Por José Luis Rojo. Editorial SoB 487, 20/9/18.

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Paro activo el 24 y 25 contra el déficit cero

Al borde de la cesación de pagos

José Luis Rojo

“El premio Nobel de Economía y ex economista jefe del Banco Mundial, Joseph Stiglitz, sostuvo que la Argentina debería ‘incluir una reestructuración de la deuda’ entre las medidas necesarias para salir de la crisis a la que, a su criterio, la llevó la política del actual gobierno. ‘De lo contrario, los costos que probablemente se impongan a través de la austeridad, serían demasiado grandes” (Página 12, 07/09/18).

En los últimos días el gobierno pareció exhibir cierto control de la corrida cambiaria. Dujovne presentó el presupuesto de déficit cero. Y si bien el FMI no giró los 3000 millones dólares que había comprometido para este mes dado el incumplimiento de las metas, las negociaciones con el Fondo continúan.

Sin embargo, mientras prosiguen los conciliábulos por arriba (incluyendo en esto la negociación con los gobernadores), por abajo comienza un fenómeno nuevo: aunque todavía no estemos ante un ascenso de conjunto, se vive una radicalización de las luchas: una recuperación de los métodos históricos de lucha de los trabajadores.

Es el caso de los compañeros del Astillero Río Santiago, que ocupando la planta, tomando de rehenes a los directivos, ocupando también el Ministerio de Economía de la Provincia de Bs. As., han aportado un ejemplo de lucha.

Pero no son sólo ellos: los trabajadores del Molino Minetti en Córdoba tomaron la administración de la planta ante la negativa de la empresa a pagar los sueldos adeudados; dos horas después, aparecía la quincena…

También los trabajadores de la planta de agua pesada de Neuquén, PIAP, han debido apelar a métodos radicalizados bloqueando rutas por largas horas. Y han vuelto a salir los mineros de Río Turbio por la continuidad de la mina, así como comienzan a moverse los médicos del Hospital Posadas contra los despidos. Y todo esto sin olvidarnos que siguen en curso –con naturales altibajos- las ocupaciones de facultades.

Mientras el ambiente se caldea, se viene el paro general. A pocos días del mismo, ni la CGT, ni la CTA, ni Moyano han dicho esta boca es mía. Es obvio que quieren un paro controlado.

La tarea inmediata es hacer del 24 y 25 una jornada de paro activo. Esto mientras multiplicamos los esfuerzos para coordinar por abajo las luchas, ampliar su radio de acción, sumar más sectores, desbordar a las direcciones tradicionales, y seguir desarrollando las experiencias de unidad obrero-estudiantil.

Nuestro partido se juega a poner en pie el sábado 6 de octubre un gran plenario nacional de luchadores clasistas. No se puede intervenir rutinariamente en la nueva situación política. Hay que hacer esfuerzos por politizar y ganar para la izquierda a una nueva generación de luchadores.

Un presupuesto de terror

La virtud del presupuesto presentado por Dujovne, es que coloca blanco sobre negro la magnitud del ajuste. Los datos están bastante claros. Se espera que este año la producción caiga un 2.4%, así como un 0.5% en el 2019. La inflación alcanzaría este 2018 el 42% (en realidad, será más); para el año próximo se espera un 23%. La cifra del dólar es menos creíble. Si en las últimas jornadas ha perforado los 40$, esperar que a finales del año que viene esté en un monto similar, no cierra por ningún lado.

De cualquier manera, son los datos del endeudamiento externo los que muestran las cosas con mayor crudeza: demuestran que el país está a la vuelta de un nuevo default[1].

Para finales de este año se espera que la deuda alcance los 381.000 millones de dólares. Si el 1º de enero de este año la deuda alcanzaba el 51% del producto, para el último día del 2018 se espera que la proporción alcance el 81% del PBI (un 60% de aumento en un año).

¿Cuánto de esta deuda vence en el 2019? ¡Ni más ni menos que 38.900 millones de dólares! Una cifra escandalosa que demuestra lo que acabamos de señalar: que el país está al borde de una cesación de pagos.

En todo caso, el plan oficial es exprimir hasta la última gota de sudor de los trabajadores y trabajadoras, para pagar esta deuda impagable. De ahí las dudas de un Stiglitz, que plantea que sería mejor reestructurar la deuda, defaultear y renegociar la misma.

El plan de Macri para pagar es imponer el “déficit cero” en los gastos primarios el año que viene, obteniendo un superávit del 1.2% en el 2020.

Expliquémonos. El superávit primario es el que se obtiene con relación a los gastos corrientes; los pagos al exterior se cuentan dentro del presupuesto nacional, pero fuera de las cuentas primarias.

Se sobreentiende que si hay déficit de las cuentas primarias (internas) del Estado, es más difícil afrontar los pagos externos: de ahí el torniquete brutal a los gastos del Estado. Si el año próximo los gastos totales del Estado estarán en el orden de los 120.000 millones de dólares, 40.000 millones corresponderán al pago de deuda (¡un tercio del presupuesto total destinado a pagar deuda!).

Existen poquísimos países que tienen superávit primario. El Estado solventa servicios sociales a la población que no se pueden regir por la lógica pura de las ganancias. Pero en la lógica de Macri, no; el único criterio tiene que ser el de las empresas privadas: ganancias y pérdidas (sin importar el bienestar social).

Bajo la compulsión del pago a los acreedores y especuladores externos, el gobierno quiere imponer la reducción a cero del déficit fiscal ¿Cómo lograrlo? Pasando del 3.2% de déficit que iba a ocurrir este año al 2.6%, llegando a cero en el 2019, eliminando 1.3% del gasto y aumentarían los ingresos por un porcentaje similar. La suma total de ambos montos girará en torno a los 400.000 millones de pesos (pesos más, pesos menos por la variación del tipo de cambio).

De esos 200.000 millones de pesos de reducción de gastos el año que viene, la mitad sería aportada por el Estado nacional y la otra mitad de las provincias (de ahí la discusión con los gobernadores). En materia de ingresos, el grueso de los nuevos impuestos viene de las retenciones de 4$ a las exportaciones primarias y 3$ a las industrializadas, las que se irán licuando con el tiempo conforme el peso se siga devaluando.

¿Qué significan estas cifras en la vida real? Una catástrofe económica para los trabajadores y demás sectores populares. La devaluación del peso continuará; y tengamos presente que todavía no se trasladó en su totalidad a los precios (se espera que la inflación alcance este año el 45%). Mientras tanto Vidal, por poner un ejemplo, sigue “ofreciéndoles” a los docentes un 20% en cuotas…

Simultáneamente, la caída de la producción del 2.4% (una caída que en la industria es mayor), está significando el parate de ramas productivas como la automotriz, con varias plantas anunciando suspensiones de personal hasta enero próximo; suspensiones que significan hoy salarios al 70%, pero mañana podrían caer al 50%[2]

El ajuste de gastos por 100.000 millones de pesos este año y el año que viene por 200.000 millones, está implicando un descalabro en el Estado.

Si ponemos la lupa en el Hospital Posadas, la última noticia ha sido el despido de médicos. Esto ha significado el cierre del departamento de cirugía cardiovascular infantil. Es decir: si usted tiene un hijo o una hija que iba a ser tratada en el Posadas por esta delicada enfermedad, ya no podrá hacerlo.

Una catástrofe amenaza a los trabajadores. La catástrofe de un capitalismo en crisis gestionado por un gobierno cuyo único objetivo ha sido beneficiar a los ricos. Hay que derrotar el déficit cero de Macri. Repudiar el acuerdo con los gobernadores. Imponer la ruptura con el FMI y el no pago de la deuda externa. Apoyar a los que salen a luchar y defender que sea el pueblo el que decida. Macri no se aguanta más. Hace falta una Asamblea Constituyente Soberana para refundar el país desde los intereses de los trabajadores y el pueblo.

¿Hacia la derecha o la izquierda?

Lo que está en juego va más allá de las fronteras. En Latinoamérica está definiéndose si se consolida el curso hacia la derecha, o se produce un rebote hacia la izquierda.   

En Costa Rica, crease o no[3], está en curso un paro general por tiempo indeterminado de los trabajadores estatales en rechazo al ajuste fiscal del gobierno; paralización que está polarizando el país como hace años no se veía.

En Brasil, las cosas se están jugando en el terreno electoral, donde el candidato de extrema derecha Jair Bolsonaro empieza a ser desbordado por el delfín de Lula, Fernando Haddad (el 3 de octubre es la primera vuelta electoral).

En la Argentina no será igual, evidentemente, si Macri logra imponer su ajuste feroz, a si sale volando en helicóptero de la Casa Rosada…

La base de su legitimidad está en el punto más bajo desde que asumió. Sin embargo, mantiene apoyos sustanciales. En primer lugar, de parte de Trump. También de otros gobiernos imperialistas cuyos mandatarios confirman su presencia para el G 20 de noviembre próximo.

Por su parte, a pesar de las estrecheces económicas y el enchastre de los “cuadernos”, la inmensa mayoría de la patronal sigue prefiriendo a Macri antes que “retorne el populismo” (esto es así aun si le achacan mala praxis en la gestión de los asuntos).

La saga de los cuadernos, además, le está dando de comer a la base social oficialista; una base social de clases medias altas que configura todavía un 20 o 30% del electorado.

Como contracara, habiendo quedado en minoría y cada día más odiado por amplios sectores, y en minoría en ambas cámaras; necesita del apoyo del FMI, los gobernadores y la burocracia sindical para salir adelante.

El FMI está a la espera que se apruebe el presupuesto. No le ha girado al gobierno los 3000 millones de dólares que debía efectivizar en septiembre. Macri presentó al Fondo como una especie de “tío rico” que lo abastecería de divisas sin fin… Pero la tarea del FMI es estrechar el lazo alrededor del cuello de los países deudores como en Grecia, donde logró desmoralizar a la población de la mano del traidor centroizquierdista de Tsipras.

Pero la Argentina no es Grecia; las fuerzas de los trabajadores se recompusieron en los últimos 15 años, y esto se nota en la disposición a salir a luchar: el proceso que estamos viviendo es más orgánico que en el 2001.

Si para aplicar un ajuste por devaluación existen problemas (un ajuste por devaluación es un ajuste indirecto que permite mediar las cosas), ni hablar de las hipótesis de dolarización y / o convertibilidad de la moneda; medidas que requieren de una derrota abierta de los trabajadores (como ocurrió en los años ’90).

La cosa es simple: la dolarización (una locura para un país del desarrollo industrial relativo de la Argentina[4]) o una convertibilidad, significan un ajuste brutal explícito por desocupación.

No se puede devaluar la moneda y ganar competitividad, la variable de ajuste es directamente el empleo: la creación de un inmenso ejército industrial de reserva para meter terror (pasando del actual 9 o 10% de desempleo, al 30 o 40%…[5]).

Si la convertibilidad requiere una paz de los cementerios, la devaluación es el mecanismo capitalista cuando los trabajadores no están derrotados.

Veamos someramente la negociación con los gobernadores. Las mismas van y vienen y nadie puede asegurar que estén saldadas. Entre los mandatarios provinciales existen varios matices. Además, los alineamientos no se trasladan mecánicamente al Congreso. Todo augura marchas y contramarchas durante el debate en el Congreso; más todavía si les llega presión desde la calle

Vamos por un gran plenario de la Corriente Sindical 18 de Diciembre

En medio de esta situación, algunas luchas comienzan a desbordarse. La irrupción no es todavía masiva; pero las peleas se multiplican.

Además, en amplios sectores de vanguardia se expresan elementos de radicalización como es el caso del Astillero Río Santiago, Río Turbio, Minetti, Epec Córdoba y las ocupaciones de las facultades en todo el país.

Las direcciones sindicales le dieron un mes de gracia al gobierno para calmar las aguas; pero la corrida contra el peso no se calma, y se acerca el 24 y 25…

En los últimos días no se ha escuchado palabra del triunvirato sobre el paro. Tampoco demasiado de Yasky y Moyano. Pero el lunes y martes que viene se acercan irremediablemente, y en las próximas horas el paro general se va a terminar colando en la agenda.

La pelea es la habitual de los últimos tiempos. Los sectores clasistas y la izquierda tienen la responsabilidad de darle un carácter activo a la medida: que se realicen asambleas, movilizarse de manera independiente el 24 a la Plaza de Mayo, y sobre todo garantizar que se corten los accesos el 25.

Esas son las tareas planteadas. El camino lo están marcando los que salen a luchar desde abajo. Los elementos de desborde y radicalización como los compañeros del Astillero.

Si el acta firmada no es satisfactoria, y si deben mantener la guardia en alto frente a las arteras maniobras de un gobierno que firma una cosa y luego hace otra (como ocurrió en su momento en Gestamp), su lucha, su radicalidad, la confluencia con los estudiantes, son un ejemplo para todos los trabajadores.

Y es también una lección para una parte de la izquierda, que sigue marchando por detrás de los acontecimientos; que fue incapaz de ver la globalidad de la crisis.

Lo mismo podemos decir con la histórica lucha del estudiantado. La dinámica de las ocupaciones es variada. Pero de cualquier manera muestra que el movimiento estudiantil no solamente se está poniendo de pie, sino que la tendencia a la confluencia con los trabajadores, a la unidad obrera y estudiantil, es otro elemento de radicalidad que está en el aire y que no es solo para la propaganda.

Las tareas inmediatas son garantizar el paro activo del 24/25, desembarcar con los mineros el 1º de octubre en su acampe en el Congreso, e ir a un gran plenario nacional de la Corriente Sindical 18 de Diciembre el 6 de octubre, que acompañado por el ¡Ya Basta! y Las Rojas, apunte a poner en pie una corriente nacional clasista que se prepare para las grandes luchas que se vienen.

[1] Lo que explica porque la corrida contra el peso es interminable.

[2] Muchos trabajadores manifiestan que suspensiones al 70% se podrían aguantar pero que caer al 50% les haría estallar su presupuesto.

[3] Hasta no hace mucho tiempo era considerado “el país más feliz del mundo”…

[4] Se sobreentiende que en dólares el país no podría competir y vería cerrada toda su industria.

[5] Eso fue lo que se hizo en los años ’90 llegándose al punto, incluso, de eliminar las paritarias y con un desempleo de la población económicamente activa que llego a alcanzar casi la mitad de la misma entre subocupados y desocupados lisos y llanos.

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