Por Sara Vieira y Antonio Soler, 13/9/18

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Brasil

Mujeres contra Bolsonaro es el fenómeno más progresivo de esta coyuntura

Por Sara Vieira y Antonio Soler

Traducción de Rosi Luxemburgo

En Brasil, las mujeres fueron decisivas en varias luchas recientes: cumplieron un papel fundamental en la rebelión de junio de 2013, en la rebelión de los estudiantes secundarios en 2015, en la lucha contra la ofensiva reaccionaria, en la lucha contra las “reformas” de Temer y en la defensa de sus derechos reproductivos.

Ahora, en esta coyuntura político-electoral, están por cumplir un papel no menos decisivo contra el avance reaccionario. Además de las encuestas de opinión pública que demuestran el rechazo de las mujeres hacia Jair Bolsonaro, pues en ese sector del electorado ese candidato es que tiene la menor intención de votos y que tiene el mayor rechazo, las mujeres se posicionan de manera activa contra el neofascista.

En facebook se creó el grupo Mujeres contra Bolsonaro que en pocos días llegó a más de un millón de participantes de todo el país, se están creando grupos en todos los Estados para que se vaya más allá de las denuncias sobre el abierto carácter machista, racista, lgbtfóbico, antiobrero y antidemocrático de ese candidato, buscan también convocar actos políticos y manifestaciones.

Después de años de una de las mayores crisis sociopolíticas de nuestra historia, de una ofensiva reaccionaria que quiere imponer un nivel cualitativamente superior de explotación / opresión y de importantes procesos de resistencia de los trabajadores, de las mujeres y de la juventud que fueron saboteadas por las direcciones burocráticas, estamos en una situación político-electoral que tiene un gran potencial de definición para el próximo período.

Con los ataques a los derechos democráticos de este año – la ejecución política de Marielle, la prisión de Lula sin pruebas y la intervención militar en Río de Janeiro-, la ofensiva reaccionaria gana un nuevo nivel que plantea una coyuntura político-electoral decisiva para el desdoblamiento de la crisis crónica que vivimos. Este contexto que fue agravado por la política de las direcciones – particularmente la lulista – que en vez de llamar la lucha, apostó sistemáticamente a la conciliación y a la rendición ante esos profundos ataques.

Bastó una acción aislada contra Bolsonaro, con la que no tenemos ningún acuerdo porque sirve sólo para victimizarlo y fortalecerlo, para que cínicamente los representantes de la clase dominante (grandes medios, intelectuales y generales) alardeen sobre los “peligros para la democracia”.

Estos son los mismos que ante la ejecución política de Marielle, de la prisión de Lula, de la intervención militar en Río de Janeiro, que sólo aumentó la violencia contra los pobres, y de los asesinatos diarios de líderes campesinos e indígenas, se callan de manera sepulcral. Los representantes de las clases dominantes saben que reposamos sobre un volcán a punto de entrar en erupción, que la clase obrera y los oprimidos no están derrotados y que el episodio del ataque a Bolsonaro refleja de manera (muy) distorsionada la bronca contra los terribles ataques a los derechos políticos y económicos de los trabajadores. 

Las mujeres rompen con el formalismo electoral y van a las calles

Estamos en verdad en una lucha a muerte -que necesita hacerse consciente y activa de nuestra parte para que podamos movernos de manera efectiva- entre las fuerzas que quieren imponer una situación reaccionaria para profundizar la explotación y opresión de un lado y la lucha de las mujeres, la juventud y los trabajadores, por otra.

En ese sentido, el hecho de que las mujeres hayan roto con el formalismo electoral y estén convocando actos contra Bolsonaro en todo el país, lo que todas las organizaciones que se dicen representar los intereses de los explotados y oprimidos deben hacer, y llevar el intenso y decisivo debate de proyectos políticos antagónicos para las calles, es fundamental para que esa coyuntura se resuelva de forma favorable para las mujeres y los de abajo. Este movimiento será decisivo para derrotar el avance del neofascismo en Brasil que, a pesar de no haber crecido en intención de votos en la última encuesta después de que Bolsonaro sufrió el ataque, está relativamente consolidado en primer lugar de la carrera electoral con un 24% de intenciones de voto.

Para finalizar, como parte de ese movimiento, la lucha por la justicia para Marielle Franco es fundamental. Después de 5 meses de la ejecución de la concejal y de Anderson Gomes (que dirigía el vehículo), no se abrió ninguna investigación. Este fue y es claramente un crimen político contra todos los que luchan por los intereses de los trabajadores y de los oprimidos.

La lucha por la justicia de Marielle debe ser asumida por toda la izquierda, por todas las organizaciones democráticas y por todos los partidos. El PT es la organización que tiene la mayor capacidad de movilización, pero no hace nada más que usar de forma electorera la prisión de Lula sin hacer ningún vínculo con la necesidad de luchar todos contra el conjunto de ataques a los derechos democráticos que estamos enfrentando.

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