Por Ale Kur, SoB 489, 4/10/18

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Reino unido

El laborismo británico de Jeremy Corbyn radicaliza su discurso 

Ale Kur

En el Reino Unido, la discusión política nacional sigue dominada por la cuestión del Brexit. El gobierno conservador de Theresa May todavía no consiguió llegar a ningún acuerdo con la Unión Europea acerca qué relación tendrán ambas partes luego de que el Reino Unido se retire formalmente de la U.E., en marzo de 2019. Esto azuza el espectro de un “Brexit duro”, asociado por los medios a una situación de colapso económico.

Inclusive en caso de que se llegara a algún entendimiento entre May y la U.E., hay fuertes posibilidades de que los propios parlamentarios conservadores voten en contra del mismo y lo hagan fracasar, por considerarlo demasiado blando. Existe la posibilidad muy real del estallido de una gran crisis política que se termine llevando puesto al gobierno, actualmente con niveles muy bajos de popularidad[1].

De esta manera, crecen también las posibilidades de que el Partido Laborista (liderado por Jeremy Corbyn) llegue eventualmente al gobierno en el mediano plazo -o inclusive en el corto, si los acontecimientos se precipitan. En los últimos meses, pese a varias idas y vueltas, las encuestas de intención de voto muestran que por momentos el laborismo es la fuerza dominante, o que por lo menos un empate muy cercano entre ambas.

Este es un dato de gran importancia política, ya que desde que Corbyn conquistó en 2015 el liderazgo del laborismo su partido viene desarrollando un marcado giro a la izquierda, por lo menos en comparación con la línea política dominante en las últimas décadas (el “nuevo laborismo” de Tony Blair, que significó la adaptación completa al neoliberalismo y al imperialismo británico). Por otra parte, el triunfo de Corbyn vino acompañado de un ingreso masivo de jóvenes al Partido Laborista -su tendencia Momentum posee más de 40 mil miembros cotizantes-, dándole al mismo una fuerte dinámica y una nueva composición social.

Esto no quiere decir, sin embargo, que el viejo laborismo neoliberal haya dejado de existir ni mucho menos. Los sectores más conservadores del partido siguen fuertemente arraigados, teniendo una buena cantidad de bancas parlamentarias y un importante peso en la dirección partidaria. Desde esas posiciones, la derecha partidaria intenta permanentemente derrotar a Corbyn y frenar la radicalización del partido –aunque hasta ahora sin demasiado éxito.

La Conferencia Anual del laborismo

En este marco, la semana pasada se llevó a cabo la conferencia anual del Partido Laborista, en la ciudad de Liverpool. Dadas las condiciones políticas generales del país y la “guerra civil” al interior del propio partido, este no puede dejar de ser un evento significativo.

La conferencia estuvo marcada por una radicalización del discurso del corbynismo. En particular, en boca de su “canciller en las sombras”, John McDonnell. En su discurso a la conferencia, McDonell anunció que un futuro gobierno laborista el salario mínimo sería elevado al equivalente de 13 dólares por hora de trabajo, y se concederían plenos derechos sindicales a los trabajadores desde el día 1 de sus empleos, por más que sean trabajadores temporales o de medio tiempo. Todos los salarios se determinarían por convenios colectivos y se eliminarían los contratos precarios de “cero horas”, así como se suprimiría la diferencia salarial entre varones y mujeres. Todo esto con el objetivo de “volver a inclinar el balance de poder a favor de los trabajadores” al interior de las empresas.

Pero esto es solo el comienzo. McDonell reivindicó también en su discurso la famosa “clausula 4” de los estatutos del partido-añadida en 1918 y eliminada en 1995 por Tony Blair en el marco del giro neoliberal. La cláusula establecía una ligazón orgánica entre el laborismo y el socialismo, poniendo como objetivo “Asegurar a los trabajadores, manuales o mentales, los frutos completos de su trabajo y la distribución más equitativa posible de los mismos sobre la base de la propiedad común de los medios de producción, distribución e intercambio, y el mejor sistema que se puede obtener de administración popular y control de cada industria o servicio”. McDonell señaló que, pese a tener 100 años de antigüedad, esta cláusula “es hoy más relevante que nunca”.

Pero más allá de esta reivindicación genérica, McDonell señaló una propuesta concreta a implementar desde el futuro gobierno laborista. Se trataría de la creación de “fondos de propiedad inclusiva” de los asalariados, a los que las grandes empresas deberían aportar una parte de sus acciones de manera compulsiva, aumentando de esa manera paulatinamente la cuota de propiedad obrera sobre las mismas. Estos fondos generarían una especie de “dividendo” a repartir entre 11 millones de trabajadores asalariados -tocándole a cada uno el equivalente a 650 dólares anuales-, y el sobrante sería utilizado para mejorar el financiamiento de los servicios públicos. Además, cada empresa se vería obligada a entregarle a sus trabajadores un tercio de los puestos en los consejos de administración, de tal manera que puedan incidir en las decisiones de las compañías.

Esto se combina con la propuesta de Corbyn de re-nacionalizar sectores de la economía tales como los ferrocarriles, la electricidad, el agua y el servicio postal, revirtiendo las privatizaciones de los gobiernos anteriores. McDonell señaló también que estas empresas estatales no serían gestionadas por un puñado de burócratas como ocurría antes de que fueran privatizadas, sino que estarían sometidas al control de los concejos locales, de los trabajadores y los consumidores.

De esta manera, se acabaría con por lo menos 8 años de austeridad y de caída en el salario real. La explicación dada por McDonell para su plan es que “mientras mayor sea el lío que heredemos, más radicales tendremos que ser”, dando un giro de 180 grados con respecto a la lógica dominante en los partidos socialdemócratas y reformistas del mundo -que ante la crisis, no tienen más respuesta que apretar aún más el cinturón del ajuste.

Las propuestas realizadas por McDonell resultan bastante poco usuales en el marco de gobiernos capitalistas, y más aún en la época neoliberal. Sin embargo, no son del todo novedosas: ya fueron planteadas por algunos gobiernos socialdemócratas (especialmente en el caso de los países escandinavos) en décadas anteriores, terminando todas ellas en fracasos.

La razón de fondo de lo anterior es siempre la misma: es prácticamente imposible arrancar grandes concesiones a los capitalistas -con respecto al manejo de sus empresas y sus ganancias-, mientras no haya un cambio rotundo en las relaciones sociales. Para poder hacer viable una transferencia seria de la riqueza y de la propiedad hacia los trabajadores, es necesario que primero la clase trabajadora le quite todo el poder real a los capitalistas y lo tome plenamente en sus manos. Y esto solo es posible superando los marcos del régimen político y de sus instituciones, avanzando por una vía revolucionaria.  Pero el laborismo de Corbyn, al igual que otras corrientes políticas similares, está profundamente atado al régimen tal como existe hoy en día, sin concebir una estrategia de desborde y ruptura. Esa concepción reformista de la estrategia es precisamente la que llevó a un rotundo fracaso a experiencias como el gobierno de Syriza en Grecia.

Pese a todo lo anterior, el discurso de McDonell no deja de ser significativo, aunque más no sea como un síntoma de un nuevo clima político. Es evidente que existe un giro a la izquierda en amplios sectores de la juventud británica, e inclusive del movimiento de trabajadores: sin ello, los discursos radicalizados de Corbyn y McDonell no tendrían ninguna audiencia.

Esta incipiente radicalización política de amplios sectores es un dato de gran importancia, que además empalma con procesos similares en Norteamérica y en otros países. Puede significar el comienzo de una nueva etapa política, con una profundización de la lucha de clases -revirtiendo, aunque más no sea en parte, el periodo de derrotas, desmoralización y escepticismo de las últimas décadas-, así como la existencia de un espacio político mucho más grande para la construcción de organizaciones socialistas en muchos países. ¡Una perspectiva más que alentadora para la izquierda internacional!

[1] Ver al respecto: “Reino Unido – La crisis del “Brexit” agudiza la polarización política“. Por Ale Kur, SoB 480, 2/8/18 http://www.socialismo-o-barbarie.org/?p=11555

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