobre las calles del país.

Esta situación atravesó inclusive las propias elecciones, teñidas por las acusaciones de fraude y por episodios de violencia que produjeron inclusive la muerte de varios opositores al gobierno.

El resultado de las elecciones

El presidente Erdogan obtuvo su reelección presidencial con el 52% de los votos, evitando de esta manera una temida segunda vuelta (en la que se hubiera concentrado todo el voto opositor, haciendo peligrar seriamente su continuidad en el gobierno). En segundo lugar se encuentra el candidato Muharrem İnce, del “Partido Republicano del Pueblo”, organización liberal-laica de orientación centroizquierdista: obtuvo poco menos del 31% de los votos. Demirtaş, pese a haber dirigido su campaña presidencial desde la cárcel, obtuvo un nada despreciable 8% de los votos.

Junto a las elecciones presidenciales, se realizaron también las parlamentarias. Aquí el partido de Erdogan cayó al 42% de los votos, seguido por el partido de Ince con poco menos del 23%. El Partido pro-kurdo obtuvo un 11%, lo que le permitió romper el antidemocrático piso del 10% exigido por las leyes turcas como condición para formar parte del Parlamento. De esta manera, logró derrotar todas las maniobras proscriptivas y la orientación represiva del Estado, que buscó someter al pueblo kurdo y sus organizaciones mediante la bota militar y el encarcelamiento sistemático de sus referentes.

Hay que señalar algunos elementos sobre estos resultados. Por un lado, el partido de Erdogan perdió en las parlamentarias unos 7 puntos porcentuales con respecto a la elección anterior. Esto es un claro síntoma del desgaste político del gobierno, más allá del resultado presidencial. Se observa también, en el partido de Erdogan, una clara brecha entre los rubros legislativo y ejecutivo, obteniendo un 10% más en este último.

¿De dónde proviene esta diferencia? Del “Partido de Acción Nacionalista”, formación ultraderechista que apoyó a Erdogan como candidato presidencial, pero presentó lista propia al parlamento (obteniendo allí el 11% de los votos).  Es decir, al interior de la alianza que sostiene a Erdogan como presidente, se produjo un desplazamiento interno de votos, que señala un debilitamiento de su control absoluto. Esto tiene como consecuencia principal que el partido de Erdogan ya no tiene una mayoría propia en el parlamento, sino que requiere de los votos de los nacionalistas-derechistas. Dicho partido va a ejercer su presión para aumentar la intensidad de la ofensiva del Estado contra el pueblo kurdo, así como para obtener concesiones en general.

De conjunto, todo esto configura un resultado electoral bastante contradictorio. Aparecen a primera vista elementos que impactan en direcciones opuestas entre sí. Por un lado, el triunfo de Erdogan en primera vuelta en un régimen que ahora será plenamente presidencialista, concentra en sus manos un poder institucional inclusive mayor que el que ya poseía (aunque se trata de un cambio más bien formal, porque ya concentraba en los hechos la suma del poder real). Por otra parte, el gobierno de Erdogan aparece relativamente debilitado por la baja de sus votos propios en el parlamento y por el clima político general.

Al mismo tiempo, se fortalece dentro de su gobierno el ala más reaccionaria de los nacionalistas, que implica un grave peligro para el pueblo kurdo y sus organizaciones progresistas. Pero mientras ocurre esto, se fortalece también el propio partido pro-kurdo, que logró romper el piso del 10% en condiciones de profunda hostilidad y acoso por parte del régimen.

Por último, la oposición en su conjunto aparece fortalecida, más allá de no haber podido derrotar a Erdogan electoralmente. El candidato Muharrem İnce, con su 30%, logró romper el techo del 25% que hasta ahora encontraban los candidatos opositores a Erdogan. Más de conjunto, el clima político parece estar girando hacia un cuestionamiento y crítica popular cada vez mayor al gobierno, especialmente en la medida que se agrave la crisis económica (cosa que parece muy difícil de evitar).

En el próximo período se verá si esta tendencia termina por imponerse y por poner en cuestión el predominio de Erdogan y su aura de invencibilidad autoritaria. Si este es el caso, se estaría yendo a una situación de grandes choques políticos y sociales, en un país de mucha importancia política para Medio Oriente, con un proletariado de tamaño considerable, y con ciertas tradiciones arraigadas de organización y movilización, especialmente entre la juventud y en el pueblo kurdo, pero también entre los trabajadores. Esta perspectiva abriría un horizonte más que interesante para los explotados y oprimidos del país y de toda la región, colocando la posibilidad de una salida hacia la izquierda.

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