Por Martín Primo. Editorial SoB 485, 6/9/18.

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Macri no se aguanta más

Una crisis global que se acelera

Martín Primo

La Argentina está atravesando una crisis global en todos los ámbitos: el económico, el político y el social. Esta crisis que ya la venimos analizando desde hace varias semanas, amenaza con complicarse cada vez más dejando en cuestión la continuidad misma del gobierno de Mauricio Macri.

La dinámica de toda crisis aguda es muy compleja, los distintos momentos se suceden a ritmos variantes. Por momentos puede parecer que todo se “calma” solamente para en pocos días volver a pegar saltos vertiginosos que dejan la impresión de que la tierra se mueve bajo los pies. Esto es justamente lo que se vivió las últimas jornadas. Durante los últimos días de agosto vimos como el dólar saltó de menos de $30 a más de $40 (y por el momento se sostiene alrededor de esta cifra), la inflación pegó un nuevo salto a niveles aún no registrados cabalmente por las estadísticas, pero sí por el bolsillo de los trabajadores que vieron caer vertiginosamente el poder adquisitivo de sus salarios. Esta situación de pérdida del control económico mostró su contraparte política durante el fin de semana. El gobierno estuvo en reunión permanente en Olivos, donde se vio un desfile de autos que entraban y salían de la Quinta presidencial en medio de la más grotesca batería de operaciones políticas cruzadas dentro de la misma coalición de gobierno en donde se barajaron la entrada y salida de ministros y funcionarios sin solución de continuidad.

Lo concreto es que Macri no encuentra un rumbo cierto a su gobierno. Si los trabajadores durante las Jornadas de Diciembre de 2018 le mostraron los dientes y lo obligaron a volver a un plan de ajuste más gradualista; la crisis del dólar abierta en junio puso en evidencia que al gobierno se le había agotado la canilla de financiamiento externo. En este marco y luego del acuerdo con el FMI, el gobierno de Cambiemos se volcó nuevamente a una política de redoblado y brutal ajuste que ahora empieza a plantear serias dudas dentro de la propia patronal sobre si es políticamente sustentable ante un Macri y una coalición de gobierno que no para de derrumbarse en las mediciones de apoyo por parte de la población.

No obstante esto, dentro de toda esta inestabilidad, Macri aún mantiene un punto de apoyo muy importante en los popes del imperialismo. Los gobiernos de Alemania, China y Estados Unidos le otorgaron un apoyo cerrado, lo que fue determinante para que el FMI cerrara el primer acuerdo por 50.000 millones de dólares. Trump ve en Macri a un “adelantado” en la lucha contra el populismo en el sur del continente americano. En definitiva lo que está en juego, desde la óptica del imperialismo, no es solamente una crisis coyuntural en Argentina, sino la posibilidad de afirmar un giro conservador en la región (luego de las rebeliones de principios de siglo) en donde nuestro país es uno de los centros más importantes junto con Brasil y Venezuela.

Los factores dinámicos de la crisis 

Como ya planteamos la crisis es global y los factores que la dinamizan son tres: la economía, la política y la irrupción de las masas. La importancia que cada uno de estos factores cobre en cada momento puede ser variable. Sin duda en la actual coyuntura es la economía la que dinamiza y profundiza principalmente la crisis, pero esto no tiene por qué ser siempre así. Una irrupción sostenida del movimiento de masas como se puso en evidencia con la rebelión educativa o incluso una eventual ruptura dentro de la coalición de gobierno podría hacer pasar a primer plano los factores políticos, o incluso un estallido social podría modificar las variables de la situación política. Lo importante en todo caso es dar cuenta de que estos tres factores en última instancia están íntimamente vinculados y en una dinámica de crisis cada uno puede retroalimentar al otro.

Una catástrofe económica sobre las espaldas de los trabajadores

La catástrofe económica a la que llego Argentina es responsabilidad del gobierno de Macri. Sí bien es cierto que durante el kirchnerismo se arrastró una situación de precariedad económica, lo concreto es que el actual gobierno fue quien preparó todos los ingredientes de la actual crisis: liberalización del dólar y pago a los fondos buitres, dolarización de la nafta y del gas, quita o baja de las retenciones al campo y a la minería, baja de impuestos patronales, quita de subsidios a los servicios y el transporte, alza de las tasas de interés del Banco central al 25%, luego al 35%, después al 40% y ahora al 60% anual, y un brutal endeudamiento público sin precedentes en el mundo que tuvo como fin el financiamiento de la fuga de capitales.

Hoy, luego de casi tres años de gobierno de Cambiemos, la Argentina está cruzando una recesión monstruosa inducida por el gobierno que se alista para ser una depresión en toda la línea. Según datos del propio gobierno, el PBI va a caer alrededor del 2,4% en 2018, cifra que los analistas privados calculan por encima del 4%. Pero este cálculo al ser un promedio anual nos muestra una foto distorsionada de la próxima caída.  Como durante el primer semestre del año el gobierno calculó un crecimiento 3,6% del PBI, para llegar a los pronósticos actuales el segundo semestre debería mostrar un derrumbamiento de entre el 6% y el 8%. Pero el combo que nos preparó Macri es una mezcla explosiva, porque junto con la actual recesión/depresión el país está sumergido en una espiral inflacionaria que no se sabe bien cuál será su techo. Lo cierto es que en el primer semestre la inflación fue del 20%, pero la canasta de alimentos que es la que afecta en mayor medida a los trabajadores trepó por encima del 30%. Pero estos números del mes pasado son “viejos”. Según los cálculos del Ministerio de Economía, la inflación anual será del 42%. Esto sin lugar a dudas será el piso de inflación, no nos olvidemos que en el presupuesto calcularon una inflación de entre el 8 y el 12%.

Ahora, luego de la última trepada del dólar, Macri habló y Dujovne explicó que era hora de hacer sacrificios (porque hasta ahora parece que estuvimos de fiesta). Junto con un achicamiento de los ministerios que aún habrá que precisar el alcance de sus consecuencias, anunciaron la decisión política de aplicar un programa de ajuste brutal para llegar al “déficit cero”. Esto es historia conocida, ya Cavallo había aplicado este programa ocho meses antes del estallido de la crisis en 2001. En los números esto significa que el gobierno pretende aplicar un recorte del gasto de más de 500.000 millones de pesos en lo que resta del año. Esto se traduce en despidos en el Estado, cierre de programas y reparticiones, el no envío de partidas presupuestarias, falta de insumos en los hospitales, frenazo en las obras públicas, mayores recortes en los subsidios, deterioro de la infraestructura… y la lista continúa.   Como “contrapartida” y para que el costo sea “parejo para todos”, Macri anuncio un impuesto a las exportaciones. Si bien la escena fue patética: un presidente dolido y atormentado por tener que aplicar a las patronales un impuesto “malo, malísimo”, lo cierto es que las famosas retenciones son un fiasco. Primero porque antes de aplicar cualquier impuesto nuevo, el gobierno adelanto la baja de retenciones reales que estaba prevista para fin de año, y segundo porque estas nuevas retenciones no son un porcentaje sobre el monto exportado, sino que son una suma fija de 3 o 4 pesos por cada dólar. Así que en la medida que la devaluación progrese, y el peso pierda valor, esos 3 o 4 pesos se irán diluyendo hasta tener valor cero. Es decir, que en realidad este más que un nuevo impuesto, es un aporte extraordinario de los grandes exportadores para solventar el desfalco de la administración Cambiemos-FMI.

Recesión, caída de la actividad económica, suspensiones y despidos en el sector estatal y en el privado, rebajas salariales, dólar desatado, inflación desbocada, tarifazos en la luz, el gas, el agua, la nafta y los medicamentos… así no hay quien se lo banque.

Apostar por la gobernabilidad es apoyar al ajuste

En el plano político, la crisis de Cambiemos se puso de manifiesto mediante el vodevil que se presentó en la Quinta presidencial durante el último fin de semana. El país a la expectativa de ver quienes se animarían a tomar este fierro caliente. Se barajaron los nombres de Melconian, Prat gay, Lousteau y Sanz como nuevos ministros: todos dijeron que no; Dujovne no sabía si sacar pasajes para Washington o presentar nuevamente su renuncia, Caputo sacó el pasaje y después no viajó. Los radicales entraban y salían una y otra vez, Carrió lanzaba sus misiles desde twitter. Una rosca política incesante que solo sirvió para mostrar el desconcierto de Macri y Cambiemos. En ese escenario Marcos Peña aparecía como el monje negro, una suerte de Rasputín que le “llenaría la cabeza” al bueno de Mauricio. Lo cierto es que con Peña o sin Peña la cosa no cambia sustancialmente, acá no hay cambio de fusibles que modifique el fondo del problema.

La oposición por su parte se mostró respetuosa, es decir, se contuvo de hacer cualquier movimiento o declaración que debilitara al gobierno. Todos continúan apostando a sostener la gobernabilidad con el mayor de los cuidados. Massa y los gobernadores del PJ se reunieron para acordar entre sí las posibilidades para cerrar con el gobierno el presupuesto 2019 con el ajuste que mande el FMI. Estas dos vertientes del PJ coinciden con el plan de déficit cero planteado por Dujovne, lo único que están peleando es que el grueso del ajuste caiga principalmente sobre las espaldas de los trabajadores de Capital y Buenos Aires (el 50% del país) para que sean Vidal y Larreta quienes carguen con el costo político del mismo. Una verdadera canallada contra los trabajadores.

Por su parte el kirchnerismo juega de outsider, mientras Alicia Kirchner es parte de esta movida y se prestaría a la foto junto con Macri y todos los gobernadores, las principales figuras del FPV-UC sostienen su compromiso con la gobernabilidad y el deseo de que Macri llegue al 2019, aunque muy desgastado, para tratar de capitalizar la bronca contenida. Ellos no tienen ninguna voluntad de frenar el actual desangre que sufre la mayoría de la población, se contentan con un cínico: “te lo dije, en 2019 vótame”.

En la misma sintonía están todas las variantes de la burocracia sindical. En medio de la corrida cambiaria, y en medio del actual acuerdo con el FMI los popes sindicales llamaron a un paro para dentro de 20 días a la espera de ver si logran levantarlo. Al mismo tiempo operan en todos los conflictos (docentes universitarios, Astillero Rio Santiago, docentes bonaerenses…) tratando de desactivar las luchas en curso que se empiezan a radicalizar.

Inclusive sectores de izquierda como el FIT siguen yendo como furgón de cola de los partidos patronales defendiendo la gobernabilidad, levantando medidas de lucha (como hizo el PTS bregando por levantar las tomas en las facultades y votando junto al decano kirchnerista en la Facultad de Bellas Artes de UNLP) y apostando todo a las elecciones de octubre de 2019 (dentro de 13 meses).

Comienza la irrupción desde abajo

El tercer factor de la crisis es la creciente irrupción desde debajo de sectores de masas que amenazan con desbordar a sus direcciones. El creciente deterioro económico y la fragilidad de la estructura del país ponen a miles de trabajadores al límite de su tolerancia.

El gobierno está tratando de evitar que se le desmadre la situación social, el incremento de la canasta básica de alimentos es el único responsable de que en las principales conglomeraciones urbanas los sectores populares estén cayendo en la mayor pauperización. La ministra Patricia Bullrich agita el fantasma de la desestabilización y la represión para frenar a los más empobrecidos. Somos claros: no es ni el PJ ni el kirchnerismo los principales responsables de la empobrecimiento que puede terminar en saqueos, sino que son el gobierno de Macri y su ajuste quienes generan junto con el hambre las condiciones para que se desarrollen la posibilidad de que se extiendan como reguero de pólvora los saqueos que ya se cobraron una vida en Chaco. Macri es el responsable de lo que pueda pasar. Advertimos que las amenazas de la Ministra de Seguridad esconden la intención de responder con un zarpazo represivo frente al riesgo de estallidos populares.

Esta semana que pasó vimos la irrupción de los docentes universitarios y del movimiento estudiantil en una movilización inmensa bajo la lluvia y el frio polar. La misma estuvo marcada no solo por la participación del estudiantado de las grandes universidades históricas (UBA, UNLP, UNC en Córdoba) sino que a esta se le sumaron las universidades del conurbano bonaerense las que aportaron una nueva franja del movimiento estudiantil compuesta por estudiantes que son primera generación de universitarios.

La irrupción de importantes franjas de la juventud (que ya se había manifestado en la lucha por el derecho al aborto) es cualitativa. Esto más allá de los ritmos y la dinámica que pueda tomar el conflicto de los docentes universitarios. Los distintos sectores ingresan en escena y luego se repliegan, se relevan unos a otros, toman aire y vuelven a salir. Parte de esto se vio durante todo este año: primero las movilizaciones de vanguardia de masas en diciembre, después salieron los docentes, los estatales (Río Turbio, Télam, INTI, Hospital Posadas) más adelante la marea verde, los trabajadores del Astillero Río Santiago, los docentes universitarios y el movimiento estudiantil… Entre ola y ola pueden aparecer periodos de reflujo, pero mientras la dinámica objetiva de la crisis económica siga actuando, y el revulsivo social siga creciendo, el mar de fondo sigue activo. Por lo pronto el movimiento estudiantil se puso de pie y eso es una fuerza inmensa. Frente a las barreras que levantan las burocracias de todo tipo y color, hay que desarrollar los elementos de solidaridad e impulsar todas las iniciativas de unidad por abajo. Ahora debemos apostar con todas nuestras fuerzas y alentar a los primeros indicios de unidad obrero estudiantil.

Macri no se aguanta más

El pueblo tiene que decidir

El deterioro de la situación económica y social amenazan seriamente las condiciones de vida de millones de argentinos. El gobierno de Macri está negociando con el FMI un plan de ajuste que tiene como único objetivo el garantizarle a los acreedores el pago de la deuda externa que contrajo este mismo gobierno. El actual plan de ajuste monitoreado por el Fondo es una amenaza para todos los trabajadores. El gobierno de Macri no tiene el derecho a hipotecar al país ni a decidir sobre la vida de millones de trabajadores.

Es el pueblo quien tiene que decidir sobre su propio destino, no una banda de ricachones y estafadores. Las elecciones de 2019 están muy lejos para quienes están al borde de la desesperación, esperar 13 meses es ser cómplice de este desastre social.

Frente a la actual crisis nacional hay que seguir en las calles e imponer una Asamblea Constituyente Soberana que tome las riendas del país y que tenga el poder de tomar todas las decisiones necesarias para proteger los derechos de los trabajadores y del pueblo. Macri pacta con el Fondo, la justicia demuestra cada día ser una sucursal de la Casa Rosada, el Congreso negocia a espaldas del pueblo los términos del ajuste pactado con el FMI. Una Asamblea Constituyente Soberana tiene legitimidad democrática y puede ponerse por encima de estos poderes y sanear a la nación de todas estas lacras, refundar el país desde abajo e imponer el no pago de la deuda externa, abajo el presupuesto de déficit cero, la ruptura con el FMI, la prohibición de suspensiones y despidos, un aumento de los salarios de los 40% actualizados según la inflación real. Macri no se aguanta más, el paro de 36 horas no se puede postergar hasta el 24/9: la crisis económica requiere tomar medidas políticas, la primera decisión es que la crisis la paguen los capitalistas.

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