Por Antonio Soler, 8/9/18

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Brasil | Acerca del atentado al candidato neofascista Bolsonaro

El combate al neofascismo es con los métodos de lucha de la clase trabajadora

Por Antonio Soler

Traducción, Gala Chilavert

En la tarde de este jueves, cerca de las 17hs, el candidato a presidente Jair Bolsonaro (PSL), que lidera las encuestas con una intención de voto del 22%, fue apuñalado a la altura del abdomen cuando era llevado en hombros por simpatizantes durante un acto en la ciudad Juiz de Fora (Minas Gerais).

Bolsonaro fue llevado en estado grave al hospital Santa Casa y pasó por cirugía. Según el parte médico la puñalada llego a los intestinos, pero su cuadro clínico es estable.

El agresor, Adélio Bispo de Oliveira, luego de una tentativa de linchamiento, fue detenido por la policía y llevado a una sede de Policía Federal de esa ciudad, luego de confesar permanece detenido para la investigación.

Aún es pronto para cualquier conclusión final sobre el episodio. Aunque por las informaciones obtenidas sobre el agresor en las redes sociales y las declaraciones, indicarían que se trata de un individuo desequilibrado. Más allá de eso, por el modus operandi de la acción, no parece que el autor estuviera ligado a ningún grupo ni organización política.

Sin embargo, independientemente de la investigación del hecho y del perfil psicológico del agresor, esa acción solo puede ser entendida a partir del escenario de polarización política en que vivimos en los últimos años. Escenario creado por la profunda crisis económica, por la ofensiva reaccionaria y por una serie de ataques a los derechos democráticos.

El ataque a Bolsonaro no es el primer hecho reciente de violencia política en Brasil. Para marcar solo dos de los más graves, el día 14 de marzo, Marielle Franco, concejala por el PSOL en la ciudad de Rio de Janeiro, fue víctima de una ejecución política sobre la cual, luego de más de 5 meses, nadie fue acusado, juzgado o castigado aun. Trece días después, el 27 de marzo la Caravana de Lula que pasaba por el interior en el Estado de Paraná, luego de una serie de varios actos de violencia política, fue atacada a los tiros.

Luego de esos episodios, una serie de ataques perpetrados con distintas formas de violencia por parte de la extrema derecha fueron conocidos. El día 29/8, por ejemplo, frente al Comité de Campaña en San Pablo, una asesora de Guillherme Boulos (candidato a presidente por el PSOL) fue amenazada por un partidario de Bolsonaro que empuñaba un arma de fuego.

Pero la polarización no es fogueada solamente por hechos que implican la violencia física, pues vivimos una serie de ataques a las condiciones materiales y derechos políticos de los trabajadores y las mayorías populares. Para dar unos pocos ejemplos, vimos los derechos conquistados mediante décadas de luchas suprimidos por la reforma laboral y, ahora, el derecho democrático de elegir de las grandes mayorías esta puesto en cuestión por la maniobra jurídico-política que llevo a prisión y dejo fuera de las elecciones a Lula.

Pese a todas nuestras diferencias con el lulismo y al señalar su co-responsabilidad sobre esa situación, no podemos dejar de denunciar que su proscripción es un violento cuestionamiento al derecho democrático de decidir, acción que está al servicio de continuar con la ofensiva reaccionaria para que más ataques a los derechos del pueblo trabajador sean perpetrados en el próximo periodo.

Ese conjunto de ataques van en sintonía con las posiciones abiertamente machistas, racistas y homofóbicas del neofascista Bolsonaro. Se trata así de un discurso de odio contra la izquierda, contra las organizaciones de los trabajadores, contra los derechos democráticos de las grandes mayorías del pueblo para decidir los rumbos del país, un discurso contra los derechos de las mujeres, de los negros y de todos los oprimidos que engrosa y es el caldo de la polarización político-electoral que vivimos hoy.

En momentos de crisis crónicas y globales, figuras como Bolsonaro expresan, corporizan y organizan una suerte de irracionalidad muy peligrosa para la clase trabajadora, sus organizaciones y movimientos. Hablamos de fenómenos políticos que si no son detenidos a tiempo pueden llevar a determinadas correlaciones de fuerzas que abren posibilidades para retrocesos políticos estructurales, tales como golpes que instalen regímenes de excepción.

Bolsonaro es conocido por pregonar odio, violencia e intolerancia y hoy terminó de alguna forma siendo víctima de su propio discurso, “cosechando lo que sembró”, pero como hemos repetido, no son las acciones individuales las que pueden combatir el fortalecimiento de la derecha.

Siendo enemigos mortales del neofascismo, puesto que su llegada al poder significaría un ataque no solo político a la clase trabajadora y sus organizaciones, consideramos que este tipo de acción crea un halo de víctima sobre Bolsonaro y lo termina fortaleciendo.

Para combatir al neofascismo de Bolsonaro y a la ofensiva reaccionaria en curso, invitamos a que nuestro partido, el PSOL y su candidato a presidente, Guillherme Boulos, dejen inmediatamente el formalismo electoral.

Es necesario movilizarnos en las calles para exigir a las principales direcciones del movimiento de masas, empezando por el PT y la CUT, que convoquen inmediatamente a la lucha en defensa del derecho de las mayorías del pueblo a decidir, de los derechos políticos y las condiciones de vida de la clase trabajadora que están seriamente amenazadas.

No podemos esperar más, solo con la movilización de masas, los métodos de lucha históricos de la clase obrera y de los oprimidos podemos combatir las amenazas que el neofascismo de Bolsonaro representa.

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