Por Roberto Sáenz. Editorial SoB 483, 23/8/18.

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Escala la crisis política y social

¿Hasta cuándo aguantar a Macri?

“Sabido es, porque ya lo admite hasta el gobierno, que somos una gelatina y cualquier ruido nos pone a temblar. Pero hay que considerar que un Brasil complicándose alimentará la mala predisposición hacia los emergentes en general, y hacia nosotros, porque son nuestro principal socio comercial” (Gabriel Caamaño, La Nación, 22/08/18).

La coyuntura del país está en una encrucijada; una profunda crisis política y social (que podría dar lugar a una crisis institucional) parece estar abriéndose. Como señalamos oportunamente, el frenazo al aborto legal no definió la dinámica del país. La situación política no está estabilizada; mientras el gobierno no logre frenar la creciente crisis económica ni imponer su agenda reaccionaria, no se despejará el camino hacia las elecciones.

Lo que crece, más bien, es una dinámica de polarización política y social como lo han demostrado estos últimos días. Las dos caras de esa realidad, de esa “bipolaridad”, se expresaron en la marcha de las clases medias reaccionarias de ayer martes al Congreso, así como la irrupción de los obreros del Astillero Río Santiago en La Plata que, desbordando a la burocracia, realizaron una combativa movilización en dicha cuidad contra el vaciamiento del astillero.

El péndulo político está en el aire. La crisis se alimenta, incluso, internacionalmente: con la crisis de los países emergentes y la dinámica política en Brasil marcada por unas elecciones presidenciales inciertas que han llevado al derrumbe del real (cotiza a más de 4 reales el dólar, una cifra sin antecedentes en los últimos años que mete presión sobre el peso argentino).

En este contexto, es evidente que el operativo “hay 2019” es de contención y capitulación. En este operativo está involucrada la CGT, que no tuvo vergüenza en reunirse ayer con el FMI mientras los trabajadores del Astillero eran reprimidos. También el kirchnerismo, incluso ante la posibilidad aún lejana de que Cristina termine presa.

La tarea del momento, la responsabilidad de la izquierda, es alentar la irrupción desde abajo. Se aprecian elementos de desborde como el caso del Astillero, el movimiento universitario, la docencia de la provincia de Buenos Aires, el movimiento de mujeres, etcétera. Se enriquecen los actores sociales que salen a la palestra.

La bronca entre los trabajadores y demás sectores populares es inmensa; desde diciembre pasado vivimos una nueva situación política que más allá de los vaivenes coyunturales, no se ha cerrado.

No se puede esperar al 2019. El país necesita un nuevo Argentinazo que siente las bases para una salida desde la clase obrera y la izquierda; que le dé el poder de decidir al pueblo trabajador.

Un escenario de creciente polarización

El histórico debate sobre el aborto legal, abrió un escenario de polarización política que ha seguido profundizándose.

Uno de esos polos es el polo reaccionario, expresado ahora en la campaña oficialista y de los medios de comunicación afines sobre la corrupción. Luego de semanas de denuncias sobre los desaguisados K al frente del Estado, ayer el macrismo logró una movilización de su base social con el argumento casi explícito de meter presa a Cristina; pero también en defensa de toda su agenda reaccionaria.

Sobre el carácter conservador de esta movilización no hay duda alguna. Pero es importante señalar también el carácter minoritario social y político de la misma. Algunas decenas de miles de personas de bastante edad provenientes de los barrios acomodados de la Capital, no expresan una mayoría social. La población trabajadora está preocupada por la situación económica y crece el odio al gobierno por el ajuste.

El gobierno trata de forzar la mano hacia la derecha. Lo viene intentando con la intervención de las FFAA en tareas de represión interna, con la agenda de “seguridad”, buscando inventar nuevos “enemigos” como los inmigrantes; una sarta de prejuicios sociales para forzar un giro reaccionario.

Los “cuadernos de la corrupción” van en el mismo sentido, con Bonadio y Stornelli como brazo ejecutor de una campaña que se apoya en hechos reales de corrupción de los K, pero que al mismo tiempo busca opacar la corrupción que enchastra al macrismo (¡es imposible que papá Macri, dueño de Socma, no sea de la partida!), al tiempo que utiliza políticamente la movida para el objetivo de acorralar a Cristina K (una orientación similar que con Lula en Brasil[1]).

Pero el problema que tiene Macri es que la coalición reaccionaria que expresa su gobierno está en franca minoría social; aunque hay que subrayar que se trata de una minoría social que expresa el apoyo todavía unificado de la burguesía, el imperialismo y el aparato de Estado[2], nada menos.

La mayoría de los trabajadores y los sectores populares se están desplazando hacia la oposición. Esta es la razón que explica las dificultades que ha encontrado la agenda de la corrupción por abajo (aunque seguramente se irá instalando conforme siga el bombardeo de los medios).

Mucho más importante es que han comenzado a sentirse los efectos de la crisis económica y el ajuste: la devaluación del real presiona por una renovada devaluación del peso; nuevas corridas cambiarias, más inflación y más recesión, todo lo cual golpea sobre la caldera social del descontento.

De ahí que no sea casual que hayan comenzado los desbordes. Los trabajadores del Astillero Río Santiago se movilizaron ayer y rebasaron a la burocracia de ATE. Está en juego un nuevo intento de vaciamiento del Astillero, que conllevaría despidos y el reviente de las condiciones de trabajo.

Los trabajadores del Astillero tienen una importante tradición de lucha. Por lo demás, con la clase obrera no se juega: cuando la misma sale a la pelea va hasta el final (en todo caso, siempre y cuando logre sortear las maniobras que le imponen las direcciones burocráticas).

Paralelamente, esta semana han estallado las universidades y se viene una marcha nacional universitaria gigantesca para el jueves 30/08. La política de aumento presupuestario cero para el año que viene (en realidad, una caída del 35% real), sumada a la provocadora propuesta salarial para la docencia universitaria (10% en todo el año), está llevando al estallido de un movimiento universitario como hace años no se ve.

En Córdoba está en trance de ser ocupado el Rectorado y podrían ser ocupadas las facultades. En las universidades del Gran Buenos Aires se están desarrollando asambleas y movilizaciones masivas.

Y no se trata solamente de esto. Días atrás salieron a la pelea los trabajadores de Fabricaciones Militares de Río Tercero en Córdoba. En Río Turbio los mineros siguen en estado de alerta planteando la necesidad de llevar adelante medidas de conjunto. Lo mismo que sigue abierta la pelea contra los despidos en Télam, cuyos trabajadores han logrado un nuevo fallo a su favor.

Sobre la base de una crisis económica y social que no tiene fondo, y de los manotazos reaccionarios del gobierno, la situación se polariza y podría desembocar en un estallido en ocasión del debate en el Congreso del presupuesto del FMI para el 2019.

El pueblo tiene que decidir    

En este contexto, el operativo de contención de las direcciones tradicionales por ahora viene funcionando. Pero está condicionado por la dinámica de creciente polarización de los desarrollos.

El premio de la vergüenza, como ya hemos señalado, se lo lleva la CGT: mientras Vidal reprimía a los trabajadores del Astillero, sus principales dirigentes se sentaban a una amable charla con el FMI…

La CGT ya aparece más rastrera que bajo el menemismo. La política esbozada parece ser “negociar” con el FMI algunas migajas (planteos generales imposibles de hacer valer), en vez de llamar a la lucha contra el ajuste brutal y entreguista que viene a imponer.

En paralelo, otra negociación es la del gobierno con los gobernadores peronistas, que vergonzosamente acordaron una agenda que es tan antiobrera y antipopular como la del gobierno, sólo que con centro en la provincia de Buenos Aires y CABA (proponen eliminar lisa y llanamente los subsidios al transporte, por ejemplo).

Y luego está el caso de los K, que se hace extensible a Hugo Moyano. De cabeza en la “estrategia” de encaminar todo hacia las elecciones del 2019, incluso bajo la amenaza –por ahora lejana- de ver a Cristina presa, no parecen pensar en sacar los pies del plato (otra vez igual que la orientación capituladora de Lula y el PT en Brasil[3]).

Su cretinismo institucional tiene la lógica de una corriente burguesa que quiere convencer amablemente a la patronal que con ellos las cosas estarían mejor que con Cambiemos…

Desde la izquierda el planteo clave de la actual coyuntura es que no se puede esperar al 2019: ¡el pleito con el gobierno hay que resolverlo ahora! Si Macri continúa hasta el 2019, posiblemente sea sobre la base de una grave derrota.

El rechazo al aborto legal en el Senado y el siniestro rol de la Iglesia han desprestigiado instituciones clave de la democracia patronal. Simultáneamente, con el eje en la justicia patronal, la burguesía pretende realizar un arbitraje que fortalezca al régimen desde la derecha; que lo haga más antidemocrático.

Esto es lo que coloca las tareas democráticas en el centro de la escena; y la primera tarea contra el régimen es golpear, herir de muerte al gobierno; no hay manera de avanzar en el cuestionamiento del régimen de conjunto sin arrancar por la institución más fuerte del mismo (el Poder Ejecutivo).

Es necesario formular un programa de salida a la crisis nacional: Rechazo al ajuste y desconocimiento del acuerdo con el FMI. No al pago de la deuda externa. Aumento de salarios acorde a la inflación y la canasta familiar indexado mensualmente. Prohibición por ley de despidos y suspensiones. Expropiación bajo control obrero de toda empresa vaya al cierre. Expropiación de todos los empresarios y políticos involucrados en la corrupción. Triplicación del presupuesto educativo y aumento del 35% de los salarios docentes otorgados de una sola vez.

Y junto con esto las consignas democráticas y político/democráticas: Aborto legal ya. Disolución del Senado. Separación de la Iglesia y el Estado. El pueblo tiene que decidir: revocación del mandato presidencial y Asamblea Constituyente soberana para que los trabajadores, las mujeres y la juventud reorganicemos de abajo arriba el país.

Hay que seguir en las calles. ¡No se puede esperar al 2019! Vamos por un nuevo Argentinazo que cree las condiciones para una salida obrera y popular a la crisis nacional.

[1] La proscripción de una figura burguesa opositora de esta envergadura, más allá de su rol de contención y gobernabilidad, quitaría del medio un factor mediador facilitando el desarrollo hacia la derecha de los acontecimientos.

[2] De cualquier manera hay que tomar nota que, económicamente, crecen las contradicciones con determinados sectores burgueses.

[3] En vez de haber llamado siquiera a la “resistencia popular pacífica” pero en las calles, el centro de la orientación del PT por lograr que Lula quedara libre ha pasado por los recursos judiciales infinitos. Mientras tanto, lo más probable es que en pocos días más se ratifique su prisión y la negativa a que pueda ser candidato.

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